Share

Capítulo 4

Penulis: Soda
La tarde del banquete, el canal cifrado estalló en mensajes.

Julian publicó una foto de una silla de hierro especialmente ancha, hecha a medida, y añadió un comentario malicioso:

[Hecha a medida para la señorita Rossi, para que no rompa las patas de nuestros muebles.]

Camilla respondió de inmediato con una foto de un enorme pastel en forma de cabeza de cerdo:

[¡El postre de esta noche! Espero que a la pequeña Chloe le encante.]

Me quedé mirando la pantalla con una sonrisa fría en los labios.

—¡Esos idiotas! —Sienna arrojó su brocha de maquillaje contra la mesa, temblando de rabia—. ¡Chloe, esta noche haré que se arrodillen a tus pies!

Un equipo de estilistas de primer nivel trabajó en mí durante tres horas.Me maquillaron los ojos con un efecto ahumado y un delineado felino bien definido que alargaba mi mirada. Llevaba un vestido de gala de terciopelo negro azabache, con una abertura alta, que se ceñía a mi cuerpo a la perfección y resaltaba mi cintura diminuta y mis piernas largas y tonificadas. Mis hombros definidos y mis clavículas de porcelana brillaban suavemente bajo la luz tenue.

A las cinco de la tarde, Sienna interceptó una transmisión en vivo desde la sala VIP.

En el video, Julian lucía un traje hecho a medida y brindaba mientras coqueteaba con Camilla, quien llevaba un llamativo vestido rojo.

—Esa cerda gorda de verdad apostó cincuenta mil dólares a que llegaría a tiempo —comentó Julian, dando un sorbo a su champán y riéndose con absoluto desprecio—. Cuando entre contorneándose por esa puerta, los hombres de esta sala se reirán tanto que terminarán echándola de Nueva York.

Camilla se rio suavemente y se apoyó en su pecho.

—Julian, no seas tan cruel esta noche. Sigue siendo la única hija del antiguo Don.

—No es más que una fracasada venida a menos. —dijo Julian, con una mirada despiadada—.Después de esta noche, la familia Rossi será mía.

Solté una risa fría, cerré el video y recogí la falda de mi vestido para bajar las escaleras.

En cuanto subí al auto que me llevaría al club privado de la familia Valenti, recibí una notificación: habían aceptado mi solicitud de amistad.

Debajo de una imagen de perfil oscura, apareció un mensaje:

Lucian Valenti: «Lamento lo de la partida de cartas. Si no te sientes con fuerzas para esto, no tienes que obligarte. Mandaré un auto para que puedas marcharte».

Mis dedos volaron sobre el teclado: «No se preocupe, Don Valenti. Esta noche, el escenario es mío. Llegaré a tiempo».

Eran las seis cuando el auto se detuvo frente al club.

Bajé con mis tacones de suelas rojas y diez centímetros de altura. Los guardias de élite apostados en la entrada no pudieron ocultar su asombro al verme llegar. Se quedaron boquiabiertos, en absoluto silencio.

Sin siquiera mirarlos, entré directamente al ascensor y subí al salón VIP del penthouse.

De pie frente a pesadas puertas de madera maciza, escuché el bullicio y las fuertes carcajadas que venían del interior.

La voz cortante y mezquina de Julian se filtró por la rendija de la puerta:

—¡Ya casi se acaba el tiempo! ¿Esa cerda gorda se quedó atascada, haciendo crujir las tablas del suelo con cada pasoCamilla se sumó a las carcajadas:

—¡A lo mejor está en el pasillo, jadeando para recuperar el aliento!

Levanté la mano, dispuesta a abrir las puertas de par en par.

—Chloe.

Una voz grave y magnética surgió de las sombras a mi lado.

Giré la cabeza de golpe.

De la oscuridad salió un hombre con un traje negro de corte impecable. Alto y afilado como una hoja de acero, clavó su mirada profunda en la mía sin vacilar.

Era Lucian Valenti.

Desprendía el aura imponente y asfixiante de un verdadero rey, pero en su mirada se notaba una ternura muy contenida.

—Don Valenti —lo saludé inclinando ligeramente la cabeza.

Lucian se acercó despacio. Sin decir una palabra, me ofreció el brazo con delicadeza.

No tuvimos que esperar mucho. El reloj dio las seis y media con una campanada nítida.

En el preciso instante en que la cuenta regresiva llegó a cero, le dediqué una leve sonrisa a Lucian, extendí la mano y presioné la manija para abrir las puertas del salón VIP.
Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • No Soy Tu Apuesta   Capítulo 10

    —¡Chloe! ¡Espérame!El chirrido de unos neumáticos rompió el silencio de la noche. Julian salió corriendo del club, empapado en sudor y aferrado a las llaves de su auto deportivo. Llevaba la ropa desaliñada y una expresión de súplica y desesperación.—¡Chloe! ¡Por favor, dame una oportunidad! ¡Déjame llevarte a casa! Podemos hablar y arreglarlo…Antes de que pudiera responder, Lucian dio un paso al frente. Su figura alta y robusta bloqueó la puerta del auto, impidiéndole el paso. Observó a Julian desde lo alto, con una mirada helada y penetrante. —No hace falta. A partir de esta noche, ella es la verdadera jefa de la familia Rossi. En cuanto a ti…Lucian hizo una pausa y, con una sonrisa fría y burlona, lanzó el golpe final: —No mereces estar a su lado. Eres simplemente despreciable. —¡Chloe! ¡Por favor, contesta! ¡Me equivoqué, te lo juro!El timbre insistente de mi teléfono no dejó de sonar durante toda la mañana.Desde la medianoche, el rumor se había extendido por todo el bajo

  • No Soy Tu Apuesta   Capítulo 9

    —N-no… ¡Esto no es real! ¡Es falso! ¡Lo falsificaste! —Julian sostenía los papeles con las manos temblando sin control y los ojos desorbitados.—Es un anexo oficial firmado por el antiguo Don, avalado por los sellos de la Notaría Internacional y de las Cinco Familias —declaró Lucian. Su voz, desprovista de toda calidez, retumbó en el silencioso salón VIP—. El antiguo Don siempre supo lo codicioso e inútil que eras. Todos los bienes de los Rossi, incluidos el arsenal y el principal paquete de acciones, le corresponden a Chloe. ¡Cualquiera que intente arrebatárselos será despojado de su título y expulsado de la familia!El salón entero quedó paralizado por la sorpresa.—¡No puede ser! ¡¿Chloe era la verdadera jefa desde el principio?!—El antiguo Don les confió a los Valenti sus negocios privados y sus armas… ¡Solo esperaba a que Chloe alcanzara la mayoría de edad!—¿Entonces Julian no era más que un falso miembro de la familia que trabajaba para la heredera? ¡Ni siquiera era el jefe! ¡L

  • No Soy Tu Apuesta   Capítulo 8

    —Quince, catorce, trece…En medio de las exclamaciones de asombro y la alborotada cuenta regresiva de los presentes, Lucian me sostenía con firmeza en un solo brazo. Tenía el rostro pegado a su pecho y los latidos constantes de su corazón resonaban en mis oídos.Julian se abalanzó como un loco para arrebatarme de sus brazos.—¡Devuélvemela!Lucian ni siquiera lo miró. Giró su cuerpo, bloqueándolo por completo con su ancha espalda. Me mantuvo a salvo, sin darle la más mínima oportunidad de llegar a mí. —¡Suéltala! ¡Es mi mujer desde hace tres años! —rugió Julian, histérico, con los ojos inyectados de sangre, como los de un demonio.—¿Tres años juntos y aun así la ofreciste como garantía en una apuesta? —La voz de Lucian se volvió más grave, con una frialdad hiriente—. Tres años, Julian. ¿Eso era todo lo que ella valía para ti?Aquellas palabras dejaron a Julian sin reacción. Se quedó con la boca abierta, pálido, incapaz de articular una sola palabra.—¡Tres, dos, uno! ¡Se acabó el tiem

  • No Soy Tu Apuesta   Capítulo 7

    Me estrellé contra el pecho de Lucian, duro como el acero. Su fresco aroma a cedro me envolvió al instante.—¿Segura de que no quieres echarte para atrás? —Lucian me sujetó la cintura con más fuerza. Su voz grave, contenida y ronca, me rozó el oído—. Solo tienes que decirlo y la apuesta se cancela.—¿Está bromeando, Don? —Incliné ligeramente la cabeza hacia atrás, mientras mis labios rojos le rozaban el mentón—. Siempre cumplo mi palabra. El espectáculo apenas comienza.Todos en el salón contuvieron el aliento.Un destello de deseo iluminó los ojos de Lucian. Tomó un tenedor de plata de la mesa, cortó un trozo de un exquisito pastel de chocolate y me lo llevó directamente a los labios.Sin vacilar, entreabrí los labios y mordí el pastel, rozándole sin querer los dedos con la punta de mi lengua. El cuerpo de Lucian se tensó y su mirada se oscureció al instante.Tomé el tenedor de plata de su mano, corté otro pedazo y se lo acerqué a los labios.—Su turno, Don.Lucian sostuvo mi mirada,

  • No Soy Tu Apuesta   Capítulo 6

    —¡¿Q-qué dijiste?! —Julian se quedó paralizado, como si lo hubiera alcanzado un rayo.Un silencio sepulcral se apoderó del salón. Un segundo después, estallaron los gritos y las carcajadas incrédulas.—¡No puede ser! ¡Debe ser una impostora!—¡Oye, preciosa! ¡Te ofrezco el doble de lo que ella te haya pagado! ¿Sabes siquiera con quién te estás metiendo? ¡Ella es el premio de esta noche! ¡Déjate de bromas!—¡Exacto! ¡La mujer de la foto de la dark web era una ballena de cien kilos! ¡¿Contrataste a una acompañante de lujo para salvar las apariencias, Subjefe?!—¡Eso! ¿Trajeron a una impostora para que se hiciera pasar por ella? ¿Como si nunca hubiéramos visto a una mujer hermosa en nuestra vida? Algunos matones, alborotados, gritaban mientras agitaban sus teléfonos mostrando fotos antiguas del canal cifrado. Se precipitaron hacia mí para desenmascarar mi supuesta farsa. Pero, al ampliar la imagen de mi rostro, buscando señales de cirugía plástica o algún rasgo falso, el pistolero que ib

  • No Soy Tu Apuesta   Capítulo 5

    Justo antes de entrar, me detuve y le susurré al hombre a mi lado:—¿Te importa si entro primero, Don? Me muero por verles la cara.—Después de ti —respondió Lucian con una voz suave como la seda.Les hizo una seña a sus hombres para que abrieran las pesadas puertas y retrocedió con una elegancia natural.Le dediqué una sonrisa astuta y cómplice, y avancé decidida hacia el salón principal.El bullicio en la sala —risas estridentes, copas tintineando y comentarios atrevidos— se apagó en cuanto las puertas se abrieron con un golpe seco. Todas las miradas se clavaron en mí, ansiosas por presenciar lo que creían que sería un espectáculo humillante.Un par de jefes de la mafia, apostados cerca de la entrada, se quedaron petrificados. Los cigarros carísimos colgaban olvidados en sus labios. —Mierda… —murmuró uno, tembloroso, casi soltando su vaso de whisky, con los ojos a punto de salírsele de las órbitas. —¿De dónde demonios salió esta belleza? ¿Será que alguna princesa perdida de la mafi

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status