เข้าสู่ระบบSeguí los rastros del escape y al pasar por un montículo de barro vi algo realmente extraño, me refiero a una huella con garras, quién podría haber hecho esta cosa tan bizarra; una broma de mal gusto. Sentí un miedo inconmensurable, como cuando de chico veía las ventanas azotarse durante una tormenta. Seguí las migajas hasta llegar a un arroyuelo, era el mismo que seguimos cuando buscábamos a los otros compañeros. Caminé por la orilla esperando cualquier pista, hasta que vi algo realmente aterrador, era el cuerpo sin vida de uno de los tres que emprendieron el éxodo, me refiero al menor, estaba flotando en las costas del arroyo. Su infantil y frágil cuerpecito quedó varado entre las raíces de un árbol, el cual sobre salía en las aguas. Grité desesperado, no podía creer lo que mis ojos estaban presenciando, temblaba de impotencia, como al ver a esos niños desnutridos de África. Lo arrastré a tierra firme, observé el cuerpo desde la cabeza a los pies. Su rostro jovial e infantil fue desgarrado por la bestia. Me llené de ira al observar ese acto salvaje y cobarde de aquel asesino quien no tiene reparos para matar a un inocente. Luego de plañir junto al pequeño dejé una señalización cerca de su cuerpo, lo tapé y seguí la búsqueda y con las mangas de mi ropa me sequé los ojos.
Miré hacia arriba, suspiré y luego continué caminando sabiendo que la misión encomendada fue un fiasco, algo realmente malo sucedió, solo un ser infernal podría hacerle eso a una criatura. Seguí caminando por el borde del arroyuelo. Subí una pendiente sujetándome de ramas y árboles. Caminé unos ciento cincuenta metros en un terreno hostil, mientras avanzaba pude ver un rastro de sangre, el cual estaba impregnada por las hierbas. Pateé colérico un árbol por el mal estar que me provocaba la situación. Tomé una bocanada de aire y fui a echar un vistazo, el rastro se hacía más notorio, a cada paso que daba más encontraba. La sangre comenzaba a ser un charco y al observar de dónde provenía me quebró el corazón, se trataba de ella, mi fiel amiga, la humilde y sencilla oficial Rodríguez. Me arrodillé suplicando que estuviera viva, la agarré del brazo que aun poseía para constatar si aún contaba con pulso, luego de eso, rápidamente intenté realizarle RCP para que reaccione, pero al ver sus ojos sin vida, no pude evitar no sentirme culpable. Los globos oculares parecían estar pintadas como los cuadros de da Vinci, me seguían, no conseguía consuelo y hasta el día de hoy puedo ver esa mirada de desaprobación; en mi sueños, cuando cierro los parpados, siguen ahí esperándome que pueda salvarla. Casi todas sus extremidades fueron extirpadas del tronco. Estaba hecho un asco, la ropa descuartizada y ensangrentada. Nunca me sentí tan triste como en ese momento, luego apretar con fuerza mis puños me paré y empecé a gritar desafiante ⸻ ¡bestia ven por mí, no seas cobarde, muéstrate!⸻ Hostigué al demonio, con en ese momento solo pensaba en vengarme. Unos segundos después, luego de desahogarme me percaté que la maleza se agitaba con demencia, pensaba que alguien daría respuesta a mi desafío y no sabía si podría combatirlo, no me sentía bien. Luego de tanta espera alguien salió disparado de entre los arbustos, para mi suerte era mi hermano de otra madre, era Contreras. Él estaba consciente de que yo estaba armado, así que el oficial levantó las manos y se manifestó.⸻ ¡Baje el arma por favor! ⸻solicitó desesperado.⸻ ¿Qué demonios pasó, Contreras? Esperaba a que fueras esa bestia ⸻corrió junto a mí y apresuradamente me tapó la boca⸻No hables tan fuerte, nos puede oír,
⸻ ¿Qué…qué les sucedió? ⸻indagué angustiado. ⸻Más tarde te cuento todo, cuando estemos en un lugar seguro ⸻replicó con determinación. ⸻Pero cómo era el sujeto.⸻Duarte tenía razón, no era un hombre, era una bestia y debemos salir lo antes posible de acá.⸻ ¿Sobre el ser mitológico? ¿En serio lo viste?⸻ Demonios señor, sí, lo vi, me mandó a volar con sus afiladas garras, me golpeó tan fuerte que perdí el conocimiento, pero caí en el arroyo.⸻Debemos volver junto a Duarte ⸻expuse.⸻No estoy seguro de que sea buena idea detective, estamos en desventaja.⸻ Es nuestro deber ponerlo en un lugar seguro, lo haremos por él, por los demás que ya no están y por nosotros mismos, por el honor. Luego del discurso comenzamos la búsqueda del subo oficial herido. Sigilosamente por el lugar que habíamos transitado, esperando cualquier ataque de la bestia. Yo, aún no lo había visto, pero el miedo que sentía hacía él era terrible. Con solo pensar que el Ao Ao estaba con nosotros, en ese desolado lugar, dónde no existía comunicación con la civilización. Apresuramos el paso, mientras más caminábamos más se sentía el dolor muscular, debido a los días que estamos pasando en este lugar de pesadilla, era tan extraño, el ingreso al lugar no era cosa de otro mundo, pero salir de acá conllevaba toda una Azaña. El camino se tornaba cada vez más difícil, pero sirvió de algo memorizar el trayecto que nos llevará a la salida. Corrimos con mucha suerte cuando sorteamos los obstáculos que cubrían el camping. Una vez en la tienda nos fijamos en qué condiciones h**o quedado en el lapso de tiempo en el que nadie lo resguardó. Atamos las cuerdas y subimos con una tabla que más tarde usaríamos para bajar al lisiado, quien descansaba y se recuperaba con ferocidad de sus heridas.
⸻Despertate, ya nos vamos.⸻ ¿Ya vieron al monstruo? –preguntó Duarte.⸻Sí, y creo que está jugando con nosotros, es un animal con una inteligencia superior ⸻Acotó Contreras.⸻Pehechapa ⸻señaló Duarte con algunas muecas de dolor y continuó diciendo ⸻yo les dije luego y no me hicieron caso, pero bueno, hay que salir de acá.Lo sacamos de la tienda cuidadosamente sobre la tabla que utilizamos anteriormente para elevarlo, y lo bajamos con lentitud.⸻No me encuentro bien para caminar, parece que le voy a molestar nomás a ustedes, pero no me quiero morir ⸻comentó Duarte con lágrimas en los parpados.⸻No te preocupes para eso estamos, para trabajar en equipo y cuidarnos las espaldas ⸻repliqué tratando de motivarlo para seguir con vida.Por ende tuvimos que cargarlo, aunque atrasaba nuestro andar, era nuestro deber y tampoco quería lidiar con otra muerte en mi conciencia, eso acabaría destruyéndome. Seguimos a paso lento y con temor a encontrarnos con el mal.⸻Contreras contame lo que pasó, dale pues ⸻indagué.⸻Bueno, y una vez que nos dejaste en el sendero caminamos hacia la salida, conversábamos con Rodríguez sobre lo que pasaba y todo marchaba bien. Caminábamos a un ritmo lento por la lesión de Rodríguez, de repente sentimos que el niño se quedó y sin explicación corrió hacia los matorrales y se perdió, nos quedamos confundidos. Le gritamos para que pare, pero era raro como se comportaba, como si estuviera poseído. Salí corriendo a buscarle y dejé a Rodríguez, pasé por los ramajes, salté y evadí todo lo que interfería en mi camino, me preocupaba cada vez más, porque no le veía en ningún lado, me metí más y más entre el yuyal. Me preocupaba que Rodríguez estaba sola, pero también la vida del mita'i, por supuesto. Le pedí que pare, que se quede, pero no me hacía caso, después me resbalé porque había algunas piedras sueltas y me caí, alto era, con mucho dolor estuve por ahí y me arrastré, las piedras me provocaron cortes profundos y estaba con el rostro lleno de barro y la boca ensangrentada y ahí me desesperé y comencé a observar a mi alrededor, por si veía al chico y esperando a que no corriera con mi suerte. Con dificultad traté de pararme, y me recosté por un árbol caído, al volver a pararme me ardía mis brazos, pero igual me esforcé para continuar la búsqueda. Caminé por el borde del arroyuelo y luego de unos minutos traté de volver porque no lo veía, caminaba lo más rápido que podía, me dolía mis pasos y de un momento a otro escuché que una rama se rompió, miré y vi un monstruo feroz que estaba parado frente a mí, respiró y expidió un mal olor sobre mí, me tapé la cara y no pude ver bien, pero tenía colmillos y unos ojos de demonio, el monstruo me dio un golpe con sus garras, demasiado fuerte es, tan fuerte que me arrojó sin mucha dificultad al arroyo, donde floté hasta llegar a un lugar seguro. Me escondí en las orillas del arroyo y tardé no menos de seis horas para salir, no podía ponerme de pie fácilmente, me dolía el cuerpo. Me arrastré por el barro hasta llegar a las raíces de un árbol, donde descansé, al despertarme con gran esfuerzo me puse de pie y anduve nuevamente arroyo arriba para poder encontrar a Rodríguez y alejarme de la zona del monstruo. Con cautela, me tomé mi tiempo para llegar. Miré por doquier, con la esperanza de ver algún rastro del niño desaparecido también, quien también me preocupa bastante ⸻dijo Contreras vacilando en varias partes de su relato,⸻Realmente estoy sin palabras, Contreras. Lo que pasaste me hace tener miedo, mucho miedo, por eso lo que es tan fuerte y no le hace nada los disparos, un monstruo es. Ahora, a duras penas y con muchas bajas y sabiendo que la misión fue un fracaso desde el comienzo, me doy cuenta de que no estamos preparados para un evento así, es un ser que no nos dejará escapar así nomás de fácil ⸻dije mientras cargábamos con mucho esfuerzo al Suboficial Duarte.⸻Si nos topamos con el Ao Ao… La única manera de salvarnos es… Subiendo a un árbol de Pindó –Acotó Duarte.⸻ ¿Cómo? Un árbol de Pindó, acá no hay ⸻dijo Contreras. ⸻ Sí, Tupá le dejó eso a los hombres para que se protejan del monstruo siempre hay donde él está, bueno eso es lo que nosotros manejamos ⸻respondió Duarte.⸻Estamos muertos ⸻ susurró Contreras.Mientras tanto caminábamos por el horrible sendero rumbo a la salida, la arena estaba húmeda y dificultaba su tramitación sobre ella, y la frondosa maleza en nuestro costado nos hacía más vulnerables a una emboscada o ataque sorpresa de la bestia, al par que avanzábamos caía la noche y se volvía perturbador para nosotros. Con las linternas agotadas nos quedamos sin iluminación y la poca luz que emanaba entre los orificios de las hojas se disipaba y la niebla se hacía más densa, atributos desafortunados, que nos ponía en peligro.Al ver como las sombras avanzaban nos esforzamos para tratar de caminar lo más rápido posible, sabía que no valdría la pena, pero no debo destruir la esperanza de los demás, es lo único que los mantiene con vida. Minutos más tardes nos quedamos a oscuras, el sol nos había dejado a merced de la oscuridad y tristemente el follaje de los árboles nos impedía la irradiación de la luna y eso hacía que cada paso que dábamos lo hagamos con cautela, al no poder ver casi nada en nuestro alrededor, nos acercamos a un árbol inmenso gracias a que nos guiamos por las raíces del mismo bajo las plantas de nuestros calzados. Nos recostamos por él para poder descansar y pensar nuestro siguiente movimiento. Las alimañas circulaban en nuestro alrededor, sentíamos la inquietud de los pequeños mamíferos que transitaban cerca del árbol y así también a las aves nocturnas que volaban a nuestros alrededores, nuestra presencia los inquietaba. Éramos forasteros, extraños en tierra de nadie o intrusos en el infierno nocturno de esta terrorífica reserva que guarda misterios hechizantes y seres mitológicos ancestrales. Nuestras vidas corren mucho peligro, depende de mí sacarlos de este lugar, debía ser fuerte y combatir con las adversidades y obstáculos que este bosque presentaba. Más tarde, cuando los árboles se volvieron nítidos a nuestros ojos nos pusimos de pie. Levantamos a Duarte y nos dirigimos hacia la salida. Cada paso que dábamos inquietaba a los pequeños rastreros que se refugiaban en la maleza, caminamos varios metros hasta que por fin los rayos lunares penetraban el inmenso follaje que cubría las alturas del monte, al penetrar la luz hacía visible la niebla y con movimientos de manos tratamos de disiparla, aunque era en vano, aun así avanzábamos cautos, mirando de un lado a otro, esperando alguna señal de la bestia. El cansancio se hacía presente, nuestros hombros empezaban a fatigarse y la cadera a doler y punzar, particularmente sentía que mis pies se quebraban por usar mis zapatones tres días continuados, pero era mejor tenerlos puestos, por si ocurrían alguna eventualidad. Avanzando cincuenta metros al noroeste, buscando el sendero para así dirigirnos a la salida. Andábamos hasta que Contreras pego un grito y cayó extenuado, junto con él, Duarte, quienes me arrastraron con ellos, perdimos el equilibrio y quedamos en cuclillas. Le dije a Contreras y Duarte que debemos descansar.⸻Sí, no puedo más ⸻Respondió Contreras.⸻Sí, fue un error, ya tampoco puedo más ⸻ terció Duarte.Fuimos hacia un imponente árbol, nos recostamos por él, este era frondoso y las malezas, las cuales se encontraban a dos metros nos ocultaban perfectamente, aunque la bestia podría tener un gran olfato y si es así localizarían nuestra ubicación con mayor facilidad. Espero a que eso no pase y nos deje descansar. Sé que no puedo dormir, pero al menos cerraré los ojos por unos minutos y luego vigilaré por el simple hecho de ser el que está en mejores condiciones de salud.Una vez ubicados uno al lado del otro nos tapamos con una manta que estaba guardad en la mochila y descansamos los pies sobre la raíz del coloso. Busqué en mi bolsa mis barras energéticas y lo repartí. Mientras masticaba no sacaba los ojos de la oscuridad, con miedo a que apareciera esa bestia infernal, no debía darle la oportunidad de que nos ataque por sorpresa. Minutos después luego de despegar la vista del lúgubre lugar miré a mi derecha, Contreras ya estaba durmiendo, me volteé a la izquierda y Duarte estaba cabizbajo con lágrimas en los ojos.⸻Morir… Creo que voy a morir acá señor. Espero que lo que quede de mí sea enterrado en una tumba decente, cristianoicha. ⸻ Tranquilo, vamos a salir, no te vayas a sentir mal, seguro tenés seres queridos, es mejor llegar completo, vamos a salir juntos y vas a volver a verlos, no te preocupes, disfrutar de la compañía de nuestra familia es la recompensa que tendremos.⸻ Sí, voy a pensar en mi hijo, Fabián. Él va a cumplir 8 años el mes que viene, es un niño muy inteligente y feliz, él siempre me da fuerzas para continuar. Su mirada distante acompañada con la voz ahogada, no denotaba más que una profunda melancolía, por lo poco que pude llegar a conocerle me di cuenta de que en realidad no pudo encontrar la esperanza que encontraba en el recuerdo de su pequeño.⸻Señor ¿Puedo preguntarle algo? ⸻Sí, preguntame.⸻ ¿Usted tiene familia señor? ⸻Lastimosamente es uno de los gustos que nunca me pude dar, solo daba tiempo a mis responsabilidades, es por eso que no he podido formar una familia en estos años de servicio.Duarte meditó algunos instantes, llevó su mano izquierda a la barbilla y murmuró algo pero no pude entender, luego estiró sus extremidades plácidamente.⸻Señor… Disculpame, ya no me sobran energías, tengo muchas ganas de descansar, estoy fatigado ya, pero agradezco que me sigas ayudando para salir, realmente se nota que sos buena persona ⸻alegó Duarte.⸻No vayas a agradecer, vos también ibas a hacer eso lo mismo por mí, descansá, mientras voy a vigilar.Estrechamos nuestras manos y lo dejé descansar. Pensaba en la responsabilidad que tenía, la de sacar a estos hombres, era mi obligación. La sangre derramada ya era demasiada. Perdí a una gran amiga y colega y a otras valientes personas que lucharon hasta el final por sus vidas, realmente no tendrá algún punto débil el engendro, debo pensar alguna manera de neutralizarlo, aunque si las balas no son adversarias dignas contra el monstruo ¿qué será? ¿Algún ritual pagano tal vez? Debemos saber la ubicación del árbol sagrado, así no correremos peligro y nos dirigiremos por el sendero adecuado a la salida.
La mañana avanzaba sobre Areguá disolviendo los últimos jirones de neblina gris sobre la superficie del lago Ypacaraí, pero en la mente del comisario Nagel la claridad tardaba en instalarse. El patrullero avanzaba con suavidad por el camino costero, despidiendo un leve rumor de neumáticos sobre el pavimento húmedo mientras el paisaje de aguas mansas y juncos altos desfilaba por las ventanillas. Cada kilómetro recorrido hacia los embarcaderos artesanales reforzaba la certeza de que el peligro subterráneo que creían sepultado bajo el asfalto y el plomo bendecido en la estación ferroviaria no era más que una ramificación de un mal mucho más vasto y antiguo.—Detén la marcha acá, Matías —ordenó Nagel de improviso, señalando con la barbilla una pequeña ensenada rodeada de sauces llorones donde solían atracar las barcas de los pescadores locales.El joven oficial frenó la camioneta a un costado del camino, junto a un cartel oxidado que señalaba la prohibición de arrojar basura en la ribera.
La bruma de la madrugada flotaba sobre la superficie del lago Ypacaraí como un manto de gasa blanca que se negaba a disiparse, incluso cuando los primeros rayos de un sol pálido comenzaban a teñir de gris perla el horizonte de Areguá. A la orilla del agua, donde los matorrales de ea y los camalotes formaban un laberinto verde y silencioso, el aire conservaba ese frescor húmedo que penetraba hasta los huesos, recordándole a cualquiera que la naturaleza de la región guardaba memorias mucho más antiguas que las leyes de los hombres.El comisario Nagel caminaba solo por el muelle de madera vieja, con las manos hundidas en los bolsillos de su campera táctica y la mirada fija en el vaivén perezoso de las pequeñas olas contra los pilotes de lapacho. Las botas de cuero emitían un sonido seco y rítmico —tock, tock, tock— sobre las tablas carcomidas por la humedad, el único compás que rompía la quietud matutina.A pesar de que las incursiones subterráneas en la estación y el enfrentamiento en l
La oscuridad del monte bajo en la compañía Caacupé-mi no era una simple ausencia de luz; se sentía como una sustancia viva, espesa y pesada, que se adhería al rostro y ralentizaba los movimientos. A pocos metros de distancia, en el lecho seco de la cañada, el ejemplar joven de Ao Ao continuaba su labor frenética. Sus garras delanteras, largas y afiladas como cuchillas de acero, raspaban la roca arenisca con un sonido metálico y chirriante que perforaba los oídos. Las piedras saltaban despedidas hacia atrás, golpeando los matorrales con fuerza mientras la bestia dejaba escapar buidos roncos y desesperados.El comisario Nagel permanecía inmóvil, agazapado detrás de un tronco grueso de yvyrá pytã cuyas raíces superficiales servían de trinchera natural. Tenía el cuerpo ligeramente inclinado hacia adelante, manteniendo el equilibrio sobre sus botas, con la pistola firmemente sujeta entre ambas manos. Su respiración era un ejercicio de control absoluto: inhalaba despacio por la nariz, reten
La camioneta patrulla avanzaba a los tumbos por el camino vecinal de tierra roja que serpenteaba hacia las estribaciones de la compañía Caacupé-mi. Las luces delanteras cortaban la negrura de la noche, proyectando haces de luz que danzaban sobre los matorrales tupidos y los postes de alambrado caídos. A los lados del camino, el monte cerrado de Areguá parecía una muralla impenetrable, un abismo verde que guardaba celosamente los secretos más oscuros de la mitología guaraní.En el asiento del acompañante, el comisario Nagel mantenía la vista fija en el horizonte, con la mano derecha apoyada instintivamente sobre el mango de la nueve milímetros. Su respiración era pausada, casi imperceptible, acompasada por el ronroneo constante del motor forzado contra los baches del terreno.—El hombre que llamó vive en el límite mismo donde terminan los potreros y empieza la reserva forestal que trepa hacia los cerros —explicó Matías, aferrando el volante con ambas manos para evitar que el vehículo p
La tarde en Areguá descendía lentamente, tiñendo el cielo de un tono cobrizo que se reflejaba en las aguas tranquilas del lago Ypacaraí a lo lejos. En la comisaría, el ritmo de la jornada había disminuido tras el trajín matutino. Los reportes firmados y archivados reposaban en los casilleros de la administración, y el eco de las botas del comisario Nagel resonaba con una regularidad casi metronómica contra el suelo de terrazo del pasillo principal.Nagel se detuvo junto a la ventana de la guardia, observando cómo los últimos rayos de sol encendían las copas de los árboles en la plaza central. A pesar de que los túneles subterráneos habían sido limpiados y el peligro inmediato de la manada había quedado sepultado bajo toneladas de asfalto y tierra, la inquietud no lo abandonaba por completo. Un cazador que ha visto los límites de la realidad romperse frente a sus ojos sabe perfectamente que el silencio de la naturaleza nunca es definitivo; es apenas una tregua temporal antes de que el
La mañana en Areguá desperezaba su modorra entre casonas coloniales y el aroma persistente a chipa caliente que emergía de las panaderías artesanales sobre la calle principal. El sol de septiembre, tibio pero firme, comenzaba a disipar los últimos rastros de la neblina nocturna que había abrazado las vías muertas del ferrocarril. Para los transeúntes que caminaban rumbo al mercado o se detenían a saludar frente a la plaza central, el mundo transcurría con la apacible normalidad de un pueblo donde las noticias más graves rara vez superaban el robo de una bicicleta o una disputa vecinal por medianeras.Nadie en la superficie sospechaba lo que había ocurrido apenas unas horas antes bajo sus propios pies.El comisario Nagel caminaba de regreso hacia la jefatura con paso lento pero firme. Cada uno de sus movimientos arrastraba el cansancio acumulado de una noche sin tregua, una fatiga que ya no se manifestaba como una migraña paralizante, sino como un peso sordo en los músculos y la certeza







