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No hay cura para el adiós
No hay cura para el adiós
مؤلف: Wheat Grain

Capítulo 1

مؤلف: Wheat Grain
Sylvia Young no tardó en responder con un largo comentario:

«¡Evan es el mejor! Habíamos quedado a las siete, pero me quedé dormida. Me esperó abajo tres horas enteras. Le preocupaba que Seven y yo nos despertáramos con hambre, así que nos compró avena antes de que nos levantáramos. Después nos llevó a comer ese guiso tailandés de mariscos con leche de coco que tanto se me antojaba. Después de tantos años, sigue siendo igual de lindo conmigo».

Alguien respondió enseguida:

«¿Hablamos del mismo doctor Shaw que despidió a un interno por llegar cinco minutos tarde durante un aguacero?».

Otra persona añadió:

«Sylvia es la única que consigue que se olvide de todas sus reglas. Nadie más puede competir con ella».

Entonces intervino uno de los amigos de la infancia de Evan Shaw:

«Evan, ¿hoy no te ibas a casar con Roxie en el registro civil? Ya la dejaste plantada siete veces. No me digas que lo vas a hacer otra vez».

Sylvia respondió con un emoji de espanto y escribió:

«¡Dios mío! ¡Se me olvidó que Evan se casaba hoy! Seven todavía quiere subirse a la rueda de la fortuna y Evan insiste en quedarse con él. Ahora mismo le digo que regrese».

La respuesta de Evan apareció debajo de la suya casi al instante:

«Podemos casarnos cualquier otro día. Es solo un trámite. No te preocupes».

Alguien se animó a bromear:

«A estas alturas, mejor cambia de novia y cásate con Sylvia».

Evan respondió a los pocos segundos:

«No bromeen con eso. Solo van a provocar rumores innecesarios sobre Sylvia».

Otra persona preguntó:

«Eh… ¿Roxie no va a ver estos comentarios?».

Evan volvió a responder:

«No es fácil para Sylvia criar sola a su hijo. Ayudarla es lo menos que puedo hacer. Roxie siempre ha sido comprensiva. Lo va a entender».

A medida que leía, Roxie Foster apretaba cada vez más el teléfono, hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Cada respuesta le dolía, pero siguió leyendo.

Durante sus seis años de relación, Evan había sido anticuado, aburrido y un desastre para el romance. Pero recordaba todo lo que a ella le gustaba. Cuando Roxie tenía cólicos, le preparaba un té caliente y, si iban de compras, siempre llevaba un par de zapatos cómodos para ella.

—No se me da bien decir cosas bonitas —le había dicho una vez—, pero si te prometo algo, lo cumplo.

Roxie había creído que esa era su forma de amarla, que no necesitaba grandes palabras para demostrarle lo que sentía. Sin embargo, Sylvia llevaba apenas dos semanas de regreso y Evan ya había dejado plantada a Roxie ocho veces cuando debían ir a casarse. Frente a todo lo que hacía por Sylvia, aquel supuesto amor por Roxie parecía un chiste.

Mientras Roxie lo esperaba en el registro civil, Evan pasaba tres horas frente al edificio de Sylvia, esperando con paciencia a que se despertara.

Mientras Roxie seguía sentada sin comer, él llevaba a Sylvia a probar el guiso tailandés de mariscos con leche de coco que tanto quería. Pero, cada vez que Roxie había propuesto ir a probar ese mismo plato, él había puesto la excusa de que era muy complicado.

Mientras Roxie soportaba las miradas curiosas y los murmullos del personal del registro civil, Evan pasaba el día en el parque de diversiones con Sylvia y su hijo, Seven Young.

Todo aquello la dejó agotada. El empleado de la ventanilla volvió a tocar el vidrio frente a ella.

—Señorita, ya vamos a cerrar —le avisó—. Usted ya vino ocho veces. La próxima vez, asegúrese de que su novio sí pueda venir antes de presentarse. No vuelva a quedarse aquí esperando sola.

Roxie levantó la vista y sonrió antes de responder:

—No habrá una próxima vez.

Salió del registro civil, sacó la caja de chocolates que había comprado para celebrar después de casarse y la tiró a la basura.

Si para él casarse no era más que un trámite, ella no tenía ninguna razón para hacerlo.

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  • No hay cura para el adiós   Capítulo 23

    Tres años después, todo el mundo del diseño arquitectónico conocía a Roxie Foster. Había desarrollado un estilo propio, inspirado en las técnicas tradicionales del bordado a mano. Incorporaba aquellos patrones elaborados a los juegos de luces y sombras y a los detalles estructurales de los edificios modernos. Sus diseños recibían elogios por todas partes y cada nueva propuesta llamaba la atención.También había ganado por fin el dinero suficiente para comprar de nuevo la casa de su madre. El día en que la propiedad volvió a estar a su nombre, Roxie se quedó sentada allí, a solas, desde la mañana hasta la noche.Finn no la apresuró. Esperó afuera y solo se acercó cuando ella abrió la puerta.—Ven. Vamos a casa —le dijo mientras le tomaba la mano con toda naturalidad.Durante aquellos tres años, su relación había ido creciendo con calma y naturalidad. No había grandes declaraciones ni una pasión que los consumiera por completo. Si Roxie pasaba toda la noche trabajando en un diseño, F

  • No hay cura para el adiós   Capítulo 22

    El día de la audiencia llegó pronto. Evan se presentó con un traje que ya no le quedaba bien. Llevaba el cabello descuidado, tenía los ojos hundidos y la barba de varios días le oscurecía la mandíbula.Sylvia estaba bajo la vigilancia de los agentes del tribunal, con las manos esposadas por delante. Ya no quedaba nada de aquella mujer delicada e indefensa que había fingido ser.La sala quedó en silencio cuando el juez comenzó a leer la sentencia.—Sobre el caso de negligencia médica, este tribunal determina que el acusado, Evan Shaw, incurrió en negligencia grave al prestar atención médica —leyó—. Sus actos ocasionaron un retraso crítico en el tratamiento y fueron una de las principales causas de la muerte de la paciente.Continuó leyendo antes de anunciar:—Por lo tanto, el tribunal ordena a Evan Shaw ofrecer una disculpa pública a la demandante, Roxie Foster, a través de un importante medio de comunicación local y pagarle alrededor de doscientos cincuenta mil dólares por daños y

  • No hay cura para el adiós   Capítulo 21

    Evan no supo cómo había logrado regresar a su departamento. Agarró el teléfono y dejó el dedo suspendido sobre el nombre de Roxie en sus contactos. Pasó un largo rato antes de atreverse a escribirle un mensaje.«Tenemos que hablar».Debajo del mensaje apareció un aviso rojo: «No entregado». Se quedó mirando la pantalla mientras pasaban los segundos. Luego insistió y mandó otro:«Roxie, déjame verte. Por favor».Otra vez apareció el aviso: «No entregado». Las lágrimas le cayeron sobre la pantalla, pero siguió mandando mensajes aunque sabía que ella nunca los recibiría.«Roxie, me equivoqué. Por favor, perdóname».«Por favor…».«Roxie, lo siento».«Roxie, te amo…».***Mientras tanto, Roxie estaba frente a la computadora, concentrada por completo en su trabajo. Las horas se le pasaban sin que se diera cuenta. Ganar el concurso de diseño le había traído una propuesta de colaboración de una empresa importante. Trabajaba hasta tarde todas las noches para prepararse. Acababa cansad

  • No hay cura para el adiós   Capítulo 20

    Evan ni siquiera intentó defenderse. Ya no tenía cómo hacerlo. Al final, tomó una pluma y firmó el documento que le notificaba su suspensión mientras se llevaba a cabo la investigación.Esa misma tarde, Roxie dio una entrevista exclusiva a la prensa como hija de la víctima. Frente a las cámaras, contó con claridad todo lo que había pasado desde que su madre enfermó hasta su muerte. Expuso los hechos ante el público y desmontó esa falsa imagen de integridad y principios que Evan llevaba años construyendo.—Un médico que se salta las normas del hospital por una mujer a la que llama su «compañera de un curso inferior», que abandona a una paciente que lo necesita y pone en peligro su vida… —denunció Roxie.Miró de frente a la cámara y añadió con voz firme:—No merece llevar esa bata blanca.En casa, Evan estaba sentado frente al televisor. La luz parpadeante de la pantalla le iluminaba el rostro mientras miraba a Roxie. No sabía si lo consumía la culpa o el arrepentimiento. Solo sabía

  • No hay cura para el adiós   Capítulo 19

    La sorpresa dejó a Evan con la mente en blanco. Aquella vez, Sylvia le había entregado un montón de documentos y le había dicho que eran formularios de garantía personal del proyecto. Confiaba tanto en aquella joven, a la que creía dulce e inocente, que no se había molestado en leerlos con cuidado.Nunca imaginó que Sylvia ya le estaba tendiendo una trampa para hundirlo junto con ella.Evan levantó la cabeza despacio. La calma y la firmeza de sus ojos habían desaparecido. Ahora ardían de furia y reflejaban una frialdad que daba miedo. Se sintió el idiota más grande del mundo.Por esa mujer había renunciado a todos los principios con los que decía vivir. Había lastimado a Roxie una y otra vez y había provocado de forma indirecta la muerte de su madre. Por ella había perdido todo lo que más quería en la vida. Y al final descubría que la mujer por quien había sacrificado tanto era cruel y calculadora.—Lárgate —le ordenó, sin dejar de mirarla.La sonrisa de Sylvia se tensó un instant

  • No hay cura para el adiós   Capítulo 18

    El llanto de Sylvia solo empeoraba el dolor de cabeza de Evan. Se llevó los dedos a la sien.—¿Qué fue lo que pasó? —le preguntó con la voz ronca.—No sé… —sollozó Sylvia, a punto de derrumbarse—. Se acabó todo el financiamiento y cerraron el proyecto. ¡Ahora también quieren que pague una indemnización! Evan, necesito una fortuna para que desbloqueen mis cuentas. Si no lo consigo, estoy acabada. ¡Podría ir a la cárcel!Lo miró desesperada antes de suplicarle:—¿Puedes ayudarme?Evan la escuchaba llorar, cansado y cada vez más irritado.—Sylvia, ya no tengo dinero —respondió, sin dejar de presionarse la sien—. Te di todo lo que tenía. Ya puse la casa y el auto como garantía. No me queda ni un centavo.Ya tendría que tragarse el orgullo y pedirles dinero prestado a sus amigos para devolverle a Roxie lo que le debía. ¿De dónde iba a sacar más?Sylvia dejó de llorar y lo miró como si no pudiera creer lo que acababa de oír. Entonces pareció ocurrírsele algo.—Espera, Evan. ¡Eres el

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