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Capítulo 25 — Camelias Rosadas

Author: LEFenix
last update publish date: 2026-11-02 11:24:11

Los días continuaban pasando, y la decisión de sus padres de que Valentina aún no regresara a la empresa hasta que todo se aclarara tenía a Mateo atado de manos y lleno de ira. No quería visitar a sus padres; su madre le marcaba, pero él desviaba las llamadas, incapaz de soportar el control.

Encendió el coche y salió de la oficina. Se había quedado hasta tarde, y al llegar a su departamento tuvo la sensación de que alguien lo seguía, pero lo ignoró. Preparó un trago, miró la pantalla de su celu
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  • Match equivocado   Capítulo 25 — Camelias Rosadas

    Los días continuaban pasando, y la decisión de sus padres de que Valentina aún no regresara a la empresa hasta que todo se aclarara tenía a Mateo atado de manos y lleno de ira. No quería visitar a sus padres; su madre le marcaba, pero él desviaba las llamadas, incapaz de soportar el control.Encendió el coche y salió de la oficina. Se había quedado hasta tarde, y al llegar a su departamento tuvo la sensación de que alguien lo seguía, pero lo ignoró. Preparó un trago, miró la pantalla de su celular: Valentina mantenía el silencio. Decidió no preguntar más a Laura; ese problema lo resolvería solo. Entre pensamientos y recuerdos, quedó profundamente dormido, pidiendo a sus ancestros una señal.El sol se colaba por la ventana, tocando su rostro, cuando algo casi imperceptible llegó a sus sentidos: un aroma sutil, delicado, que lo despertó por completo. Mateo respiró hondo y recordó nítidamente el olor de aquellas mañanas con su abuela, regando flores en el jardín. Había una que captaba su

  • Match equivocado   Capítulo 24 —Ecos en la tormenta.

    Mateo respiró profundamente. Haber terminado con Claudia le había quitado un peso enorme de encima; por primera vez en años sintió que podía respirar. Y se sorprendió al notar cuánto tiempo había estado viviendo asfixiado, hundido en una relación hecha de control y pasividad. Claro que sabía que aquella tregua sería corta: conocía demasiado bien a Claudia, y ella era de armas tomar.Cerró los ojos y elevó la vista hacia el cielo nublado. Las gotas de lluvia resbalaron por su rostro, frías, insistentes. En ese instante sintió un deseo repentino, casi desesperado, de ir a ver a Valentina. Todos sus recuerdos de ella pasaron como flashes por su mente: su risa tímida, su mirada herida, su forma de morderse el labio cuando estaba nerviosa. Un nudo lo ahogó.La oficina nunca volvería a ser la misma sin ella. Tenía que hacer algo. Tenía que borrar la huella venenosa que Claudia, con alevosía, había marcado sobre Valentina como símbolo de venganza. Y en ese momento, casi revelador, Mateo comp

  • Match equivocado    Capítulo 23 — Estrella fugaz

    Aquel fin de semana fue uno de los más oscuros para Valentina. Apagó el celular tras eliminar todas sus redes sociales; no quería leer ni una palabra más, ni ver su nombre convertido en burla. “Cenicienta”, “aprovechada”… esos eran los insultos más dulces que había recibido.Dejó la llave en el cerrojo, consciente de que así Laura no podría entrar. Ese sábado necesitaba llorar sin testigos, dejar que su dolor respirara entre lágrimas.Chewbacrazy, su pequeño guardián peludo, no se separaba de ella. Con sus patitas amasaba su vientre, intentando calmar el vacío que ella misma no sabía llenar, y ronroneaba sus canciones gatunas, como solía decir Valentina. Pero esta vez no bastaba. Las lágrimas caían más hondas, cargadas de un peso antiguo que la perseguía desde su infancia.Lo abrazó fuerte, buscando refugio en su calor.—Aún lo recuerdo, Chewbacrazy —susurró con voz temblorosa—. Recuerdo cómo nos encontramos… Yo acababa de salir de la clínica, después de perder a mi bebé. Oh, Dios… qu

  • Match equivocado   Capítulo 22 — Ecos de la tormenta

    La lluvia comenzó a caer frente a la ventana de Valentina. Ella la contemplaba ensimismada, hundida en una depresión repentina que ni siquiera los cariños de Chewbacrazy lograban disipar. Cada gota parecía un recordatorio punzante de todo lo que había perdido en apenas unas horas.Abrió la ventana de par en par; el agua empapaba su cabello, el abrigo… el alma. No se cubrió. No cerró nada. Dejó que la tormenta la encontrara, que la borrara.Las luces de la ciudad se disolvían en charcos temblorosos, reflejando su mundo deshecho, como si todo lo que conocía se estuviera derritiendo frente a ella.En su mente resonaba una voz del pasado, una de aquellas que nunca se apagan del todo. La voz del niño del colegio:—Eres fea, Valentina. Fea y rara.Y la de su tía, entre cigarrillos y juicios:—¿Por qué no puedes ser como las demás niñas?—No vas a llegar a ningún lado. Nadie se fija en una niña como tú.Luego la desgracias mas dolorosa que la termino de romper cuando aun era una adolescente

  • Match equivocado   Capítulo 21 — La grieta del rumor

    El día amaneció con un brillo metálico en la ciudad. El tráfico parecía más denso, el aire más espeso, y los mensajes en el teléfono de Valentina se acumulaban sin pausa: notificaciones, preguntas, silencios disfrazados de curiosidad.No necesitó leer mucho para entender que el rumor había dejado de ser una nota pasajera: se había vuelto tema.—¿Acaso este infierno no piensa terminar? —refunfuñó Valentina, aferrando el vaso de café que por poco estalla contra el asfalto.Cuando cruzó el vestíbulo del edificio de AURA Design Studio, sintió las miradas como alfileres invisibles. Las recepcionistas la saludaron con sonrisas tensas; sus compañeros apenas levantaron la vista, atrapados entre la curiosidad y la incomodidad. Nadie dijo una palabra, pero todos sabían.—Trágame, tierra… —susurró entre dientes, apretando la carpeta contra el pecho.Aceleró el paso hasta su cubículo. Encendió la computadora con manos temblorosas, temiendo que en cualquier momento su nombre apareciera en otra not

  • Match equivocado   Capítulo 20 — El rumor perfecto.

    El amanecer llegó sin anunciarse. En el apartamento de Claudia, las persianas medio cerradas filtraban una luz grisácea que parecía pesar sobre los muebles. La copa de vino seguía en la mesa, apenas tocada, y a su lado, el teléfono iluminaba el silencio con una secuencia de mensajes ya enviados.Claudia no había dormido. No necesitaba hacerlo. El insomnio era un aliado cuando se trataba de pensar con precisión quirúrgica.Deslizó el dedo por la pantalla y revisó una vez más la conversación con Laura Benítez, la periodista de espectáculos que debía su puesto a un favor que Claudia había pagado con información privilegiada años atrás:“Solo una insinuación”, había escrito Claudia.“¿Algo veraz?”, respondió la periodista.“Digamos… plausible.”Sonrió. No hacía falta que una mentira fuera perfecta; solo debía parecer posible.A las nueve de la mañana, el portal de noticias LUX Magazine publicó una nota discreta en su sección empresarial:“Fuentes cercanas aseguran que una joven diseñadora

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