FAZER LOGINLa luz amarilla de la lámpara proyectaba sombras afiladas sobre el rostro de Roman Pierce. Estaba de pie frente a ella, respirando pesadamente, con los ojos entrecerrados como un depredador a punto de saltar sobre su presa.El pánico estalló en el pecho de Scarlett, un golpe sordo y helado que amenazó con paralizarle los pulmones. Sándalo y tabaco. El olor de Kassian Bordeaux estaba impregnado en su piel, en su ropa y en su cabello. Roman tenía el olfato de un sabueso. Estaba a un segundo de descubrirlo todo.El silencio se estiró durante tres agonizantes segundos. Si dudaba, si tartamudeaba, estaba muerta.Scarlett forzó a su cerebro a trabajar a la velocidad de la luz. «Piensa. ¿Quién más fuma puros? ¿Quién más huele a madera cara y dinero sucio?»La respuesta la golpeó con la claridad de un relámpago. Marcus Vance. Roman se había reunido con el banquero de fondos buitre en el hotel hacía unos días, y Vance fumaba gruesos puros.Scarlett no retrocedió. En lugar de encogerse bajo la
El ascensor privado se abrió en el penthouse de Kassian. Scarlett salió al pasillo de madera oscura con el corazón latiéndole a un ritmo frenético. La adrenalina de la guerra fría en la mansión y los mensajes cruzados de esa tarde habían convergido en una sola necesidad: escapar de la jaula y reclamar lo que era suyo.Kassian la esperaba en el centro de la inmensa sala de estar. Se había quitado la chaqueta y la corbata; la camisa negra se pegaba a su pecho, los primeros botones desabrochados. La tormenta en sus ojos grises era evidente. Dio un paso hacia ella, con la clara intención de devorarla, de tomar el control absoluto desde el primer segundo.Pero Scarlett no iba a ceder tan fácil. Había pasado años siendo sometida.Antes de que él pudiera ponerle las manos encima, Scarlett levantó la suya y presionó la palma plana contra el pecho firme del magnate, deteniéndolo en seco.—No —susurró ella, mirándolo a los ojos con una chispa desafiante y oscura—. Hoy no dictas las reglas, Bord
El servidor privado encriptado de Victoria Sterling parpadeó con una alerta roja letal a las 4:12 p.m.La directora financiera estaba en su oficina de Pierce Industries, rodeada de carpetas. Los auditores externos, contratados por el mismísimo Roman esa mañana, estaban a solo tres puertas de distancia, revisando los registros de la junta directiva y acercándose implacablemente a su red.Victoria abrió la notificación. El color abandonó su rostro en un segundo.Una transferencia entrante. Quinientos mil dólares acababan de ser depositados en su cuenta offshore secreta en las Islas Caimán, provenientes de un fondo de inversión que, tras dos clics rápidos, Victoria identificó como una de las empresas fantasma de Kassian Bordeaux. El concepto de la transferencia decía: «Comisión por Consultoría Externa».El pánico, frío y paralizante, le oprimió la garganta. Si los auditores veían ese depósito, no solo perdería su trabajo; Roman la entregaría al FBI por espionaje corporativo y fraude ante
El cielo apenas comenzaba a clarear cuando el sedán negro de Kassian dejó a Scarlett a un par de calles de la mansión Pierce.El frío del amanecer le caló los huesos, pero el calor del recuerdo de la noche en el penthouse aún le acariciaba la piel. Tenía once millones de dólares. Era libre en las sombras, pero mientras introducía la llave en la puerta de servicio de las cocinas, supo que el verdadero juego apenas comenzaba.Subió a su habitación en silencio. Se quitó el vestido negro de seda, borró cualquier rastro de maquillaje y se enfundó en un pijama conservador y una bata gruesa. Frente al espejo, volvió a invocar a la esposa rota. Hundió los hombros, opacó su mirada y ensayó una expresión de cansancio dócil.A las ocho de la mañana, bajó al comedor principal.El ambiente era tóxico. Roman estaba sentado a la cabecera, con el nudo de la corbata deshecho y el teléfono pegado a la oreja. Tenía los ojos inyectados en sangre. No había dormido. La pérdida del Proyecto Nexus por la hum
A la medianoche exacta, las puertas del ascensor privado se abrieron en el penthouse de Kassian Bordeaux.El inmenso apartamento de dos plantas estaba sumido en la penumbra, iluminado únicamente por las luces de la ciudad que se filtraban a través de los ventanales y el tenue resplandor del fuego en una chimenea moderna de etanol.Scarlett dio un paso hacia la sala. Llevaba un abrigo largo de lana oscura herméticamente cerrado, ocultando lo que llevaba —o lo que no llevaba— debajo. Su corazón latía con tanta fuerza que le zumbaban los oídos. La adrenalina de haber robado el proyecto bajo las narices de Roman seguía corriendo por sus venas, mezclándose con el mandato asfixiante del mensaje de Kassian.No tuvo que buscarlo.Kassian estaba de pie junto al inmenso ventanal, sosteniendo un vaso de cristal. Llevaba un pantalón de vestir negro y una camisa del mismo color, con las mangas
El miércoles por la mañana, la tensión en la mansión Pierce era tan espesa que casi podía cortarse con un cuchillo. Faltaban apenas unas horas para el cierre de la puja por el Proyecto Nexus, la red logística que Roman necesitaba desesperadamente para coronar su imperio con el nuevo dinero suizo.Scarlett interceptó a Victoria en el pasillo principal, justo antes de que la directora financiera entrara al despacho.—Novicientos cincuenta millones —exigió Scarlett, bloqueándole el paso, manteniendo la voz baja pero firme—. Ese es el techo de la puja de Roman, ¿verdad?Victoria detuvo su marcha, soltando un suspiro de fastidio y mirándola con absoluta displicencia.—No tengo tiempo para tus inseguridades de ama de casa, Scarlett. Hazte a un lado.—Mis dividendos están ligados a esta empresa ahora —replicó Scarlett, invocando el







