FAZER LOGINLa voz de doña Carla se volvió fría y grave:—¿Entonces has cambiado? ¿Ya no amas a Leo?Los dedos de Catalina se cerraron con fuerza.Quería decir: "Sí, ya no lo amo."Pero aún no podía decirlo.Sonrió:—Abuela, ¿acaso no sabe cuánto amo a Leo? —Desde pequeña he estado a su lado.Leo levantó la vista hacia ella.Se detuvo un momento, luego bajó la cabeza y siguió desayunando con lentitud.—No es cierto —dijo doña Carla.Mientras su mirada recorría el cuello limpio de Catalina.Antes, cuando se quedaban en la mansión, a la mañana siguiente siempre aparecían algunas marcas en el cuello de Catalina.Por eso doña Carla sabía bien que la noche anterior no había pasado nada entre ellos.Antes, cuando ella los juntaba, Catalina siempre se pegaba a Leo.Y con ella presente, Leo no se negaba.Que no hubiera pasado nada esa noche solo significaba que Catalina no había querido.Doña Carla no dijo más. Entró al dormitorio de los dos y fue directamente al vestidor.Catalina sintió un sobresalto
Pero Catalina no podía arreglarse para dormir.Toda su ropa se la había llevado. En el vestidor solo quedaban las cosas de Leo.Cuando Leo salió del baño, la vio sentada frente al tocador, todavía maquillada, mirando el celular.Volvió a entrar al vestidor, cogió una de sus propias camisas y se la lanzó.Catalina sintió la tela cubrirle la cabeza y se quedó desconcertada.Se quitó la camisa, que despedía un ligero aroma a limpio, y entendió la intención de Leo.Quería que después de bañarse usara su ropa.Catalina devolvió la camisa y dijo con rostro inexpresivo:—No hace falta. —Me quedaré un rato más aquí. —Cuando la abuela se duerma, me iré a dormir al cuarto de invitados.Leo la miró fijamente y dijo con tono neutro:—La abuela mandó a la sirvienta a cerrar con llave todos los cuartos de invitados.Catalina respiró hondo.Estaba claro que doña Carla había notado que la relación entre ambos no andaba bien, y lo había hecho a propósito.Pero, de acostarse juntos, quien quiso, aunq
Pero ahora, aunque doña Carla sospechara, ella no podía acercarse a Leo.Leo deslizó una mirada fría hacia ella.Al ver que ella no hacía nada, retiró la vista en silencio:—Abuela, llevamos cuatro años casados.Doña Carla resopló:—¿Y por eso ya no hay pasión?—Catalina es joven, seguro le gusta el ambiente juvenil.—Si no te esfuerzas, cuidado que encuentre a uno más joven y te deje.La voz del hombre sonó firme:—No lo hará.Catalina, conteniendo las ganas de salir de allí, dijo:—Abuela, parece que va a llover, subamos.Doña Carla miró al cielo. Efectivamente, estaba nublado:—Bueno, subamos.Al entrar al ascensor, se encontraron con Laura.Seguía con el camisón de hospital y la aguja del suero en la mano. Parecía que acababa de terminar de recibir tratamiento.El rostro de doña Carla cambió al instante.Pero recordó que Laura era útil por el momento, así que moderó su disgusto:—¿Qué haces aquí?Catalina también se sorprendió.¿Acaso Laura ya se había mudado a vivir con Leo?Lau
Doña Carla provenía de una familia de doctores por generaciones. Aunque no ejerció la profesión, tenía algunos conocimientos de medicina.Soltó la muñeca de Catalina con cierta decepción y se sentó:—¿Están buscando tener un bebé?Leo respondió con tono indiferente:—Sí.Doña Carla suspiró:—Si hubieran empezado a buscar justo después de casarse, ahora el niño ya estaría en el jardín de infancia.—Eres sensato en todo, menos en esto, y Laura...Al mencionar a Laura, doña Carla miró a Catalina y le explicó:—Catalina, no pienses mal.—Ya le pregunté a Leo, no tiene ninguna relación especial con Laura.—Ella tiene una discapacidad física, y se conocen desde hace mucho, por eso le echó una mano.Doña Carla adoptó una expresión seria y añadió con voz grave:—Además, el Grupo Cantú ha estado invirtiendo fuertemente en proyectos de inteligencia artificial. —Y Laura es experta en eso. —Desde que estaba en la universidad, ya había ganado varios premios nacionales.—Pronto participará en la
Doña Carla la miró:—Catalina, dime qué pasó realmente.Leo la observó con una mirada profunda.Catalina no tuvo dificultad en adivinar lo que esa mirada significaba.Era una amenaza.Si se atrevía a hablar, no esperara que la cirugía de su abuela saliera bien.Ella sonrió y dijo:—Abuela, fui yo quien renunció por voluntad propia.—Ahora me uní a una nueva compañía, no te preocupes por mí.Doña Carla miró fijamente a Laura con furia contenida:—Entonces tampoco permito que esta mujer aparezca en ningún lugar donde el Grupo Cantú tenga inversiones.—Leo, llama ahora mismo y despídela.Laura miró a Leo con los ojos enrojecidos.Leo se colocó frente a ella, protegiéndola con su espalda ancha:—Abuela, el asunto de ella ya está cerrado.—Pronto habrá una función. —La lista ya fue entregada, no podemos cambiar de persona.Catalina soltó una risa fría de repente.En aquel entonces, su nombre también estaba en la lista. Y a ella sí la pudieron cambiar. Pero a Laura no.Era un asunto menor
Doña Carla notó el tono de confrontación entre ambos.Sabía que Leo era el mayor inversor de la compañía de baile. Si Catalina había dejado el trabajo de repente, él debía saber el motivo.—¿Qué está pasando exactamente?Intervino Fabio:—Cambió de trabajo.Doña Carla frunció el ceño:—¿A qué cambió?Catalina explicó:—Invertí en la compañía de baile de un amigo de antes, Pablo.Doña Carla se quedó aún más desconcertada:—¿Pablo? ¿Un hombre?Catalina siempre había tenido límites claros. Solía mantener distancia con los hombres.Esa era la razón por la que doña Carla confiaba en que trabajara fuera.Sabía cuánto le gustaba Leo a Catalina.Pero ahora resultaba que estaba colaborando con un hombre.—¿Y tu trabajo anterior?Leo respondió:—Abuela, no tienes por qué preocuparte por eso.—Me despidieron —dijo Catalina.En ese momento, apareció una figura en la entrada. Era Laura.Llevaba puesto un camisón de hospital, con una aguja de suero clavada en el dorso de la mano.Su rostro estaba