LOGINPunto de vista de Viola
La puerta de la habitación se abrió de golpe. El estruendo al chocar contra la pared hizo que el corazón me diera un vuelco. Evan y yo giramos la cabeza al mismo tiempo hacia la entrada. Contuve la respiración cuando una figura alta y de hombros anchos apareció en el umbral, con los ojos ardiendo de furia.
¡Edward!
Tenía la mandíbula tan tensa que parecía de piedra. Sus ojos brillaban como llamas, dispuestos a reducirlo todo a cenizas. El ambiente de la habitación se volvió insoportablemente tenso. El aire se espesó y respirar comenzó a costarme cada vez más.
—¡Evan, sal de aquí! —ordenó Edward con una voz fría, grave y amenazadora.
Sin embargo, Evan no se movió de inmediato. Seguía de pie a mi lado, con parte de su cuerpo delante del mío, como si quisiera protegerme.
—Edward, escúchame primero. No es lo que piensas.
—¡He dicho que te largues! —bramó Edward, alzando aún más la voz.
Entonces vi a Nathan detrás del Alfa Edward. Tenía el rostro sombrío y parecía incapaz de sostenerme la mirada. Sentí que el pecho se me oprimía todavía más. Apenas podía respirar.
Evan finalmente soltó un profundo suspiro. No tenía motivos para defenderse, pues el Alfa Edward ya le había ordenado que se marchara. Sin embargo, antes de alejarse, se volvió hacia mí por un instante. Sus ojos dorados me contemplaron con intensidad y descubrí en ellos una tristeza que no supe explicar.
Había dolor, culpa y algo que no se atrevía a decir.
—Evan… —susurré casi sin voz.
Por alguna razón, aquella vez me dolió mucho verlo marcharse.
Él negó suavemente con la cabeza y se dio la vuelta para salir de la habitación. En cuanto Evan cruzó la puerta, Edward la cerró de un portazo, haciendo que todo a su alrededor pareciera estremecerse.
Ahora solo estábamos los dos.
Vi a Edward acercarse. Sus pasos eran lentos, pero firmes. Retrocedí un paso, aunque él siguió avanzando. La expresión de sus ojos hizo que todo mi cuerpo temblara de miedo.
—Así que esto es lo que me has estado ocultando todo este tiempo, ¿verdad, Viola? —preguntó con dureza.
Negué rápidamente con la cabeza, aunque había imaginado que Edward terminaría preguntándomelo.
—Alfa, puedo explicarlo. Yo…
—¡Cállate! —me interrumpió de nuevo.
—¡No quiero escuchar más mentiras de tu boca! Solo quiero una respuesta, Viola.
Se detuvo justo delante de mí. Su voz bajó de tono, pero sonó todavía más fría y aterradora.
—Estás embarazada, ¿verdad?
Me quedé en silencio. En aquel instante sentí que el corazón dejaba de latirme y que el mundo entero se detenía. No podía pronunciar palabra. Se me trabó la lengua y las manos comenzaron a temblarme. Un sudor frío me resbaló por las sienes.
Quería responder. Quería negarlo. Pero ¿de qué serviría?
Nathan ya debía de habérselo contado todo al Alfa. Él ya lo sabía.
—¡Contéstame! —exigió Edward otra vez.
Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas. Ya no tenía sentido seguir mintiendo. Asentí lentamente, incapaz de mirarlo a los ojos.
—Sí, estoy embarazada.
Por un instante, fue como si el tiempo se hubiera detenido. La habitación quedó en silencio. Edward cerró los ojos brevemente y, cuando volvió a abrirlos, su mirada reflejaba una furia insoportable.
—¡Y ni siquiera te has acostado conmigo! —exclamó, señalándose el pecho.
—Entonces, ¿de quién es ese niño, Viola?
—Alfa Edward, por favor, escúchame primero…
—¡No vuelvas a llamarme así! ¡Me has traicionado! Confié en ti durante todo este tiempo. Te concedí el honor de convertirte en mi Luna. ¿Y así es como me lo agradeces?
—Rechacé nuestro matrimonio y fui frío contigo. Pero vi la sinceridad en tus ojos, y eso me hizo cambiar de opinión. Desde entonces te he tratado bien. Incluso quería reclamarte como mi compañera, pero siempre te negabas a acostarte conmigo. ¡Ahora entiendo por qué me rechazabas una y otra vez!
Las lágrimas brotaron de mis ojos y las piernas me fallaron. Aun así, me obligué a mantenerme en pie. Quería acercarme a él y explicárselo todo. Me levanté con dificultad y tomé la mano del Alfa. Tenía que hacerle entender.
—No fue así, Alfa. Todo ocurrió porque…
—¡No me toques! —gritó Edward mientras apartaba bruscamente mi mano de su brazo.
—Todo ocurrió porque caíste en los brazos de otro hombre con demasiada facilidad, ¿verdad?
—Alfa, lo has entendido mal. Aquella noche no sabía que estaba cometiendo un error. Creí que eras tú, pero en realidad…
—¡Tonterías! —me interrumpió, consumido por la rabia.
El Alfa me miró con un desprecio que jamás había visto en sus ojos. Era la expresión de un hombre traicionado, herido y dispuesto a vengarse.
—Romperé nuestro vínculo de pareja, Viola. Esta misma noche.
Me quedé paralizada. Levanté la cabeza de golpe y lo miré con los ojos desorbitados.
—¿Qué? —murmuré, apenas capaz de respirar.
—Ya no eres mi Luna. No quiero seguir percibiendo el aroma de la traición cada vez que te tengo cerca. A partir de esta noche, no significas nada para mí —declaró Edward con firmeza, todavía consumido por la furia.
Entonces ya no pude contener las lágrimas. Me dejé caer de inmediato y me arrodillé a sus pies. Mis lágrimas cayeron sobre la parte posterior de sus piernas.
—¡No, Alfa! ¡Por favor, no lo hagas! ¡Te lo suplico!
Me quedé arrodillada, llorando desconsoladamente.
—Te amo, Alfa. Nunca quise hacerte daño. Solo tenía miedo. Estoy confundida y no sé qué hacer.
Me observó durante un largo rato, pero no se movió. Ni siquiera hizo el más mínimo intento de acercarse para ayudarme.
—Por desgracia, soy el Alfa. Aquí tengo el poder, incluso sobre mi propia Luna. Y una Luna que traiciona a su Alfa no merece compasión.
Entonces levantó la mano. Sentí cómo la energía del rechazo comenzaba a extenderse a mi alrededor. El aura de poder del Alfa envolvió mi cuerpo como un viento helado capaz de congelarme hasta los huesos. Mi corazón se aceleró.
¡Dolía!
Un dolor que me atravesaba el pecho como miles de agujas.
Con voz grave y cortante, mientras me miraba fijamente a los ojos, pronunció las palabras que destrozarían mi vida:
—Yo, el Alfa Edward Aldric de la Manada Sangre Invernal, rompo oficialmente nuestro vínculo de pareja, Viola. Desde esta noche te rechazo. Ya no eres mi compañera predestinada.
En cuanto terminó de pronunciar aquellas palabras, una explosión de energía recorrió mi cuerpo. Algo que unía mi alma a la de Edward pareció romperse y desaparecer de repente.
—¡Ah! —grité.
Mi cuerpo cayó al suelo de inmediato.
El dolor era abrasador, mucho peor que cualquier herida física. Sentí como si me hubieran arrancado el alma y la hubieran despedazado hasta dejarla en silencio. Mi mundo se volvió oscuro y vacío.
—¡No, Alfa! ¡No me hagas esto! —grité entre sollozos.
Pero a Edward no le importó.
En ese momento, vi vagamente cómo se abría la puerta. Nathan estaba a punto de acercarse a mí, pero Edward levantó rápidamente la mano para detenerlo.
—Déjala. No te acerques.
Los ojos penetrantes del Alfa Edward volvieron a posarse sobre mí.
—Ya no formas parte de la Manada Sangre Invernal ni de la Manada Luna Plateada. Márchate ahora mismo o haré que los soldados te saquen a rastras. Te doy media hora. Después de eso, no quiero volver a ver tu rostro ni escuchar tu nombre delante de mí.
Vi cómo Edward comenzaba a marcharse. Sus pasos se alejaron hacia la puerta abierta. La luz del pasillo atravesaba mis ojos llenos de lágrimas. El sonido de sus zapatos se fue apagando poco a poco hasta desaparecer.
—Lo siento, Alfa… —susurré mientras me secaba las lágrimas.
Mi cuerpo terminó desplomándose de nuevo sobre el suelo. Temblaba sin control y me abracé el vientre, que de repente comenzó a dolerme.
—Mamá te protegerá, hijo mío, pase lo que pase. Aunque tengas que crecer sin un padre, mamá nunca permitirá que ese hombre malvado te llame hijo suyo.
Mientras pronunciaba aquellas palabras, el rostro de Evan apareció de repente en mi mente.
¡El hombre al que tanto odiaba!
Y aquella noche no pude hacer otra cosa que llorar, sumida en un silencio que ya nunca volvería a ser el mismo.
Los pasos de Edward y Nathan se alejaron cada vez más, hasta desaparecer detrás de la puerta que se cerró con firmeza. El ambiente de la habitación pareció cambiar. Todo se volvió más pesado, silencioso y frío que antes.
Yo seguía arrodillada en el suelo. Tenía las piernas débiles, respiraba con dificultad y las lágrimas no dejaban de correr por mi rostro.
Mientras yo me derrumbaba, Lily también lloraba dentro de mi mente. Su llanto no era un sonido, sino una vibración que podía sentir hasta en lo más profundo de mis huesos.
Era un llanto de pérdida, dolor y vacío.
Sin embargo, de repente…
—¿Lo sientes, Viola? —susurró Lily dentro de mi mente.
—¿Sentir qué, Lily? —pregunté, sin entender a qué se refería.
—¿Ese sonido…?
Al segundo siguiente, un largo y salvaje aullido desgarró el aire de la noche. Era un aullido cargado de ira y tristeza.
Me quedé paralizada por un instante y sentí que el corazón comenzaba a latirme más deprisa.
—Esa no es la voz de Edward. Tampoco es la de ningún lobo de Luna Plateada.
Lily apretó los dientes. Su lobo rugía dentro de mi cuerpo, como si quisiera levantarse y prepararse para luchar.
—Me está llamando, Viola.
El cielo se cubrió repentinamente de nubes y la luna quedó oculta. En ese instante, una voz profunda y ensordecedora resonó por todas partes.
—¡No te vayas, Lily! ¡Te reclamaré como mi compañera predestinada!
La voz retumbó por el cielo como un antiguo juramento que acababa de renacer.
Por un momento, todo quedó en silencio. Un sudor frío me cubrió la frente. Sentí que Lily estaba aterrada. Su voz temblaba y apenas conseguía articular las palabras.
—Es… Es Danny, el lobo de Edward.
Punto de vista de ViolaCerré los ojos e intenté tranquilizarme y calmar a Lily, pero ella seguía temblando. No era la misma de siempre. Ya no parecía la loba fuerte que siempre había estado a mi lado.—Lily, ¿por qué le tienes miedo a Danny? —le pregunté en voz baja.No obtuve respuesta. Solo podía escuchar los latidos cada vez más acelerados de mi corazón y un fuerte zumbido en mis oídos.Entonces, de repente, el aire a mi alrededor cambió. La temperatura descendió, como si una niebla negra nos estuviera envolviendo.—¡Ah! ¿Qué está pasando?Sentí que mi cuerpo se convulsionaba. No era por el dolor, sino por un impulso que nacía en mi interior.Sí, Lily se estaba rebelando.—¡No, Lily! Todavía no estoy preparada —susurré entre jadeos.Sin embargo, ya era demasiado tarde. Sentí como si mi alma se estuviera partiendo en dos. Una fuerza salvaje tiró de Lily y comenzó a arrancarla de mi interior.Grité, pero no salió ningún sonido de mi garganta. El mundo quedó en silencio y solo quedar
Punto de vista de ViolaLa puerta de la habitación se abrió de golpe. El estruendo al chocar contra la pared hizo que el corazón me diera un vuelco. Evan y yo giramos la cabeza al mismo tiempo hacia la entrada. Contuve la respiración cuando una figura alta y de hombros anchos apareció en el umbral, con los ojos ardiendo de furia.¡Edward!Tenía la mandíbula tan tensa que parecía de piedra. Sus ojos brillaban como llamas, dispuestos a reducirlo todo a cenizas. El ambiente de la habitación se volvió insoportablemente tenso. El aire se espesó y respirar comenzó a costarme cada vez más.—¡Evan, sal de aquí! —ordenó Edward con una voz fría, grave y amenazadora.Sin embargo, Evan no se movió de inmediato. Seguía de pie a mi lado, con parte de su cuerpo delante del mío, como si quisiera protegerme.—Edward, escúchame primero. No es lo que piensas.—¡He dicho que te largues! —bramó Edward, alzando aún más la voz.Entonces vi a Nathan detrás del Alfa Edward. Tenía el rostro sombrío y parecía i
Punto de vista de Viola—¿Evan está aquí?Él permanecía de pie frente a mí, con sus penetrantes ojos clavados en mi rostro. Desde que llegamos a Luna Plateada, no había podido dejar de pensar en él. Incluso antes de verlo, ya podía sentir su presencia.Su aroma me golpeó como una cuchilla. Era intenso, cálido y almizclado, mezclado con el olor a pino y algo profundamente salvaje. Un aroma que antes me había confundido en medio de la pasión y que ahora hacía temblar todo mi cuerpo.El hombre permanecía tranquilo, vestido con un elegante traje formal negro y gris. Sin embargo, sus ojos no reflejaban la misma calma. Su mirada era afilada y penetrante, como si pudiera desnudarme por completo desde la distancia.—¿Viola? —susurró Edward mientras apretaba un poco más mi mano.—Te tiemblan las manos.Me sobresalté y retiré rápidamente la mano de la suya.—Es el viento nocturno, Alfa. Hace un poco de frío —murmuré, intentando mantener la voz serena.—Está bien.Edward asintió, aunque siguió o
Punto de vista de Viola—Dime, ¿qué me estás ocultando?La pregunta me golpeó con más fuerza que cualquier espada. La mirada de Edward era inquisitiva, cargada de sospecha. No podía negarlo. Sentía el pecho oprimido, pero hice todo lo posible por mantener la calma.—Solo estoy cansada, Alfa. Últimamente he tenido demasiadas cosas en la cabeza.Pasaron unos segundos de silencio que me dejaron los oídos zumbando. Entonces, Edward soltó un profundo suspiro. Me observó durante un largo momento, como si esperara que terminara confesando la verdad. Pero no cedí. No podía decirle nada.Todavía no.Finalmente, se levantó y caminó hacia la puerta. Su rostro reflejaba decepción, aunque también había cierta culpa en sus ojos.—Está bien, Luna. Si necesitas algo, llámame. Te daré un poco de tiempo.Y se marchó, dejándome sola en la habitación.La puerta se cerró suavemente tras él, pero su voz seguía resonando en mi cabeza. Solté el aire que había estado conteniendo y sentí que las rodillas casi
Punto de vista de Viola—¿Qué? ¿Quieres decir que estoy embarazada?Abrí los ojos de par en par al escuchar las palabras de Nathan.—Así es, Luna. Está esperando un hijo del Alfa. Felicidades —respondió Nathan con una sonrisa amable.Se me cortó la respiración. Aferré las sábanas con tanta fuerza que los nudillos se me pusieron blancos. Sentí que el mundo entero daba vueltas a mi alrededor.¿Embarazada? ¿Yo?Nunca me había acostado con Edward. Solo había una explicación posible, y no soportaba terminar de formular aquel pensamiento.Evan.—Nathan… ¿estás completamente seguro? —susurré.—Lo he comprobado dos veces. Hay un latido débil, pero constante.Mi mano se dirigió por sí sola hacia mi vientre todavía plano. Una vida estaba creciendo dentro de mí. Era tan pequeña y, sin embargo, imposible de negar. La realidad me golpeó como una puñalada en el pecho.—¿De cuánto tiempo estoy?Nathan hizo una pausa para calcularlo.—Aproximadamente entre cinco y seis semanas.Cinco o seis semanas.
Punto de vista de Viola—¿Por qué ese Alfa dijo que soy su compañera predestinada? ¡Está completamente loco!Murmuré para mis adentros mientras permanecía en el balcón de mi habitación, con la mirada fija en la distancia. Levanté la vista hacia el cielo nocturno, adornado por la luna, donde seguramente la Diosa Luna me observaba desde las alturas. La brisa soplaba suavemente entre los árboles, creando un ambiente fresco y tranquilo.—Viola, ¿todavía no estás dormida?Aquella voz grave y ligeramente ronca me hizo estremecer.Me volví rápidamente y vi al Alfa Edward acercándose a mí. Mi expresión cambió al instante cuando lo vi salir al balcón y detenerse justo a mi lado. Sentí que el rostro se me quedaba helado y seguramente había palidecido.—¿Alfa? —pregunté, sobresaltada.Edward giró la cabeza hacia mí. Levantó una ceja mientras me observaba atentamente.—¿Qué ocurre? ¿Por qué pareces tan asustada al verme acercarme?—¡Oh, no! Yo… Simplemente me sorprendió que aparecieras de repente







