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CAPÍTULO 113

Autor: Ría Luxuria
last update Fecha de publicación: 2022-05-31 16:33:02

David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.

Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.

Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.

Por dos horas estuvo a la expectativa.

Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.

―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres con ella, él pudo detectar a alguno de nuestros hombres.

―Tiene razón ―aceptó David, con un suspiro―. Solo quiero que esto acabe, por Noah, por Ángela y por todos… Temo por la seguridad de mi hijo, he dejado de llevarlo a las terapias para evitar cualquier riesgo.

―Lamento por lo que está pasando, señor Hansen ―se disculpó el detective―. Pronto la atraparemos y todo esto terminará.

David no se percató del auto que lo estaba siguiendo, así que entró al estacionamiento del edificio, subió a la oficina de su mejor amigo, trabajó un poco en el proyecto de la Warriors ya que su socio y secretario no se encontraban en el país para hacerse cargo, y luego se marchó de allí, en un vehículo diferente al primero.

Ignorando por completo que tenía una cola, condujo hasta el café de Ángela para recoger un encargo.

Desde la distancia, Laura observó con desagrado cómo su esposo sonreía estúpidamente. Ella tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no abandonar el carro y entrar al local a enfrentarlos a los dos. La pelirroja estaba segura de que ellos habían vuelto, retomando su relación como si nada hubiese pasado.

Le hizo hervir la sangre.

Para su sorpresa, David salió media hora después, acarreando una caja de postres y una bandeja con cuatro vasos de anime.

―Síguelo ―ordenó al chofer. Su auto se puso en marcha de nuevo.

Pasaron cincuenta minutos en el tránsito, era hora pico y muchas personas salían de sus trabajos rumbo a sus hogares. Después de que superaron el embotellamiento, David se desvió por una calle que dirigía a una agradable zona residencial, llena de altos edificios que rodeaban un parque de gran extensión.

Era un sitio tranquilo, la mayoría de los comercios se dedicaban al abastecimiento de alimentos, desde pequeños mercados, pasando por restaurantes, heladerías y otros sitios recreacionales de mediana escala, hasta algunas tiendas de ropa; eso permitía a los residentes suplir sus necesidades sin tener que viajar hasta la zona comercial del centro.

El auto donde viajaba Laura se detuvo al borde de la acera cuando vieron que David se desviaba a una entrada subterránea de un edificio. La construcción tenía un aire moderno con sus enormes ventanales que permitían a los propietarios disfrutar de la hermosa vista del parque que se encontraba en la cuadra posterior.

―¿Cómo averiguaremos en qué piso vive? ―inquirió la pelirroja, mirando al hombre detrás del volante.

―Veremos la lista de propietarios de los departamentos ―sugirió.

―David no sería tan estúpido como para poner este lugar a su nombre ―le dijo con desdén―. Necesito saber el piso exacto y el número del departamento… Solo así funcionará mi plan ―le recordó.

―Puede que nos tome un par de días averiguarlo… ―advirtió con desagrado, su compañero se negó de plano a volver a trabajar con ella, incluso si eso significaba recibir una amonestación de la cabeza de la familia.

Dentro de la organización sabían que los Murphy estaban acabados, todas las pruebas presentadas implicaban a los Stracci, sin embargo, otra cosa era que pudiesen arrestarlos. En cambio, los otros dos no tenían esa capacidad, mientras que el patriarca Miller terminó cuatro metros bajo tierra, el de los Murphy enfrentaba una larga condena en prisión que posiblemente lo llevaría a la muerte tras los barrotes.

Muchos no entendían los motivos de que la familia aceptaran las ridículas demandas de aquella mujer, era obvio que estaba trastornada.

―No importa cuánto tiempo lleve, solo que lo consigan… ―espetó Laura―. Aunque cuánto antes, mejor…

La razón por la cual la pelirroja estaba recibiendo trato especial de los Stracci se debía a Donato Stracci, el heredero de la familia y quien parecía ser el siguiente en convertirse en la cabeza de la organización.

Tenía treinta y siete años, soltero y sin hijos. Siempre sintió atracción por Laura, la consideraba una dama educada y distinguida, culta y refinada; justo lo que necesitaba para poder presentarse en sociedad, mejorando así su estatus de cara a los negocios.

De todos los miembros de la familia él era el único sin prontuario.  A pesar de que poseía negocios ilegales y clandestinos, jamás pudieron probarle ningún cargo; consiguió establecer una cara legal a la organización, sirviéndose de los contratos hechos con los Miller y los Murphy.

Sin embargo, como Laura estaba casada y con un hijo, olvidó por completo su atracción; después de todo, él podía conseguir a una mujer adecuada para él.

Pero ahora, lo único que lo motivaba era convertir a la pelirroja en su amante y explotar su conocimiento para que la Organización Racci pasara a formar parte de la vanguardia de los negocios del país.

Aunque en ese momento el aspecto de Laura no era el más atractivo, una vez que llevara a cabo su venganza y superara a su esposo, volvería a ser la despampanante y sensual mujer que todos conocían. Entonces, Donato disfrutaría de todo: su cuerpo y su mente.

Laura estaba consciente de los planes de Donato, no se los había dicho de manera directa, al menos no la parte de convertirse en su juguete sexual; no obstante, ella tenía otros planes.

Ya que no podría estar con el hombre que amaba, entonces nadie estaría con él.

La pelirroja no soportaba la idea de que su esposo estuviese con otra mujer, mucho menos si esa zorra roba maridos era Ángela; por ese motivo, decidió que la única forma de estar junto a David era en la muerte.

No le contó todos los detalles al hombre que le asignó Donato, solo le dijo lo mismo que a su jefe: su meta era matar a David, porque comprendió que él no la amaba y nunca la iba a amar.

Sin embargo, a pesar de que lo odiaba, y le rompió el corazón verlo aparecer como un caballero de brillante armadura para rescatar a la morena, en verdad no podía dejarlo ir. Cada vez que imaginaba que David estaba con Ángela la sangre le hervía en las venas, la furia le hacía perder el control y en lo único que podía pensar era en acabar con todo.

David era suyo y si él no iba a aceptarlo, entonces morirían juntos.

Y porque lo que más deseaba su esposo era una hermosa familia, entonces se llevarían también a Noah. En el más allá por fin podrían ser felices los tres.

Día y medio después obtuvo lo que deseaba, durante ese tiempo estuvo vigilando a David, siguiéndolo a todos lados. Una vez que le enviaron la información, le ordenó al hombre que la llevara al edificio residencial y luego le pidió que inhabilitara al escolta que se hallaba en el piso del departamento para que nadie se interpusiera en su camino.

―Me puedes esperar en el auto, cuando termine aquí, bajaré ―informó al hombre. Este no dijo nada, solo se dio media vuelta y regresó a la calle. En realidad, esa mujer le daba escalofríos y no deseaba pasar más tiempo del necesario a su lado.

Laura sacó su móvil y le marcó a David.

―Hola, querido ―saludó con un tono macabro.

―¿Qué quieres ahora, Laura? ―preguntó él, furioso por la llamada.

―Solo deseo informarte que te estoy esperando ―dijo de manera seductora―. Estoy en casa, con nuestro hijo… ―indicó, lanzando el anzuelo para asegurarse de que se presentara―. Me encanta este nuevo departamento, es más cálido que el pent house.

Colgó la llamada antes de que pudiese decir nada, solo alcanzó a escuchar como gritaba su nombre. Sonrió, solo quedaba entrar y esperar por él.

Sacó la pistola que guardaba en la cartera, era un arma pequeña, fácil de manejar, con nueve balas.

Ella nada más necesitaba tres.

Tocó lo puerta con firmeza, compuso su mejor sonrisa para su hijo y se propuso esperar para obtener su final feliz.

La empleada contratada por David abrió la puerta con confianza, la única persona que se anunciaba era el escolta. Noah y Ángela estaban sentados en el suelo, sobre la alfombra, armando un edificio con Legos, era el segundo que construían, encontraban la actividad entretenida y el pequeño demostraba una increíble percepción espacial. La morena estaba segura de que Noah podría convertirse en arquitecto o ingeniero civil.

―Hola, hijo, ya vi… ¡¿Qué haces tú aquí?!

Laura chilló al ver a Ángela, ella abrió los ojos con sorpresa y de manera automática haló al niño para ponerlo a su espalda.

La empleada temblaba y sollozaba, la pelirroja apuntaba directo a su cabeza; de hecho no se sorprendía de encontrarla, había calculado que estaba allí, porque alguien debía estar cuidando de Noah.

―Laura… ¿qué estás haciendo? ―habló Ángela, bastante asustada por la situación.

―¿Qué crees que hago, zorra? ―preguntó furiosa―. Vine por mi hijo y por mi esposo… ¡Noah! ¡Ven con mamá!

El niño temblaba, aferrado a la camiseta de Ángela, mordiéndose la boca para que no se escuchara el llanto. Cuando ella lo puso detrás de su espalda, él alcanzó a ver a Laura sosteniendo un arma.

―Laura, baja esa pistola, estás asustando a tu hijo… ―le dijo la morena.

―¡Tú qué sabes! ¡Jamás le haría daño a mi hijo! ―mintió con descaro―. Ven aquí, hijo ―llamó con voz amorosa―. Ven con mami. Tu papá pronto estará aquí, no te preocupes hijito, todo estará bien.

Ángela sintió cómo su piel se erizaba, el timbre de Laura era aterrador, incluso peor que la mirada en sus ojos.

―Laura…

―¡Tú! ―Apuntó a la empleada―. ¡Trae a Noah o te disparo!

―No dejaré que te lleves al niño, Laura ―negó Ángela, interponiéndose siempre entre los dos a medida que la pelirroja caminaba.

Laura no quería dispararle, aunque no contaba con que la morena estuviese allí, desde el inicio su plan contemplaba a una persona adicional, que era la empleada. Sin embargo, si en ese momento le disparaba a Ángela, el ruido alertaría a los vecinos y eso arruinaría sus planes.

―¡Te dije que vinieras, Noah! ―chilló con furia, abalanzándose sobre Ángela. Laura solo quería tomar al niño, siempre que consiguiera agarra al pequeño, lograría su cometido.

Incluso podría salir mejor, porque también se desharía de esa mujer que convirtió su vida en un infierno, y la mataría frente a David.

Forcejearon las dos, Ángela intentaba tomar la pistola pero Laura no cejaba en su empeño.

―¡Toma al niño y vete! ―gritó la morena, sacando a la empleada de su estupor―. ¡Corre, Noah! ¡Sal de aquí, ahora!

Por suerte le hicieron caso, ambos salieron a las carreras del departamento, rumbo al elevador.

―¡Noooooo! ―Laura empujó a Ángela, luego elevó la mano que sostenía el arma y le asestó un golpe con la culata que cayó sobre su hombro. Terminó de rodillas en el suelo, gimiendo de dolor―. ¡Siempre lo arruinas todo! ¡Te odio, Ángela! ¡¡TE ODIO!!

Apuntó con firmeza en su dirección, pero justo antes de apretar el gatillo, David apareció.

―¡LAURA, DETENTE!

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Último capítulo

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   EPÍLOGO

    ―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 117

    El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 116

    Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 115

    Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 114

    David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a

  • NO ME PIDAS QUE TE OLVIDE   CAPÍTULO 113

    David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres

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