ANMELDENGianna apretó con fuerza el asa de su maletín médico.—No sé de qué hablas —dijo.Lucía soltó una risa fría—. ¿En serio? Porque pareces una mujer que acaba de ver un fantasma.—He tenido un día largo.—Y yo he tenido una larga vida lidiando con mentirosos. No me insultes.Gianna miró hacia la oficina de Jack. El pasillo estaba en silencio, pero la tensión entre ellos hacía que cualquier pequeño ruido pareciera ensordecedor. En algún lugar de la planta baja, una puerta se cerró de golpe. Se sobresaltó antes de poder controlarse.Lucía lo notó.—¿De qué tienes miedo, Gianna? ¿De Jack? ¿O de la verdad?—Baja la voz.—¿Por qué? ¿Tienes miedo de que alguien nos oiga?Gianna tragó saliva. Su rostro estaba casi pálido y una fina capa de sudor le cubría la frente a pesar del aire frío. —Por favor, Lucía. Déjame ir.Lucía se hizo a un lado, pero solo un poco. —Dime qué sabes de Gina.—Nada.—Entonces, ¿por qué pareces a punto de vomitar?Los ojos de Gianna brillaron de pánico. Por un instante
Gina supo que algo andaba mal en cuanto Jack la llamó a su oficina.Él estaba de pie detrás de su escritorio, con las mangas remangadas y el rostro serio. Un grueso expediente estaba abierto frente a él.—Siéntate.Ella frunció el ceño. —¿Por qué me hablas como si fuera una de tus subordinadas?—Solo siéntate, Gina.Algo en su voz la obligó a obedecer.Él le mostró el expediente.—¿Reconoces estas cuentas?Ella echó un vistazo a los papeles. Al principio, los números no significaban nada. Luego vio su nombre junto a una lista de transferencias, seguido de un nombre que le heló la sangre.Vito Moretti.Sus dedos se quedaron inmóviles.Jack la observó atentamente.—¿Y bien? —preguntó—. Estoy esperando.—¿De dónde sacaste esto?—¿Esa es tu primera pregunta? —Jack, yo…—Respóndeme.Ella se sobresaltó ante el grito repentino.Él apartó la mirada, respirando con dificultad por la nariz antes de volver a señalar los documentos.—Dinero relacionado con Vito Moretti pasó por cuentas vinculada
Al amanecer, Jack había convertido la mansión en una prisión.Dos hombres armados custodiaban la habitación de Gina. Otros dos vigilaban las escaleras, y todas las entradas estaban cerradas con llave. Incluso el personal necesitaba permiso para salir de la casa.Gina descubrió los cambios cuando intentó bajar a desayunar.—¿Por qué hay hombres fuera de mi puerta? —preguntó con vehemencia.El guardia se irguió. —Órdenes del jefe, señora.—Por supuesto.Lo apartó y bajó las escaleras a grandes zancadas, aún con su bata de seda. Jack estaba sentado a la mesa con Frank, estudiando fotografías del ataque a su club.—Jack.Él levantó la vista.—¿Qué?—¿Por qué me vigilan como a un prisionero?—Porque alguien grabó una amenaza contra ti en mi bar.—Entonces encuentra al culpable. No me encierres en tu casa. —No hay nada que discutir.Gina lo miró fijamente. —¿Perdón?Jack dejó su café. —Me oíste.—No puedes decidir adónde voy cada segundo del día.—Sí puedo cuando alguien intenta matarte.—
Gina guardó el teléfono en el bolsillo y miró a Isabella.—¿Pasa algo?Isabella cerró la puerta tras de sí. —Eso mismo iba a preguntarte.—Estoy bien.—Casi te das un infarto cuando entré.—Porque entraste sin llamar.—Sí que llamé. —Isabella se cruzó de brazos—. Dos veces, de hecho. Estabas demasiado ocupada mirando el teléfono como para oírme.Gina forzó una risa. —Era un mensaje importante.—¿De quién?—De alguien que conozco.Isabella la observó un momento, pero no insistió. En cambio, se sentó junto a Gina y miró hacia la ventana.—¿Has visto a Dominic últimamente?La sonrisa de Gina desapareció antes de que pudiera evitarlo.—¿Por qué?—Sin motivo alguno. Isabella jugueteaba con un hilo suelto de su manga. —He estado pensando en él.A Gina se le encogió el estómago. —¿Qué pasa con él?—Hay algo extraño en ese hombre.Intentó mantener la compostura. —¿Extraño en qué sentido?—No sé cómo explicarlo. Isabella se giró hacia ella. —¿Alguna vez has sentido que alguien te sonreía mien
Gina miró fijamente a Jack, con los dedos aún rozando su pecho.—¿Hay algo que no me estás contando, Gina?Su voz era suave, pero la pregunta resonó con más fuerza que un grito.Ella levantó la cabeza. —¿De qué hablas?—Te estoy haciendo una pregunta.—Y quiero saber por qué me preguntas eso.Jack se incorporó, pasándose una mano por la cara. La sábana se le resbaló hasta la cintura, pero no pareció darse cuenta. Sus ojos estaban fijos en ella, buscando algo que ella no estaba dispuesta a darle.—¿Alguna vez has entrado en mi vida por algún otro motivo que no fuera estar conmigo?Su corazón dio un vuelco.Por un terrible instante, pensó que él lo sabía todo. Su plan de venganza y la razón por la que se había acercado a él.—Jack, ¿qué pasó?—Solo respóndeme.Tragó saliva. —No. Entré en tu vida por accidente.Las palabras salieron de su boca antes de que pudiera pensarlas bien.Una mentira se interponía entre ellos, pesada y desagradable.Jack la observó. —¿Estás segura?—Sí.Apartó l
Gina despertó con la mejilla apoyada en el pecho de Jack y su brazo rodeándole la cintura.Se permitió disfrutar del silencio. Su respiración era pausada, su piel cálida bajo sus dedos. La noche anterior, la había mirado como si fuera lo único en el mundo que mereciera protección.Deseaba poder olvidar por qué había entrado en su vida.Jack se movió y le dio un beso en la frente.«Buenos días, llorona».Ella sonrió adormilada. «Tú eres el llorón».«Y aun así, siempre acabas en mi cama».«Quizás tengo mal criterio».Sus labios se curvaron. «Sin duda».Ella le dio una palmada suave en el pecho, y él le tomó la mano, llevándose sus nudillos a la boca.Entonces sonó su teléfono.La calidez de su expresión se desvaneció al cogerlo.«¿Qué?» Gina observó cómo cambiaba su expresión mientras él escuchaba. Frunció el ceño, pero no dijo nada hasta que la persona que llamaba terminó.—Envíalo a mi oficina —ordenó antes de colgar.—¿Qué pasó? —preguntó ella.—Asuntos de negocios.—Eso suena sospe







