Mag-log inVisto así, en realidad no estaba equivocado...—Solo quería que me explicaras el...—¿Qué diferencia hay?Ni siquiera había terminado de decir que quería que le explicara un problema de la tarea cuando él ya la había interrumpido.Después de eso, los cinco dólares regresaron a su bolsillo y él se alejó de ella como una ráfaga de viento, diciendo:—¡Tu servidor todavía no cae tan bajo como para estar cobrando por eso!A eso se refería él con que ella lo había buscado para que le explicara.Seguramente Adrián solo recordaba ese evento de forma borrosa; había olvidado el contexto y los motivos.Solo ella lo recordaba. En aquellos años de incertidumbre pero determinación, ambos habían sido testigos de los momentos más difíciles del otro.Pero, pensándolo bien, aquello no era más que una mancha amarga en sus recuerdos de juventud; era mejor olvidarlo.La llamó su abuelita, interrumpiendo sus pensamientos.—Él... ¿él ya lo sabe? —le preguntó Mercedes en voz baja.Olivia miró de reojo la espa
Olivia estaba impactada; no tenía idea de que su situación familiar fuera así. Él era muy terco y no se dignó a recoger los billetes que le habían tirado.—No hace falta —le escuchó decir con un tono indiferente—. ¡De ahora en adelante, no te voy a recibir ni un centavo!En cuanto terminó de hablar, se dio la vuelta para irse.El sujeto bajó del auto y lo alcanzó para gritarle:—¿Ah, sí? ¡A ver si es cierto que no vuelves por más dinero! ¡A ver cómo le haces para sobrevivir!El sol de esa tarde brillaba con fuerza, bañándolo con una luz dorada. Adrián sonrió con rebeldía y, sin voltear, respondió:—No te preocupes. Antes busco a alguien que me mantenga que volver contigo.¡Qué cosas decía! Olivia, que en ese entonces todavía estaba en la preparatoria, se quedó muda de la impresión.Aunque, pensándolo bien, no era la primera vez que escuchaba algo así. Cuando su mamá se enojaba con ella, a veces le gritaba que mantenerla era un desperdicio de comida y que mejor se fuera a vender a la ca
Que supiera cocinar no significaba que supiera hacerlo al aire libre. Lograr que el fuego prendiera se convirtió en su mayor obstáculo.Hizo un esfuerzo enorme, tanto que terminó con la cara manchada de hollín y ceniza, pero no consiguió ni una flama. Ella era diferente; de niña, en las vacaciones, siempre iba a Santa María a jugar. Con los niños del pueblo aprendió a prender fogatas, trepar árboles y buscar nidos; hacía de todo.Por eso, como ella estaba en el equipo de al lado y ya no podía seguir viendo su fracaso, se acercó a ayudarlo, acomodó la leña para que entrara aire y prendió el fuego.Él se quedó viendo las llamas que ardían con fuerza, pasmado. Quizás porque sabía que se veía fatal, ni siquiera le dio las gracias.Pero después de eso, su desempeño fue muy constante. Por la forma en que picaba los ingredientes y se movía en la cocina, se notaba que sí ayudaba en su casa.Esa fue la única vez que ella probó algo que él hubiera cocinado.Los de su equipo fueron agradecidos y,
—Claro, está bien —respondió él, y por su voz se notaba que estaba de excelente humor.Ese ánimo tan positivo lo acompañó durante todo el trayecto hasta que llegaron a la casa de la abuelita.En ese momento, Mercedes se disponía a almorzar. Sobre la mesa solo había un plato de frijoles de la olla, un poco de salsa y unas cuantas tortillas. Al verlos llegar, se mostró sorprendida y apenada, por lo que se apresuró a recoger los platos.—¿Cómo es que vienen a estas horas? ¿Ya comieron? ¡Ahora mismo les preparo algo!Olivia observó la sencillez de aquella comida y no pudo evitar compararla con los banquetes que su abuela siempre le preparaba cada vez que iba de visita.—¿Por qué estás comiendo tan poco?La anciana se apresuró a levantar los platos de la mesa.—Es que esto me sobró del desayuno y me dio lástima tirarlo, así que decidí aprovecharlo. No creas que como así todos los días.Olivia no le creyó y, mientras la miraba, no pudo evitar hacer un puchero de desaprobación.—Vamos, no me
—Así es, señora, esta es la propiedad con la mejor ubicación; está frente al lago —comentó la vendedora para apoyar la decisión—. Cuando el clima es cálido, llegan los cisnes. Es un lugar muy tranquilo.Adrián la llevó de la mano hacia la terraza para que apreciara la vista de la casa.La brisa fresca del lago los recibió. Olivia inhaló profundamente; el aire estaba cargado con el aroma de los árboles y el pasto recién cortado. Era, en realidad, un sitio muy agradable.—¿Qué te parece? ¿Te gusta? —preguntó él, todavía sujetando su mano.Olivia bajó la mirada para observar la mano de él sobre la suya. “Ni modo, voy a tener que soportarlo solo porque la casa es perfecta”, pensó.Asintió con un gesto ligero.Adrián pareció satisfecho con su respuesta.—A mí también me parece muy bien. O tal vez, cuando esté terminada la remodelación, podríamos mudarnos nosotros. Lo de la boda de Mateo... ya lo veremos después.Olivia seguía en la terraza, pero su mente estaba ocupada calculando cómo divid
Adrián puso el auto en marcha de nuevo, pero seguía sin dirigirse hacia casa de la abuela.—Te voy a llevar a ver una casa —comentó con un suspiro—. Ayer te pedí tu identificación porque, en realidad, quería comprarte una propiedad.Olivia arrugó la frente.—¿Comprar una casa?—Tus papás querían comprarle una a Mateo para su boda, ¿no? —respondió él.—¿Te buscaron otra vez? —preguntó ella, poniéndose a la defensiva.Adrián no dijo nada. El silencio fue su respuesta.—¿Cuándo fue eso? ¿Por qué no me enteré?Él la miró de reojo con una sonrisa inexplicable.—Con lo brava que te pones, ¿crees que se atreverían a decirte?Olivia no entendía a qué venía ese gesto burlón; lo único que sentía era coraje. ¡Su familia siempre encontraba la manera de perjudicarla! Siempre lograban que no pudiera sostenerle la mirada a Adrián por pura vergüenza.—¿Podrías dejar de repartir casas como si fueran dulces? Piensan que eres una mina de oro, ¿pero qué eres? ¿Una fábrica de bienes raíces? ¡Cualquiera que







