Mag-log inEmma ha vivido en la mansión Smith desde que tiene memoria. A pesar de no aceptar la decisión de ello en su momento sus padres la dejaron allí mientras estos preferían tener una vida llena de viajes. Bajo la tutela de la familia Smith ella creció y fue educada e instruida en varias artes del medio. El dueño de la mansión y cabeza de la familia, el señor Robert Smith nunca puso objeciones, y a pesar de tener un hijo como "Drew Smith", esto no fue un problema. Puesto que aquel chico a pesar de crecer a la par con la misma edad que Emma, nunca toparon mas de dos palabras dentro de la mansión, o al menos solo las necesarias para una convivencia normal que requerían dos simples conocidos. El, con una actitud fría y distante nunca se involucro. No le sorprendía que el chico jamás se dignara en siquiera dirigirle la palabra, mucho menos se detenía a mirarla mas de dos veces. A Drew siempre se le habia visto de la mano de mujeres muy hermosas, dignas de revistas, puras modelos de portadas caras. Y a medida que el fue creciendo apenas y pasaba tiempo en la mansión, pues dirigía varias de las compañías de su padre, y pasaba viajando casi todo el tiempo. Jamás se habían metido en la vida del otro. Al menos no hasta aquella inesperada noche. -¡¿Que?! En aquel despacho las dos figuras se cernían ante ella como monstruos salidos de una pesadilla. -Tienes que casarte querida. -No. -Si. -¿y con quien? -Era claro que no se estaba tomando este tema demasiado enserio. No. No lo hacia. Pero pronto lo haría, justo cuando escucho aquel nombre y un desconcierto la lleno por completo, y todo cuanto pudo salir de su boca fue un-¿Que?
view moreHabía sido una mañana tranquila, el señor Robert tenía en su escritorio su habitual taza de café, y los rayos del sol pegaban a través de su ventana. Quizás la única diferencia ahora era la pequeña figura de la pequeña ante él.
-¿así que se llama…?
-Emma, mi señor. -murmuro nerviosa la mujer - por cierto, se ve muy bien esta mañana- contesto la mujer de ojos brillantes, tan interesada en adularlo como muchos otros.
Robert suspiro agotado por esta situación -¿así que desea… abandonarla?
-Oh no mi señor, no abandonarla, solo dejarla a su cuidado, pagaríamos por todos los gastos que ella generara. Es solo que… estamos desesperados, tenemos mucho trabajo por hacer en el exterior, y no podemos cuidarla. Y hemos oído solo cosas buenas sobre su generosidad, y…- la mujer seguía parloteando sobre algo, ah decir verdad Robert ya había dejado de escuchar hace mucho.
Se concentro en el rostro de la pequeña, y cuando esta lo miro tan solo por unos pocos segundos noto el brillo en su mirada. Ese fue el momento en el que noto que ella era especial.
-De acuerdo- acepto. Y el trato, fue hecho.
La pequeña Emma jamás supo porque aquel hombre nunca puso objeciones, ni siquiera hizo muchas preguntas. Solo la miro y supo su respuesta.
Al principio ella no lo entendió, tenía solo 10 años, y todo dentro de esa gran mansión parecía más grande que ella. En sus inicios allí se solía sentir sola, paseando por los pasillos grandes, amplios y silenciosos. Con el tiempo se dio cuenta que dejarla allí fue lo mejor que pudieron hacer sus padres como un último acto de amor, porque las personas solo deben quedarse con quienes los cuiden, y sus padres no eran esas personas.
Ella recuerda la ocasión exacta en que empezó a verlo todo diferente. Había sido una noche de invierno mientras paseaba aburrida por la mansión y de modo habitual había entrado en la sala de estar, y noto el fugo chisporroteando en la chimenea.
El señor Robert estaba sentado en el gran sofá con su hijo en su regazo y estaba leyéndole, al parecer un libro de historias navideñas, algo normal que haría cualquier padre con su hijo. Pero no en el universo de Emma. No... Emma había nacido en un mundo donde la gente no sabía abrazar, o besar. Donde los padres no reconocían a sus hijos, donde los padres abandonaban a sus hijos.
Pero a juzgar por como miraba el señor Robert a su hijo podía darse cuenta de que lo veía como algo valioso, algo único e irremplazable. Ella no sabía que alguien pudiera mirar así...
Sabía que el señor Robert no veía a su hijo como una moneda de cambio. Casi como si el mismo Drew estuviera hecho de polvo de estrellas, como si fuera el significado de la palabra amor tomando forma humana. La estrella más brillante en el cielo, el centro del universo del señor Robert, eso era su hijo para él. Ella deseaba ser eso para alguien también... esperaba realmente algún dia serlo. Que la hicieran sentir como polvo de estrellas.
-¿Emma?
Esa había sido la voz del señor Robert. Ella había estado tan perdida en sus pensamientos que ni siquiera se había dado cuenta de que su presencia no era del todo invisible en la sala -perdón.- se disculpó la niña por estar espiando
-¿Qué haces allí?- pregunto en voz baja, había un toque de ternura y compasión en su voz – adelante, pasa. Toma asiento en la alfombra.
La pequeña le tomó la palabra adentrándose en la oscura y cálida habitación, tanto así que pareciera que esta también podría ser capaz de abrigarle el corazón.
Se sentó y sintió sobre ella los ojos fijos del pequeño. Unos ojos callados, escrutadores e imperturbables. Drew era el tipo de chico que no le rehuía a nada. Ella siempre se preguntó, ¿Qué se sentiría ser él? Tener más dinero del que podías gastar, y más amor del que todo el mundo podría soportar.
-¿Quiere oír también el cuento?
Emma asintió ilusionada. Nadie nunca antes se había ofrecido a leerle un cuento.
El hombre empezó a relatar de nuevo la historia del libro entre sus manos, Drew volvió a acomodarse en el regazo de su padre escuchando atentamente y también mirando hacia Emma.
Emma… aquella chica que había entrado en su casa como un tornado girando todo su mundo. Él no sabía que llegaría a obsesionarse tanto con ella, con su historia, con su pasado, y sus acciones. El pequeño Drew trataba de no involucrarse, pero su padre le enseño que sin importar que él debía ser amable, además, después de todo, Emma era uno de ellos.
En un mundo donde los milagrosos existen, había nacido la pequeña Emma, la única sin ninguna suerte en absoluto. Pues a pesar de proceder de un linaje diferente, no había ninguna ventaja tras aquello.Casarse.¿Cómo iba a casarse?Apenas y tenía idea de cómo sobrevivir ella misma, peor ahora contraer matrimonio.Además, ¿Qué sabia Emma acerca del amor que no hubiera leído en un libro?Sus padres la abandonaron, ¡sus padres! Las primeras personas que se suponen deben amarte sin razones. No entendía como podía existir un mundo donde los padres no quisieran a sus hijos. Pero, aun así, existía. Y era una realidad que le había tocado vivir a ella.¿Cómo sería una buena esposa?Drew Smith. ¡Drew Smith! ¿Cómo se supone alguien llenara semejante nombre y titulo? Ella no se comparaba con todas las parejas que seguramente el había tenido en toda su vida. Todas aquellas capturadas por cámara. Además, ella no quería que esto se convirtiera en una competencia, esforzándose cada dia más para llegar
¿Y porque rayos Drew le habia dicho “hasta mañana” si dijo que cualquier cosa que necesitara estaría en su despacho?«Que chico tan raro. » Emma miro hacia el reloj encima de las escaleras. Eran apenas las 6 de la tarde.Aunque sonara mal decirlo, ella solía dormirse a las 2 o 3 de la mañana. Ella pensaba que tenia un complejo de búho nocturno. Menos mal seguía un estricto cuidado de piel para su rostro. Pero no podía detenerse cuando empezaba un buen libro. Y si lo hacía, solo pasaba sus tardes preguntándose, ¿Qué estarían haciendo los personajes de sus libros ahora mismo?Corrió rumbo a su habitación. Técnicamente correr dentro de la mansión estaba prohibido, pero para alguien rebelde y de espíritu libre como ella ¿Qué era romper una simple reglar como correr?Cuando llego a su habitación prendió la lampara de noche y tomo el libro entre sus manos. Estaba por acabarlo, y en la última página vino una revelación de lo más impactante, estaba vivo. Un personaje que se supone murió habi
-A menos que estés muy ocupada y tengas otras cosas que hacerElla lo pensó, realmente no tenía nada. Y no le haría mal salir de esas grandes y altas paredes. A veces la mansión podría volverla a uno loca.-Claro.Y tal y como se dijo, lo hicieron. Luego del almuerzo Drew salió con Emma a su lado rumbo a su empresa. Fueron escoltados en su auto y llevados personalmente hasta allá.La ciudad siempre era ajetreada, pero aun así ella pudo sentir felicidad al estar rodeada de más personas. Normalmente siempre solía estar sola, y no tenía muchos amigos. Después de todo estudiaba en línea a través de su laptop, y solo interactuaba con gente cuando acudía a eventos sociales donde claramente se exigía su presencia.-No sabía que el edificio fuera tan grande- comento ella-¿jamás has venido?“Jamás me has traído” le contesto ella en su mente-No- dijo sencillamente mientras seguía caminando atrás de él.La llevo consigo tomándola del brazo recorriendo toda la compañía, e incluso la presento a
A Emma la levanto el golpeteo en la puertaElla se sentó en la cama con el cabello todo alborotado, y bostezo-¡Señorita! ¡Señorita!Había cierta urgencia en la voz que llamaba. Miro hacia su derecha, al reloj que estaba encima de su velador. Madre mía, apenas eran las 7am. ¡7am! ¿Qué podía querer un ser humano normal a las 7am?-¡Voy!-grito ella de regresoSe levanto y abrió la puerta.-Oh… pero qué barbaridad – soltó la mujer al verla.-Sophie, no seas alarmista – soltó ella mientras volvía a bostezar. Desde pequeña, Sophie ha sido la encargada de vestirla, bañarla, arreglarla. Bueno, al menos a guiarla en cómo hacerlo. Actualmente ella ya tenía 23 años, no necesita más de su ayuda, al menos no en ese sentido. Le agradaba mucho Sophie, pero por alguna razón la mujer siempre solía estar de nervios, en un pasado esta solía contagiarle aquella paranoia a Emma. Actualmente, se tomaba las cosas con más calma.-¿Cómo dice eso? ¿acaso no sabe que dia es?Ella lo pensó, -eh…-No. No lo dig












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