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Capítulo 2.

Author: María
Keith y John soltaron un profundo suspiro de alivio al escuchar a Vanessa. Al terminar la videollamada, se acercaron para ayudarme.

—Willow, ¿te duele? De verdad lo sentimos. Es solo que... Vanessa dijo que, si no cumplíamos el reto, se negaría a comer. Su salud ya es bastante delicada y, si vuelve a saltarse las comidas, podría empeorar. Por eso... tuvimos que hacerlo.

Al notar que permanecía en silencio desde hacía demasiado tiempo, se pusieron nerviosos y se apresuraron a llevarme al hospital.

—¡Carajo, se nos fue la mano! Vamos, te llevaremos a urgencias.

Justo en ese momento, Vanessa volvió a llamar. Su voz sonaba suave y frágil:

—Keith, John... No he comido en todo el día. Se me bajó tanto la presión que ni siquiera puedo caminar. ¿Pueden venir al jardín y llevarme cargando hasta mi habitación?

La expresión de ambos cambió de inmediato. Sin decir una palabra, colgaron la llamada y salieron corriendo hacia el jardín, olvidando por completo que acababan de prometer llevarme al hospital.

Los observé alejarse y dejé escapar una risa fría y amarga. No era la primera vez que algo así me ocurría, pero ya no me importaba.

Al día siguiente, durante el desayuno, Vanessa volvió a ser el centro de atención.

Al notar la hinchazón en mi rostro, frunció el ceño fingiendo compasión.

—¡Ay, no! ¿Todavía tienes la cara hinchada? Lo siento mucho, Willow. Lo de ayer se suponía que era solo un juego inofensivo. No pensé que fueran a golpearte de verdad.

Keith y John también notaron mi rostro inflamado, pero no parecía importarles. Al contrario, sonrieron y trataron de tranquilizar a Vanessa:

—Solo fue una bofetada, tampoco es que te haya roto un hueso. Vanessa, eres demasiado buena.

Bajé la cabeza y terminé de comer sin decir una sola palabra.

Después del desayuno, John y Keith se fueron, dejándonos solas en la mesa.

La fachada de niña dulce e inocente que mostraba frente a todos desapareció en un instante. Me lanzó una mirada dura y llena de arrogancia.

—¿Todavía no te diste cuenta, Willow? Ellos dejaron de preocuparse por ti hace tiempo. ¿De qué te sirve ser la verdadera heredera de la familia Quinn? Al final, igual te llevaste una bofetada, ¿no? No tienes idea de cuánto les importo a Keith y a John. Solo basta con que diga que no tengo hambre para que dejen todo de lado con tal de que coma.

Al principio, sus burlas lograban afectarme. Pero después de escucharlas tantas veces, ya no me conmovían en absoluto.

—Bueno, la verdad es que son un par de basuras. Si te gusta eso, adelante —le dije con total indiferencia.

Vanessa se quedó helada; claramente no esperaba una respuesta así. Estaba demasiado acostumbrada a mi silencio. Sin decir una sola palabra, soltó los cubiertos y se desplomó de repente al suelo.

Keith y John entraron corriendo al escuchar el ruido. Antes de que pudiera reaccionar, Vanessa ya se estaba cubriendo el rostro mientras la voz se le quebraba por el llanto.

—Solo quería ver cómo seguía su cara y, de la nada, me dio una bofetada... Dijo que era su venganza.

John me clavó una mirada de incredulidad, con los ojos echando chispas. Keith también parecía a punto de estallar:

—No creas que puedes pisotear a Vanessa solo porque eres la heredera de esta familia. Algún día ella va a ocupar tu lugar y se va a casar con ese hombre en coma; vas a quedar en deuda con ella de por vida.

No respondí. Me di la vuelta y me largué, dejándolos atrás mientras me gritaban.

Más tarde, viajé hasta Viana Hills, donde había una capilla en lo alto de la montaña. Se decía que las oraciones hechas allí siempre encontraban respuesta. Quería encender una vela y rezar, pidiendo al universo que bendijera a mi futuro esposo y lo ayudara a despertar pronto.

Pero, por supuesto, tenía que cruzarme con las últimas personas que quería ver en el mundo. No muy lejos de allí, encontré a John y Keith turnándose para llevar a Vanessa montaña arriba. Estaban empapados de sudor, pero era evidente que disfrutaban lo que hacían.

Al verme, se detuvieron por un momento.

Vanessa frunció el ceño, visiblemente molesta:

—Willow, ¿sabías que veníamos e intentaste seguirnos?

Respondí con total calma:

—No tengo el menor interés en lo que estén haciendo ustedes.

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