Mag-log inPunto de vista de Evan
El aire nocturno me atravesaba los pulmones. Era frío, denso y llevaba consigo un aroma inconfundible.
Lavanda.
Un aroma que últimamente se había vuelto demasiado familiar para mí.
¡Era el aroma de Viola!
—¡Sé que estás aquí, Viola! —grité, y mi voz se convirtió en un aullido que resonó entre los árboles.
Jacob, mi lobo, irrumpió en mi interior con la fuerza de aquel rugido.
—¡Viola, no lo hagas! ¡Cásate conmigo, porque eres mi compañera predestinada!
Sin embargo, no hubo respuesta. Pero sabía que me había escuchado. Podía sentirlo a través del débil vínculo, una vibración sutil que me atraía como un imán. Se estaba moviendo deprisa, intentando escapar de mí.
—¡Reyhand! —llamé a mi Beta, que corría a mi lado—. ¡Se dirige hacia el bosque del este!
Reyhand no hizo preguntas. Desde el principio de aquella noche sabía que no pensaba detenerme.
—¡Alfa, podemos cortarle el paso por el desfiladero rocoso! —propuso Reyhand entre jadeos.
—Haremos lo que sea necesario para encontrarla —respondí con un asentimiento.
Seguimos corriendo, haciendo que nuestros pies golpearan con fuerza el suelo húmedo. El aire estaba impregnado del aroma de la tierra, el musgo y aquel tenue rastro de lavanda que conocía tan bien.
El aroma de Viola.
Todo había comenzado tiempo atrás, durante el Festival de la Luna Azul.
El Castillo de Luna Plateada estaba lleno de antorchas, música y el dulce aroma de los pasteles de miel. Entre los cientos de invitados, la vi.
Sí, su vestido blanco brillaba bajo la luz de la luna. Su sonrisa era dulce, aunque escondía cierta fragilidad.
Jacob se quedó inmóvil de repente dentro de mi mente. Después, habló en voz baja:
—Ella… nos pertenece.
En aquel momento no lo entendí. Hasta que, por accidente, mi mano rozó la suya junto a la mesa del banquete. Una descarga eléctrica recorrió nuestras pieles. Me quedé sin aliento.
Era una sensación imposible de confundir.
El vínculo de pareja predestinada.
Sin embargo, ocurrió algo extraño. Viola no reaccionó ante mí. Se limitó a sonreír con educación y después se alejó.
Desde aquella noche, no había dejado de buscar una explicación. Y cuando finalmente la encontré, la noticia me golpeó como una tormenta.
Unas semanas después, Viola se había casado con Edward.
Edward, mi propio hermano. El Alfa de la Manada Sangre Invernal.
Para los demás, quizá solo fuera un matrimonio político. Pero para Jacob y para mí, aquello era un robo al destino.
Volviendo a aquella noche, seguía corriendo tras ella.
Aceleré el paso y respiré entrecortadamente. Jacob intentaba tomar el control absoluto de mi cuerpo, pero yo luchaba con todas mis fuerzas para impedírselo.
—¡Déjame salir, Evan! ¡La encontraré en cuestión de segundos! —protestó Jacob.
—No. No puedo permitir que mis instintos salvajes tomen el control por completo. Necesito mantener la cabeza fría. Estoy seguro de que puedo convencerla. ¡Cálmate! —le respondí.
—¡Alfa, la veo! —exclamó Reyhand, señalando una silueta que corría entre los árboles.
El largo vestido de Viola se enganchó en una rama, pero ella no se detuvo.
—¡Viola! —volví a llamarla, con la voz convertida a medias en un rugido—. ¡Sabes que esto es verdad! ¡Sabes que no te estoy mintiendo!
Una vez más, no hubo respuesta. Solo se escuchaban sus pasos apresurados y su respiración agitada.
Jacob ladró dentro de mi mente.
—¡Tiene miedo! ¡Atrápala ahora!
El aroma a lavanda se hizo más intenso. Podía imaginar su rostro iluminado por la luna y sus ojos claros abriéndose de par en par si me encontraba justo delante de ella.
Entonces ocurrió.
Cuando apenas nos separaban unos metros, Jacob se estremeció bruscamente dentro de mi cabeza. No era porque yo lo estuviera conteniendo, sino por un dolor abrasador.
—¿Qué estás haciendo? ¡Aaah! —se quejó Jacob.
Una imagen borrosa apareció en mi mente.
Lily, la loba de Viola, estaba resistiéndose al vínculo. Y no solo eso. Incluso se estaba mordiendo a sí misma, intentando romper la conexión que Jacob trataba de establecer.
Me tambaleé. El dolor se extendió hasta mis brazos, aunque todavía conservaba mi forma humana.
—Ella… se ha mordido a sí misma… —jadeé, sintiendo cómo la sangre parecía empapar el vínculo invisible.
Reyhand se volvió hacia mí, con el rostro lleno de confusión.
—¿Qué ha pasado?
—Ha rechazado mi vínculo —respondí con brusquedad, respirando con dificultad—. Se ha hecho daño para impedirlo.
Jacob aulló dentro de mí. No solo por el dolor, sino también porque se sentía perdido.
—¡Ella nos pertenece! ¿Cómo puede rechazarnos?
Yo también tuve que contener las ganas de aullar. Sentía como si alguien hubiera arrancado un pedazo de mi alma y lo hubiera arrojado al suelo.
Aun así, no podía dejar de correr. Si me rechazaba como loba, tendría que llegar hasta ella como hombre.
Finalmente alcanzamos el desfiladero rocoso, pero su aroma se desvaneció de repente. O había cambiado de dirección o alguien la había ayudado a escapar.
—¿Ha… desaparecido? —preguntó Reyhand, olfateando el aire con frustración.
Apreté los puños, furioso.
—No. Sigue aquí. Tiene que estar en algún lugar de los alrededores.
Jacob gimió dentro de mí, pero podía sentir que su determinación era tan fuerte como la mía.
—Si la dejamos marchar esta noche, la perderemos para siempre.
Me quedé inmóvil en la oscuridad del bosque, atento al más mínimo ruido: el susurro de las hojas, el crujido de una rama. El viento transportaba miles de aromas, pero ninguno era el que estaba buscando.
Entonces percibí algo más. Detrás del rastro de lavanda que se desvanecía, había un tenue olor a humo de enebro y resina antigua. Era un aroma sutil, colocado deliberadamente para ocultar otro.
Aquella energía no se parecía al instinto habitual de un lobo. Tenía un aire antiguo, complejo, como si alguien con un poder y una sabiduría ancestrales estuviera borrando sus huellas.
Reyhand se acercó con cautela.
—Alfa, si ella te rechaza… quizá todo haya terminado.
Lo miré y después volví la vista hacia los árboles.
—O alguien la está escondiendo —murmuré—. Alguien que sabe cómo borrar los rastros.
Jacob repitió mis pensamientos.
—Ella es nuestra. Y nosotros somos suyos.
Pero una nueva curiosidad también comenzó a inquietarme: ¿quién tenía el poder suficiente para ocultar el rastro de una compañera predestinada?
No creía que se tratara de un simple miembro de una manada. Aquella era la huella de alguien antiguo, alguien que conocía los secretos ancestrales. Quizá un Anciano o alguien relacionado con la sangre de nuestros antepasados.
La decisión tomó forma en mi pecho, fría y clara. Estaba dispuesto a correr cualquier riesgo para conseguir que Viola comprendiera la verdad, incluso si eso significaba enfrentarme a mi propio hermano.
Pero también debía actuar con más cautela. Si un Anciano estaba involucrado, cualquier movimiento impulsivo podía ponerlo todo patas arriba.
—Reúne a los tuyos —ordené a Reyhand—. Extiéndanse por todo el bosque. Nadie regresará antes del amanecer. Busquen rastros de humo, marcas de resina o cualquier cosa que pueda ocultar un aroma. Si alguien la está escondiendo, tenemos que descubrir quién es.
Reyhand asintió. Parecía vacilar, pero obedeció.
Jacob susurró dentro de mi mente. Sus palabras sonaban como una promesa, tan suave como aterradora.
—Si tenemos que arrastrarla de vuelta para hacer que lo entienda, lo haremos.
Miré la oscuridad del bosque, hacia el lugar donde quizá se escondía. Sabía que, por ahora, podía sentirse a salvo.
Pero aquello no había terminado.
Ni mucho menos.
Punto de vista de ViolaUn escalofrío me atravesó hasta los huesos mientras recuperaba lentamente la conciencia. No sabía dónde estaba. Solo percibía el olor de la tierra húmeda, el humo de enebro y el murmullo de unos hechizos que giraban a mi alrededor. El aire se sentía pesado, como si con cada respiración tragara fragmentos de niebla cargados de recuerdos y temores.Abrí los ojos poco a poco y contemplé el cielo sobre mí. Ya no estaba en los bosques de Luna Plateada ni de Sangre Invernal. Aquel bosque era oscuro y frondoso, y sus estrellas parecían lejanas y extrañas.—¿Papá? —Mi voz sonó ronca y apenas audible.No muy lejos de la roca en la que estaba apoyada, distinguí una figura vestida con una túnica gris junto a una pequeña hoguera. La luz de las llamas iluminaba su rostro, dejando al descubierto las arrugas de la edad y unos ojos tan agudos como los de un águila. El Anciano Harry se volvió lentamente.—No hables todavía. Aún estás demasiado débil —dijo con serenidad.Intenté
Punto de vista de EvanEl aire nocturno me atravesaba los pulmones. Era frío, denso y llevaba consigo un aroma inconfundible.Lavanda.Un aroma que últimamente se había vuelto demasiado familiar para mí.¡Era el aroma de Viola!—¡Sé que estás aquí, Viola! —grité, y mi voz se convirtió en un aullido que resonó entre los árboles.Jacob, mi lobo, irrumpió en mi interior con la fuerza de aquel rugido.—¡Viola, no lo hagas! ¡Cásate conmigo, porque eres mi compañera predestinada!Sin embargo, no hubo respuesta. Pero sabía que me había escuchado. Podía sentirlo a través del débil vínculo, una vibración sutil que me atraía como un imán. Se estaba moviendo deprisa, intentando escapar de mí.—¡Reyhand! —llamé a mi Beta, que corría a mi lado—. ¡Se dirige hacia el bosque del este!Reyhand no hizo preguntas. Desde el principio de aquella noche sabía que no pensaba detenerme.—¡Alfa, podemos cortarle el paso por el desfiladero rocoso! —propuso Reyhand entre jadeos.—Haremos lo que sea necesario par
Punto de vista de ViolaCerré los ojos e intenté tranquilizarme y calmar a Lily, pero ella seguía temblando. No era la misma de siempre. Ya no parecía la loba fuerte que siempre había estado a mi lado.—Lily, ¿por qué le tienes miedo a Danny? —le pregunté en voz baja.No obtuve respuesta. Solo podía escuchar los latidos cada vez más acelerados de mi corazón y un fuerte zumbido en mis oídos.Entonces, de repente, el aire a mi alrededor cambió. La temperatura descendió, como si una niebla negra nos estuviera envolviendo.—¡Ah! ¿Qué está pasando?Sentí que mi cuerpo se convulsionaba. No era por el dolor, sino por un impulso que nacía en mi interior.Sí, Lily se estaba rebelando.—¡No, Lily! Todavía no estoy preparada —susurré entre jadeos.Sin embargo, ya era demasiado tarde. Sentí como si mi alma se estuviera partiendo en dos. Una fuerza salvaje tiró de Lily y comenzó a arrancarla de mi interior.Grité, pero no salió ningún sonido de mi garganta. El mundo quedó en silencio y solo quedar
Punto de vista de ViolaLa puerta de la habitación se abrió de golpe. El estruendo al chocar contra la pared hizo que el corazón me diera un vuelco. Evan y yo giramos la cabeza al mismo tiempo hacia la entrada. Contuve la respiración cuando una figura alta y de hombros anchos apareció en el umbral, con los ojos ardiendo de furia.¡Edward!Tenía la mandíbula tan tensa que parecía de piedra. Sus ojos brillaban como llamas, dispuestos a reducirlo todo a cenizas. El ambiente de la habitación se volvió insoportablemente tenso. El aire se espesó y respirar comenzó a costarme cada vez más.—¡Evan, sal de aquí! —ordenó Edward con una voz fría, grave y amenazadora.Sin embargo, Evan no se movió de inmediato. Seguía de pie a mi lado, con parte de su cuerpo delante del mío, como si quisiera protegerme.—Edward, escúchame primero. No es lo que piensas.—¡He dicho que te largues! —bramó Edward, alzando aún más la voz.Entonces vi a Nathan detrás del Alfa Edward. Tenía el rostro sombrío y parecía i
Punto de vista de Viola—¿Evan está aquí?Él permanecía de pie frente a mí, con sus penetrantes ojos clavados en mi rostro. Desde que llegamos a Luna Plateada, no había podido dejar de pensar en él. Incluso antes de verlo, ya podía sentir su presencia.Su aroma me golpeó como una cuchilla. Era intenso, cálido y almizclado, mezclado con el olor a pino y algo profundamente salvaje. Un aroma que antes me había confundido en medio de la pasión y que ahora hacía temblar todo mi cuerpo.El hombre permanecía tranquilo, vestido con un elegante traje formal negro y gris. Sin embargo, sus ojos no reflejaban la misma calma. Su mirada era afilada y penetrante, como si pudiera desnudarme por completo desde la distancia.—¿Viola? —susurró Edward mientras apretaba un poco más mi mano.—Te tiemblan las manos.Me sobresalté y retiré rápidamente la mano de la suya.—Es el viento nocturno, Alfa. Hace un poco de frío —murmuré, intentando mantener la voz serena.—Está bien.Edward asintió, aunque siguió o
Punto de vista de Viola—Dime, ¿qué me estás ocultando?La pregunta me golpeó con más fuerza que cualquier espada. La mirada de Edward era inquisitiva, cargada de sospecha. No podía negarlo. Sentía el pecho oprimido, pero hice todo lo posible por mantener la calma.—Solo estoy cansada, Alfa. Últimamente he tenido demasiadas cosas en la cabeza.Pasaron unos segundos de silencio que me dejaron los oídos zumbando. Entonces, Edward soltó un profundo suspiro. Me observó durante un largo momento, como si esperara que terminara confesando la verdad. Pero no cedí. No podía decirle nada.Todavía no.Finalmente, se levantó y caminó hacia la puerta. Su rostro reflejaba decepción, aunque también había cierta culpa en sus ojos.—Está bien, Luna. Si necesitas algo, llámame. Te daré un poco de tiempo.Y se marchó, dejándome sola en la habitación.La puerta se cerró suavemente tras él, pero su voz seguía resonando en mi cabeza. Solté el aire que había estado conteniendo y sentí que las rodillas casi







