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Me fui… y todos enloquecieron
Me fui… y todos enloquecieron
Lili Chi

Capítulo 1

Lili Chi
El arco de la puerta del palacio abandonado no era demasiado alto. Después de apilar dos tinas de lavar, logré colgarme. Por fin volveré a casa.

La idea me llenó de una emoción desesperada. Quería ver a mi familia… más que nada en el mundo. Sin dudarlo, me impulsé con fuerza. De pronto, el aire desapareció de golpe y, una presión brutal me cerró la garganta. Mi conciencia comenzó a desvanecerse.

A lo lejos, la música del palacio se volvió cada vez más tenue… y todos mis recuerdos en este mundo pasaron ante mis ojos, uno tras otro, como sombras fugaces.

Habían pasado veintiún años desde que llegué a esta realidad. Cuatro hombres, ese era mi objetivo. Bastaba con que uno de ellos me amara de verdad… y en mi mundo, me curaría de una enfermedad mortal.

Pero los cuatro… cada uno de ellos, brillantes, intocables, hombres destinados a la grandeza… me odiaban hasta los huesos y deseaban mi muerte. Todo por ella.

Finalmente, el sistema lo confirmó:

[misión fallida.]

Tal como ellos querían… yo iba a desaparecer.

Justo antes de perder la conciencia por completo, me pareció escuchar a alguien gritar mi nombre. El aire regresó de golpe a mis pulmones y antes de poder reaccionar, un balde de agua helada cayó sobre mí. El impacto me hizo toser fuerte sin parar.

Levanté la mirada y vi a un hombre vestido con una túnica oscura, de porte impecable, jugaba distraídamente con un anillo entre los dedos, observándome con frialdad.

Esa cara… la conocía demasiado bien. Aún aturdida, su nombre escapó de mis labios sin pensar:

—Elias.

En cuanto lo dije, me arrepentí. Como era de esperarse, su expresión cambió al instante, mucho más seria.

—No vuelvas a llamarme por mi nombre, ni siquiera mereces pronunciarlo.

Frente a mí estaba uno de los hombres más temidos y poderoso del imperio. Frío, calculador… y uno de los cuatro a los que debía conquistar.

[Elias Rowe]

Años atrás, cuando su familia fue exterminada, fui yo quien lo sacó de entre los cadáveres, medio muerto, y lo cuidó durante meses. En ese entonces, era como un animalito herido, desconfiado, y lastimado. Fui yo quien, poco a poco, logró que bajara la guardia… y dejara de hacerse daño.

Luego desapareció, ocultó su identidad y se abrió paso dentro del palacio… hasta convertirse en alguien con poder suficiente para hacer temblar a cualquiera. Habíamos sobrevivido juntos a incontables situaciones. Yo conocía su peor versión y, alguna vez… fui la persona en quien más confiaba.

Pero eso fue hace cuatro años, cuando durante la noche de la Luna Cenital me casé con el heredero. Todo el mundo celebraba, incluso el sistema creía que estaba a punto de ganar. Pero entonces… ella desapareció, Luna.

Dejó una carta. En ella, entre lágrimas, aseguraba que yo la había engañado, llevándola a un lugar abandonado donde fue abusada y humillada por mendigos. Decía que ya no tenía cara para mirar a nadie, que solo podía desaparecer… y vivir el resto de su vida en soledad.

Mi propio hermano me expulsó de casa. Y con quien me iba a casar, el príncipe heredero me despojó de mi título y me redujo a una simple concubina.

Y Elias… aprovechó su posición para enviarme a este lugar, el palacio abandonado. Donde durante cuatro años, lavé ropa hasta que mis manos se rompieron. Soporté humillaciones, golpes y hasta desprecio. Nunca nadie creyó en mi inocencia; en ese entonces me dijo:

—No tienes idea de cuánto ha sufrido ella por tu culpa; una mujer como tú merece pagar todos los días por lo que hizo.

Y así fue hasta hoy.

Ahora que ella había regresado, él había decidido quedarse solo con ella. Ni siquiera este lugar me estaba permitido ya. Incluso el sistema lo dejó claro:

[fracaso total.]

Mi única salida… era morir.

Dos sirvientes me sujetaron por los brazos y me obligaron a ponerme de pie. Elias observó la marca en mi cuello y soltó una risa, muy baja, pero llena de desprecio.

—Ni siquiera has preparado el escenario y ya estás actuando. ¿Quieres morir? Elegiste mal el lugar. Aquí nadie vendrá a ver tu espectáculo.

Dejé escapar una sonrisa sin alegría. "¿De verdad creía que estaba fingiendo?"

—Si este lugar es tan apartado… ¿por qué estás aquí? ¿Viniste… solo para verme?

Por un instante, su expresión vaciló, pero enseguida se burló.

—Luna ha vuelto. No permitiré que arruines su felicidad en un día como hoy. Si quieres morir… hazlo , pero bien lejos de aquí.

Ordenó que me arrojaran fuera del palacio. Caí al suelo y junto a mí también arrojaron una bolsa pocas de mis pertenencias. Y desde arriba, me miró como si fuera basura.

—Fuera de aquí, ¿crees que me importará si vives o mueres?

Levanté la cabeza… y le sonreí. Eso era perfecto, por fin podía volver a casa.

Sin mirar atrás, salí corriendo. Crucé la ciudad y subí al puente que cruzaba el río que estaba a las afueras… y salté.

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