MasukEn un mundo donde los milagrosos existen, había nacido la pequeña Emma, la única sin ninguna suerte en absoluto. Pues a pesar de proceder de un linaje diferente, no había ninguna ventaja tras aquello.
Casarse.
¿Cómo iba a casarse?
Apenas y tenía idea de cómo sobrevivir ella misma, peor ahora contraer matrimonio.
Además, ¿Qué sabia Emma acerca del amor que no hubiera leído en un libro?
Sus padres la abandonaron, ¡sus padres! Las primeras personas que se suponen deben amarte sin razones. No entendía como podía existir un mundo donde los padres no quisieran a sus hijos. Pero, aun así, existía. Y era una realidad que le había tocado vivir a ella.
¿Cómo sería una buena esposa?
Drew Smith. ¡Drew Smith! ¿Cómo se supone alguien llenara semejante nombre y titulo? Ella no se comparaba con todas las parejas que seguramente el había tenido en toda su vida. Todas aquellas capturadas por cámara. Además, ella no quería que esto se convirtiera en una competencia, esforzándose cada dia más para llegar a rellenar las expectativas de los demás. Ella solo se debía algo a sí misma.
Emma había dormido pésimo. El inminente destino que la esperaba era como peso muerto sobre sus hombros.
Ni siquiera había bajado a desayunar, incluso ignoro las insistencias de Sophie en la puerta.
Cuando llego la tarde decidió que era hora de llenarse de valor.
Quizás ayer no había tenido éxito, quizás hoy todo fuera diferente.
Bajo las escaleras con la intención de hablar de nuevo con Drew, pero no fue posible.
-El joven salió hacia la empresa muy temprano en la mañana – le había dicho la joven del servicio.
Emma le asintió -¿mi padre está aquí?
-Oh, en su despacho- contesto con amabilidad la chica de cabellos castaños mientras inmediatamente después regresaba a sus labores domésticos.
***
En la pequeña habitación descansaba una máquina de escribir, y un pequeño computador mientras el señor Robert parecía muy interesado en lo que estaba escribiendo. Un gran recuadro se alzaba detrás de él, un retrato de sí mismo. Uno que Emma siempre había mirado con anhelo y orgullo de pequeña.
-¿Padre?- cuando la voz de la chica se filtró en el aire, el hombre levanta automáticamente la cabeza
-Veo que ya te has enterado
Emma pone una cara de confusión
-vienes hablarme de eso ¿no?
-¿Como lo...?
El señor Robert levanta una mano con la palma abierta -no te molestes, Drew me lo ha contado todo. Lo que no entiendo es, ¿Por qué? Pensé que ustedes se caían bien. ¿Por qué no te agrada la idea?
Ella entra en la sala y se sienta -no es eso. Ni siquiera nos conocemos
-Son mis hijos. He criado a gente de buen carácter, corazón y valor. Ustedes harán la pareja perfecta
-No quiero que un matrimonio se forje por unos cuantos dólares
-En realidad son millones- trato su padre con simpatía
-Padre- había un tono de advertencia en su voz
-Disculpa -pidió dándose cuenta de que el tema realmente le incomodaba -Lo que quiero decir, Emma. Es que no viviré eternamente. Tengo que dejarte casada antes de morir
Un escalofrió recorre por su espalda al escuchar a su padre decir siquiera tal posibilidad
-Por eso…
-No.-lo corto ella de pronto- No morirás.
-Todos algún dia moriremos, Emma.-hay sabiduría en sus ojos. Ojos cansados, y un rostro marcado por arrugas que demostraban la travesía de todo un viaje.
Ella niega violentamente con la cabeza con lágrimas amenazando con salir -¿Por qué dices eso? ¿Has sufrido alguna recaída? ¡¿Llamo al médico?!- Emma hizo un ademan de levantarse, pero la mano de su padre toma la suya deteniéndola
-No. He estado bien. Pero nadie es para siempre, ni siquiera yo.-sus ojos se suavizan- Estoy en una edad avanzada, no quiero irme sabiendo que no deje toda mi vida en orden. Y eso te incluye a ti. Necesito dejarte segura.
-Estaré segura sola y por mi cuenta
-Nadie está seguro solo
-Yo si
-Emma, sabes que en un mundo como el nuestro… -suspira, y piensa mejor sus palabras – la ley me obliga a casarte. Tus padres llegaron con la noticia de que pensaban hacerlo con Alaister.
Emma quedo en blanco
-¿Quien?
Su padre asiente -Al parecer un hombre muy rico de nuestro medio.
-Pero...
-En realidad, ellos tenían varias opciones, muchos prospectos. Yo estaba analizando las opciones cuando se lo comente a Drew.
-¿Qué?
-Emma, sé que no lo sabes, pero yo no te empareje con él.
-…
-Él se ofreció
-¿Qué?
En un mundo donde los milagrosos existen, había nacido la pequeña Emma, la única sin ninguna suerte en absoluto. Pues a pesar de proceder de un linaje diferente, no había ninguna ventaja tras aquello.Casarse.¿Cómo iba a casarse?Apenas y tenía idea de cómo sobrevivir ella misma, peor ahora contraer matrimonio.Además, ¿Qué sabia Emma acerca del amor que no hubiera leído en un libro?Sus padres la abandonaron, ¡sus padres! Las primeras personas que se suponen deben amarte sin razones. No entendía como podía existir un mundo donde los padres no quisieran a sus hijos. Pero, aun así, existía. Y era una realidad que le había tocado vivir a ella.¿Cómo sería una buena esposa?Drew Smith. ¡Drew Smith! ¿Cómo se supone alguien llenara semejante nombre y titulo? Ella no se comparaba con todas las parejas que seguramente el había tenido en toda su vida. Todas aquellas capturadas por cámara. Además, ella no quería que esto se convirtiera en una competencia, esforzándose cada dia más para llegar
¿Y porque rayos Drew le habia dicho “hasta mañana” si dijo que cualquier cosa que necesitara estaría en su despacho?«Que chico tan raro. » Emma miro hacia el reloj encima de las escaleras. Eran apenas las 6 de la tarde.Aunque sonara mal decirlo, ella solía dormirse a las 2 o 3 de la mañana. Ella pensaba que tenia un complejo de búho nocturno. Menos mal seguía un estricto cuidado de piel para su rostro. Pero no podía detenerse cuando empezaba un buen libro. Y si lo hacía, solo pasaba sus tardes preguntándose, ¿Qué estarían haciendo los personajes de sus libros ahora mismo?Corrió rumbo a su habitación. Técnicamente correr dentro de la mansión estaba prohibido, pero para alguien rebelde y de espíritu libre como ella ¿Qué era romper una simple reglar como correr?Cuando llego a su habitación prendió la lampara de noche y tomo el libro entre sus manos. Estaba por acabarlo, y en la última página vino una revelación de lo más impactante, estaba vivo. Un personaje que se supone murió habi
-A menos que estés muy ocupada y tengas otras cosas que hacerElla lo pensó, realmente no tenía nada. Y no le haría mal salir de esas grandes y altas paredes. A veces la mansión podría volverla a uno loca.-Claro.Y tal y como se dijo, lo hicieron. Luego del almuerzo Drew salió con Emma a su lado rumbo a su empresa. Fueron escoltados en su auto y llevados personalmente hasta allá.La ciudad siempre era ajetreada, pero aun así ella pudo sentir felicidad al estar rodeada de más personas. Normalmente siempre solía estar sola, y no tenía muchos amigos. Después de todo estudiaba en línea a través de su laptop, y solo interactuaba con gente cuando acudía a eventos sociales donde claramente se exigía su presencia.-No sabía que el edificio fuera tan grande- comento ella-¿jamás has venido?“Jamás me has traído” le contesto ella en su mente-No- dijo sencillamente mientras seguía caminando atrás de él.La llevo consigo tomándola del brazo recorriendo toda la compañía, e incluso la presento a
A Emma la levanto el golpeteo en la puertaElla se sentó en la cama con el cabello todo alborotado, y bostezo-¡Señorita! ¡Señorita!Había cierta urgencia en la voz que llamaba. Miro hacia su derecha, al reloj que estaba encima de su velador. Madre mía, apenas eran las 7am. ¡7am! ¿Qué podía querer un ser humano normal a las 7am?-¡Voy!-grito ella de regresoSe levanto y abrió la puerta.-Oh… pero qué barbaridad – soltó la mujer al verla.-Sophie, no seas alarmista – soltó ella mientras volvía a bostezar. Desde pequeña, Sophie ha sido la encargada de vestirla, bañarla, arreglarla. Bueno, al menos a guiarla en cómo hacerlo. Actualmente ella ya tenía 23 años, no necesita más de su ayuda, al menos no en ese sentido. Le agradaba mucho Sophie, pero por alguna razón la mujer siempre solía estar de nervios, en un pasado esta solía contagiarle aquella paranoia a Emma. Actualmente, se tomaba las cosas con más calma.-¿Cómo dice eso? ¿acaso no sabe que dia es?Ella lo pensó, -eh…-No. No lo dig
Había sido una mañana tranquila, el señor Robert tenía en su escritorio su habitual taza de café, y los rayos del sol pegaban a través de su ventana. Quizás la única diferencia ahora era la pequeña figura de la pequeña ante él.-¿así que se llama…?-Emma, mi señor. -murmuro nerviosa la mujer - por cierto, se ve muy bien esta mañana- contesto la mujer de ojos brillantes, tan interesada en adularlo como muchos otros.Robert suspiro agotado por esta situación -¿así que desea… abandonarla?-Oh no mi señor, no abandonarla, solo dejarla a su cuidado, pagaríamos por todos los gastos que ella generara. Es solo que… estamos desesperados, tenemos mucho trabajo por hacer en el exterior, y no podemos cuidarla. Y hemos oído solo cosas buenas sobre su generosidad, y…- la mujer seguía parloteando sobre algo, ah decir verdad Robert ya había dejado de escuchar hace mucho.Se concentro en el rostro de la pequeña, y cuando esta lo miro tan solo por unos pocos segundos noto el brillo en su mirada. Ese fu







