LOGINOlivia la miró con calma. Recorrió en silencio con la mirada a todas las personas que Linnette había juntado a su lado.—¿Y si no acepto?Linnette sonrió con desprecio.—Pues entonces no venimos y ya. ¡Demándanos! A lo mucho será una indemnización.—¿No se han puesto a pensar que, faltando así a su palabra, sin sentido de responsabilidad y sin respeto al escenario, ninguna otra compañía las va a querer en el futuro?A Olivia, de pronto, le volvió a venir Julián a la cabeza: el estilo de Linnette era idéntico al de él, con dinero y caprichosa, lista para irse cuando se le antojara.Linnette, al escucharla, se rio, tal como era de esperarse.—Maestra Muñoz, todavía eres muy ingenua. ¿Qué clase de gente se queda ahí, aguantando hambre, esperando a que una compañía la contrate? Con todo el dinero que tengo, ¿no puedo abrir mi propia compañía? A todas las que vengan a bailar conmigo les pago cinco, diez veces más. Por ejemplo, las chicas que hoy renuncian conmigo son las fundadoras de mi co
Alan y los suyos estaban cerca.Desde la vez que la atacaron, la tarea de Alan y su equipo había pasado a ser una sola: no perder de vista a Olivia. A ella le bastaba con alzar la voz para que Alan apareciera; pero Linnette no era una agresora cualquiera, era una chica, y además bailarina de su compañía.Tras unos segundos de tensión, Linnette soltó su mano.Olivia cerró la puerta. Justo en ese instante, alcanzó a escuchar a Fiorella estallando afuera.—¡Linnette! ¿Otra vez fuiste a molestar a Olivia? ¿Qué te pasa?—No te entiendo. Es la persona que dejó a tu hermano en el estado en que está, ¿y la defiendes así?—¿Tú qué vas a saber? Lo que le pasó a Julián no es culpa de Olivia. Además, ella me ha tratado muy bien…Las voces se fueron apagando.Olivia suspiró. Fiorella había vivido a su lado un año entero, y ese año fue de convivencia diaria y verdadera. Ella veía a Fiorella como de la familia: la chica era joven, recién llegada al extranjero, y de vez en cuando le caía mal el cambio
Olivia abrió la puerta, lista para entrar a la casa, pero a sus espaldas se escuchó el “Detente” de Linnette.Olivia se dio vuelta. Ella la había seguido hasta ahí.—¡Qué calculadora eres! —Linnette sonrió con sarcasmo—. Yo decía, cómo es que una divorciada vieja como tú había logrado tener a los dos hermanos comiendo de tu mano; ahora resulta que era cuestión de cercanía. ¡Qué conveniente!Olivia no tenía intención de discutir con ella.—Linnette, sé que eres muy talentosa, pero ya que ahora estamos en el mismo equipo y no piensas cancelar el contrato, espero que pongas tu atención en la danza misma.Linnette torció sus labios rojos en una mueca burlona.—¿Y con qué autoridad me dices eso? ¿Como encargada de la compañía, o como... exnovia de Julián?Olivia no se sintió herida por sus palabras; al contrario, mantuvo la calma.—Como bailarina. —Su voz sonó con una claridad particular—. He visto a demasiados bailarines talentosos arruinarse por cosas ajenas a la danza.Linnette sonrió co
Su compañía de danza, sus problemas. Ella debía resolverlos, sin volver a meter a los Reyes en el asunto.Cuando lo pensaba, una voz aguda y reprochadora resonó desde la entrada del patio.—¡Mocosa! ¿Qué estás haciendo?—Hablando del rey de Roma. —Fiorella arqueó las cejas y resopló hacia la puerta—. Vaya, ya llegó la princesita. Disculpe usted, mi casa es bastante humilde, no está a la altura para recibir a su majestad.—Mocosa, ¿qué te pasa? ¿No distingues entre amigos y enemigos? ¿Te pones a charlar con una extraña aquí en tu casa? ¿Se te dañó el cerebro? —Linnette regañaba a Fiorella, pero tenía los ojos clavados en Olivia.Esa extraña, esa enemiga, era ella, claro está.Fiorella, en cambio, sonreía con dulzura.—Sí, justamente, así que mejor lárgate ya.Linnette quedó perpleja.—¿Qué quieres decir?—Si no se debe hablar con extraños, ¿a qué viniste? Por favor, retírate. —Fiorella estiró el brazo e hizo un gesto invitándola a salir.—¿Cómo te atreves a hablarme así? —Linnette se se
Los dos habían regresado al país.Se decía que Fabiola también era primera bailarina en alguna compañía de danza.—¿Fabiola? —Cuando Olivia la mencionó, en la cara de Linnette no se movió un solo músculo, como si no conociera a esa persona.Olivia probó de nuevo.—¿Julián?El semblante de Linnette se alteró apenas un instante.Olivia entonces lo entendió: el “creador original” del que ella hablaba era Julián.—Linnette, si en serio tienes tantas quejas de nuestra compañía, recuerda que un contrato es un acuerdo mutuo. Podemos cancelarlo ahora mismo —dijo Olivia—. Pero si difamas a la compañía o a mi creación, me reservo el derecho de demandarte.Linnette, en cambio, se rio.—Inténtelo si quiere, a ver si gana. Yo no peleo guerras sin estar preparada, maestra Muñoz.Linnette recalcó con fuerza esas palabras, “maestra Muñoz”, cargadas de un tono profundamente sarcástico.Dicho eso, pasó por delante de Olivia con la cabeza en alto, y al llegar a la puerta se volvió.—Maestra Muñoz, eso de
Por ejemplo, en “El canto del ciervo”, una pieza ya madura y consolidada, Linnette pretendía cambiar movimientos.Al principio, Olivia escuchaba sus opiniones con seriedad, porque ella misma deseaba que el espectáculo siguiera puliéndose.Pero después se dio cuenta de que Linnette no estaba proponiendo mejoras: lo suyo eran simples pretextos para colmarle la paciencia.Olivia podía pasarse un día, una noche, o incluso más tiempo, reflexionando sobre alguna de sus propuestas; pero después le soltaba cinco o seis sugerencias en un solo día, y antes de que digiriera la primera, ya venía otra, y otra, una tras otra.Entonces lo entendió.Poco a poco, también empezaron a acercársele bailarinas de la compañía para contarle cómo se portaba Linnette dentro del grupo.Que se la pasaba burlándose de cómo bailaban los demás, por ejemplo. O que, mientras alguien practicaba, “sin querer” lo empujaba.Después de un ensayo, Olivia retuvo a Linnette para hablar con ella.Linnette se mostró altanera; a







