LOGINLa lluvia no había cesado. Golpeaba con insistencia los ventanales de la gran residencia, dibujando hilos de agua que se deslizaban como lágrimas silenciosas sobre el cristal. Afuera, la ciudad parecía disolverse en sombras, pero dentro de esas paredes, el mundo era otro: un universo reducido a dos almas que compartían la misma herida, la misma guerra, y un deseo que los desbordaba.
Blair despertó antes del amanecer. La habitación estaba en penumbra, apenas iluminada por los últimosEl aire frente a las puertas del Hotel Grand Meridian estaba cargado de opulencia y una tensión invisible que solo ellos dos podían percibir. El despliegue de luces, alfombras rojas y fotógrafos creaba una distracción perfecta. Para el mundo, era la gala del año; para Blair y Cyrus, era una incursión en territorio enemigo.La puerta del coche se abrió. Cyrus salió primero, ajustándose el botón de su esmoquin hecho a medida. Deslizó la mirada por los alrededores estudiando el área.Luego se giró y extendió la mano hacia el interior del vehículo. Cuando Blair emergió, el murmullo de la prensa flaqueó por un segundo. Llevaba un vestido de seda color medianoche, con una caída tan fluida que parecía agua moviéndose sobre su piel. No quedaba rastro de la mujer insecura de la noche anterior. Su cabello estaba recogido en un moño bajo y severo, y sus ojos, aunque rodeados por un maquillaje ahumado impecable, conservaban la frialdad del acero.—Recuerda —susurró Cyrus mientras ella entrelazaba
La sala quedó sumida en un silencio pesado.Valentina observó los rostros tensos frente a ella como si ya conociera cada una de las dudas que acababan de nacer.—Sé exactamente lo que están pensando —dijo con serenidad—. Y no los culpo.Cyrus mantenía la mirada fija en ella.—Entonces ahórranos tiempo y dinos por qué deberíamos creerte.Una sonrisa amarga cruzó los labios de la mujer.—Porque si quisiera verte muerto, Cyrus, no habría venido a advertirte.La respuesta no convenció a nadie. Mucho menos a Blair.Ella había permanecido en silencio desde que aquella mujer apareció, pero algo en su interior no dejaba de gritar que había algo turbio. Algo que no encajaba.Valentina parecía demasiado cómoda y segura. Como si supiera mucho más de lo que estaba diciendo.—¿Y dónde has estado durante tres años? —preguntó Blair.Los ojos oscuros de Valentina se posaron sobre ella.—Sobreviviendo querida.—Una respuesta conveniente.La sonrisa de la mujer se tensó apenas.—También es la verdad.B
El resto del día pasó como una ráfaga implacable.Blair apenas tuvo tiempo para procesar todo lo que estaba ocurriendo.Mientras una instructora le enseñaba cómo caminar, hablar y comportarse entre multimillonarios, otro entrenador la obligaba a repetir movimientos de defensa personal hasta que sus brazos ardían y las piernas amenazaban con rendirse.Pero ella no se quejó, ya estaba acostumbrada a ese tipo de entrenamientos.Cada golpe recibido durante las prácticas le recordaba la emboscada.Cada caída le recordaba que Marvik había intentado matarla.Y cada vez que lograba levantarse, sentía que una nueva versión de sí misma comenzaba a surgir.Cuando finalmente llegó la noche, Blair estaba exhausta. Sin embargo, el sueño parecía imposible de alcanzar.Se encontraba en la biblioteca privada de la mansión repasando los perfiles de los asistentes a la gala cuando la puerta se abrió.Cyrus entró con su postura imponente ocupando todo el espacio de la habitación. Llevaba la corbata afloj
La resolución en la voz de Blair pareció vibrar en las paredes de la habitación, rompiendo finalmente la pesadez del silencio matutino. Cyrus no apartó la mirada; la sostuvo con una intensidad que, por primera vez, no buscaba dominarla, sino reconocerla.—Si vamos a hacer esto —dijo Cyrus, su voz bajando un octavo, volviéndose más privada—, tienes que entender las reglas de este juego. Marvik no juega para ganar dinero, Blair. Juega para destruir. Y tú te has convertido en la pieza que él no previó.Él se giró hacia la pantalla, tecleando una serie de comandos que abrieron un flujo de datos financieros.—El club donde estuviste no era solo un lugar de ocio. Era un nodo de intercambio. Marvik utiliza esos sitios para mover información que no puede ser rastreada digitalmente. Si viste ese símbolo allí, significa que el club está bajo su protección… o que él es el dueño silencioso.Blair se acercó a la pantalla, ignorando el cansancio que aún le pesaba en los párpados. Sus dedos rozaron
La luz entró en la habitación como un susurro tímido, filtrándose por las cortinas gruesas que Cyrus había corrido la noche anterior para darle calma a Blair. La casa seguía silenciosa, como si temiera despertarla demasiado rápido después de la tormenta.Blair abrió los ojos lentamente. No recordaba cómo había llegado a la cama. Solo recordaba los brazos de Cyrus rodeándola cuando el llanto la había desarmado y cómo, en algún punto, su cuerpo simplemente se rindió al agotamiento.Ahora, el silencio la rodeaba.Y ese silencio dolía tanto como la noche anterior.Se sentó despacio. Sentía los músculos rígidos, como si hubiera corrido un maratón. El miedo residual era una sombra en su pecho, una presión suave pero insistente que no quería soltarla.Miró la habitación. Ordenada. Impecable. Con ese estilo austero y elegante que definía a Cyrus. Pero había algo distinto ahora: una chaqueta de él sobre el respaldo de una silla, como si se hubiera
La noche estaba quieta. Demasiado quieta. Como si la casa respirara hondo después de haber sobrevivido. Como si los muros supieran que, por un instante, la muerte había estado paseándose entre ellos.Blair seguía allí, en la puerta abierta del jardín, incapaz de moverse. El viento frío rozó su piel empapada de sudor y de repente todo su cuerpo comenzó a temblar. No un temblor pequeño, sino uno profundo, que nacía desde lo más hondo del pecho.Cyrus, aún con sangre en el antebrazo y la respiración alterada, dio un paso hacia ella. Entonces Blair retrocedió sin pensarlo, como si su cuerpo actuara antes incluso que su mente.—Blair —la llamó él, suavizando la voz, pero ella no lo oyó. O quizás sí, pero no podía responderle. Sus oídos zumbaban.Su mirada se perdió en el césped manchado, en el lugar donde hacía solo minutos Cyrus había estado forcejeando con el atacante. Donde ella había escuchado disparos. Donde, por un segundo, había pensado que lo había perdido.Y entonces sucedió: el g







