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Capítulo 5

last update Fecha de publicación: 2026-09-10 18:06:17

[W******P – Grupo: Miller and the Phantoms]

Jojo:

*¿Quién ha cambiado el nombre del grupo otra vez? ¡«The fantastic experience of Atlanta Streets» era genial!*

Jojo:

*Estoy teniendo alucinaciones o Grace acaba de escribir?*

Danno:

*Probablemente sufras alucinaciones, pero Grace acaba de escribir*

*GRACE, eres tú???*

Melinda:

*Esto tiene que ser una broma de Miller*

*Miller, te juro que como estés haciendo el idiota otra vez…*

Miller:

*¡Eh! ¡Que yo no he hecho nada!*

*Si Grace hubiera vuelto, molaría muchísimo*

Jojo:

*Pero, ¿entonces es ella?

Danno:

*Grace, ¿estás bien?*

Melinda:

*Cielo, ¿necesitas ayuda? ¿Dónde estás?*

Jojo:

*Si es ella, propongo renombrar el grupo a «Los milagros existen»*

Grace se quedó mirando como la conversación se llenaba de mensajes desde el asiento del taxi con el corazón encogiéndose y expandiéndosele a la vez. Ver sus nombres, escuchar sus voces en su mente diciendo esas palabras, todo eso la deshizo un poco más.

Habían pasado más de tres años desde que desapareció sin decir palabra y estaba tan asustada de que estuviesen enfadados con ella. Se limpió las lágrimas con una sonrisa y escribió.

Grace:

*Estoy bien. Lo prometo*

Una mentira tan transparente que todos la vieron venir.

Jojo:

*Mentira*

Danno:

*Mentira*

Melinda:

*MENTIRA*

Miller:

*Mentira x1000*

Grace volvió a sonreír. La conocían demasiado bien y eso le calentó un poquito más el corazón.

Grace:

*Perdonad por haber desaparecido*

*Lo siento mucho*

Danno:

*Eso no importa*

*Lo que queremos es que estés bien*

Miller:

*Y que vuelvas*

Melinda:

*Sí, vuelve*

*O dinos dónde estás y vamos a por ti*

Jojo:

*Tengo la app de American Airlines abierta ya. Dime lugar y reservo billete, en primera. Paga Danno*

Danno:

*Para traer a Grace de vuelta, sin dudar*

Grace tragó saliva, deseaba con todas sus fuerzas decir que sí pero sabía que no era una opción.

Grace:

*Ahora no hay nada que necesite más que estar con vosotros, pero sabéis que no puedo volver y tampoco puedo dejar que vosotros vengáis. No quiero meteros en un lío con el Emperador*

Hubo un silencio inmediato. Todos sabían que Grace tenía razón. Habían pasado más de tres años, pero la situación no había cambiado. El Emperador seguía siendo exactamente quien era

Jojo:

*Quizás, ha cambiado*

Miller:

*Mira, más alucinaciones*

Jojo:

*Cállate, Miller*

Melinda:

*Podemos ayudarte. Sé que es muy complicado, casi imposible, pero…*

Jojo:

*Eres única dando ánimos*

Danno:

*Siento decirlo, pero no ha dejado de buscarte*

Grace torció los labios.

Grace:

*Lo sé*

*Y no sé cómo, pero lo arreglaré. Solo necesito más tiempo*

Danno:

*Te ayudaremos en lo que necesites*

Jojo:

*Eso es. Cuenta con nosotros. Si necesitamos un sacrificio humano, mandaremos a Miller*

Miller:

*Ey!*

*Aunque no es por nada, si tuviera que hacer de sacrificio humano, como en cualquier otra faceta de mi vida, lo bordaría*

Melinda:

*Jojo, yo busco el volcán, tú reserva el billete*

Miller:

*Ja Ja. Me parto con vosotras*

Grace sonrío de verdad, que era justo lo que necesitaba.

Danno:

*Grace, necesitas algo?*

Grace:

*Podríais pasarme el número de Miles?*

Tres segundos después llegó.

Miller:

*Aquí tienes*

*También te puedo pasar su I***a por si quieres acosarlo un rato*

Melinda:

*Cuéntanos si necesitas algo*

Grace:

*Seguiremos hablando por aquí*

*Prometido*

Guardó el número y respiró hondo. Tenía un plan y había recuperado a sus amigos.

—Vamos a estar bien —le susurró a su bebé, acariciándose el vientre con la palma de la mano.

Y aunque una lágrima volvió a caer, también lo hizo una sonrisa.

No dudó y, todavía en el taxi, llamó a Miles.

Él contestó al segundo tono.

—¿Sí?

—Miles…

Hubo un silencio sorprendido. Grande. Grace cerró los ojos. Miles tenía todo el derecho a ni siquiera molestarse en querer tener una conversación con ella.

—¿Grace? —preguntó él… y su voz sonó cálida—. No me lo puedo creer, ¿eres tú?

Lo sintió sonreír y a Grace se le aflojaron los hombros.

—Sí, soy yo.

—¿Estás bien?

Oyó cierto movimiento al otro lado de la línea, como si se hubiese levantado y Grace imaginó que estaría trabajando, aún en su despacho. Miles podía pasarse las veinticuatro horas allí si alguien no le recordaba que necesitaba comer y dormir.

—Más o menos.

Él no la cuestionó. No la presionó. Miles siempre había sido así.

—¿Y a qué debo el placer de esta llamada?

Grace contuvo la respiración sin ni siquiera darse cuenta. Una cosa era que no le guardase rencor y otra muy distinta que estuviera dispuesto a aceptarla de nuevo.

—¿Aún te interesa que forme parte?

No especificó de qué. No hacía falta.

Miles no dudó un segundo.

—Claro que sí.

Ella cerró los ojos a la vez que expulsaba el aire, sintiendo como una ola de alivio la recorría entera.

—¿Qué te parece si nos vemos mañana y te pongo al día? —le propuso.

Grace asintió.

—Por supuesto. Dime lugar y hora y allí estaré.

—A las nueve —contestó Miles—. Te mando ubicación.

—Genial. Nos vemos mañana.

Estaban a punto de colgar cuando ella, inquieta, volvió a llamarlo.

—Miles…

—No te preocupes —se anticipó—. Guardaré el secreto.

Grace volvió a suspirar.

—Gracias, Miles.

—Nos vemos mañana.

Esa noche, Grace cogió una habitación en un modesto hotel al sur de Manhattan. Nada del lujo de Lenox Hill. Solo una cama, paredes finas y un baño diminuto, pero era suyo. Un lugar donde podía respirar sin que nada le gritara lo que había perdido.

Dejó la maleta en el suelo, abrió su portátil y comenzó a buscar pisos. Estudios baratos y pequeños. Actualmente era lo que se podía permitir, pero no le importaba.

Aplicó a varios anuncios, rezando porque contestaran lo antes posible, se duchó, cenó algo de una máquina de vending y se metió en la cama.

—Hola —llamó a su bebé con la cabeza metida bajo las sábanas, mirando su vientre—. Espero que estés muy a gusto ahí dentro. Yo estoy controlando el tema de buscarnos un hogar aquí fuera. —Pensó una cosa, solo un instante, y sonrió—. Estoy deseando verte la carita y, me temo que darte tantos besos que pienses que soy una madre super pesada. —Volvió a sonreír—. Buenas noches, enano.

Puede que las cosas no estuviesen saliendo como ella esperaba, que todo fuese un caos y que cada vez que pensase en Colton le doliese el corazón, pero tenía a su bebé y solo pensar en él le hacía feliz.

A la mañana siguiente, Colton seguía con esa incomodidad clavada en el pecho. La misma sensación asfixiante. La misma presión que llevaba arrastrando desde el día anterior.

Sabía que estaba haciendo lo correcto. Sabía que Andrea… que todo lo que había sufrido… Entonces, ¿por qué demonios no podía dejar de pensar en Grace? ¿Por qué sentía que algo estaba mal?

Sacudió la cabeza.

«Me siento así porque Grace me importa y sé que lo está pasando mal. Ayer se marchó y no pude acompañarla a casa para asegurarme de que llegaba sana y salva. Solo es eso», se dijo.

Así que, como decía una de sus tres reglas, optó por ser práctico. Era lo más inteligente. Dejó caer su bolígrafo Montblanc sobre la mesa y cogió su teléfono. Llamó a Grace.

No respondió.

Llamó otra vez.

Nada.

Frunció el ceño. Grace SIEMPRE contestaba.

Buscó entre sus contactos y pulsó la tecla verde. Esta vez respondieron al segundo tono.

—Señor Redford —le saludó su cocinera y jefa de servicio.

—Señora Davenport, necesito hablar con la señora Redford.

La mujer tardó un segundo en responder y fue suficiente para que Colton se pusiese en guardia.

—Señor Redford, la señora Redford no durmió en casa anoche.

Colton se levantó de golpe.

—¿Cómo que no durmió en casa?

—No, señor. Y… —dudó— he notado que faltan algunas de sus pertenencias.

Colton sintió cómo la incomodidad de su pecho se convertía en otra cosa, un puto caos, un puto incendio, algo peligrosamente parecido al miedo.

—Voy para allá —rugió rodeando su mesa y dirigiéndose a la salida.

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