LOGINDespués de resolver lo de Sophia Bellini, esa misma noche desaparecí por completo de la vida de Vincent.No me llevé nada, salvo lo que yo misma había llevado cuando llegué.Luego encontré una nueva mansión, con su propio olivar. Cada mañana podaba las rosas y, al atardecer, limpiaba mis armas en la terraza. Mis días se volvieron tranquilos y hermosos.Más tarde supe que, para tapar el agujero que había dejado el negocio de armas, Vincent tuvo que cederle tres terrenos de la familia a una facción local.Pero la otra parte no quedó satisfecha.Y lo peor fue que, después de mi partida, más de veinte subordinados que llevaban años trabajando conmigo presentaron también su renuncia. Incluso los ancianos de la familia empezaron a quejarse.Ahora Vincent andaba hecho un trompo. De día tenía que ir al consejo de la familia a aguantar los cuestionamientos de esos ancianos.De noche, todavía debía correr al muelle a beber y pedir perdón una y otra vez.Escuché que pasó tres días sin pegar ojo.
Al escuchar mi negativa, Vincent se vio contra las cuerdas.Pero en ese momento ya no tenía otra salida, así que hizo llamar a Angela y la puso delante de mí.—Todo este lío lo armaste tú. Ahora mismo vas a disculparte con Valentina y aquí se acaba todo.Aunque no quería, Angela frunció los labios, todavía sin querer dar el brazo a torcer.—¿Y por qué tendría que pedirle perdón yo?De inmediato, Vincent frunció el ceño y su voz sonó amenazante.—Angela, deja de comportarte como una niña. No olvides quién te ha dado todos estos años una vida de lujo. ¿O ya no quieres ese sedán blindado?Al oír lo del sedán blindado, los ojos de Angela se iluminaron al instante. Solo entonces me lanzó una mirada de mala gana y masculló:—Perdón. ¿Contenta?No imaginaba que Vincent pudiera ser tan generoso con ella, capaz de regalarle hasta un sedán blindado de edición limitada.En cambio, cuando yo me compré una Browning personalizada con el dinero que había ganado desarrollando armas a medida, él se pas
—Además, ¿y qué si solo arruiné un negocio? No sería la primera vez. ¿Y esa cara por qué me la pones?Vincent apretó la culata de la pistola con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos.Pero Angela, con los ojos enrojecidos, seguía haciéndose la víctima y la ofendida. Se puso a echarme en cara, uno tras otro, todos los desastres del pasado.Y al oírla, por fin se me despejó aquella duda que llevaba tanto tiempo clavada en el pecho.El año pasado, un lote de armas que yo misma había desarrollado y supervisado acabó convertido en pura chatarra, sin potencia ni para disparar bien.En aquel momento, Vincent me echó toda la culpa encima. Me gritó que ni siquiera era capaz de vigilar un cargamento y que no servía para nada más que para arruinar las cosas.Pero yo había revisado ese lote tres veces antes de dejar que Angela lo enviara.Quién iba a pensar que esa idiota, antes de entregarlo, borró el registro de materiales correcto y, como no se atrevió a preguntarme, fue directo
Vincent apretó el puro entre los dedos y frunció el ceño con fuerza. De pronto, giró la cabeza hacia Angela.—¿Qué carajos pasó? Tú misma estuviste al frente de este lote. ¿Por qué salió todo mal?Los negocios de la familia siempre habían estado bajo mi control. Él solo ostentaba el título de Don.Hacía apenas un momento que había elogiado a Angela, diciendo que era capaz y que me daba mil vueltas. Pero no había pasado ni un rato cuando estalló un problema enorme.Como nunca se había enfrentado a algo así, Vincent empezó a ponerse nervioso.Angela tampoco esperaba que las cosas terminaran así. Del susto, hasta se le crisparon las comisuras de la boca. Aun así, se empeñó en quitarse la culpa de encima.—¡Lo que desarrollé no tuvo ningún problema! ¡Me partí el alma durante varios días para terminarlo! Seguro que querían quedarse con el negocio y por eso ahora intentan echarme la culpa. Además, nuestra familia no le agacha la cabeza a nadie. ¿O qué, acaso vamos a tenerles miedo? En el peo
Después de romper por completo con Vincent, me sentía extrañamente ligera.Solo que los subordinados de mi antigua área seguían mandándome mensajes por el canal seguro.Ese día, probablemente porque la situación era urgente, hasta llamaron directamente a mi comunicador privado.—¡Donna!… No, señora Marino, ¡tiene que volver cuanto antes! ¡La entrega de "Rosa de Ébano" es mañana!Justo cuando iba a cortar la comunicación, escuché un forcejeo del otro lado y el ruido de alguien arrancándoselo de las manos.Entonces la voz de Angela me estalló en el oído, casi a los gritos:—Valentina, hace mucho que te expulsaron de la familia. ¡Ni se te ocurra volver a poner un pie en la base!La voz del subordinado sonó cargada de rabia contenida.—Señora Romano, ¡deje de causar problemas! ¡Si este lote sale mal, toda la familia va a terminar bajo tierra!A Angela no pareció importarle en lo más mínimo. Su tono rebosaba desprecio.—¿Y de qué se asustan tanto? Ese lote ya quedó bajo mi cargo. Muy pronto
—¿Divorcio?Al oírlo, la voz de Vincent se volvió más grave y sus dedos dieron dos golpecitos sobre la mesa.—Con ese tipo de bromas no se juega dentro de la familia. Deberías tener muy claro quién eres.Lo miré actuar delante de mí, pero por dentro ya no sentía nada.Así que empecé a seguirle el juego.—Fui yo quien obligó a los ancianos de la familia a dar fe de nuestra unión. Ahora pongámosle fin de una vez a esto.Angela, que escuchaba nuestra conversación, por dentro se moría de gusto.—Exacto, esto debió terminarse hace mucho. Vamos ahora mismo a ver a los ancianos.Tiró del brazo de Vincent, como si no pudiera esperar a que fuéramos de inmediato a ponerle fin a lo nuestro.Él vaciló unos segundos. Cuando habló, su tono no dejó entrever ninguna emoción.—Ahora tengo que ocuparme de algunos asuntos. Lo resolveremos dentro de siete días.Al ver que Vincent no cedía, no pude evitar sentirme un poco desconcertada. Si de verdad estaba dispuesto a abandonarme por Angela, ¿por qué no ap







