เข้าสู่ระบบ[W******P – Grupo: Miller and the Phantoms]
Jojo: *¿Quién ha cambiado el nombre del grupo otra vez? ¡«The fantastic experience of Atlanta Streets» era genial!* Jojo: *Estoy teniendo alucinaciones o Grace acaba de escribir?* Danno: *Probablemente sufras alucinaciones, pero Grace acaba de escribir* *GRACE, eres tú???* Melinda: *Esto tiene que ser una broma de Miller* *Miller, te juro que como estés haciendo el idiota otra vez…* Miller: *¡Eh! ¡Que yo no he hecho nada!* *Si Grace hubiera vuelto, molaría muchísimo* Jojo: *Pero, ¿entonces es ella? Danno: *Grace, ¿estás bien?* Melinda: *Cielo, ¿necesitas ayuda? ¿Dónde estás?* Jojo: *Si es ella, propongo renombrar el grupo a «Los milagros existen»* Grace se quedó mirando como la conversación se llenaba de mensajes desde el asiento del taxi con el corazón encogiéndose y expandiéndosele a la vez. Ver sus nombres, escuchar sus voces en su mente diciendo esas palabras, todo eso la deshizo un poco más. Habían pasado más de tres años desde que desapareció sin decir palabra y estaba tan asustada de que estuviesen enfadados con ella. Se limpió las lágrimas con una sonrisa y escribió. Grace: *Estoy bien. Lo prometo* Una mentira tan transparente que todos la vieron venir. Jojo: *Mentira* Danno: *Mentira* Melinda: *MENTIRA* Miller: *Mentira x1000* Grace volvió a sonreír. La conocían demasiado bien y eso le calentó un poquito más el corazón. Grace: *Perdonad por haber desaparecido* *Lo siento mucho* Danno: *Eso no importa* *Lo que queremos es que estés bien* Miller: *Y que vuelvas* Melinda: *Sí, vuelve* *O dinos dónde estás y vamos a por ti* Jojo: *Tengo la app de American Airlines abierta ya. Dime lugar y reservo billete, en primera. Paga Danno* Danno: *Para traer a Grace de vuelta, sin dudar* Grace tragó saliva, deseaba con todas sus fuerzas decir que sí pero sabía que no era una opción. Grace: *Ahora no hay nada que necesite más que estar con vosotros, pero sabéis que no puedo volver y tampoco puedo dejar que vosotros vengáis. No quiero meteros en un lío con el Emperador* Hubo un silencio inmediato. Todos sabían que Grace tenía razón. Habían pasado más de tres años, pero la situación no había cambiado. El Emperador seguía siendo exactamente quien era Jojo: *Quizás, ha cambiado* Miller: *Mira, más alucinaciones* Jojo: *Cállate, Miller* Melinda: *Podemos ayudarte. Sé que es muy complicado, casi imposible, pero…* Jojo: *Eres única dando ánimos* Danno: *Siento decirlo, pero no ha dejado de buscarte* Grace torció los labios. Grace: *Lo sé* *Y no sé cómo, pero lo arreglaré. Solo necesito más tiempo* Danno: *Te ayudaremos en lo que necesites* Jojo: *Eso es. Cuenta con nosotros. Si necesitamos un sacrificio humano, mandaremos a Miller* Miller: *Ey!* *Aunque no es por nada, si tuviera que hacer de sacrificio humano, como en cualquier otra faceta de mi vida, lo bordaría* Melinda: *Jojo, yo busco el volcán, tú reserva el billete* Miller: *Ja Ja. Me parto con vosotras* Grace sonrío de verdad, que era justo lo que necesitaba. Danno: *Grace, necesitas algo?* Grace: *Podríais pasarme el número de Miles?* Tres segundos después llegó. Miller: *Aquí tienes* *También te puedo pasar su I***a por si quieres acosarlo un rato* Melinda: *Cuéntanos si necesitas algo* Grace: *Seguiremos hablando por aquí* *Prometido* Guardó el número y respiró hondo. Tenía un plan y había recuperado a sus amigos. —Vamos a estar bien —le susurró a su bebé, acariciándose el vientre con la palma de la mano. Y aunque una lágrima volvió a caer, también lo hizo una sonrisa. No dudó y, todavía en el taxi, llamó a Miles. Él contestó al segundo tono. —¿Sí? —Miles… Hubo un silencio sorprendido. Grande. Grace cerró los ojos. Miles tenía todo el derecho a ni siquiera molestarse en querer tener una conversación con ella. —¿Grace? —preguntó él… y su voz sonó cálida—. No me lo puedo creer, ¿eres tú? Lo sintió sonreír y a Grace se le aflojaron los hombros. —Sí, soy yo. —¿Estás bien? Oyó cierto movimiento al otro lado de la línea, como si se hubiese levantado y Grace imaginó que estaría trabajando, aún en su despacho. Miles podía pasarse las veinticuatro horas allí si alguien no le recordaba que necesitaba comer y dormir. —Más o menos. Él no la cuestionó. No la presionó. Miles siempre había sido así. —¿Y a qué debo el placer de esta llamada? Grace contuvo la respiración sin ni siquiera darse cuenta. Una cosa era que no le guardase rencor y otra muy distinta que estuviera dispuesto a aceptarla de nuevo. —¿Aún te interesa que forme parte? No especificó de qué. No hacía falta. Miles no dudó un segundo. —Claro que sí. Ella cerró los ojos a la vez que expulsaba el aire, sintiendo como una ola de alivio la recorría entera. —¿Qué te parece si nos vemos mañana y te pongo al día? —le propuso. Grace asintió. —Por supuesto. Dime lugar y hora y allí estaré. —A las nueve —contestó Miles—. Te mando ubicación. —Genial. Nos vemos mañana. Estaban a punto de colgar cuando ella, inquieta, volvió a llamarlo. —Miles… —No te preocupes —se anticipó—. Guardaré el secreto. Grace volvió a suspirar. —Gracias, Miles. —Nos vemos mañana. Esa noche, Grace cogió una habitación en un modesto hotel al sur de Manhattan. Nada del lujo de Lenox Hill. Solo una cama, paredes finas y un baño diminuto, pero era suyo. Un lugar donde podía respirar sin que nada le gritara lo que había perdido. Dejó la maleta en el suelo, abrió su portátil y comenzó a buscar pisos. Estudios baratos y pequeños. Actualmente era lo que se podía permitir, pero no le importaba. Aplicó a varios anuncios, rezando porque contestaran lo antes posible, se duchó, cenó algo de una máquina de vending y se metió en la cama. —Hola —llamó a su bebé con la cabeza metida bajo las sábanas, mirando su vientre—. Espero que estés muy a gusto ahí dentro. Yo estoy controlando el tema de buscarnos un hogar aquí fuera. —Pensó una cosa, solo un instante, y sonrió—. Estoy deseando verte la carita y, me temo que darte tantos besos que pienses que soy una madre super pesada. —Volvió a sonreír—. Buenas noches, enano. Puede que las cosas no estuviesen saliendo como ella esperaba, que todo fuese un caos y que cada vez que pensase en Colton le doliese el corazón, pero tenía a su bebé y solo pensar en él le hacía feliz. A la mañana siguiente, Colton seguía con esa incomodidad clavada en el pecho. La misma sensación asfixiante. La misma presión que llevaba arrastrando desde el día anterior. Sabía que estaba haciendo lo correcto. Sabía que Andrea… que todo lo que había sufrido… Entonces, ¿por qué demonios no podía dejar de pensar en Grace? ¿Por qué sentía que algo estaba mal? Sacudió la cabeza. «Me siento así porque Grace me importa y sé que lo está pasando mal. Ayer se marchó y no pude acompañarla a casa para asegurarme de que llegaba sana y salva. Solo es eso», se dijo. Así que, como decía una de sus tres reglas, optó por ser práctico. Era lo más inteligente. Dejó caer su bolígrafo Montblanc sobre la mesa y cogió su teléfono. Llamó a Grace. No respondió. Llamó otra vez. Nada. Frunció el ceño. Grace SIEMPRE contestaba. Buscó entre sus contactos y pulsó la tecla verde. Esta vez respondieron al segundo tono. —Señor Redford —le saludó su cocinera y jefa de servicio. —Señora Davenport, necesito hablar con la señora Redford. La mujer tardó un segundo en responder y fue suficiente para que Colton se pusiese en guardia. —Señor Redford, la señora Redford no durmió en casa anoche. Colton se levantó de golpe. —¿Cómo que no durmió en casa? —No, señor. Y… —dudó— he notado que faltan algunas de sus pertenencias. Colton sintió cómo la incomodidad de su pecho se convertía en otra cosa, un puto caos, un puto incendio, algo peligrosamente parecido al miedo. —Voy para allá —rugió rodeando su mesa y dirigiéndose a la salida.—Solo me estoy preocupando por ti —replicó Colton con la voz amenazadoramente baja. —Nadie te lo ha pedido —le dejó claro Grace—. Me gusta lo que hago con Miles y voy a seguir haciéndolo. En cuanto al estrés, solo necesito descansar un poco mejor y comer un poco más y se solucionará. Colton le mantuvo la mirada. ¿De verdad eso era todo lo que tenía que decir? «¡Solo quiero cuidar de ti, joder!».Finalmente, se humedeció el labio inferior, dolido, y cayó en la cuenta de algo con una sonría fría y fugaz, casi un resoplido. —Por supuesto que te gusta lo que haces con Miles —sentenció.—¿Estás insinuando algo?—Que tengo que aprender a meterme en mis asuntos. —En eso estamos de acuerdo. Se miraron un segundo más, la burbuja se formó porque parecía funcionar con amor, pero también con odio, como si lo que la alimentara fuera la intensidad que sentían, daba igual la dirección. —Creo que lo mejor será que nos centremos en el desayuno —propuso Miranda. Colton tardó un segundo de más e
No le dio tiempo a responder, se enderezó y simplemente se marchó.Andrea apretó los labios furiosa, los puños junto a sus costados. ¿Cómo se atrevía a decirle algo así? Todo por esa estúpida de Grace. La odiaba. ¡La odiaba! «Esto no ha terminado», pensó. «Y no pienso permitir que las cosas se queden así».La fiesta se alargó durante horas, pero ni Grace ni Colton ni Adrian ni Andrea la sintieron igual. Ninguno de los Redford lo hizo en realidad. Miranda no estaba segura de cuándo paso, pero alrededor de la media noche Colton desapareció. No hacía falta ser un lince para saber que se había marchado porque no soportaba estar un minuto más allí.Colton fue al Hendrix y entró directamente en la zona privada. No quería cruzarse con nadie, no quería oír un «encantado de verle, señor Redford». Había tenido más que suficiente por una noche… aunque era solo una excusa y Sam sentado frente a él, lo sabía. Lo que a su amigo le dolía era Grace. —¿Piensas terminarte la botella antes de dirigi
Grace se dio la vuelta a tiempo de ver a Colton caminar hacia ella. Estaba furioso, desesperado, dolido, una mezcla que se parecía peligrosamente a un cocktail molotov. —¿Qué quieres? —preguntó Grace sin ninguna intención de sonar amable. Había pasado por demasiado hacia solo unos minutos. Lo último que quería era tenerlo delante. En realidad, justo en aquel momento, no quería a nadie cerca. Solo quería poder romperse en paz y odiarlo y llorar.—¿Tú qué coño crees que quiero? —replicó sin ni siquiera pensar. La rabia infinita estaba hablando por él—. Acabas de darme tu bendición.No podía entenderlo. ¡No quería su bendición!—Si no la querías, no habérmela pedido —contestó Grace extendiendo los brazos en un gesto que demostraba que estaba al límite. —No lo hice —gruñó con la voz baja y ronca. —Tienes razón. Fue el amor de tu vida con la que tienes esa historia tan bonita… La ironía era su mejor aliada. —¡Podrías haber dicho que no! ¡Podrías no haber subido!—¡¿Para qué?! ¡¿Para
Las miradas de Grace y Colton se encontraron. La de él se llenó con sorpresa con rabia, con miedo, pero cuando iba a dar un paso adelante para acabar con todo aquello, Grace, sorprendiéndolo, empezó a caminar hacia el escenario. Ella odió casa paso. Se sintió como un condenado a muerte caminando hacia el patíbulo. Le dolió hasta el punto de que su corazón le suplicó que no lo hiciera, pero algunas cosas acaban simplemente porque así lo deseas; otras, tienen que doler para que abras la mano y las dejes marchar. Andrea sonrió triunfal. El ratoncito estaba caminando directo hacia la trampa. —Grace —dijo tras dar una bocanada de aire, como si la emoción le impidiese hablar—, has sido la señora Redford durante dos años. Eres muy importante para Grace y quiero que sepas que los dos vamos a cuidar de ti siempre. ¿Puedes darnos tu bendición?El silencio se volvió sepulcral. Solo había una cosa que la alta sociedad de Nueva York valoraba más que el dinero, una buena historia, y en aquel mom
Colton echó a andar hacia la puerta trasera del coche tomándose su tiempo, desafiando al mundo mientras ella no levantaba los ojos de él. ¿Qué demonios estaba haciendo? Se preguntaba, pero lo conocía demasiado bien para no saber ya la respuesta.Abrió y se acomodó al lado de Grace. —Conduce —le ordenó al chofer con la voz firme y fría. La respiración de Grace se había vuelto un caos de pura rabia, pero se obligó a ocultarlo. Jamás volvería a flaquear delante de él.—¿Hay alguna posibilidad de que te bajes del coche? —planteó la mirada clavada al frente y el mismo desapego que él había demostrado al montarse.—No —contestó sin dar espacio al diálogo. Ninguno de los dos volvió a hablar, pero eso no significo que la situación se transformara en algo fácil. El ambiente en la parte de atrás del Maybach estaba cargado, tenso, los dos eran híper conscientes del otro, para bien y para mal. En la puerta del Radio City Music Hall, una nube de fotógrafos y periodistas esperaban hambrientos d
—No voy a ir —le explicó. Estaba acurrucada en uno de los sillones. Se había puesto el pijama, pero seguía peinada y maquillada y la mezcla era muy extraña, como ver a dos mimos charlando mientras se fuman un cigarro en un descanso. —Te entiendo, pero ¿no te parece que no yendo estás haciendo lo que ella quiere? —planteó Adrian. Grace se tomó un segundo para pensarlo aunque no lo necesitaba. Sabía que él tenía razón. Al final, resoplo.—Lo sé, pero estoy demasiado enfadada. Ni siquiera sería una buena compañía. —Créeme, las he tenido peores —bromeó Adrian. —Diviértete —se despidió.—Grace…—Diviértete mucho —insistió.—Vale. Vale —pillo la indirecta—. Te quiero, peque —se despidió antes de colgar.—Te quiero.Todavía tenía el teléfono en la mano cuando volvió a iluminarse con un whatsapp. Melinda:*Quiero ver fotos de ese Valentino espectacular*Grace supo que el mensaje era por ella y torció los labios desanimada. Ya no había vestido. Miller:*¿Quién lleva puesto un Valentino?







