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Capìtulo 3

작가: Gembul
last update 게시일: 2026-09-12 19:57:01

 

 

—He oído que tú y Javier se van a ir.

 

Valerie detuvo las manos, que plegaban ropa sobre la cama. Isabel estaba recargada en el marco de la puerta, mirándola fijamente. Había algo de posesión en la forma en que pronunciaba el nombre de Javier; sonaba tan íntimo, como si el nombre de su esposo fuera una pieza de colección que ella misma solía tocar.

 

Valerie respiró hondo, apartando esa incomodidad que de pronto le punzaba el pecho. La felicidad que rebosaba en su interior acalló la sospecha.

 

—Sí, nos vamos de luna de miel —respondió Valerie con una sonrisa tenue, guardando un vestido de noche en la maleta—. Perdóname, Isabel. Pero Javier ya contrató a una enfermera excelente para cuidarte y curar tus heridas mientras no estemos.

 

Las comisuras de los labios de Isabel se curvaron en una sonrisa torcida y forzada. Sus ojos brillaron con un calor que quemaba.

—No hay problema. ¿A dónde van?

 

—No me lo ha dicho —respondió Valerie con la mirada iluminada—. Dice que es una sorpresa. Jamás imaginé que podría ser un esposo tan romántico.

 

Valerie tomó algunas prendas de seda con encaje que estaban sobre la mesa y las guardó en su bolso de viaje. La mandíbula de Isabel se tensó; sus ojos relucían como los de una leona lista para abalanzarse sobre quien le disputa su territorio.

 

—Ropa barata —siseó Isabel, en voz baja pero venenosa.

 

Valerie dio un respingo y levantó la vista de golpe, mirándola directamente a los ojos.

—¿Dijiste algo?

 

El rostro de Isabel se enfrió, con una calma fingida.

—Me parece que a tu esposo no le gustan esas prendas tan recargadas de encaje.

 

La mirada de Valerie se endureció. El tono de Isabel cruzaba una línea que ninguna invitada debería cruzar.

—Javier dice que me ven hermosísima cuando las llevo puestas.

 

Isabel esbozó una sonrisa vacía. Sin añadir una palabra, se dio la vuelta y se marchó, dejando tras de sí una atmósfera densa de hostilidad.

 

Más tarde, Isabel salió de la habitación y entró sin llamar al despacho privado de Javier. Él levantó la vista desde su amplio escritorio, con los ojos muy abiertos por la sorpresa.

 

—¿De verdad vas a acostarte con esa mujer, Javier?! —estalló Isabel, con la voz aguda por la rabia.

 

Javier se recostó tranquilamente en su sillón de cuero, con una media sonrisa afilada y la mirada gélida.

—Valerie es mi esposa. ¿Qué tiene de malo?

 

Isabel apretó los puños hasta que se le pusieron blancos los nudos, conteniendo una furia a punto de estallar.

—¡No vas a hacer eso, Javier!

 

—Valerie y yo lo haremos —lo cortó él sin vacilación, con voz serena pero tajante.

 

—¡No te doy permiso, Javier! —gritó ella, dando un paso hacia adelante y golpeando ambas palmas sobre el escritorio.

 

Javier se puso de pie. Era alto e imponente, y su figura la cubrió por completo.

—Lamento no necesitar tu permiso. Ya basta, Isabel. Pon límites a ti misma y acepta lo que tus actos te han traído.

 

Una risa estridente brotó de la garganta de Isabel: una risa aguda, carente por completo de humor. Le temblaban las manos, sacudida por una histeria contenida.

 

—¿El karma? —repitió ella con voz temblorosa y sarcástica—. ¿Crees que vas a salirte con la tuya tan fácil, Javier Mendoza? No será tan sencillo. Nos destruiremos juntos en este infierno. Dime… ¿qué pasaría si esa desdichada mujer supiera que todo esto lo planeamos desde el principio?

 

—Su nombre es Valerie —siseó Javier, con la mandíbula rígida.

 

—¡Al diablo con su nombre, maldito! —Isabel dio un paso más, clavando la mirada en los ojos de Javier, que la miraban con hostilidad—. ¿Y si supiera que la buscamos desde el principio solo por su vientre? ¡Solo para llevar a tu descendencia!

 

 

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