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Capítulo 2

last update Fecha de publicación: 2026-09-10 18:02:08

Grace no recordaba haber dejado de respirar. Solo sabía que el aire se había vuelto denso, imposible, como si el despacho entero se hubiese cernido sobre ella. Colton seguía solo a unos pasos. Parecía el de siempre… excepto que no.

¿Qué demonios estaba pasando?

—Tiene que ser una broma —murmuró incapaz de creerlo. Su voz tembló entre sus labios—. Colton, por favor, dime que estás bromeando.

Una lágrima, traicionera y silenciosa, resbaló por su mejilla.

Colton no apartó la mirada de ella, pero no se acercó. No la abrazó. No la consoló. Y eso fue lo que más dolió.

—No estoy bromeando, Grace —respondió con un tono firme, demasiado controlado para no estar dolido—. Quiero el divorcio.

—No —la negación fue instantánea, visceral, un acto de supervivencia—. No… No puede ser. Colt, ¿qué está pasando? Yo… ¿he hecho algo?

—No has hecho nada —contestó él con una seriedad pesada, como si esa sola pregunta le hubiese hecho un poco más de daño—. No tendrás que preocuparte por nada —cambio de tema como si el otro le resultara demasiado incómodo, pasando al mismo tono que usaba en una reunión de negocios—. Me aseguraré de que tengas todo lo que necesites: casa, dinero, lo que sea. No tendrás que trabajar nunca si no es lo que quieres.

Grace lo miró horrorizada. Se sentía como si acabara de abofetearla.

—¿De qué estás hablando? Esas cosas no me importan. No me importa el dinero —murmuró notando como le temblaban las manos—. Yo solo quiero… estar contigo.

Su respiración se aceleró y los ojos se le llenaron de lágrimas. Colton le mantuvo la mirada, pero cada vez le resultaba más y más difícil y acabó tragando saliva mientras cerraba los puños con rabia junto a sus costados para contenerse.

—Quiero saber por qué —continúo Grace con una voz apenas audible que fue creciendo más y más con cada palabra que pronunciaba—. Necesito una explicación, Colton. No puedes decirme que quieres divorciarte y ya está. ¡Explícamelo!

Él bajó la vista por un instante, apenas un segundo, pero fue suficiente para que Grace lo viera: culpa. Una culpa profunda. Vieja. Dolorosa.

—Esto no es lo que quiero —susurró él en voz baja.

—Entonces no lo hagas —replicó ella dando un paso en su dirección—. Por favor —le suplicó.

Colton perdió su mirada a un lado, a ningún sitio en realidad, respiró hondo y cuando volvió a centrar sus ojos azules en Grace, ella supo que, fuese lo que fuese lo que pensaba decir, iba a destrozarle el corazón en pedazos aún más pequeños.

—Andrea ha vuelto.

Grace parpadeó desorientada. ¿Andrea? Había oído hablar de ella. Era la hija de los Smith, la familia rival de los Redford. Había sido la novia de Colton, su primer amor. Iban a casarse aunque ninguna de las dos familias estaba de acuerdo, como si fueran una versión propia de Romeo y Julieta, pero ella lo abandonó.

Había elegido alejarlo, marcharse. Ni siquiera vivía en Nueva York. ¿Qué hacía aquí?

El corazón de Grace dio un salto violento, como estuviese cayendo de un edificio a centenares de metros de altura.

—¿Y ha vuelto así, sin más?

—Las cosas no fueron como creí que habían sido. Ella no se marchó porque quisiese. Su padre —apretó los dientes con rabia al vocalizar esas dos palabras— la obligó a alejarse de mí, ella se negó y el amenazó con destruirme. Yo acababa de convertirme en CEO y mi posición era muy delicada. Un escándalo podría haberle dado a la Junta lo que necesitaba para echarme. Andrea intentó avisarme, su padre lo descubrió y tomó represalias.

Grace retrocedió ligeramente, como si necesitara apartarse para procesarlo.

—¿Qué… qué le hizo?

—La desterró a Tulsa—escupió Colton. Ese enfado profundo con el que se había acostumbrado a convivir desde que se enteró de la verdad le serpenteó por el cuerpo haciendo saltar chispas de violenta electricidad por cada rincón—. Nos separó, dejándole claro que no podía tener ningún contacto conmigo y para asegurarse de que el mensaje le quedaba claro, en Tulsa le concertó un matrimonio. Su marido era un mal hombre. Durante años la maltrató y abusó de ella. Sufrió todo aquello por mi culpa, por protegerme.

Grace sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—Colton, siento muchísimo que viviera todo aquello, pero fue hace años —seis, concretamente—. Tú y yo nos casamos. Vivimos juntos. —Negó con la cabeza. Ni siquiera era capaz de entenderlo—. ¿Por qué ahora?

—Porque su padre ha muerto. —Hubo una pequeña pausa, como si hubiese un triunfo en aquellas palabras—. Andrea ha pasado por cosas horribles todos estos años, sola, y lo hizo por mí, Grace. Vuelve porque ya no puede más. No tiene a nadie y yo…

Apretó los dientes.

—¿Tú? —preguntó Grace con la voz casi apagada.

Colton volvió a guardar silencio y en sus ojos azules ella pudo ver el conflicto, la tristeza, la decisión ya tomada.

—No puedo darle la espalda —contestó firme—. No después de todo lo que pasó para protegerme. Le debo el futuro al que renunció por mí. Voy a casarme con ella.

Grace sintió que todo dentro de ella se desplomaba.

Una grieta.

Luego otra.

Y otra.

Él siguió hablando y ella siguió sintiendo que las palabras la atravesaban.

—Lo siento, Grace. No quería las cosas fuesen así, pero es lo correcto.

Grace no supo qué hacer. No supo qué decir. Estaba en shock, como si su cuerpo no reaccionara mientras su corazón continuaba rompiéndose a cámara lenta.

Pensó en el informe médico dentro de su bolso.

Su secreto latiendo dentro de ella.

Él ni siquiera lo sabía, pero Grace ya no podía decírselo. Si lo hacía, pensaría que solo era una táctica desesperada para retenerlo. Si no lo creía y se quedaba con ella, Grace pasaría a ser una carga que le impedía estar con quien realmente deseaba.

Grace tembló. Nunca se había sentido tan perdida, ni siquiera antes de Nueva York. Sentía que las palabras que había pronunciado Colton no tenían sentido, que nada estaba pasando realmente. En cualquier momento él iba a dar un paso hacia ella, a abrazarla, a decirle que era un malentendido.

Pero obviamente nada de eso pasó.

—Entonces… ¿se acabó? —susurró Grace al fin.

Solo cuando pronunció esas palabras se dio cuenta de que estaba llorando.

Colton tragó saliva. Ella lo vio. Vio cómo su garganta se movía, cómo sus labios parecían tensarse antes de responder.

—Sí —contestó otra vez sin dudar—. Esta semana firmaremos el divorcio. Puedes quedarte en la casa el tiempo que necesites. Yo me mudaré al apartamento de Chelsea.

Una de las muchas propiedades de los Redford en Manhattan.

Grace sintió que algo dentro de ella se había disuelto hasta simplemente dejar de existir. Siempre había sabido que Colton no estaba enamorado de ella. Nunca se engañó con eso. Pero él siempre la había cuidado, la había protegido, la había deseado con una intensidad que la dejaba sin aliento. Habían construido un hogar. Y ella creía tener suficientes «te quiero» en los labios para los dos, aunque nunca hubiese pronunciado ninguno en voz alta.

Pero estaba claro que siempre había estado equivocada.

—Sabía que no me querías —murmuró con la voz rota—, pero pensé que, al menos, te importaba.

Colton frunció el ceño. Aunque su postura seguía siendo fría y contenida, esas palabras le habían golpeado en un sitio muy concreto.

—Me importas, Grace.

Ella negó, ahogando un sollozo. No lo creyó. No podía. Si le importase, no la estaría dejando por alguien que había regresado del pasado como un huracán. Ella habría entendido que se preocupara por Andrea, que la ayudara, ella misma lo habría hecho también, pero Colton había elegido darle su lugar. Había elegido a Andrea.

—Pero no lo suficiente para competir con tu primer amor —respondió con un hilo de voz que casi la desarmó a sí misma.

Colton apretó la mandíbula mientras una extraña sensación de incomodidad que no entendía se instalaba en su pecho, apretándole las costillas. Pero su mirada se endureció de nuevo, cerrando cualquier puerta a un destello de vulnerabilidad.

—Piensa lo que quieras —sentenció.

Esa frase… esa maldita frase… para Grace fue peor que un tiro.

No siguió hablando. No intentó suplicar. No intentó comprender nada. Se giró y salió del despacho secándose las lágrimas, apretando con fuerzas las correas de su bolso como si eso significara agarrar el papel que guardaba dentro.

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