Share

Capítulo 2

Author: Wheat Grain
Roxie caminaba sin rumbo por las calles. No sabía cuánto tiempo llevaba así cuando oyó un claxon a su lado. Un auto se detuvo frente a ella y Evan se bajó.

—¿Por qué no entran mis llamadas? —preguntó al acercarse.

—Se quedó sin batería —respondió Roxie después de mirar su teléfono.

Él no hizo más preguntas. Abrió la puerta del copiloto y la ayudó a subir.

—¿Esperaste mucho? —preguntó Evan mientras se acomodaba al volante—. De verdad me surgió algo hoy. Mañana por la mañana no tengo cirugías, así que iré contigo al registro civil.

Roxie se quedó mirando por la ventanilla mientras el auto avanzaba por las calles.

—No te molestes —respondió sin mirarlo.

—Ah, cierto. Mañana es sábado —comentó Evan, como si acabara de recordarlo—. Entonces iremos otro día. Todavía falta para la boda, de todas formas.

—¿Fuiste al parque de diversiones? —preguntó Roxie al fin, incapaz de dejarlo pasar.

—¿Viste la publicación de Sylvia? —preguntó Evan. Al mencionar su nombre, su expresión se suavizó con una ternura que Roxie nunca le había visto—. Entonces deberías entenderlo. Acaba de regresar y criar sola a Seven no es fácil. La conociste el día que volvió, ¿te acuerdas? Es dulce, buena y un poco distraída. Cuando la conozcas mejor, también te va a caer bien.

A Roxie casi le dio risa. Sylvia le llevaba dos años y tenía un hijo de cuatro, pero para Evan seguía siendo una niña a la que había que cuidar.

—En la universidad, Sylvia y yo encontramos un perro callejero herido —contó Evan, perdido en sus recuerdos—. Le dio tanta lástima que se puso a llorar. Hasta le dio el chocolate que había guardado para ella. —Negó con la cabeza antes de añadir—: Esa despistada ni siquiera sabía que los perros no pueden comer chocolate. Al final, adoptamos al perro entre los dos, pero murió antes de que pasara un año. Sylvia lloró sin consuelo y juró que nunca volvería a tener un perro. Nunca imaginé que acabaría siendo tan buena madre.

Roxie se clavó las uñas en las palmas mientras lo escuchaba hablar con tanto detalle de otra mujer.

—No quiero oír esto —lo interrumpió, con las manos todavía apretadas—. Y no me gusta que me hables de ella.

—¿Estás molesta? —preguntó Evan al mirarla con sorpresa.

—Sí. Cancelemos la boda —respondió Roxie sin apartar la vista de la ventanilla.

Evan dejó pasar unos segundos y asintió.

—Tal vez sea lo mejor —aceptó—. A mí nunca me ha importado tanto la ceremonia. Podríamos viajar a otro lugar para casarnos. Pellerton, por ejemplo. Sylvia dijo que parece un lugar sacado de un cuento de hadas.

Otra vez Sylvia. Roxie ya no sentía nada por él.

—Evan, terminemos —le dijo, con los dedos todavía tensos—. Así tú y Sylvia pueden estar juntos.

—Roxie —la reprendió Evan con el rostro serio—. No te inventes historias sobre Sylvia. Es como una hermana menor para mí. ¿No puedes entender lo difícil que le resulta criar sola a su hijo? Conoces mis principios. Si fijé una fecha para la boda, es porque tú eres la única mujer con la que voy a casarme. Tienes que ser más madura con esto. —La miró antes de añadir—: Además, llevamos seis años juntos. ¿De verdad crees que puedes vivir sin mí?

Roxie notó que se le apretaba el pecho. Había visto a su madre venirse abajo tras la traición de su padre y, desde entonces, le daban miedo las relaciones amorosas. Sin embargo, esos principios tan firmes de Evan la habían hecho enamorarse de él hasta perder la cabeza.

Le aterraba acabar como su madre, pero había terminado haciendo lo mismo: entregarle todo al hombre que amaba. Por Evan había aprendido a cocinar, se había hecho cargo de la casa y había cuidado hasta el más mínimo detalle de su vida diaria. Incluso había renunciado a sus oportunidades profesionales.

Por eso él estaba tan seguro de que Roxie siempre sería razonable, de que lo entendería todo y, sobre todo, de que nunca podría dejarlo después de todo lo que le había dado durante aquellos seis años.

Roxie había creído que Evan era distinto de su padre, que jamás la traicionaría. Se había olvidado de que no hacía falta que hubiera contacto físico. La infidelidad emocional seguía siendo una infidelidad.

El teléfono de Evan sonó en ese momento.

—Sylvia, ¿qué pasa? —preguntó al contestar. Su voz se suavizó al instante.

—Evan, estoy en un bar. ¿Quieres venir un rato? —lo invitó Sylvia al otro lado de la línea.

Evan siempre había odiado los bares ruidosos y llenos de gente, pero esa vez aceptó sin pensarlo.

—Claro. Voy para allá —respondió.

Colgó, giró el volante con brusquedad y se detuvo a un lado de la calle.

—Roxie, vuelve a casa en un taxi —le indicó—. Esa niña está en un bar y no puedo evitar preocuparme por ella.

Roxie bajó del auto y, antes de que pudiera decir una palabra, Evan aceleró y se marchó. Él estaba preocupado por Sylvia, pero había olvidado que el teléfono de Roxie no tenía batería. También había olvidado que a ella le daba miedo la oscuridad.

Un trueno ensordecedor retumbó en el cielo. Empezó a llover con fuerza y el agua fría la empapó en cuestión de segundos. Pronto dejó de distinguir si lo que le mojaba la cara era lluvia o lágrimas.

Caminó toda la noche bajo la tormenta. Con cada paso, el cariño que sentía por Evan se enfriaba un poco más. Llegó a casa al amanecer, empapada hasta los huesos y casi sin fuerzas.

Al abrir la puerta, vio a Evan atareado en la cocina y con un delantal puesto, aunque él nunca cocinaba.

—¿Cómo terminaste así de empapada? —preguntó, sorprendido por su aspecto—. Estuviste fuera toda la noche. ¿No podías llamarme por lo menos?

Antes de que pudiera responder, un niño salió corriendo del dormitorio principal con una de las figuras de colección de Roxie apretada entre las manos. Era una pieza difícil de conseguir. El niño chocó de frente con ella.

—¡Seven! —lo llamó Sylvia mientras salía del dormitorio detrás de él—. ¿Por qué siempre tienes que acercarte a cualquier cosa mugrosa que ves?

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • No hay cura para el adiós   Capítulo 23

    Tres años después, todo el mundo del diseño arquitectónico conocía a Roxie Foster. Había desarrollado un estilo propio, inspirado en las técnicas tradicionales del bordado a mano. Incorporaba aquellos patrones elaborados a los juegos de luces y sombras y a los detalles estructurales de los edificios modernos. Sus diseños recibían elogios por todas partes y cada nueva propuesta llamaba la atención.También había ganado por fin el dinero suficiente para comprar de nuevo la casa de su madre. El día en que la propiedad volvió a estar a su nombre, Roxie se quedó sentada allí, a solas, desde la mañana hasta la noche.Finn no la apresuró. Esperó afuera y solo se acercó cuando ella abrió la puerta.—Ven. Vamos a casa —le dijo mientras le tomaba la mano con toda naturalidad.Durante aquellos tres años, su relación había ido creciendo con calma y naturalidad. No había grandes declaraciones ni una pasión que los consumiera por completo. Si Roxie pasaba toda la noche trabajando en un diseño, F

  • No hay cura para el adiós   Capítulo 22

    El día de la audiencia llegó pronto. Evan se presentó con un traje que ya no le quedaba bien. Llevaba el cabello descuidado, tenía los ojos hundidos y la barba de varios días le oscurecía la mandíbula.Sylvia estaba bajo la vigilancia de los agentes del tribunal, con las manos esposadas por delante. Ya no quedaba nada de aquella mujer delicada e indefensa que había fingido ser.La sala quedó en silencio cuando el juez comenzó a leer la sentencia.—Sobre el caso de negligencia médica, este tribunal determina que el acusado, Evan Shaw, incurrió en negligencia grave al prestar atención médica —leyó—. Sus actos ocasionaron un retraso crítico en el tratamiento y fueron una de las principales causas de la muerte de la paciente.Continuó leyendo antes de anunciar:—Por lo tanto, el tribunal ordena a Evan Shaw ofrecer una disculpa pública a la demandante, Roxie Foster, a través de un importante medio de comunicación local y pagarle alrededor de doscientos cincuenta mil dólares por daños y

  • No hay cura para el adiós   Capítulo 21

    Evan no supo cómo había logrado regresar a su departamento. Agarró el teléfono y dejó el dedo suspendido sobre el nombre de Roxie en sus contactos. Pasó un largo rato antes de atreverse a escribirle un mensaje.«Tenemos que hablar».Debajo del mensaje apareció un aviso rojo: «No entregado». Se quedó mirando la pantalla mientras pasaban los segundos. Luego insistió y mandó otro:«Roxie, déjame verte. Por favor».Otra vez apareció el aviso: «No entregado». Las lágrimas le cayeron sobre la pantalla, pero siguió mandando mensajes aunque sabía que ella nunca los recibiría.«Roxie, me equivoqué. Por favor, perdóname».«Por favor…».«Roxie, lo siento».«Roxie, te amo…».***Mientras tanto, Roxie estaba frente a la computadora, concentrada por completo en su trabajo. Las horas se le pasaban sin que se diera cuenta. Ganar el concurso de diseño le había traído una propuesta de colaboración de una empresa importante. Trabajaba hasta tarde todas las noches para prepararse. Acababa cansad

  • No hay cura para el adiós   Capítulo 20

    Evan ni siquiera intentó defenderse. Ya no tenía cómo hacerlo. Al final, tomó una pluma y firmó el documento que le notificaba su suspensión mientras se llevaba a cabo la investigación.Esa misma tarde, Roxie dio una entrevista exclusiva a la prensa como hija de la víctima. Frente a las cámaras, contó con claridad todo lo que había pasado desde que su madre enfermó hasta su muerte. Expuso los hechos ante el público y desmontó esa falsa imagen de integridad y principios que Evan llevaba años construyendo.—Un médico que se salta las normas del hospital por una mujer a la que llama su «compañera de un curso inferior», que abandona a una paciente que lo necesita y pone en peligro su vida… —denunció Roxie.Miró de frente a la cámara y añadió con voz firme:—No merece llevar esa bata blanca.En casa, Evan estaba sentado frente al televisor. La luz parpadeante de la pantalla le iluminaba el rostro mientras miraba a Roxie. No sabía si lo consumía la culpa o el arrepentimiento. Solo sabía

  • No hay cura para el adiós   Capítulo 19

    La sorpresa dejó a Evan con la mente en blanco. Aquella vez, Sylvia le había entregado un montón de documentos y le había dicho que eran formularios de garantía personal del proyecto. Confiaba tanto en aquella joven, a la que creía dulce e inocente, que no se había molestado en leerlos con cuidado.Nunca imaginó que Sylvia ya le estaba tendiendo una trampa para hundirlo junto con ella.Evan levantó la cabeza despacio. La calma y la firmeza de sus ojos habían desaparecido. Ahora ardían de furia y reflejaban una frialdad que daba miedo. Se sintió el idiota más grande del mundo.Por esa mujer había renunciado a todos los principios con los que decía vivir. Había lastimado a Roxie una y otra vez y había provocado de forma indirecta la muerte de su madre. Por ella había perdido todo lo que más quería en la vida. Y al final descubría que la mujer por quien había sacrificado tanto era cruel y calculadora.—Lárgate —le ordenó, sin dejar de mirarla.La sonrisa de Sylvia se tensó un instant

  • No hay cura para el adiós   Capítulo 18

    El llanto de Sylvia solo empeoraba el dolor de cabeza de Evan. Se llevó los dedos a la sien.—¿Qué fue lo que pasó? —le preguntó con la voz ronca.—No sé… —sollozó Sylvia, a punto de derrumbarse—. Se acabó todo el financiamiento y cerraron el proyecto. ¡Ahora también quieren que pague una indemnización! Evan, necesito una fortuna para que desbloqueen mis cuentas. Si no lo consigo, estoy acabada. ¡Podría ir a la cárcel!Lo miró desesperada antes de suplicarle:—¿Puedes ayudarme?Evan la escuchaba llorar, cansado y cada vez más irritado.—Sylvia, ya no tengo dinero —respondió, sin dejar de presionarse la sien—. Te di todo lo que tenía. Ya puse la casa y el auto como garantía. No me queda ni un centavo.Ya tendría que tragarse el orgullo y pedirles dinero prestado a sus amigos para devolverle a Roxie lo que le debía. ¿De dónde iba a sacar más?Sylvia dejó de llorar y lo miró como si no pudiera creer lo que acababa de oír. Entonces pareció ocurrírsele algo.—Espera, Evan. ¡Eres el

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status