INICIAR SESIÓNGina miró fijamente a Jack durante lo que pareció una eternidad.Él permanecía arrodillado, con la caja del anillo abierta en la mano. No la presionaba ni exigía una respuesta. A pesar de todo su poder, de toda su violencia, esperaba que ella lo eligiera.Volvió a mirar el diamante.Era hermoso y brillante bajo la luz de la oficina.No se parecía en nada a una soga.Sin embargo, eso era exactamente lo que sentía apretándose alrededor de su cuello.Si decía que sí, se estaría prometiendo a un hombre al que podría verse obligada a traicionar. Si decía que no, le rompería el corazón a alguien que ya había perdido demasiado.Y si le decía la verdad, quién sabe qué pasaría.—Jack —susurró.Él le apretó los dedos.—Sea lo que sea, dímelo.Le temblaron los labios.Pensó en su padre. Del tiempo dedicado a desear venganza. De las amenazas de Dominic y la bala escondida en su bolso.Entonces miró a Jack."Te amo".Su expresión se suavizó, pero no se movió."Lo sé", dijo. "Pero no es lo que te
Gina regresó a la mansión de Jack Romano con la caja negra escondida en su bolso y un peso terrible oprimiéndole el pecho.La bala seguía ahí.Era hora de acabar con todo. Matar a Jack Romano.Había leído esas palabras tantas veces que se habían convertido en una pesadilla de la que no podía despertar. Dominic había dejado claras sus intenciones. Quería a Jack muerto y esperaba que ella fuera quien apretara el gatillo.Pero ¿cómo podía matar al hombre que la había acompañado durante la noche mientras lloraba la muerte de tres hombres? ¿Cómo podía mirar esos ojos oscuros y arrebatarle la vida que le había prometido compartir?No podía.Al menos, eso era lo que se repetía a sí misma.Cuando Gina entró en la mansión, uno de los guardias se le acercó de inmediato."El jefe la quiere en su oficina".Su corazón dio un vuelco."¿Dijo por qué?""No, señora". Casi se echó a reír al oír el título. Pronto, todos podrían llamarla de otra manera. La esposa del jefe.Si Dominic se salía con la suy
Gina no durmió esa noche.Jack finalmente se apartó de ella, se vistió sin decir una palabra más y salió de la habitación. Lo oyó entrar en su oficina en la planta baja. Unos minutos después, el agudo sonido de cristales rotos llegó a sus oídos.Se sentó al borde de la cama, mirando la mancha de sangre en la sábana.Sus palabras seguían resonando en su cabeza.«Si eres la razón por la que mis hombres están muriendo, no sé qué demonios voy a hacer».Él sospechaba de ella. Quizás no del todo, pero lo suficiente como para mirarla de otra manera, y ella ni siquiera podía culparlo.Tres hombres estaban muertos porque ella le había dado los códigos a Dominic.Se cubrió el rostro con las manos, conteniendo las lágrimas que le quemaban los ojos. Había deseado vengarse de su padre durante tanto tiempo que se había convencido de que nada más importaba. Ahora tenía a Jack, un hombre que la amaba de una manera que jamás había imaginado, y lo estaba destruyendo con sus propias manos. Llamaron sua
Gina se quedó mirando el mensaje que le había enviado a Dominic mucho después de que su respuesta dejara de aparecer en la pantalla.Conseguiré los códigos.Cuatro palabras. Eso bastó para cruzar otra línea.Se dijo a sí misma que no tenía otra opción. Necesitaba vengar a su padre, y si Jack Romano se interponía entre ella y su venganza, tenía que encontrar la manera de sortearlo. Aunque doliera. Aunque cada paso la alejara más del hombre que amaba.Pero la excusa se debilitaba cada vez que la repetía.Sabía lo que Dominic quería. Sabía que el almacén pertenecía a Jack, y sabía que la gente podría morir si le daba lo que necesitaba.Aun así, cuando Jack entró en su habitación esa noche, forzó una sonrisa."Llegaste temprano".Jack apenas la miró. Tenía el teléfono pegado a la oreja y el rostro impasible."Nadie entra en ese almacén sin mi permiso", espetó. "Dupliquen la vigilancia. Quiero que revisen cada vehículo antes de que se acerque a menos de una milla de la propiedad."Terminó
Gianna apretó con fuerza el asa de su maletín médico.—No sé de qué hablas —dijo.Lucía soltó una risa fría—. ¿En serio? Porque pareces una mujer que acaba de ver un fantasma.—He tenido un día largo.—Y yo he tenido una larga vida lidiando con mentirosos. No me insultes.Gianna miró hacia la oficina de Jack. El pasillo estaba en silencio, pero la tensión entre ellos hacía que cualquier pequeño ruido pareciera ensordecedor. En algún lugar de la planta baja, una puerta se cerró de golpe. Se sobresaltó antes de poder controlarse.Lucía lo notó.—¿De qué tienes miedo, Gianna? ¿De Jack? ¿O de la verdad?—Baja la voz.—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que alguien nos oiga?Gianna tragó saliva. Su rostro estaba casi pálido y una fina capa de sudor le cubría la frente a pesar del aire frío. —Por favor, Lucía. Déjame ir.Lucía se hizo a un lado, pero solo un poco. —Dime qué sabes de Gina.—Nada.—Entonces, ¿por qué pareces a punto de vomitar?Los ojos de Gianna brillaron de pánico. Por un instante
Gina supo que algo andaba mal en cuanto Jack la llamó a su oficina.Él estaba de pie detrás de su escritorio, con las mangas remangadas y el rostro serio. Un grueso expediente estaba abierto frente a él.—Siéntate.Ella frunció el ceño. —¿Por qué me hablas como si fuera una de tus subordinadas?—Solo siéntate, Gina.Algo en su voz la obligó a obedecer.Él le mostró el expediente.—¿Reconoces estas cuentas?Ella echó un vistazo a los papeles. Al principio, los números no significaban nada. Luego vio su nombre junto a una lista de transferencias, seguido de un nombre que le heló la sangre.Vito Moretti.Sus dedos se quedaron inmóviles.Jack la observó atentamente.—¿Y bien? —preguntó—. Estoy esperando.—¿De dónde sacaste esto?—¿Esa es tu primera pregunta? —Jack, yo…—Respóndeme.Ella se sobresaltó ante el grito repentino.Él apartó la mirada, respirando con dificultad por la nariz antes de volver a señalar los documentos.—Dinero relacionado con Vito Moretti pasó por cuentas vinculada







