Su boca se fundió con la mía en una firmeza hipnótica. El titubeo no existía en él, dominado por la maestría y el control. Deslizó una mano hasta mi cintura y, con un movimiento ágil, me atrajo hacia él. Terminé sentada sobre sus piernas, adaptándome a su anatomía. Me aferré a su camisa. Su lengua rozó la mía, arrancándome un jadeo ahogado. Me estrechó con más fuerza y liberó un gruñido; un sonido profundo, animal, que me impulsó a tomarlo por la nuca, deseando anular cualquier espacio. Froté mis caderas contra su regazo, buscando alivio al ardor que se expandía sin freno por mi vientre bajo.Su dureza presionaba en mi muslo. Las telas de nuestras prendas constituían la única barrera. ¡Dios santo, percibía su longitud! El pudor me asaltó, trayendo una sensación de exposición que, al mismo tiempo, disparó mi excitación. ¿Cómo lograba mi cuerpo reaccionar con tal intensidad ante unos simples besos? Jamás experimenté algo semejante.Ese solo pensamiento me transportó, sin poder controlar
Última actualización : 2025-06-14 Leer más