INICIAR SESIÓNEl verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.
David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.
Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.
Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.
Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los tres sabían muy bien cómo concluyó todo, la mejor amiga de Ángela se colgó de su cuello, llorando desconsolada, cuando se enteró de todos los detalles.
Los viejos cinco amigos tuvieron que reencontrarse, David los recibió en su villa una noche en que Noah se quedó a dormir donde Jacobo, junto a sus primas. La reunión fue muy emotiva, revivieron y exorcizaron los rencores, comprendieron que tanto Ángela como David solo fueron las víctimas de las circunstancias y Laura.
―Gracias por salvarme, hombre ―mencionó David, extendiendo su lata para brindar por Phill. Fue él quien llevó a cabo la cirugía.
―No tienes por qué… la verdad es que me diste un susto de muerte, cabrón… ―se quejó, riéndose, mientras chocaba su propio vaso con él.
―David es un hueso duro de roer… ―Alex intervino―. ¿Cuántas veces lo trajiste desde las garras de la muerte? ¿Cinco? ¿Seis? ―preguntó en broma.
―Dos y con eso fue más que suficiente… ―respondió el médico―. No vuelvan a hacerme eso, ¿de acuerdo? ¡No se les ocurra morirse en mi guardia! ¡A ninguno!
Todos rieron.
―¿Y cómo va la vida de casada? ―indagó Alex, increpando a Jade, ella sonrió con ojos soñadores.
―Excelente, tal y como lo imagine… ―respondió, luego miró de medio lado a David con un deje de reproche―. Sería mucho mejor si cierta persona decidiera volver al trabajo…
―No me mires… desde el inicio les dije a Robin y Oscar que no continuaría trabajando ―le recordó―. Por ahora seguiré invirtiendo y dedicándome a cuidar a mi hijo…
―¿Y tú qué piensas hacer, Angie? ―curioseó Alex.
―¿Has pensado volver a ejercer? ―se sumó Phill.
―Deberías pensar en especializarte, te gustan los niños, deberías convertirte en pediatra… ―comentó Jade.
David la miró de hito en hito.
La morena había sufrido un cambio, no tan notorio pero sí palpable; algo en su rostro se suavizó; él sabía que el que su madre hubiese recibido justicia al fin quitó un peso de su corazón, lo que la ayudó a enfrentarse de manera más sana con sus emociones.
―La verdad es que nunca quise ser médico ―confesó con calma, rio al ver la mirada de incredulidad de sus amigos―. Lo hice porque no quería que otras personas sufrieran lo que yo sufrí, pero después de todo lo que pasó, me di cuenta que no seguí mi sueño si no una especie de misión autoimpuesta, buscando darle valor al sufrimiento de mi mamá y mío…
»Por ahora, la fotografía es lo mío, me siento bien con lo que estoy haciendo…
―¿Entonces te vas a ir otra vez? ―preguntó Jade con tristeza.
―No lo sé ―respondió ella con honestidad―. Hasta el día de hoy solo me he enfocado en el café, después de todo, Leo está en la capital y alguien tiene que ver por el negocio… ―Se encogió de hombros, sonriendo ante la cara molesta de sus amigos.
David se carcajeó al ver a Phill y a Jade lanzándole palomitas de maíz a la cara a Ángela, cuando el ambiente se calmó, sus ojos se encontraron en el aire por más de un minuto.
Aunque la verdad salió a la luz no fue fácil para ninguno de los dos volver a empezar. No era un buen augurio retomar su relación bajo la sombra de la muerte de Laura, había lazos muy complicados entre ellos como para hacerse de la vista gorda.
Otoño se acabó en un parpadeó, el invierno llegó con una ola de frío intensa que no se había presentado nunca antes en el país. Algunos esperaban que nevara, al menos en la capital, un hecho sin precedentes porque aunque se presentaban las cuatros estaciones de manera diferenciada, lo más notable era el cambio de temperatura.
Jacobo a veces pasaba un fin de semana en la villa, tras conocerse y bajar las defensas, se convirtieron en amigos. Ambos pasaron por las mismas circunstancias, comprendían los silencios repentinos o las miradas melancólicas que los asaltaban sin motivo aparente. Sin embargo, más allá de eso, el viejo adoraba a Noah, y era innegable que el niño era hijo de su hija.
Adicionalmente, la villa era una especie de terreno neutral para encontrarse con Ángela.
Una tarde, a inicios de diciembre, mientras compartían un vaso de whisky irlandés sentados en el porche trasero, Jacobo le hizo una pregunta.
―¿Cómo van las cosas con Ángela?
David removió su vaso, el frío apretaba un poco y eso le recordó que debía verificar si Noah llevaba suficiente ropa encima. El niño estaba jugando con los perros, lanzándoles una pelota de color azul eléctrico.
―Están bien… la verdad no queremos apurarnos en nada, creo que, en cierto modo, estamos extenuados y lo único que deseamos es descansar de todo…
―Tienen miedo… no saben cómo encontrarse el uno al otro… ella se valía de culparte para negarse a sí misma lo que siente por ti, pero ahora, tiene miedo… y tú también… se preguntan si es demasiado tarde… pero si siguen esperando, será demasiado tarde en verdad y solo les quedará arrepentirse…
David sabía que tenía razón, no obstante, eso no evitaba que ambos actuaran con precaución en torno al otro.
Pocos días después fue el cumpleaños de Noah.
La villa se llenó de gente, los compañeros de clase del pelirrojo se adueñaron del jardín, disfrutando del castillo inflable y la piscina de pelotas. Un grupo de jóvenes se dedicaban a atender a los niños, incluidas las hijas de Antoni y otras primas de la familia Miller.
La fiesta duró hasta la caída del sol, los padres vinieron por sus hijos y Noah cayó como una piedra a las ocho de la noche, dejando al grupo habitual. Esta vez se incluyeron a las parejas de Jade y Phill.
Antes de que se percataran pasó la navidad, y a una semana del Año Nuevo Jacobo Oscar los invitó a una fiesta en un afamado club de la ciudad. Era el lugar más exclusivo y deseado para disfrutar la última noche del año, tenía la mejor vista, el mejor espectáculo, y se consideraba un sitio mágico para las parejas.
En cierto modo parecía que estaban reviviendo su época de universidad, todos ellos, incluidos los dos miembros del grupo que tenían familias pudientes, pasaron esa temporada agobiados por los estudios; divertirse era un raro acontecimiento que sucedía entre semestres. El entusiasmo los invadió a los cinco, Jade arrastró a Ángela para ir de compras, alguien contrató una limosina para que los recogiera, y cuando se percataron, todos reían y brindaban.
Ese año había sido el infierno, y por fin se acababa.
En el club la vibra era agradable, todo desbordaba alegría, las personas sonreían, brindaban con desconocidos, bailaban y reían, esperando la cuenta regresiva.
Se encontraron con Robin faltando media hora para la medianoche, David lo saludó sin problemas, pero sus alarmas se encendieron cuando el rubio sonrió de manera seductora a Ángela y esta no se mostró molesta o desagradada. Su socio iba acompañado de otras personas, entre ellos dos voluptuosas mujeres.
Sintió pánico.
―Ángela, ¿podemos hablar? ―pidió David, interrumpiendo la conversación.
―Sí, claro… ―respondió ella, escudriñando su rostro. Notó la sonrisa nerviosa, así que se puso de pie y lo siguió―. ¿Está todo bien? ¿Pasó algo? ―preguntó preocupada.
―Nada, nada… solo tengo que decirte algo ―explicó, guiándola hacia la terraza. Al ser un sitio tan exclusivo, no estaba atestado de gente, por lo que encontraron algo de tranquilidad y privacidad en esa zona.
Miraron el panorama de la ciudad, los rascacielos brillaban alegremente, se respiraba un aire festivo que era imposible ignorar. Disfrutaron en silencio la vista.
―Angie… ―llamó él, sintiéndose tan nervioso como la vez que le pidió que fuesen novios―. No sé cómo empezar a hablar…
―Me estás poniendo nerviosa ―bromeó ella. Él se giró y la miró directo a los ojos. El gesto la dejó paralizada en el sitio, algo que David aprovechó para tomar sus manos.
―Angie, tú sabes que te amo, que nunca he dejado de amarte y que continuaré amándote pase lo que pase… ―se sinceró en un rapto de coraje, su voz sonó firme, la calidez de sus manos se trasmitió a las de la morena, que sintió que su corazón se desbocaba dentro de su pecho al escucharlo―. No he querido presionarte, no quiero que sientas que estás en deuda conmigo o algo por el estilo, por eso no lo había traído a colación, sin embargo, no puedo continuar esperando…
»Tengo miedo de que una mañana me levante y me entere que te has enamorado de alguien más. Que un día me digas que no vas a volver a verme…
»Los momentos más felices de mi hijo y mío son esos en los que tú estás, no puedo borrar la sonrisa de mi cara cada vez que te veo a ti y a Noah sentados en la sala, jugando, leyendo o comiendo dulces a hurtadillas.
»Cada día cuento las horas o minutos que faltan para verte, y cada vez que te vas de casa siento que un pedazo de mí mismo se va contigo…
»Angie, te amo… por ti estoy dispuesto a casi todo. Y quiero volver a ser parte de tu vida, pero sé que no puedo obligarte si tú no quieres lo mismo, sin embargo, si crees que todavía tenemos chance, que puedes darme una oportunidad…
A pesar de estar abrumada por la confesión, Ángela colocó su mano en la boca de David para hacerlo callar.
Tenía razón, ella también experimentaba miedo, a veces se despertaba en medio de la noche pensando que todo había sido un sueño y los eventos de los últimos meses no eran reales. No obstante, con el paso de los días, esos episodios eran cada vez más espaciados.
Ya no había nadie persiguiéndolos para que no estuvieran juntos.
Además no valía el esfuerzo negarse a sí misma que, después de todos esos años, nunca dejó de quererlo.
Aquellos ojos dorados brillaban a la expectativa, él ni siquiera se atrevió a quitar la mano de ella de su boca. Ángela le sonrió con ternura.
Fue ella quien tomó la iniciativa, se colocó de puntillas y se adueñó de sus labios.
En años posteriores David diría que cuando ella lo besó fue como si miles de fuegos artificiales estallaran dentro de su pecho.
Él la abrazó con tanta fuerza que casi le hizo daño, y las lágrimas de alivio bañaron sus bocas.
David lloró y rio, sintiendo que por fin era el hombre más afortunado del mundo.
Él no dudaba del amor que sentía por Ángela, sabía que nada en el mundo conseguiría apartarlos.
―Yo también te amo, David ―susurró Ángela―. Nunca pude dejar de hacerlo, y también te amaré por el resto de mi vida.
Fin
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







