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Capítulo 53

Author: Edgar Romero
last update publish date: 2026-11-03 19:01:07

En la comandancia donde presenté la denuncia acompañada de Reynolds, me dijeron que el tipo que disparó al gimnasio era un tal "Canguro" Woodrow un maleante de poca monta, especializado en robos menores. Fue identificado por las imágenes de las cámaras de vigilancia que yo tenía instalado rodeando mi local para evitar justamente atentados.

-Lo contrató Warren-, no me cabía duda, sin embargo Reynolds aún defendía a ese sujeto. -Ya lo dijo la policía, Alana, es un hampón de cuarta, seguro pe
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  • Mi campeón   Capítulo 56

    Me quedé sin defensas, inerme, sollozando sin cesar, aullando igual a una mujer lobo, rendida y excitada, mientras Reynolds iniciaba con premura la conquista de mis profundidades igual a un potentísimo huracán arrasando con todo lo que encontraba a su paso. -¡¡¡Fuerte, muy fuerte, más fuerte!!!-, clamaba yo seducida y excitada, sintiendo la virilidad de Jim invadiendo mis vacíos convertido en un tórrido río que avanzaba incontrolable hacia las fronteras más lejanas de mi sensualidad, alcanzando distancias que yo ignoraba y que me hacían delirar aún más, al extremo de sentirme naufragando en un idílico océano sin tener donde asirme o sujetarme. Me arranchaba, entonces, los pelos desesperada sintiéndolo avanzar como un tren descarrilado, incluso le mordí los brazos desesperada, y luego hundí mis uñas en su espléndida y formidable espalda, abriéndole surcos en su musculatura, víctima de mi desesperación, haciéndole brotar hilos de sangre de esas múltiples rajaduras a su piel.

  • Mi campeón   Capítulo 55

    Volví a hacer el amor con Jim. Lo deseaba en realidad, estaba hambrienta de él, quería besarlo, disfrutar de su virilidad y él me hiciera suya. La tensión me tenía convertida en un volcán en erupción. Quería desfogarme, olvidarme de todo después que intentaran matarme varias veces. Fui al apartamento de Jim en el gimnasio y apenas abrió la puerta, él quedó maravillado conmigo. Yo lo esperaba recostada junto a la puerta, con una rodilla alzada, tamborileando impaciente con mis dedos la pared, con un baby doll transparente y una minúscula lencería roja que se extraviaba, por completo, en mis apetitosas curvas y múltiples redondeces. Llevaba además medias rojas, un coqueto liguero verde, me había calzado zapatos taco catorce y tenía mis pelos revueltos, resbalando sobre mis hombros como grandes cascadas doradas, sensuales y excitantes. Estaba bien maquillada además, y lucía lindísima provocativa como un erótico manjar. Reynolds se admiró de mis pechos inflados como gra

  • Mi campeón   Capítulo 54

    El nuevo listado del ranking mundial mantuvo en el quinto lugar a Reynolds pese a que le había ganado a Jones.¡¡¡Otra vez Warren había metido sus narices!!! Warren tenía amigos incondicionales en la entidad mundial de boxeo y ellos impidieron que Reynolds subiera uno o dos peldaños más en el escalafón ecuménico. Yo estaba indignada. El cuarto en la escalera de clasificación era Wilson. Lo lógico era hacer pelear a los dos para tentar el título del mundo, sin embargo Reynolds no había logrado subir en la clasificación como era mi deseo. De remate Hugh Bryan me pedía pactar una pelea cuanto antes. Reynolds era la atracción en los pesos completos y había hecho un buen combate contra Jones. Entonces entré en contacto con los representantes del sexto en la clasificación, "Metralleta" Goods. Su promotor era un ta Donato Anastasi. -Por supuesto que me interesa una pelea con Reynolds-, se entusiasmó Anastasi. -Si Goods le gana a Reynolds podría alcanzar a Wilson en la clasificación mu

  • Mi campeón   Capítulo 53

    En la comandancia donde presenté la denuncia acompañada de Reynolds, me dijeron que el tipo que disparó al gimnasio era un tal "Canguro" Woodrow un maleante de poca monta, especializado en robos menores. Fue identificado por las imágenes de las cámaras de vigilancia que yo tenía instalado rodeando mi local para evitar justamente atentados. -Lo contrató Warren-, no me cabía duda, sin embargo Reynolds aún defendía a ese sujeto. -Ya lo dijo la policía, Alana, es un hampón de cuarta, seguro pensando en chantajearte-, me subrayó. El chantaje, o sea el cobro de cupos para evitar ser atacados, estaba en boga en el país y era una práctica muy común entre los hampones, sin embargo yo no había recibido amenaza alguna, simplemente atacaron mi gimnasio. Llamé a Hugh Bryan y él me confirmó que el empresario Sparwasser era muy amigo de Warren. ¡¡¡Les dije que todo era sintomático!!! Mientras conversábamos sobre la posibilidad de pactar una pelea entre Wilson y Reynolds, el tal Sparwasser s

  • Mi campeón   Capítulo 52

    Haskins me destinó para cubrir informaciones de una cita de prensa del sindicato de pescadores que se iban a la huelga. -Tienes reservada la página cinco, Galloway-, me adelantó. La conferencia de los hombres de mar sin embargo se canceló porque el ministerio del sector convocó a sus líderes para tratar de resolver el impasse. Llamé a Haskins . -No hay conferencia, jefe, se canceló todo-, le informé. -Bueno, bueno, bueno, gajes del oficio, hoy editarás policiales, entonces, te vienes a las cuatro y luego te vas hacer tus fotos de modelo-, me subrayó Haskins. Eran recién las dos de la tarde y como estaba libre, decidí apoyar a Rick en su reportaje. Contra mis principios, me aparecí en el gimnasio. Jim y Rick ya estaban charlando y le hacían fotos a Reynolds mostrando sus músculos. -¿No te digo? Yo la tengo bien dominada a ésta hembra-, le dijo jim a Rick, dándose de machote. -Ya te he dicho hasta el cansancio que cuides tu vocabulario-, le aclaré muy molesta a Jim.

  • Mi campeón   Capítulo 51

    La tónica del combate continuó igual en los siguientes episodios. Jones no había podido conectar ni un golpe certero a Reynolds, que, de atinarle, le hubiera arrancado la cabeza a mi enamorado y por el contrario, sus ataques se estrellaban siempre en los brazos y el plexo de Jim sin mayor contundencia. Por el contrario Jim pegaba y pegaba y sumaba puntos. Era lo que me decía Rick. Él también estaba eufórico viendo el buen despliegue que hacía Reynolds en el ring. La multitud que colmaba las graderías del coliseo empezó a gritar al unísono ¡¡¡Rey-nolds!!! ¡¡¡Rey-nolds!!! ¡¡¡Rey-nolds!!! ¡¡¡Rey-nolds!!! golpeando el suelo con sus pies, haciendo una estridencia contagiosa y musical. Eso entusiasmó demasiado a Jim lo volvió un huracán impetuoso y febril. Empezó a hacerle fintas a Jones, le acercaba la cara, le movía los hombros y no dejaba de bailarle o menearlas caderas, enardeciendo aún más al "Mastodonte" que lentamente se volvía un volcán en erupción. Justo en el último r

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