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Capítulo 3

مؤلف: Valentina Victoria
Ella me señaló con el dedo, furiosa.

—Tú, fuera de la empresa. ¡Quedas despedida!

Me quedé completamente aturdida.

La escena era demasiado parecida a la del día anterior, así que tardé un momento en reaccionar.

—¿Por qué? ¿Hubo algún problema con el proyecto?

Dolores negó con la cabeza.

—El proyecto va muy bien.

—¿Entonces es porque pedí permiso para faltar?

—El permiso lo aprobó Álvaro. Estaba autorizado y cumplía con el reglamento.

—Entonces, ¿por qué quiere despedirme? Yo no hice nada malo.

—Teresa, yo soy la presidenta. Si digo que te despido, te despido. Pasa por Recursos Humanos a cobrar tu liquidación y, en cinco minutos, quiero verte fuera de mi empresa.

Dolores estaba tan molesta que se dejó caer en la silla, respirando con dificultad.

Normalmente era una señora muy amable. Trataba a todos en la empresa como si fueran de su propia familia, con paciencia y cercanía.

Incluso cuando alguien cometía un error, siempre que no fuera algo grave, le daba la oportunidad de corregirse.

Por eso me resultaba todavía más absurdo que me tratara así ahora, cuando yo no había hecho nada malo.

Además, mi desempeño siempre había sido el mejor de toda la empresa.

Ella incluso había pensado enviarme al extranjero para hacerme cargo de proyectos de la empresa y capacitarme.

También me había prometido que, cuando el proyecto que tenía entre manos terminara sin problemas, me daría un ascenso y un aumento de sueldo.

Pero en ese momento me miraba con puro rechazo y solo quería que me fuera.

Sentí como si estuviera maldita.

—¿Pero por qué? Si claramente no hice nada malo, ¿por qué quiere despedirme?

Álvaro ayudó a Dolores a recuperar el aliento y luego me señaló.

—Vete ya. Si le provocas un ataque a Dolores, no habrá dinero en el mundo que te alcance para pagar las consecuencias.

Las palabras de Álvaro me hicieron reaccionar.

Dolores era una figura importante en la empresa y, además, estaba delicada de salud. Yo, efectivamente, no podía permitirme meterme en un problema así.

Salí de la sala de juntas.

Entonces escuché a mis compañeros murmurar:

—Ya sabía que la iban a despedir.

Yo, que hasta ese momento estaba completamente perdida, sentí que por fin había encontrado una pista. Me acerqué de inmediato a aquel compañero.

—Dime. ¿Por qué me despidieron?

El compañero respondió sin dudar:

—Porque eres una zorra.

Otra vez esa palabra.

Ayer Carmen también me había llamado zorra.

El prometido de Carmen también me había llamado así.

¿Pero qué había hecho yo para que me trataran así?

Me miré en el reflejo de la puerta de vidrio.

Llevaba pantalón de traje, ni siquiera falda. Usaba zapatos bajos de cuero, no tacones. Mi ropa era formal y discreta. No llevaba maquillaje cargado ni ropa llamativa.

Le pregunté a mi compañero con la voz quebrada:

—¿Por qué dicen que soy una zorra? ¿Por qué?

El compañero retrocedió varios pasos y me miró con asco.

Luego les dijo a los guardias que venían llegando:

—Sáquenla rápido.

Una vez más, fui arrastrada por seguridad.

Cuando salí del edificio, me invadió una tristeza imposible de describir. Entonces sonó una notificación en mi celular.

Ya me habían depositado la liquidación.

No pude contener las lágrimas y llamé a Emilio.

Cuando alguien respondió, empecé a llorar sin poder contenerme.

—Me volvió a pasar lo mismo. No sé por qué. ¿Por qué me tratan así? Yo claramente no hice nada.

Al otro lado de la línea, la voz de Emilio se volvió tensa.

—No pasa nada. Voy a dejar lo que estoy haciendo y regreso a verte. Todo es mi culpa. Ayer no debí irme de viaje. Ya voy para allá, mi amor. No estés triste.

Mientras hablaba, Emilio me mandó enseguida los datos de su vuelo.

Llegaría al aeropuerto alrededor de las cinco de la tarde.

—No hace falta que vuelvas por mí. Podemos cenar otro día.

—Nada de eso. Si estás triste y ni siquiera puedo estar contigo, entonces ¿de qué sirve que sea tu novio? —dijo Emilio con ternura—. Para eso estoy: para que puedas apoyarte en mí cuando lo necesites. Lo de acá lo voy a dejar resuelto. No te preocupes. No voy a descuidar ni el trabajo ni a ti.

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