LOGINCon gesto de fastidio, Nico ya se disponía a regresar a su oficina cuando sonó el intercomunicador. Era la recepcionista para avisarle a Adrián que un abogado, en representación de Paulina, exigía ver al señor Vargas.Nico estaba indignado.—¿Y ahora qué quiere? ¿Que encima pagues la fianza?Nico ya había empezado a aceptar la realidad de haber sido traicionado por su mejor amigo y por alguien a quien consideraba como una hermana. Y una vez que lo aceptó, el cariño que les tenía se convirtió en pura rabia; le dolía más que si cualquier otro empleado hubiera traicionado a la empresa.Así que ahora Nico odiaba a muerte a Beto y a Paulina.Adrián, en cambio, sonrió con tristeza y le indicó a la recepcionista:—Que pase.—¡¿Todavía lo vas a recibir?! —Nico no daba crédito.—Escuchemos qué tiene que decir —respondió Adrián.Nico decidió quedarse y se plantó a un lado. Adrián lo miró un par de veces.—¿Y tú qué sigues haciendo aquí?—¡Porque no vaya a ser que hagas alguna estupidez! —respond
De pronto, Olivia sintió que ya no tenía gracia. Estaba cómoda, satisfecha tanto física como emocionalmente, y no necesitaba burlarse de él para sentirse feliz. Solo que el rumor le llegó servido en bandeja de plata y no pudo resistirse a darle una mordida.Ya no tenía ganas de seguir fastidiándolo, así que le envió la contraseña de descarga. Que él se encargara de bajar el archivo.Adrián: “Recibido, gracias”.Estaba a punto de bloquearlo cuando vio que le mandó una hilera de signos de interrogación.Olivia: “???”Adrián: “¿No hay nada?”Olivia: “Pues claro, nunca dije que tuviera pruebas”.Adrián le envió un emoji de pulgar arriba, con toda la solemnidad del mundo: “Muy astuta. Olivia, creo que apenas te estoy conociendo”.Ella casi puso los ojos en blanco. ¿Para él siempre había sido una idiota?Y entonces vino algo que le dio aún más ganas de poner los ojos en blanco.Adrián le preguntó de la nada: “¿Hoy no publicaste nada en tus redes?”¿Qué quería decir con eso? ¿Por qué tendría
Julián levantó los cubiertos como si fuera a golpear a alguien.—Bueno, entonces voy a probar este famoso manjar local —dijo Olivia entre risas.Había que admitirlo: el ambiente familiar en casa era cálido y acogedor. En cuanto al famoso manjar que preparó... pues, sabía exactamente a lo que tenía que saber. Cualquiera lo habría hecho igual.Pescado empanizado con papas fritas, ¿a qué más iba a saber?—¿Está rico? —Julián la miraba expectante, ilusionado por recibir su aprobación.Olivia asintió.—Está rico, de verdad está muy rico.Julián se infló de orgullo.—También horneé un postre, pay de manzana. Cuando terminemos de cenar, nos sentamos en el jardín a comerlo.Olivia entrecerró los ojos.—¿Manzana? ¿Pay?—¡Sí! —Julián se metió un trozo enorme de papa frita a la boca.—No serán las manzanas de mi jardín, ¿o sí? —Olivia lo miró con suspicacia.Julián rio con nerviosismo.—¡Por favor, Olivia! Un chef no roba... un chef expropia ingredientes para mejorar el mundo.Olivia no pudo evit
Olivia miraba a Julián con los ojos como platos.Julián, al fin, percibió algo extraño en esa mirada y fue borrando la sonrisa, con cautela.Fiorella le hizo una mueca a su hermano y se ganó un coscorrón.Él, con las manos llenas de harina, le embadurnó la frente a Fiorella y se la dejó blanca. Olivia los observó pelear entre risas y sonrió, aunque no pudo evitar pensar en Mateo. Con su familia nunca tuvo momentos así de entrañables.Pero ahora tenía a Santiago, un primo mejor que cualquier hermano.Julián, al verla sonreír, se acercó con gesto conciliador para disculparse:—Perdón, Olivia. No te avisé antes porque...Ni él mismo sabía bien por qué. Seguramente porque tenía miedo de que se enojara.—No es nada. Es tu decisión, no tenías por qué avisarme —dijo Olivia. Lo que no quería era que su decisión hubiera sido por ella; eso le pesaría demasiado en la conciencia.Era como cargar, sin razón alguna, con el futuro y la vida de otra persona. ¡Qué responsabilidad tan enorme!Pero Juliá
La primera semana de clases, Olivia se integró sin problemas con sus profesores y compañeros.Era la única en el grupo con dificultades para caminar, y al principio le preocupó que la miraran raro. Pero, por suerte, nadie pareció fijarse en su pierna; quizá alguien lo notó, pero ninguno lo mencionó. Todos actuaron con normalidad, y eso le bastaba.El segundo lunes, cuando volvía de casa de Lorena para retomar clases, vio a alguien en la entrada de la universidad. Llevaba un ramo de lirios del valle en las manos y estaba plantado en su camino, con una sonrisa tan radiante que contagiaba.—¡Julián! ¿Qué haces aquí? —Olivia se acercó y le preguntó con cara de sorpresa.Él sonrió aún más.—Vine a dejar a mi hermana en la escuela y de paso a verte.Le extendió el ramo de flores.—Felicidades. Por un nuevo comienzo.Olivia sonrió. Para ella, en serio era un nuevo comienzo.—Vivo cerca de aquí. ¿Quieres ir a cenar a mi casa esta noche? —preguntó Julián con las orejas enrojecidas.Ella supuso
Rodrigo comentó: “¿Falta quién? ¿Olivia? ¡Si tú nunca la dejaste ir a ninguna reunión de excompañeros!”Olivia dijo para sus adentros: “¡Vocero oficial!”Daniela, como si le hubiera leído la mente, le respondió a Rodrigo: “¡Vocero oficial!”Lo de ella y Adrián fue algo que llegó a tendencias, y no una sino dos veces. La más reciente todavía no se enfriaba. Era imposible que sus antiguos compañeros no se hubieran enterado. Así que todos los que comentaron la publicación tenían una actitud poco amigable.“¿De qué sirve decir eso ahora?”“Adrián, ¡nunca imaginé que fueras tan hipócrita!”“¡Espero que Olivia nunca vuelva contigo!”Olivia revisó esos nombres conocidos: había compañeras de la preparatoria, chicos de la clase cuyos rasgos apenas recordaba. No sintió que se estuvieran metiendo donde no los llamaban; al contrario, sintió una calidez inesperada. Resultaba que tantos compañeros la recordaban. Creía que, después de haberse encerrado en sí misma todos esos años, ya la habrían olvid






