LOGIN—¿Estar conmigo te parece tan malo? —Beto rio con vulgaridad—. Si no fuiste capaz de conquistar a Adri, vas a tener que conformarte conmigo. De todas formas, no te va a faltar nada.—¿Qué quieres decir? —Paulina lo miró fijamente—. ¿Eso de “conformarte conmigo” qué significa?—¿Tú qué crees que significa?—¡Ni de broma! —Paulina tiró el vaso que tenía en la mano—. ¡Jamás me casaría con un desgraciado como tú!La vida sentimental de Beto era un desastre absoluto. Nadie lo sabía mejor que ella. No le hacía el feo a nada ni a nadie: desde las estudiantes hasta las chicas de los bares, había tenido amantes de todo tipo. ¿Cómo iba a considerar casarse con alguien así?—Yo no te hago menos y, ¿ahora resulta que tú sí me menosprecias? —Beto se molestó—. Sal de este restaurante, a ver. Fíjate bien quién más te va a proteger. ¿El estéril de Adri? ¿O Rossi, que es capaz de matarte?Paulina se quedó sin respuesta, pero no le quedó más remedio que volver a sentarse. Se limitó a mirarlo con una fur
Aquella persona iba vestida toda de negro, con cubrebocas y gorra, cubierta de pies a cabeza. Pasó volando frente a ella tan rápido que Paulina ni siquiera alcanzó a distinguirlo: solo vio un bulto borroso que le cruzó por delante.Miró el sobre que tenía entre las manos y arrugó la frente: “¿Qué es esto?”Lo abrió y descubrió que era un informe médico de Adrián.El informe revelaba que Adrián tenía baja motilidad espermática. ¿Qué? Entonces ella... Entonces Adrián...Se le agolparon las preguntas en la mente y empezó a atar cabos, cada vez más alarmada. Muchas de sus dudas encajaron por sí solas.Con razón. Con razón la actitud de Adrián cambió desde aquella noche en que ella y Beto montaron la trampa. Entonces, ¿desde esa misma noche Adrián dejó de creerle? Pero fuera de mostrarse molesto, prefirió quedarse callado. ¿Qué estaba tramando? ¿Qué planeaba hacer?¡No!¡Tenía que hablar con Beto sobre esto!Paulina, que acababa de salir furiosa del edificio, regresó corriendo a la empresa
Beto se limitó a reírse con burla, sin responder.—Renata presentó una demanda de divorcio —le comentó Nico en voz baja.—¡Mira nada más, ya se siente muy valiente! —estalló Beto—. ¿Cree que porque la primera demanda no prosperó ya me tiene en sus manos? Que esté tranquila, en la audiencia voy a aceptar el divorcio. ¡A ver qué hace entonces!—No seas así —Nico intentó calmarlo—, Renata es buena persona...—¿Una buena persona anda amenazando con divorciarse a cada rato? ¡Ni siquiera se fija en quién le paga todo lo que come y lo que usa! Con el dinero que reparto fuera, cualquier mujer me llamaría “papi” con una sonrisa. Y a ella le doy dinero y ni una buena cara recibo; yo tenía que soportar esa expresión de amargada que trae todo el santo día. ¡Ni que estuviera de luto por mí! —Beto se quejó—. Ya, basta. ¡Vamos a preparar la junta!La junta se extendió toda la tarde.El mayor problema que enfrentaba la empresa de Adrián era que desde el año anterior habían expandido operaciones a un n
Olivia lo recogió y vio que era una grulla de papel. ¿Qué significaba esa grulla?Un recuerdo lejano afloró en su memoria. “¿Será que él ya lo sabe?”.Esa grulla no estaba hecha con el mismo papel que ella usaba en aquella época; se veía nueva. La desdobló y, efectivamente, tenía algo escrito. Reconoció la letra de Adrián: “Mi Oli será feliz y estará a salvo por siempre”.Así que era cierto: él ya sabía lo de las grullas de papel y lo de la voluntaria.Pero, ¿y qué con eso?“¿Su Oli?”Ya no lo era. Hacía mucho que había dejado de serlo.Si en cualquier momento de los últimos doce años hubiera recibido esa grulla y leído esas palabras, se habría conmovido hasta las lágrimas. Pero tenía que ser en ese momento.Como dice el dicho, el amor que llega tarde no vale ni la hierba del campo.Que lo suyo fuera amor estaba por verse, pero que no valía nada, eso era seguro.Lanzó la grulla al bote de basura y cerró la maleta.A sus espaldas, Santiago soltó una carcajada. Olivia se volteó y lo fulm
Olivia miró la notificación de depósito en su celular. Ya ni quería contar cuántos ceros había.Doce años de devoción, cinco años de matrimonio, y todo a cambio de esa hilera de números.No sabía qué haría si pudiera regresar el tiempo, volver doce años atrás. Pero no se puede volver atrás, y solo se debe seguir adelante.Mientras sostenía el celular, Santiago bajó del piso de arriba y le dijo:—Adrián está afuera. Dice que tiene algo que entregarte, ¿quieres salir a verlo? Si no quieres, voy yo.Olivia quedó atónita por un momento. ¿Cómo sabía Santiago que Adrián estaba ahí? Él le leyó el pensamiento y le explicó:—Llamó al abogado y él me avisó a mí.Olivia no quería volver a verlo.—Santiago, ve tú, por favor.—Está bien. —Santiago asintió y salió.Adrián esperaba dentro del auto, muy nervioso, con la mirada fija en el camino por donde Olivia podría salir. Sin embargo, quien apareció fue Santiago. Sonrió desilusionado, aunque en el fondo ya se lo esperaba: Olivia ya no quería verlo.
Tal como Adrián había dicho, iba a mudarse.Así que, una vez resueltos los pendientes del día, aprovechó la mañana y el mediodía para contactar una empresa de mudanzas y vaciar el departamento que había compartido con Olivia durante su matrimonio. En la casa había bastantes cosas de valor: electrodomésticos, adornos decorativos, utensilios de cocina… todo había costado una buena cantidad en su momento. Cuando los de la mudanza le preguntaron, dijo que no quería nada de eso.Se quedó de pie en medio de la casa; a donde mirara, solo veía rastros de la vida de Olivia.Esa persona que había vivido con él cinco años, que se había entretejido en cada detalle de su vida durante cinco años, que se había volcado entera en él.—Esta habitación la recojo yo —dijo apesadumbrado—. Ustedes encárguense del resto.Adrián se puso a recoger las cosas de la habitación por su cuenta, mientras los de la mudanza se quedaron a un lado sin saber qué hacer, completamente desconcertados. Cuando se dio cuenta de







