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Capítulo 10

Author: Shadow Hunter
last update publish date: 2026-10-31 08:32:45

Punto de vista de Viola

Cerré los ojos e intenté tranquilizarme y calmar a Lily, pero ella seguía temblando. No era la misma de siempre. Ya no parecía la loba fuerte que siempre había estado a mi lado.

—Lily, ¿por qué le tienes miedo a Danny? —le pregunté en voz baja.

No obtuve respuesta. Solo podía escuchar los latidos cada vez más acelerados de mi corazón y un fuerte zumbido en mis oídos.

Entonces, de repente, el aire a mi alrededor cambió. La temperatura descendió, como si una niebla negra nos estuviera envolviendo.

—¡Ah! ¿Qué está pasando?

Sentí que mi cuerpo se convulsionaba. No era por el dolor, sino por un impulso que nacía en mi interior.

Sí, Lily se estaba rebelando.

—¡No, Lily! Todavía no estoy preparada —susurré entre jadeos.

Sin embargo, ya era demasiado tarde. Sentí como si mi alma se estuviera partiendo en dos. Una fuerza salvaje tiró de Lily y comenzó a arrancarla de mi interior.

Grité, pero no salió ningún sonido de mi garganta. El mundo quedó en silencio y solo quedaron el calor y unas heridas invisibles. Entonces lo vi.

Un destello de luz plateada apareció en un rincón de la habitación. Se escuchó el fuerte golpe de unas garras contra el suelo.

—Lily… —murmuré.

Ella salió de mi cuerpo.

La loba de pelaje blanco plateado se alzó en el centro de la habitación. Su pelo brillaba bajo la luz de la luna. Respiraba con dificultad, tenía el cuerpo tembloroso y los ojos nublados por el miedo.

—Viola, tengo miedo.

De pronto, desde la oscuridad apareció lentamente la figura de un enorme lobo de pelaje negro. Sus ojos eran de un rojo intenso y su aliento parecía fuego.

Era Danny, el lobo de Edward.

Lily retrocedió un paso. De sus labios escapó un pequeño gruñido, pero sabía que no podía huir.

En ese instante, algo extraño comenzó a agitarse dentro de mí. Sentí que se estaba formando un nuevo vínculo. No había nacido del amor ni del destino, sino de una reclamación forzada.

—Lily, por favor, no te vayas.

Aquella voz no era mía. Venía del exterior. Desde la ventana, abierta a la brisa nocturna, llegó un largo aullido. Era un sonido que conocía demasiado bien, uno que hizo que Lily se quedara paralizada y que Danny soltara un gruñido amenazador.

—¡No! Ya viene —dijo Lily, todavía temblando.

—¿Quién, Lily?

—Jacob, el lobo de Evan.

Me quedé sorprendida al escuchar aquello. Quería preguntarle más cosas a Lily, pero, en cuanto el aroma de Jacob se extendió por el aire, ella soltó un largo gemido.

—¡No puede ser! ¡Jacob! ¡Está aquí!

La voz de Lily resonó con tanta fuerza que me hizo estremecer. De repente, también sentí una opresión en el pecho.

—No puedo quedarme aquí, Viola. Tenemos que irnos. ¡Ahora!

No tuve tiempo de pensar ni de volver la vista atrás. Mi cuerpo sufrió una sacudida repentina. Lily regresó a mi interior y, con una larga bocanada de aire, el mundo a mi alrededor comenzó a volverse borroso.

La luz de la luna danzaba entre las ramas de los árboles mientras corría en mi forma de loba. Lily y yo atravesamos el bosque nocturno como sombras veloces. Nada podía detenernos. Lily no me dio tiempo para mirar atrás, porque ahora ya no estábamos a salvo en Luna Plateada.

Llegamos a Sangre Invernal como si todo hubiera sido un sueño. En cuanto crucé la frontera, recuperé mi forma humana. Caí de rodillas sobre la nieve, jadeando en busca de aire. Mi ropa estaba hecha jirones y todo mi cuerpo temblaba violentamente, entre el frío y la conmoción.

—Papá…

Arrastré los pies hacia el salón principal. Las luces todavía no estaban todas encendidas. Sin embargo, al final de los escalones de piedra distinguí una figura muy familiar. Tenía un cuerpo robusto, el cabello plateado y unos ojos penetrantes que ahora parecían cansados.

Era mi padre, el Anciano Harry.

—¿Viola? —preguntó papá con voz preocupada.

—Papá… —lo llamé suavemente.

Ya no podía mantenerme en pie. Mi cuerpo temblaba sin control cuando él se acercó y me estrechó entre sus brazos.

—¿Qué ha pasado? ¿Por qué estás así?

Empecé a llorar. Por primera vez, dejé salir todo lo que llevaba tanto tiempo guardando: la culpa, la vergüenza y el dolor de mi corazón. Finalmente, se lo conté todo a mi padre.

—Estoy embarazada, papá.

Papá se quedó inmóvil. No apartó los ojos de mí.

—Yo… Me acosté con Evan una sola vez, creyendo que aquella noche era Edward —dije entre sollozos.

Le conté todo lo que me había ocurrido.

Me acaricié lentamente el vientre. Todavía no parecía haber crecido, pero ahora sentía que pesaba más que nunca.

—Edward lo descubrió esta noche, papá. Me acusó de haberlo engañado y rompió nuestro vínculo delante de todos.

—Oh, hija mía… —murmuró papá mientras me sujetaba los hombros con fuerza.

Pude ver cómo sus ojos se humedecían.

—No sé adónde ir, papá. Lily está aterrada porque Danny quiere reclamarla por la fuerza. Y Jacob también vino tras nosotras. Tenemos que huir, tenemos que salir de aquí. Además, Edward nos ha expulsado, papá.

Mi padre se puso de pie de repente. Todo su cuerpo temblaba de rabia.

—Mi hija no volverá a sufrir una humillación semejante. No eres esclava de nadie. Si te rechazan, deja que la sangre de nuestros antepasados te dé fuerzas.

Su mirada se desvió hacia la ventana, donde permaneció fija durante unos instantes.

—Nos iremos de aquí. Esta misma noche.

—¿Adónde?

—A las montañas de los Cárpatos. La tierra de nuestros antepasados. El lugar donde fue purificada nuestra sangre primigenia. Allí podrás recuperar tu poder. Si nadie te quiere, entonces construiremos nuestro propio destino.

Asentí con los ojos llenos de lágrimas. Pero, por primera vez desde aquella noche, sentí que había recuperado un poco de fuerza.

Afuera, la nieve comenzó a caer lentamente. Lily gruñó en silencio. Y, en lo profundo del bosque que se extendía a nuestras espaldas, sabía que Jacob o Danny seguían acechándonos.

\*

El aire de la mañana era tan frío que calaba hasta los huesos mientras cabalgaba junto a papá. El bosque que se extendía ante nosotros era desconocido, oscuro y silencioso.

—No mires atrás, Viola —dijo papá en voz baja.

Su voz era ronca por la edad, pero conservaba la firmeza de un Anciano.

—Has elegido seguir viviendo. Y esa no ha sido una decisión débil.

Me limité a asentir. Mantuve la mirada fija en el sendero cubierto de hojas secas. Lily había permanecido en silencio desde la noche anterior. No se comportaba como de costumbre.

Normalmente, me regañaba furiosa o aullaba dentro de mi cuerpo cuando sufríamos algún daño. Pero ahora estaba callada. Demasiado callada. Como si algo en su interior hubiera cambiado.

\*

Nos detuvimos a descansar un rato en una colina rocosa desde la que se divisaba un pequeño valle. Allí, mi padre encendió una pequeña hoguera. Me abracé las rodillas y me quedé mirando las llamas que danzaban entre la niebla helada.

—Papá, ¿alguna vez te arrepentiste de ser Alfa? —pregunté de repente. Ni siquiera sabía por qué se me había ocurrido aquella pregunta.

Papá giró la cabeza hacia mí.

—No. Pero sí me arrepiento de haber permitido que mi hija se casara tan joven con un Alfa que no estaba preparado para ser compañero de nadie.

Sentí una fuerte opresión en el pecho al escucharlo.

—Yo no me arrepiento, papá. Porque, si nunca hubiera pasado por todo esto, jamás habría descubierto lo fuerte que puedo llegar a ser después de que me destruyan.

—Esa es la respuesta de una verdadera hembra Alfa. Quizá algún día te conviertas en Reina Alfa y llegues a ser una Anciana como yo.

Papá me sonrió.

Aparté la mirada para que no viera las lágrimas que comenzaban a acumularse en mis ojos.

—Quizá lo consiga… si sobrevivo a esta noche.

\*

Continuamos nuestro viaje mientras el sol comenzaba a ocultarse por el oeste. Las nubes grises se extendieron por el cielo y el viento empezó a soplar con violencia. Justo entonces sentí que Lily se agitaba inquieta dentro de mí.

—Viola, vienen por ti.

Su voz resonó en mi mente, pero sonaba diferente. Era más salvaje que antes.

—¿Quiénes? ¿Quién viene por mí, Lily?

—Todos. Danny y Jacob. ¿Crees que los vínculos pueden romperse tan fácilmente? Yo no. Dos Alfas te han perseguido. Uno de ellos te rechazó, pero todavía no está dispuesto a dejarte marchar.

De repente, un dolor intenso me atravesó la cabeza. Casi me caí de la silla de montar.

—¿Viola? —Papá me sujetó por los hombros.

—Estás muy pálida. ¿Lily está…?

—Ha despertado y está furiosa —susurré con debilidad.

Papá me miró fijamente. Su rostro se llenó de preocupación.

—Tenemos que salir de este bosque antes de que anochezca.

Papá espoleó al caballo para que corriera más rápido, pero ya era demasiado tarde.

—¡Aaaaaah!

Mi cuerpo comenzó a convulsionarse de repente. Las piernas me fallaron y caí al suelo, gritando de dolor. No se trataba de ninguna herida externa. Lily estaba intentando salir de mi cuerpo por la fuerza.

—¡Papá!

—¡Estoy aquí, Viola! ¡Resiste!

Mi cuerpo se arqueó hacia atrás. Respiraba entrecortadamente y sentía como si un fuego ardiera dentro de mí. Unas garras imaginarias parecían desgarrarme por dentro. El dolor era mucho peor que el de aquella noche.

—¡Lily, detente!

—¡Él nos dejó marchar! Pero Jacob… Jacob todavía quiere marcarte. ¡Aún no somos libres, Viola! ¡Todos siguen queriendo reclamarnos!

Su voz sonaba fuerte y aterradora.

—¡Aaah! —grité.

Mi cuerpo comenzó a transformarse. El cabello me creció y mis ojos brillaron con un resplandor plateado. Pero la transformación no llegó a completarse. Mi cuerpo se resistía, mientras Lily seguía forzando el cambio.

Papá se quitó la capa y me cubrió con ella.

—¡Resiste, hija mía! ¡No dejes que tome el control ahora! ¡Morirás!

Pero no podía detenerla. La sangre comenzó a brotar de mi nariz y apenas conseguía respirar.

Entonces escuché de repente un aullido a lo lejos.

Era Jacob.

Mi cuerpo se tensó. Lily se encogió todavía más dentro de mi mente.

—Está llegando. Todavía te está buscando —susurró.

—¿Por qué no se detiene? —pregunté con la voz temblorosa.

Papá me apretó la mano con fuerza.

—Tienes que elegir, Viola. ¿Seguirás huyendo de quienes te persiguen o vas a luchar por tu libertad?

Me mordí el labio hasta hacerlo sangrar.

—Yo… quiero ser libre.

Y entonces me mordí la muñeca, siguiendo el antiguo ritual para romper el vínculo. Tenía que hacerlo para borrar cualquier rastro de Evan de mi vida.

Lily lanzó un fuerte aullido desde mi interior, pero finalmente dejó de luchar.

Mi cuerpo se desplomó. El mundo comenzó a girar y todo se volvió oscuro. Sin embargo, alcancé a escuchar una voz familiar junto a mi oído.

—¡Viola, no lo hagas! ¡Cásate conmigo, porque eres mi compañera predestinada!

Aquella voz…

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