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“Creo que estoy enamorado de ti”, susurró Ian al oído de Serena en la sala de cine a oscuras.
“Eso… es estúpido”, respondió ella con sequedad. *** Retrocedamos tres meses atrás. Una figura enmascarada estaba sentada frente a un setup de gaming en una habitación demasiado oscura para ver con claridad. “¡Y eso es todo por hoy, chat!”, surge una voz distorsionada del altavoz. “VANTA, ¿DE VERDAD ERES UNA CHICA?” “¡Las gamer girls están sobrevaloradas!” “¡VANTA, ojalá pudiéramos jugar juntos!” “¡VANTA, por qué no haces un face reveal?” Escaneó los mensajes del chat mientras terminaba el directo. “Vaya directo.” Se quitó la máscara y se revolvió el largo cabello negro ondulado con matices azules. “¿Las gamer girls están sobrevaloradas?” Resopló. “Están enfadados porque las chicas os están dando una paliza”, murmuró. Encendió el interruptor, revelando su habitación. Paredes blancas, luces LED, decoraciones de Halloween que se negaba a quitar y una estética gamer oscura. Miró el espejo, con el rímel corrido en la esquina del ojo izquierdo. Justo entonces, su teléfono vibró. EMMA: Chicasssssss. ¿Habéis oído las noticias? LEXIE: No queremos. Serena se rio entre dientes. SERENA: Ems, si esto va de otro “chico guapo”, no necesitamos saberlo. EMMA: Um… no sois amables. LEXIE: Parece que Rena tenía razón. jaja. Emma, Lexie y Serena habían sido mejores amigas desde el instituto hasta su último año de universidad. Eran prácticamente inseparables. Miró la pantalla. “1:22 AM”, decía. SERENA: ¿No tenéis clases a las 8 de la mañana? EMMA: Nope. Yo no. LEXIE: Estás sola en esto. Mis clases no empiezan hasta después del mediodía. SERENA: Oh, m****a… “Vale. Se acabó el tiempo de juego. Necesito dormir”, murmuró. Se dejó caer en la cama y se quedó dormida al instante, como si alguien le hubiera lanzado un hechizo del sueño. *** A la mañana siguiente, Serena bajó corriendo por las calles de Brookhaven, con el bolso de tela golpeándole la cadera. Llegaba tarde… otra vez. ¿Y de quién era la culpa? Suya por quedarse despierta toda la noche entreteniendo a sus fans. Serena esquivó a una mujer que paseaba a su perro y a un hombre que pensaba que escribir mensajes mientras caminaba era una buena idea. “¡Paso!” El tipo apenas se movió, con la mirada fija en el teléfono. “¡Gracias por la hospitalidad!” Sacó el teléfono del bolso. Once minutos. Tenía once minutos para llegar a clase, coger un asiento y fingir que no acababa de correr calle abajo porque se había quedado dormida y su alarma había elegido el día equivocado para dejar de funcionar. Giró la esquina y- ¡ZAS! Chocó contra alguien. “¡Ay!”, gruñó de dolor como si acabara de estrellarse contra un muro de ladrillos. Su bolso se le resbaló del hombro. Un paquete de chicles de menta y otras pertenencias se esparcieron por el pavimento. Miró el desastre antes de fulminar con la mirada a la persona frente a ella, como si fuera culpa suya. Un chico alto estaba frente a ella, igual de sorprendido. Cabello castaño y rubio que le recordaba a una galleta Oreo. Hombros anchos el doble de los suyos. Parecía irrealmente guapo y, a la vez, familiar. Un desconocido al azar con el que chocaba tenía que tener rasgos de dios. El universo había elegido el peor momento posible para hacerla chocar con alguien tan atractivo que olía a un anuncio ambulante de colonia cara. “¿Estás bien?”, preguntó, extendiendo la mano derecha para ayudarla a levantarse. Ella parpadeó y luego se agachó a recoger sus cosas. “Querido universo, si alguna vez tengo la oportunidad de conocerte, ni siquiera va a ser gracioso”, pensó. “Sí, señor. Estoy bien”, respondió con sarcasmo mientras metía el envase de jugo en el bolso. Él apretó los labios intentando contener la risa. “Quizá deberías fijarte por dónde vas la próxima vez.” “¿Perdón?”, preguntó ella levantando la ceja izquierda. “Sí. TÚ chocaste conmigo.” Señaló su pecho. “¡Bueno, tú estabas ahí parado como una especie de cono de tráfico humano!”, soltó, sin arrepentirse de nada. “¿Cono de tráfico?” “Sí, ya sabes. Alto… ancho… alto…” Se giró avergonzada. “¡Concéntrate, Serena!”, pensó, cerrando los ojos con fuerza. Él la miró un rato antes de soltar una risa suave, con la mano derecha sobre la boca. Serena entrecerró los ojos. “¿Qué tiene de gracioso?” “Oh, no. Nada.” Negó con la cabeza, sonriendo. “Solo pareces rara.” “¿Perdón?” Parecía ofendida. “Es un cumplido.” Se encogió de hombros. “El tipo bueno de rara.” “Quiero decir, perdóname. Llego tarde.” Arrebató el resto de sus pertenencias y lo fulminó con la mirada. “Que tengas un buen día, señor.” “¡Igualmente, cariño!”, respondió él. “¿Cariño?” Le lanzó una mirada asesina antes de salir corriendo, murmurando insultos y maldiciones que necesitaban un chamán potente para romperlas. Él observó su figura alejándose y luego se llevó la mano a la barbilla. “¿Dónde la he visto antes?” *** Serena irrumpió en clase y miró el reloj de la pared opuesta, con mechones de pelo pegados a la frente mientras jadeaba. Llegaba diecisiete minutos tarde. El profesor la miró. “Señorita Cooper, esta es la novena vez esta semana.” Se quitó las gafas, claramente frustrado. “Y solo es miércoles.” Ella juntó las manos y sonrió con incomodidad. “Mis disculpas, señor Harrison. No volverá a ocurrir. Lo prometo.” “Lo mismo de ayer. Solo…” Se pellizcó el puente de la nariz. “Encuentre un asiento y no interrumpa a nadie.” “¡Gracias!” Se apresuró hacia el último asiento de la segunda fila. Las clases pasaron volando y, antes de que se diera cuenta, llegó el mediodía. El teléfono vibró al salir del aula. Lo sacó del bolsillo para revisar. EMMA: ¿Dónde estáis? SERENA: Acabo de salir de clase. LEXIE: Biblioteca. EMMA: ¿Qué haces ahí? LEXIE: El lugar más silencioso de WBC. SERENA: Cierto. EMMA: ¡Estoy en el patio! SERENA: Vale. Voy hacia fuera. EMMA: Aiit. Se puso los auriculares, bloqueando el ruido de los bebés nepo de Westbridge College mientras hablaban del número de países que habían visitado en verano. En cuanto salió, el sol le dio de lleno en la cara. Divisó a Emma cerca de la fuente. Llevaba un jersey de punto azul sobre una camiseta blanca de tirantes y vaqueros blancos. Cabello rubio, ojos azules, figura de reloj de arena. Era lo que los hombres llamarían “perfección”. Emma vio a Serena y saludó. “¡Por aquí! ¡Date prisa!” “¿De qué va esta vez?”, murmuró mientras se acercaba. “¿Qué pasa?”, preguntó, quitándose los auriculares. “¡Algo increíble está a punto de pasar!”, chilló Emma. “¿Qué es esta vez?”, suspiró Serena, frotándose las sienes. “Lo verás por ti misma”, aseguró Emma. “Tres…” Se abrieron las puertas de la escuela. “Dos…” Empezaron los murmullos. “Uno…” Justo a tiempo, un elegante Mercedes-Maybach S-Class negro entró en el campus. “¡DIOS MÍO! ¡ES IAN STERLING!” “¿El heredero Sterling?” “¡IAN ESTÁ AQUÍ!” Emma se lanzó a la multitud, con las manos en alto. “Ian… Sterling.” Serena se detuvo. “Ni de coña.” Una figura de aspecto familiar salió del coche llevando gafas de sol oscuras. Ese cabello era inconfundible. Se quitó las gafas y pasó una mano por el pelo mientras destellaban las cámaras y la gente se reunía a su alrededor. “¡Hola, Westbridge!” Las chicas gritaron en respuesta. “¿Es Ian Sterling? ¿Mi marido de la infancia?”Serena estaba a tres segundos de lanzar el mando a través de la habitación. “GummyBoy, te juro por Dios que si me robas otra kill-“[GummyBoy]: Problema de habilidad, VANTA.“Oh, este hijito de…” Miró la pantalla con furia. “Chat, ¿vieron eso? ¿VISTEIS LO QUE ACABA DE HACER?”Los espectadores inundaron el chat con emojis de risa. GummyBoy se había unido a su lobby hacía veinte minutos, y se había convertido en la persona más molesta de la semana.“Repite eso”, murmuró, ajustando los auriculares. “Estoy a punto de humillar a alguien.”[GummyBoy]: ¿Tienes miedo de perder?[VANTA ✓]: ¿Miedo de que necesites terapia después de esto?Él envió un emoji de risa. Cinco minutos después, estaba mirando la pantalla de derrota. “¡TIENES QUE ESTAR DE BROMA!”[PixelPrincess]: VANTA HA QUEDADO FRITA[GummyBoy]: GG, princesa.La boca de Serena se abrió. “¿Princesa?” Se inclinó hacia el micrófono. “Escúchame bien, osito de gominola sobredimensionado. Eso fue un calentamiento. Un CALENTAMIENTO. Lo hac
A la mañana siguiente, Ian llegó a Westbridge College con Matteo caminando a su lado. “No olvides tu práctica”, le recordó Matteo mientras se acercaban a la entrada.Ian asintió al pasar por la puerta. Matteo se quedó afuera, apoyado contra el muro bajo cerca del puesto de seguridad. Él no era estudiante, y con las ridículas tasas de matrícula de Westbridge, no pensaba fingir que podía permitírselo.Ian apenas había entrado en el campus cuando una conmoción cerca de la entrada principal captó su atención. Un SUV negro se había detenido, y los estudiantes se reunían a su alrededor. Susurros emocionados llenaban el aire, y alguien gritó.Frunció el ceño. “¿Qué es todo este alboroto?”Había pasado la mayor parte de su vida en Italia. Cualquier celebridad que hubiera llegado claramente significaba algo para los estudiantes, pero Ian no reconocía al hombre que salía del vehículo.Estaba a punto de continuar hacia el edificio de atletismo cuando divisó a Serena abriéndose paso entre la mult
Serena quería desaparecer. Deseaba que el suelo se abriera y se la tragara. No porque Ian Sterling hubiera regresado después de catorce años, sino porque quizás había oído a Emma. Bajó la mano de la boca de Emma y fulminó con la mirada a los estudiantes.“¿Qué?”, soltó. “¿Nunca han visto a dos amigas hablando?”Una chica le susurró algo a su amiga. Serena puso los ojos en blanco. “Consíganse un hobby”.“¡Serena!”, siseó Emma. “¡Solo lo estás empeorando!”Ella suspiró.“¡Entonces no hables de mi matrimonio!”“¿Inexistente?”, jadeó Emma. “¡Literalmente lo llamaste tu marido!”“¡ERA UNA NOTA ADHESIVA, EMMA! ¡Una nota adhesiva!”, gruñó. “Los niños son así”.Su explicación atrajo más atención. Serena se cubrió la cara. Iba a transferirse de universidad. Tal vez de país. Marte sonaba bien.“Interesante”. La voz la hizo congelarse.Serena bajó las manos. Ian Sterling estaba frente a ellas, con las manos en los bolsillos y un hombre de aspecto italiano detrás de él con un jugo. La expresión d
“¡Te CASARÁS conmigo!” La Serena de ocho años empujó una nota a través de la mesa. Llevaba el pelo recogido en dos coletas, cada una con un lazo. El niño sentado frente an ella la miró. “¿Eh?” “Es nuestro contrato de matrimonio.” Una sonrisa se extendió por su cara. “Pero solo tenemos ocho años”, dijo él, devolviéndole la nota. “¿Y qué?” Se la devolvió. “Fírmalo.” Lo miró. Él dudó. El crayón seguía junto a la nota. “¿Y si no quiero?” Serena soltó una risita. “Oh, no hay problema entonces. Solo te encontraré cuando seamos adultos.” Él tragó saliva. “¿Por qué?” “Para matarte”, respondió con tono. Un escalofrío le recorrió la espalda y se apresuró a escribir su nombre al final de la nota. Serena sonrió. “Buen chico. Ahora estamos casados.” Dobló el papel y se lo metió en el bolsillo de su abrigo. Luego saltó desde los escalones de su casa. “Así que, marido, ¿qué hacemos hoy?” “Ehm… no… no sé”, balbuceó él. “Todos los casados tienen casa, ¿verdad?” Una idea empezó a fermenta
“Creo que estoy enamorado de ti”, susurró Ian al oído de Serena en la sala de cine a oscuras.“Eso… es estúpido”, respondió ella con sequedad.***Retrocedamos tres meses atrás.Una figura enmascarada estaba sentada frente a un setup de gaming en una habitación demasiado oscura para ver con claridad. “¡Y eso es todo por hoy, chat!”, surge una voz distorsionada del altavoz.“VANTA, ¿DE VERDAD ERES UNA CHICA?” “¡Las gamer girls están sobrevaloradas!” “¡VANTA, ojalá pudiéramos jugar juntos!” “¡VANTA, por qué no haces un face reveal?”Escaneó los mensajes del chat mientras terminaba el directo. “Vaya directo.” Se quitó la máscara y se revolvió el largo cabello negro ondulado con matices azules.“¿Las gamer girls están sobrevaloradas?” Resopló. “Están enfadados porque las chicas os están dando una paliza”, murmuró. Encendió el interruptor, revelando su habitación. Paredes blancas, luces LED, decoraciones de Halloween que se negaba a quitar y una estética gamer oscura.Miró el espejo, con







