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Samyra y Omar llegaron temprano al hotel. Habían elegido aquel lugar especialmente porque estaba ubicado muy cerca de una de las zonas más famosas para contemplar las auroras boreales.Desde el primer momento, Samyra sintió que aquel viaje tenía algo diferente.No era solamente un viaje de aniversario ni unas vacaciones para descansar. Era la celebración de todo lo que habían vivido juntos.De los años difíciles, de las heridas que habían conseguido cerrar, de las lágrimas que alguna vez parecieron interminables y, sobre todo, del amor que había sobrevivido a cada una de sus tormentas.La suite era preciosa.Tenía enormes ventanales desde los cuales podían contemplarse las montañas cubiertas de nieve, una pequeña terraza y una habitación decorada con luces cálidas que hacían que todo pareciera más íntimo y acogedor.Samyra dejó su bolso sobre un sillón y caminó hasta la ventana.—Es hermoso...Omar se acercó por detrás y la rodeó con los brazos, apoyando el rostro junto al suyo.—Habib
Un año despuésHabía pasado un año desde que tantas cosas habían cambiado en sus vidas.Un año lleno de nuevas oportunidades, reconciliaciones, nacimientos que se acercaban y heridas que, poco a poco, habían comenzado a cicatrizar.Aquella tarde, Fahriye y Murad estaban reunidos alrededor de una mesa, revisando por última vez una larga lista.—¿La decoración?—Lista —respondió Fahriye.—¿La comida?—Confirmada.—¿Los músicos?—También.Murad sonrió satisfecho.Hasret, que estaba sentada junto a ellos, revisó nuevamente la lista.—Entonces no falta nada.Fahriye cerró la carpeta y sonrió.—Nuestros padres se lo merecen. Después de todo lo que han vivido, merecen celebrar el triunfo de su amor.Durante semanas habían preparado aquella sorpresa en secreto.Samyra y Omar estaban a punto de cumplir otro aniversario de bodas y, aunque ambos habían decidido que no querían hacer una gran celebración, sus hijos pensaban exactamente lo contrario.No querían dejar pasar aquella fecha.Habían plan
Malik aguardaba de pie en el majlis, irradiando una compostura impecable mientras la expectativa del momento llenaba el espacio.Pronto hizo su entrada el funcionario religioso, quien con voz pausada y profunda comenzó la lectura de los versos del Corán, extendiendo la bendición espiritual que finalmente los unió en sagrado matrimonio.Malik no podía ocultar la devoción en su mirada; una sonrisa genuina, repleta de seguridad y plenitud, iluminaba su rostro.Sin dudarlo, estampó su firma en el acta matrimonial antes de que el documento fuera trasladado con esmero ante Inaya para obtener su consentimiento definitivo.Con el trámite concluido, fueron declarados oficialmente marido y mujer.Malik caminó al encuentro de Inaya con paso firme. Al tenerla de frente, tomó su mano con delicadeza y depositó un beso reverente sobre el dorso de su piel.—Te amo, mi habibti —murmuró con la voz enhebrada de devoción—. Soy completamente tuyo. En esta vida te amaré para siempre y dedicaré cada uno de m
Phillip se levantó lentamente de su asiento y observó a los dos jóvenes que permanecían frente a él.Durante unos segundos no dijo nada.Su mirada pasó de Malik a Inaya, como si intentara descubrir en sus rostros si aquella decisión era realmente definitiva o si estaban actuando impulsados por la emoción del momento.Había visto demasiadas cosas en su vida como para creer fácilmente en las promesas de amor eterno.Y, sobre todo, había visto a Inaya sufrir.Por eso, antes de darles su bendición, necesitaba escuchar de sus propios labios que estaban seguros.—Hijos... —dijo finalmente—. ¿Están completamente seguros de esta decisión?Malik e Inaya se miraron.No necesitaron hablar.Una pequeña sonrisa apareció en los labios de ambos.Habían pasado por demasiadas dificultades para llegar hasta ese momento. Habían tenido miedo, dudas, dolor y momentos en los que parecía imposible volver a encontrarse.Pero ahora estaban juntos.Y ninguno de los dos quería volver atrás.—Estoy muy seguro, pa
Cuando Inaya despertó aquella mañana, durante unos segundos no supo dónde estaba.La luz dorada del amanecer se filtraba suavemente por las cortinas, dibujando sombras sobre las paredes de la habitación. Afuera se escuchaba el murmullo lejano del mar y el suave movimiento de las olas golpeando contra la orilla.Pero nada de aquello fue lo primero que llamó su atención.A su lado estaba Malik.Dormía profundamente, con el rostro relajado y una expresión de paz que pocas veces había visto en él. Uno de sus brazos descansaba cerca de ella, como si incluso dormido hubiera querido asegurarse de que seguía allí.Inaya lo observó en silencio.Sintió una extraña presión en el pecho.Durante tanto tiempo había pensado que aquel amor estaba perdido para siempre. Había llorado por él, había intentado convencerse de que podía continuar con su vida y había aprendido, a fuerza de dolor, a vivir con la ausencia de aquel hombre.Y ahora estaba allí.A su lado.No como un recuerdo.No como un sueño.Si
Entraron a un yate privado para navegar mar adentro, alejándose de todo y de todos.El vaivén pausado de las olas y el horizonte infinito hicieron imposible que no recordaran aquella mágica luna de miel que parecía pertenecer a otra vida. El sol de la tarde teñía el agua de destellos dorados mientras él le entregaba una taza de té frío. Se miraban en silencio, sumergidos en la intensidad de sus propias miradas. Para él, estar ahí, teniéndola de nuevo tan cerca, se sentía como un sueño abrumador; una fantasía que había deseado en la penumbra de sus noches más solitarias y que por fin se volvía realidad.—¿En qué piensas? —preguntó él al notar la melancolía serena que iluminaba los ojos de ella.Inaya lo miró y dibujó una sonrisa suave, cargada de una devoción añeja que el tiempo no había logrado extinguir.—Soñaba con que fueras tú —confesó ella, dejando que el viento marino jugara con sus mechones de cabello—. Rezaba por eso a Alá cada noche... pero sentía que era solo una ilusión impo







