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Capítulo 2

Author: Cristal K
Tenía la mirada fija en una foto. El mes pasado, me dijo que quería un nuevo protector de combate para el brazo.

«Alfa_X: Quiero algo que demuestre que te pertenezco, mi Luna, ¿Qué clase de marca les dirá a todos que soy tu Alfa?».

Sus palabras me habían vuelto loca. Así que yo misma diseñé el emblema de un lobo gruñendo, con un diminuto símbolo de luna creciente oculto a simple vista.

—Esta es la marca de una reina —le dije en aquel momento, fingiendo seguridad—. Ahora todos sabrán que eres el Alfa al que he reclamado.

Lo que fue aún más humillante es que, después de que me envió una foto del protector terminado, le exigí que lo usara... mientras se tocaba para mí antes de dormir. Era un diseño único.

«¿Todavía tienes el protector de combate que diseñé para ti?». Le envié el mensaje de texto para tantear el terreno.

«Alfa_X: Claro. Lo uso siempre. Es la única forma en que puedo sentirte cerca de mí», respondió enseguida.

Ahora solo tenía que encontrar al macho que llevara puesto ese protector. Corrí al área de entrenamiento del Núcleo de la Luna de Sangre, pero estaba vacía. ¡Carajo! Los Alfas apenas pisaban el campus antes de la graduación. Que Alfa_X estuviera ahí probablemente fue una casualidad.

Justo cuando empezaba a frustrarme, sonó mi teléfono.

—Ava, tienes que presentarte ante Blake para entregarle tu propuesta para las pruebas de competencia —dijo un miembro del consejo estudiantil—. Está en el salón principal en este momento.

¿Blake? El heredero de la manada Garra de Tormenta y uno de los Alfas más famosos del Núcleo de la Luna de Sangre. Lo consideré un segundo, pero deseché la idea al instante. No podía ser él. Blake y su compañera destinada habían alardeado de su vínculo desde el primer día de clases; todos en la academia sabían de ellos.

Esa propuesta era mi otra oportunidad para entrar en la Alianza; no podía arruinarlo. Empujé la puerta de la sala manteniendo una actitud profesional; no obstante, las palabras que había preparado se me atascaron en la garganta. Blake estaba sentado de espaldas a mí, hablando por teléfono con una voz suave y tierna que jamás le había escuchado:

—Mi pequeña Luna, ¿me extrañaste?

Aquellas palabras, destinadas a alguien más, me golpearon con fuerza. «¿Pequeña Luna?», repetí para mis adentros.

—En la ceremonia de apareamiento dentro de tres días, voy a dejarte mi marca. —Su voz era un gruñido grave y sensual, lleno de un deseo que apenas lograba contener—. No puedo esperar a estar dentro de ti, inmovilizarte y...

La sangre me hirvió de inmediato. Aquellas palabras… eran casi exactamente las mismas que Alfa_X me había dicho. Apreté la perilla de la puerta con tanta fuerza que se me blanquearon los nudillos. El pánico y la amarga sensación de que estaban jugando conmigo me carcomían el corazón.

—No puedo esperar, mi Luna —continuó Blake—. Quiero que todos sepan que eres mía.

La risita tímida de una joven loba resonó al otro lado de la línea.

«No. Tiene que ser una coincidencia. Cualquiera habla así. Por favor, tiene que ser una coincidencia».

Blake colgó. De inmediato, volvió a poner su habitual expresión fría y arrogante. Se dio la vuelta y, al verme, frunció el ceño.

—¿Ava? ¿Qué haces ahí parada? Entra.

Actué en automático, caminando como un robot.

—Blake, aquí está la propuesta para las evaluaciones de graduación —dije, luchando para que la voz no me temblara.

Tomó la carpeta y la revisó rápidamente.

—Las medidas de seguridad de la sección tres son deficientes y la sección cinco tiene un conflicto de horarios.

Me limité a asentir, desesperada por escapar de ese lugar sofocante. Sin embargo, al darme la vuelta para salir, un detalle en su muñeca captó mi atención. Llevaba un protector de combate de obsidiana negra. El grabado del lobo era increíblemente detallado y el símbolo de la luna creciente relucía bajo la luz. Era una copia idéntica de mi diseño.

Me mareé de repente. Todos mis instintos gritaban que era él.

—Ese protector... es muy especial —dije, aunque mi propia voz me sonó ajena.

Blake infló el pecho, presumiendo.

—¿Esto? Es un tesoro único. —Acarició el símbolo de la luna creciente, con una mirada de satisfacción propia de un ladrón que presume de su botín—. ¿Qué te parece? Es genial, ¿verdad?

Asentí, casi sin poder respirar. Ya no cabía ninguna duda de que Blake era Alfa_X y la «pequeña Luna» con la que acababa de hablar... tenía que ser Scarlett, su tan hermosa como maravillosa compañera destinada. Mientras que yo... solo era su juguete virtual.

Durante más de un año, creí haber encontrado a mi compañero. Creí que el macho que me susurraba palabras bonitas detrás de una pantalla era real. ¡Qué estúpida había sido! Él sabía perfectamente lo desesperada que estaba por entrar a la Alianza; me vio luchar y sangrar por mi futuro mientras se valía del anonimato, convirtiendo mi corazón en su propio parque de diversiones.

—Ava, te ves terrible —dijo Blake, mirándome con el ceño fruncido—. Ya casi es la graduación. No me digas que la fogata y esta propuesta de verdad te están superando.

Negué con la cabeza, forzándome a sonreír.

—No, para nada. Es que no he comido.

Escapé de la sala. Prácticamente me arrastré de regreso a mi habitación. En cuanto cerré la puerta, me derrumbé por completo.

El teléfono no paraba de vibrar. Era un mensaje de Alfa_X… No, de Blake.

«Alfa_X: Mi Luna, estoy volviéndome loco pensando en ti justo ahora».

«Alfa_X: Esta noche quiero verte con ese camisón blanco. Quiero imaginar cómo te lo arranco...».

Antes, esas palabras me provocaban mariposas en el estómago; ahora solo me producían náuseas. Estaba coqueteando conmigo mientras planeaba su ceremonia de apareamiento con otra loba. ¿Qué era yo para él? ¿Un reemplazo? ¿Un juguete? ¡¿Un simple pasatiempo?! Aunque lo peor de todo era recordar cómo me había comportado con él. Mis propuestas y mis exigencias descaradas, mi actitud de «reina», pensando que tenía el control. Tuvo que haberle parecido un chiste. Seguramente, se rio de mí: la Beta pretenciosa que creía poder domar a un Alfa inalcanzable.

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