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EPÍLOGO

Author: Ría Luxuria
last update publish date: 2022-06-02 08:28:58

―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre.

En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando.

Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes.

En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches.

―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir.

―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor se reía.

―Nos vamos en quince minutos ―informó el pelirrojo, haciendo su mejor esfuerzo para no reírse, observándolos con algo de compasión―. Mamá fue a arreglarse porque ya terminó de acomodar lo que faltaba para la fiesta.

La cara de espanto de los tres fue un duro golpe para su fuerza de voluntad. Desde que sus dos hermanas nacieron, parecía que había tres niños en la casa: David, Hope y Bianca.

Doce años atrás Ángela y David retomaron su relación, los primeros meses fueron un tanto embarazosos, porque sin importar qué, no eran las mismas personas. Sin embargo, una vez que ella se quedó por primera vez en la villa a dormir, fue Noah quien no la dejó ir.

Para el niño fue muy natural pasar de llamarla tía a decirle mamá; fue él quien también preguntó cuándo iba a tener más hermanos, lo cual llevó a David a replantearse revertir su vasectomía.

No les dieron mucha esperanza, después de todo, con el paso de los años, era posible que ya no tuviese espermatozoides, y tras intentarlo varias veces sin resultados, decidieron adoptar a una niña recién nacida cuando Jade les contó la trágica situación de una madre adolescente.

Hope era una preciosa niña de ojos tan verdes que muchos creían que era hija biológica de ambos, su piel tenía un leve tono bastante exótico, y todos bromeaban con que Noah iba a tener que convertirse en un hermano mayor muy fuerte para espantar a los futuros pretendientes de su hermanita cuando esta llegase a la adolescencia.

El pelirrojo tenía diez años para ese entonces, y se tomó muy en serio su papel. No existía hermano más comprometido que él, adoraba a su familia, pero en especial, amaba a esa pequeña bebé que sus padres decidieron salvar de una vida difícil.

Noah continuaba en terapia en ese entonces, trabajando en los traumas que la relación con Laura le dejó. Ángela fue su mayor pilar, asegurándole que, sin lugar a dudas, ella siempre estaría allí para ayudarlo.

Para sorpresa de todos, Bianca llegó dos años después, como un regalo inesperado.

Ángela salió embarazada de David, la noticia alegró a todos, incluido Jacobo, que poco a poco mejoró la relación con su hija.

La bebé nació en medio de la primavera, sin complicaciones, completamente sana y sonrosada, robándole el corazón a todos. Noah lloró al verla en su cuna, sostenía en brazos a Hope y le señaló con alegría.

―Mira, Hope, esa es nuestra hermanita…

Después de ello, Hope y Bianca se volvieron inseparables, hasta el punto en que compartían habitación, aunque la villa tenía suficientes cuartos para que cada una ocupase uno; pero lo verdaderamente divertido era encontrarlas en durmiendo en el cuarto de Noah, porque las dos se escabullían en la noche para dormir con su hermano mayor.

―Pero… ¿Qué significa esto? ―preguntó la morena de pie en el umbral de la puerta.

―Angie, mi amor… ―balbuceó David, sintiéndose un poco asustado por la llegada de la morena.

―Hace dos horas te pedí que las ayudaras, ¡dos horas, David! ―lo regañó, la mitad de su enfado era fingido, no obstante si no actuaba así, los tres individuos en el cuarto no se comportaban bien.

―Mi cielo… ―medio rogó, levantándose de inmediato.

―¡No! ¡Arréglense ahora! ―lo esquivó, dedicándole un gesto severo―. ¡Anda a limpiarte eso de la cara, ya! ―le ordenó―. ¿Y ustedes, señoritas? ¿Quieren hacer llegar tarde a su hermano a su propia graduación? Estoy decepcionada de ustedes dos… quítense eso de inmediato y pónganse la ropa, ¡pero ya!

―¡¡Sí, mamá!! ―exclamaron las dos al mismo tiempo, moviéndose con rapidez.

―Está bien, mamá, tenemos tiempo ―las disculpó Noah, siguiendo a Ángela hasta la sala.

David se había retirado a su propia habitación a arreglarse, caminaba cabizbajo como si fuese un cachorrito recién regañado.

―Claro que tenemos tiempo, ¿crees que no los conozco? ―le dijo, girándose para examinar su ropa. Se detuvo a arreglar el cuello de la camisa, Ángela le sonrió con orgullo―. Por eso los mandé a prepararse con tres horas de anticipación, pero si lo saben, van a querer seguir jugando…

Noah se rio con sus palabras, la morena acarició sus mejillas y suspiró.

―Ahora eres más alto que yo… ¿cuándo creciste tanto, hijo? ―preguntó algo emocional.

―No importa qué tanto grande sea, mamá, siempre voy a ser tu niño ―decretó él de manera desvergonzada, los dos se largaron a reír.

Noah la abrazó con fuerza, apretándola contra su cuerpo, como cuando era un niño pequeño. Él recordaba las horribles noches plagadas de pesadillas, en las que ella sostuvo su mano. La paciencia con la que Ángela le aseguró que lo amaba y no lo resentía por todo lo que su madre biológica le hizo.

Él la amaba con todo su corazón, lo supo con certeza cuando lo acompañó a la tumba de Laura y lo sostuvo mientras el pelirrojo lloró lleno de desesperación, tristeza y vergüenza.

―Gracias, mamá… ―susurró, dejando un beso en su frente―. Gracias por no abandonarme…

Una solitaria lágrima se deslizó por la mejilla del adolescente, no apartó los ojos llenos de amor por ella, porque en su reflejo, comprendió que ella estaba, a su vez, llena de amor maternal por él.

David bajó con las niñas veinte minutos después.

―¡Atención, infantería! ―exclamó con tono militar, las dos pequeñas se colocaron al lado de su padre en posición de firme, aguantándose las risas―. Listos para inspección, general.

Ángela le dedicó una mirada amenazadora, luego caminó en torno a los tres, se detuvo primero en la más pequeña, acomodando la falda de su vestido; luego fue Hope, a quien le enderezó la cinta del cabello y la bota de su pantalón; por último fue David, que disfrutó el momento en que ella pasó la mano por sus cabellos.

―¿Lo hice bien, cariño? ―preguntó en voz baja, cuando Ángela asintió, su tono cambió a seductor―. ¿Merezco un premio por buen comportamiento esta noche?

―Si tienes suerte… ―le respondió ella, sonriéndole con picardía.

David no pudo contenerse, la estrechó entre sus brazos y la besó.

―¡Iiiuuucck! ¡Qué asco! ―exclamó Bianca. En cambio, Hope se tapó los ojos con una risita divertida.

Noah cargó a su hermana menor y tomó la mano de la otra.

―Vamos al auto. ―Salieron de la casa rumbo al vehículo que los esperaba en la entrada.

David soltó una risita al escuchar a sus hijos, hizo girar a Ángela entre sus brazos, haciendo que mirara en dirección a la puerta, para que vieran a su familia subirse al coche.

―Gracias, mi amor ―musitó David al oído de la morena.

―¿Por qué? ―inquirió ella sin entender el motivo de sus palabras.

―Por darme lo que siempre quise… un futuro feliz contigo.

―Lo hicimos juntos, luchamos juntos, no es solo por mi causa… ―respondió Ángela, sonriendo―.

Salieron de la casa tras un beso adicional, en la escuela de Noah los esperaba el resto de la familia y amigos. Durante la graduación, una mujer los observó a ambos cuando aplaudía con entusiasmo durante el momento en que el pelirrojo recibía su diploma de preparatoria.

La desconocida sonrió con complicidad.

―La Fuerza, La Rueda, el caballero de espadas y el diez de oro… Un amor que superará todo, incluso al destino… ―murmuró, viendo a la pareja con las dos niñas, que se aproximaron al final del pasillo para recibir al joven que bajaba del estrado.

―¿Qué dijiste, mamá? ―preguntó la jovencita a su lado, tenía alrededor de catorce años y estaban allí para felicitar a su primo.

―Nada, hija, nada… ―sonrió con satisfacción―. Solo que hay personas que, sin importar qué, están destinadas a estar juntas y ser felices.

―¡Qué romántico! ―exclamó la chica.

―Oh, hija… pero no tienes ni idea de todo lo que sobrevivieron y tuvieron que hacer para conseguirlo…

»Pero me alegra ver que lo consiguieron… se les nota en los ojos…

―¿Qué cosa, mamá?

―Que se aman profundamente, querida ―respondió alegre―. Se aman profundamente…

Fin

Ría Luxuria

¡Gracias por haber llegado hasta aquí y haberme acompañado en este camino! Esta es mi primera novela de este estilo, así que todas sus críticas son bien recibidas. Sé que no he sido regular respondiendo sus comentarios, pero en los siguientes días, me tomaré el tiempo para hacerlo. Espero que lo hayan disfrutado, nos leemos en mis futuras novelas... Ría

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Comments (14)
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Romina analia Duarte
maravillosa historia. la amé ... gracias
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Elizabeth Diaz D. de Becerra
Excelente historia, me atrapó desde el primer momento. Mil gracias.
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Lizeth Sanchez Villavicencio
Me escanto la historia y como siempre super bien narrada ....
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