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Capítulo 8

Penulis: V. De Noir
last update Tanggal publikasi: 2025-06-14 21:52:21
No... otra vez no. El baño del instituto regresó entero: las risas al otro lado de la puerta del cubículo, la voz de Lukas presumiendo de haberse follado a «la rarita andrajosa», sus amigos celebrando que hubiera ganado aquella estúpida apuesta. Volví a caer. Como una patética ilusa.

—Me encantas —sentenció Leo, tomando mi rostro—. Gustar es demasiado poco para lo que tú me haces sentir, Vera.

Sus palabras hicieron que regresara a la realidad de la cama.

—Casi me matas del susto... —conseguí dec
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  • Mi Dueño Prohibido   Epílogo

    ***********************************************A las afueras de la mansión von Drachen, en la espesa nevada, una silueta femenina aguardaba inmóvil, a unos metros de la verja que delimitaba la propiedad. El viento arrastraba copos de nieve, adhiriéndolos a su chaqueta oscura.El brillo metálico de un encendedor rompió la tiniebla; una chispa iluminó su rostro apenas un instante. Bastó para que los ojos grises, enrojecidos por la rabia y el insomnio, delataran una presencia alimentada de odio.Entre sus dedos, el cigarrillo ardía lento. El humo subía en espirales, difuminándose contra la neblina blanca de la helada.Introdujo la mano en el bolsillo, extrayendo una fotografía arrugada. El papel estaba gastado, los bordes estaban deshechos, apenas sostenidos por la obstinación de quien no quiere soltar el pasado. El centro de la imagen seguía visible: una mano esquelética, despojada de carne, huesos desgastados, y enredados en los nudillos, mechones rojizos.Levantó la foto a la altura d

  • Mi Dueño Prohibido   Capítulo Final

    Leo, ven aquí —le pedí.Él negó de inmediato, tensando la mandíbula. —Creo que saldré un momento a tomar aire.Eso no lo permitiría, pensé en alguna excusa factible — Acabo de despertar, estuve al borde de la muerte… no quiero quedarme sola.Exageraba, solo que a veces usaba un poquito de drama con él. Y funcionó. Al escucharme, se devolvió, enseguida. Posicionándose a mi lado, los ojos en mi herida.—Estás débil —murmuró—. No quiero ponerte peor, tengo un caos ahora mismo que es mejor calmar afuera.—No —le atajé—. Quédate y hablemos.Coloqué la palma en su mejilla; preparando lo que necesitaba decir, Leo debía entender un par de cosas.—Escúchame bien, Leo —empecé despacio—. No hay ningún hombre en la faz de la Tierra que tenga mi atención como la tienes tú. Ni antes ni ahora. No hay duda: tú eres mi todo. No deberías sentirte inseguro ni por un instante.Noté que su

  • Mi Dueño Prohibido   Capítulo 72

    Mis manos manchadas de carmesí, Vera tendida en los brazos de Adrik, la cabeza ladeada, los labios apenas entreabiertos. Lucía pálida.¿Qué fue lo que hice? ¿Cómo pude ser tan descuidado y lastimarla a ella? ¿Cómo carajos las cosas terminaron así de torcidas? Ella no debía haber estado aquí, se suponía que ya se había ido. Debí confirmar antes de actuar.Fui dominado por mis impulsos más primitivos; al verla tan cerca de Adrik, esa intimidad entre ellos nubló mi razón. Pensé en acabar con él de una vez por todas. No contaba con que, en el último instante, ella se interpusiera. La impresión de verla frente a mí me dejó completamente roto.—La maté… —susurré.Adrik seguía moviéndose, presionando la herid

  • Mi Dueño Prohibido   Capítulo 71

    El camino se extendía frente a mí, blanco y mudo bajo la nevada. La caravana avanzaba: dos coches a la delantera, dos detrás. Cada uno con hombres armados que conocían de memoria las órdenes del plan.Mantenía la vista fija en la ventana, las luces del bosque apareciendo y desapareciendo. Apretaba el móvil en la mano, con el punto rojo que marcaba la ubicación de mi hijo aún activo. El brazalete no había fallado. Alaric seguía allí, en esa mansión.La policía estaba al tanto, pero no intervendría. Moví los hilos con el comisario y le dejé claro que este asunto quedaba bajo mis manos. No confiaría en nadie más.Adrik tenía un informante en mi propio círculo. No podía moverme de manera obvia. Por eso acepté el plan. Vera entraría primero. Sería el anzuelo. Yo llegaría después.El riesgo es altísimo. Vera estaba allá adentro, atrapada en medio de un fuego cruzado que podía estallar en cualquier instant

  • Mi Dueño Prohibido   Capítulo 70

    Todo el trayecto, traté de prepararme mentalmente para lo que venía. El coche avanzó por el sendero cubierto de nieve, deteniéndose frente a la gran puerta de la mansión.El seguro de la puerta trasera se abrió. Respiré hondo, abrí la puerta y descendí. Apenas la cerré, el vehículo arrancó y se perdió colina abajo.Quedé sola frente a la mansión de Adrik.El silencio era absoluto. Ni una sombra humana. El blanco de la nieve recortaba los árboles desnudos y cubría cada rincón del jardín.Avancé hasta la entrada. La puerta principal se abrió antes de que alzara la mano. En el umbral apareció una figura conocida: el asistente personal de Adrik. Traje impecable, rostro impenetrable. No pronunció palabra; un simple ademán con la mano bastó para ordenarme que lo siguiera.Atravesamos los mismos pasillos, los cuadros carísimos, las esculturas minimalistas, las paredes limpias y sin historia. Todo en esta casa parecía estar diseñado para ser admirado, no vivido. La calefacción funcionaba, sí..

  • Mi Dueño Prohibido   Capítulo 69

    Vera estaba fuera de sí. Gritaba, se aferraba a mi ropa.—Estoy aquí —la abracé, tratando de serenarla—. Respira.Tardé unos minutos así.Luego la cargué y llevé a nuestra habitación.Sus ojos seguían abiertos, aunque ausentes; mirada perdida, los labios resecos.Le toqué el rostro. Frío.—Marta —llamé.La mujer asomó desde la puerta, nerviosa.—Quédate junto a ella. Ni un segundo sola. ¿Entendido?—Sí, señor.—Dale algo tibio, háblale. Manténla aterrizada.Otra mucama entró con Helena en brazos. Vera, en su crisis, pidió tener a nuestra hija cerca para protegerla. Me arrodillé junto a la cama, le tomé la mano.—Te juro por todo lo que soy —murmuré— que traeré a nuestro hijo de vuelta.Le di un último vistazo a Vera. Tragué el nudo. No había espacio para flaquezas.Crucé hacia el ala norte de la casa. Thomas aguardaba por mí en la entrada del almacén; la puerta, entreabierta.—¿Está ahí? —pregunté.Asintió.—Revisé su móvil —confirmó relatando—. Fotos de la hermana hospitalizada, mensa

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