INICIAR SESIÓNDavid iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.
Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.
Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.
―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!
David soltó una exclamación de alivio y abrazó con fuerza a su hijo.
―¡Gracias a Dios estás bien! ―musitó sin soltarlo―. Gracias a Dios los dos están bien…
―Sí, señor David, pero la señorita Ángela… ―la mujer lloró―. Ella está en peligro, ¡ella está forcejeando con la señora Laura! Hizo eso para salvarnos…
―La policía ya viene, vayan abajo y esperen por ellos…
―¡Papá, la tía Angie! ―sollozó Noah.
―Está bien, amiguito, yo iré a salvarla… ―aseguró él―. Haré tiempo hasta que llegue la policía, ya vienen en camino, en cualquier minuto estarán aquí…
La empleada cargó a Noah en brazos y entró al elevador. Él le sonrió al niño para infundirle seguridad, le repitió que pronto bajarían y todo iba a estar bien.
La expresión en el rostro de David se tornó sombría y odiosa; no importaba cómo, pero ese día se iba a acabar esa m*****a pesadilla.
En un par de zancadas recorrió el pasillo, rumbo a la puerta abierta de su departamento. Entró justo en el instante en que Laura subía su mano para apuntar a Ángela que, de rodillas en el suelo, sostenía su hombro.
―¡LAURA, DETENTE! ―demandó con voz firme.
La pelirroja se giró en su dirección, sus ojos se llenaron de lágrimas al verlo.
―¡David! ―lo llamó con cariño, sin dejar de apuntar a Ángela―. ¡Viniste! ¿Por qué? ¿Por qué está esta mujer aquí? ―preguntó furiosa.
―Baja el arma, Laura ―pidió él, caminando despacio en dirección a las dos.
―¡No te muevas o disparo! ―le advirtió, acercando su dedo al gatillo de manera peligrosa.
―Laura… Laura, ¿no estás cansada de todo esto? ―le preguntó él con cordialidad―. ¿No crees que ya es suficiente?
―¡Claro que estoy cansada! ―aceptó la pelirroja―. Pero tú no me amas, David… ―sonó agraviada―. Yo te he dado todo, hice mi mejor esfuerzo para hacerte feliz, eres el único hombre al que he amado, te di un hijo, pero nada de eso sirvió… ―se quejó, llorando desconsolada―. ¿Por qué, David? ¿Por qué solo la amas a ella?
Él miró a Ángela en el suelo, la morena permanecía tranquila, pero David percibió el pánico en sus ojos.
―No lo sé, Laura, no sé por qué la amo, solo la amo y ya ―respondió―. Aun tienes una oportunidad, si bajas el arma, si te entregas, podrías recibir tratamiento, superar tu obsesión por mí…
―¡¡NO ES UNA OBSESISÓN!! ¡Yo de verdad te amo!
―¿Estás segura? ―preguntó él. David solo deseaba ganar tiempo, la policía estaba en camino y tomando en cuenta la última vez, todos debían estar alertados de lo peligrosa que podía llegar a ser. Nada más tenía que aguantar unos minutos―. Laura, tú nunca me preguntaste qué quería en mi vida.
»Jamás te detuviste a pensar en lo que me decías o si me lastimabas. Lo único que decías era que tú eras mejor opción porque tenías dinero, ¿recuerdas?
Laura frunció el ceño.
―Pero soy mejor opción ―aseguró ella, considerando que no estaba equivocada―. Gracias a mí obtuviste un mejor puesto de trabajo, tienes dinero, lujos, estatus…
―Pero lo obtuve por ti solo porque tú evitaste que lo consiguiera por mí mismo… ―le recordó él―. Lo única razón por la que te interesaste en mí, es porque nunca pudiste dominarme o encantarme, no me interesó tu dinero, ni tampoco tu posición…
―Pero… pero…
―Había otros chicos, en la escuela y en la universidad, mil veces mejores que yo, sin embargo, tú los ignoraste a todos, a pesar de que te prometieron todo lo que tú querías de mí…
―¡Pero no eran tú! ¡Yo te quería a ti! ―chilló ella, actuando como una niña berrinchuda.
―¿Ves? ¿Te das cuenta? ―la interrogó―. Tú me querías, tú me quieres, como una posesión, como un objeto, como algo que puedes tener bajo tu control… si me amaras de verdad, no te habrías interpuesto en mi camino al éxito, tú me habrías deseado felicidad, me habrías apoyado en mi puesto de trabajo…
»Así como lo hizo la mamá de Ángela cuando Jacobo se casó con tu madre…
La cara de Laura se deformó en una mueca dolida y llena de rencor.
―¡No es cierto!
―¡Sí lo es! ―refutó él―. La última vez que Bianca habló con tu padre fue antes de que tú nacieras, él mismo me lo contó, le deseó que fuese feliz, porque si él era feliz, ella también lo iba a ser…
»Sin embargo, Laura, tú no quieres verme feliz, mi felicidad no te importa… tú prefieres mil veces que seamos infelices juntos, que siempre esté a tu lado aunque te odie… eso no es amor, Laura… ¿lo ves?
La pelirroja parecía dolida por sus palabras. Después de unos segundos, sus ojos se tornaron hostiles.
―¿Sabes qué, David? Tienes razón… yo solo quiero que seas mío, poseerte y que no estés con nadie más… ―sonrió con maldad, apuntó el arma hacia Ángela una vez más, disfrutando la expresión aterrada en su cara―. Entonces, primero me desharé de ella, porque la odio, la detesto, desde que la conocí solo he podido odiarla… Quiero que se muera…
»Y cuando ella ya no esté más, entonces tal vez puedas entender que debiste amarme a mí… Que debiste ser mío…
Laura estaba determinada a apretar el gatillo, David lo supo de inmediato.
―¡Noooo!
Él gritó mientras corría para proteger a Ángela, en sus ojos, parecía que todo sucedía en cámara lenta.
Justo cuando sonó el bang del disparo, la policía entró.
―¡Suelte el arma! ―ordenó uno de los oficiales, apuntando a Laura.
No obstante, era demasiado tarde, ya no había marcha atrás.
La primera bala que disparó Laura atravesó el costado de David; como ella no iba a detenerse, se dispuso a disparar de nuevo, pero la policía disparó a su vez.
Los tres oficiales que se hallaban en la entrada del departamento lo hicieron al tiempo, cada uno apuntando a sitios diferente, buscando herirla para reducirla. No obstante, no fue lo suficientemente rápido para evitar que ella apretara el gatillo por segunda vez.
El proyectil impactó a David en el pecho, alojándose cerca del corazón.
Ángela sostuvo su cuerpo cuando la fuerza del golpe lo empujó hacia adelante. Ambos se miraron a los ojos por unos segundos.
En cambio, Laura recibía los impactos en el muslo, brazo y costado; haciéndola caer al suelo.
―Te dije que te protegería ―susurró David, aferrándose a Ángela―. ¡Gracias a Dios estás bien!
La morena lo miró horrorizada, la camisa de color gris de David se tiño de rojo oscuro a una velocidad alarmante. Él se sintió débil de repente, y se desplomó en el suelo, pensando que le costaba mucho respirar.
―¡David! ―llamó Ángela, abriendo su camisa con rapidez. Examinó la herida en el costado y con rapidez procuró evitar que se desangrara―. ¡¡Llamen a una ambulancia!! ¡Necesitamos una ambulancia!
Ángela sentía su corazón latir tan fuerte y rápido que en cualquier momento se saldría de su pecho. Cuando vio la sangre extendiéndose en el suelo en torno a él comprendió que la vida de David pendía de un hilo.
―¡Idiota! ¿Por qué hiciste eso? ―le preguntó llena de miedo, sus manos temblaban mientras lo ponía del lado sano para ver la magnitud de la herida en su espalda―. ¡Maldición, David! ¿Por qué? ¿Por qué te interpusiste? ―insistió.
No esperaba respuesta, en lo único que podía pensar era en cómo detener la hemorragia. Se sacó el suéter que llevaba y de inmediato presionó la herida, para frenar la pérdida de sangre.
―Lo hice porque te amo… ―susurró él, cerrando los ojos.
―¡David! ¡David! ―gritó su nombre. Tenía ambas manos ocupadas y no eran suficientes―. ¡Alguno de ustedes! ―llamó a los policías―. ¡Uno de ustedes debe ayudarme! ¡Por favor! ¡Alguien que presione la herida! ―ordenó―. Está perdiendo mucha sangre… ¡David! No te duermas, David… ¡Abre los ojos, David! ¡No te atrevas a morirte, David!
Poco a poco se iba sumiendo en la oscuridad, era un sitió frío y sin vida. No le gustaba ese lugar, tenía miedo, pensó en su hijo y lo que sería de él; sin embargo, no podía concentrarse, escuchaba una voz llamando su nombre, en su tono se notaba el amor y también el resentimiento, lo urgía a despertarse, a que abriera los ojos.
Y él deseaba abrirlos, porque sabía que estaba al borde de la muerte y deseaba, por lo menos, llevarse de recuerdo el rostro de la mujer que amaba.
―Mamá va a matarte ―dijo Noah con voz preocupada, mirando de medio lado a su padre. En el suelo, David se encontraba sentado con sus dos hijas, jugando. Se suponía que él había subido para ayudar a las niñas a terminar de arreglarse, Ángela sabía que las niñas necesitaban supervisión y tiempo para poder vestirse, por eso le pidió a David que las ayudara… dos horas antes. En ese momento, no solo las niñas no estaban listas, sino que la ropa que llevaban eran disfraces de princesas, el cabello de ambas tenía moñitos por todos lados y en ese instante maquillaban a David. Rodeados de muñecas y peluches. ―Aún tenemos tiempo ―le respondió su padre, restándole importancia―. Terminamos aquí y nos arreglamos para salir. ―¡Es verdad, hermano! ―dijo la más pequeña, tenía seis años y unos adorables ojos ámbar, iguales a los de Noah. Su color era tan puro que contrastaban con el cabello castaño oscuro―. Además, papá está quedando muy lindo, no podemos parar ―explicó, mientras su hermana mayor
El verano se acabó, las lluvias se espaciaron y aunque el clima comenzó a enfriarse, las hojas de los árboles se tiñeron de vivos rojos vinos.David tardó tres semanas en recuperarse por completo, durante esos días encontró un nuevo lugar donde vivir, esta vez una villa a las afueras de la ciudad, en una zona rodeada de altos árboles y algunas lomas. El sitio cumplía con todas sus demandas: seguro, tranquilo y para el gusto de Noah, su propiedad tenía un estanque artificial.Al momento de la mudanza ya habían adoptado dos perros, un labrador y un pastor alemán, con el que el niño se encariñó de inmediato. La casa requería que hubiese más personal, así que pronto contaba con un grupo de personas viviendo con ellos.Ángela los visita seguido, Noah desarrolló un fuerte apego por la morena, que jamás demostró molestia por eso. Ella le enseñaba a tomar fotografías, corrían juntos con los perros y construían cosas en medio de la sala.Robin regresó al país junto con Jade y Oscar, aunque los
Abrió los ojos y se encontró con un techo color crema que no conocía; le tomó alrededor de un minuto recolectar cierta información sobre sí mismo. Recordó su nombre, edad y que tenía un hijo; luego, de golpe, las imágenes de Laura amenazando a Ángela con un arma y lo que siguió después, invadió su mente.Todo eso disparó el malestar físico, se hizo consciente de su cuerpo, las extremidades pesaban, la piel le hormigueaba y un dolor creciente y agudo se irradiaba desde su pecho y un lado del abdomen.Se sorprendió de no escuchar a nadie en la habitación, había abiertos los ojos y aunque aún no emitió palabra, le pareció extraño que no notaran que estaba despierto. Giró su cabeza hacia la derecha, lo que vio hizo que un calor agradable se esparciera dentro de él.Ángela se encontraba sentada al lado de la cama, sobre sus piernas, estaba Noah. Ella lo sostenía, abrazándolo con fuerza, mientras el niño descansaba su cabeza sobre el pecho de la morena. Los dos dormitaban profundamente, inc
Sentía su cuerpo extraño, como si su mente discurriera por un camino a una velocidad diferente mientras su cuerpo lo hacía por otro lado.Miró su móvil una vez más, cavilando si llamaba a Ángela o no. La extrañaba demasiado, tanto que le dolía el corazón, pensó que tras tantas peleas y discusiones su ausencia no se sentiría, que por el contrario, en vez de experimentar vacío solo sería alivio, pero no.Por supuesto estaba nervioso, la culpa lo invadía cada vez que recordaba lo que hizo con Laura; sin embargo, si consideraba las cosas de manera objetiva, tal vez podrían pasar la página, resolver los problemas y regresar.A veces las parejas se fortalecían cuando superaban cosas como aquellas.Además no había pasado tanto tiempo, solo un par de semanas.Fuera del bar, se sintió mejor, a pesar de que hacía calor a pesar de que era de noche, al menos escapó del sofocante ambiente del salón privado. No soportaba a las amistades de Laura Miller, eran tan arrogantes como ella, hablando siemp
David iba de camino a su casa cuando recibió la llamada de Laura. Desde hacía un par de días tenía una sensación de peligro inminente que le causaba ansiedad; atribuyó eso al hecho de que la pelirroja seguía prófuga, y que podía aparecer en cualquier instante y causar estragos.Una vez que ella le colgó, él manejó como un poseso, rompiendo varias leyes de tránsito. Con manos temblorosas marcó el número del detective y vociferó que Laura se hallaba en su departamento, con su hijo. El policía le dijo que mantuviera la calma que ya estaban enviando patrullas para allá y llegarían en pocos minutos.Cuando entró al elevador sentía el corazón obstruyendo su garganta, los nervios le daban la ilusión que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en realidad fluía. Una vez que las puertas se abrieron salió corriendo y casi se llevó por delante a Noah y la empleada.―¡Papá! ¡Papá! ―lloró su hijo al verlo―. ¡Mi mamá está apuntando con una pistola a la tía Angie!David soltó una exclamación de a
David recibió un mensaje directo a su móvil con una fecha y hora, supuso que provenía de Laura, quien le estaba indicando el momento en que se verían.Antoni dudó en decirle sobre la llamada, porque sabía que él contactaría a la policía para arrestar a la pelirroja; no obstante, accedió a hacerlo, tras pensar que la forma en que su hermana se estaba comportando solo la conduciría a un final nefasto.Se dirigió al café una vez que confirmó con la policía que estarían allí, planeaban atraparla a como diera lugar. Entró al local, pidió una mesa y esperó.Por dos horas estuvo a la expectativa.Cuando estuvo seguro que Laura no iba a presentarse, salió del local y se subió a su auto. Mientras conducía rumbo a la empresa de Alex, conversó con el detective.―Es posible que se haya dado cuenta de que estábamos allí ―explicó el oficial, su voz llenó todo el habitáculo del auto, porque se encontraba en alta voz―. Si los Stracci la están ayudando, significa que debe tener a alguno de sus hombres







