Mag-log inDespués de renacer, dejé de cuestionar todo lo que mi esposo, Giulio Panzeri, hacía por Camilla Messina, su amiga de la infancia. Permití que ella lo apartara de mi lado una y otra vez. —Tengo miedo, Giulio… —sollozó Camilla por teléfono—. Escuché disparos afuera de la finca y Nico no deja de llorar del susto. ¿Puedes venir a hacernos compañía? Giulio vaciló, pero yo tomé su chaqueta y se la entregué con una sonrisa comprensiva. —Date prisa y ve con ellos —le pedí con suavidad—. Deben estar asustados. Giulio se quedó inmóvil y me observó con desconcierto. En mi vida pasada, habría roto en llanto y le habría preguntado quién era más importante para él: Romina y yo o Camilla y Nico. Pero después de renacer, acepté cada una de sus decisiones con una calma que él no lograba entender. Ya no pensaba discutir ni competir por su atención. En cuanto mi hija, Romina Panzeri, recibiera el trasplante de riñón, me la llevaría conmigo y abandonaría a Giulio para siempre.
view morePOV: Tercera personaLuca se abalanzó sobre Giulio y consiguió arrebatarle la pistola antes de que pudiera apretar el gatillo. El arma cayó sobre la alfombra mientras Giulio se desplomaba en la cama, como si de pronto ya no tuviera fuerzas para seguir luchando.—¡Vete! —gritó Giulio con la voz ronca—. ¡Voy a reunirme con ellas!Luca respiró con dificultad y guardó la pistola lejos de su alcance antes de comunicarle la noticia que lo había llevado hasta allí.—¡Las encontré, Don Giulio! —informó con urgencia.Giulio levantó la cabeza al instante. La desesperación desapareció de sus ojos y, por primera vez desde que regresó del hospital, volvió a aferrarse a una posibilidad.—¿Qué acabas de decir? —preguntó mientras se incorporaba.—Descubrí que, poco después de que la señora Panzeri abandonara el hospital, una ambulancia llegó para recogerlas —explicó Luca con rapidez—. Un convoy de Maybach negros las escoltó fuera de la ciudad a toda velocidad. Estoy seguro de que Romy y la seño
POV: Tercera personaGiulio miró a Camilla sin poder creer lo que acababa de escuchar. Durante todos aquellos años, Camilla había dado por sentado que Nico era hijo de Giulio y jamás se le ocurrió preguntarle si era verdad.Al verla aferrada a aquella idea con tanta seguridad, lo único que sintió fue una profunda decepción.—Nico no es mi hijo, Camilla —aclaró Giulio con firmeza—. Durante estos años te ayudé y te protegí por la amistad que tuvimos desde niños. Nunca sentí por ti ningún interés romántico.Camilla se negó a aceptarlo. Con los ojos enrojecidos, negó una y otra vez con la cabeza.—¡Eso es imposible! —protestó desesperada—. Siempre cuidaste de mí y también te ocupaste de Nico. ¿Acaso eso no demuestra que me amas?La poca paciencia que le quedaba a Giulio desapareció.—Solo te ayudé porque me daba lástima verte criar sola a un niño —sentenció con frialdad—. No había nada más.Camilla comenzó a perder el control.—¡Me estás mintiendo! —gritó fuera de sí—. Aquella noc
POV: Tercera personaTal como Camilla había deseado, cuando Giulio llegó al hospital, Romina y Alessia ya no estaban allí.Furioso, cruzó los pasillos sin detenerse hasta irrumpir en el despacho del doctor Marino. Lo sujetó por el cuello de la camisa y lo obligó a levantarse de la silla.—¿Dónde está mi hija, Romina Panzeri? —rugió Giulio, fuera de sí.El doctor Marino comenzó a temblar y lo miró con incredulidad, como si no hubiera entendido bien la pregunta.—¿Romina Panzeri… es su hija? —preguntó, desconcertado—. No sé adónde se fueron ella y su madre.Giulio apretó todavía más la tela de su camisa.—De… de verdad no sé dónde están, Don Giulio —balbuceó el médico, cada vez más pálido—. ¡Ya abandonaron el hospital!—¿Se marcharon? —repitió Giulio, atónito.La sorpresa hizo que aflojara el agarre por un instante, pero enseguida volvió a perder el control. Estampó al doctor Marino contra la pared y lo mantuvo inmovilizado.—¿Por qué no había un solo médico disponible para sal
POV: Tercera personaEl automóvil apenas se había detenido cuando Camilla abrió la puerta con impaciencia, bajó y tomó a Nico de la mano. Sin esperar a Giulio, subió los escalones de la mansión como si llevara años viviendo allí.Marco Lombardo, el mayordomo, salió a toda prisa para recibirlos, pero se quedó paralizado al verla entrar con el niño. Estaba a punto de preguntar qué ocurría cuando Camilla se adelantó.—Don Giulio dispuso que nos quedáramos aquí durante un tiempo —anunció con naturalidad—. Haz que bajen nuestras pertenencias.Aunque utilizó un tono sereno, habló lo bastante fuerte para que todos los empleados la escucharan. Ellos intercambiaron miradas, sorprendidos por su llegada, pero ninguno se atrevió a detenerla ni a cuestionar sus órdenes.Camilla recorrió la propiedad con la vista y apenas logró contener la satisfacción. Giulio siempre la había consentido tanto a ella como a Nico, así que estaba convencida de que solo era cuestión de tiempo para que ocupara ofic












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