LOGIN—¡Que horrible pesadilla! —Exclamé apenas abrí los párpados.
Me llevé ambas manos a la cabeza, y sentí una punzada tan fuerte en la espalda que me hizo soltar un quejido. —No te muevas—sentencia una voz cercana y un tanto familiar. Busque por toda la habitación con la mirada, y cuando me percaté de su presencia, mis ojos se abrieron con expresión de sorpresa—¿Bastian? ¿Qué haces tú aquí?, ¿Cómo entraste a mi casa? —Ya vas a empezar con lo mismo... —pone los ojos en blanco. —¿Tienes una copia de la llave de mi casa? —Ignoraré esa pregunta tan estúpida y la cambiaré por otra, ¿En serio crees que solo estabas soñando? —Por... Por supuesto—suelto una risa nerviosa—Debió ser una pesadilla, ¿Cierto? —siento que poco a poco mi sonrisa se convirtió en una mueca—Responde Bastián, ¿Si fue un sueño? Intenté reincorporarme y el dolor en mi espalda me lo impidió. —Supongo que ya no necesitas una respuesta—asegura señalándome, haciendo referencia a mi herida, y estaba muy equivocado. —Ahora más que nunca necesito respuestas—me muevo con algo de dificultad, y él se acerca al borde de la cama—Ayúdame a levantarme. —Deberías descansar, no te muevas o tu vendaje podría caerse, es la primera vez que debo tratar la herida de un humano. No sé si lo hice bien. —¿Tú me curaste? —asintió para afirmar—¿Y cómo lo hiciste?, ¡¿Me viste desnuda?! —"Increíble", ¿Eso qué importa ahora?, además—aparta la mirada—no sería la primera vez. —¡Ash!, eres un...—aprieto los dientes—. Mejor ayúdame a levantarme. —No seas terca, los humanos siempre tardan en sanar. —Los humanos, los humanos—repito algo irritada—¿Por qué cuando te refieres a mí utilizas esa palabra? —No creo que sea conveniente que sepas más, de hecho, ya sabes demasiado, te podrías meter en más problemas. —Por poco me mata una monstruo en la sala de mi propia casa, ¿crees que no merezco saber más?—me observa de forma neutral—¿Y si más cosas como esa vienen a atacarme?—me estremezco con solo mencionarlo. —Fue un lóbrego. —¿Un qué? —El espectro que te atacó, es un lóbrego, una criatura que se alimenta de almas. Lo que no entiendo es por qué te atacó a ti, no pueden atacar humanos, tal vez el hecho de que puedas verme en mi forma espiritual tenga algo que ver. —¿En tu forma qué?, ¿De qué hablas Bastián?, no comprendo nada. Me ignora. —Cometí una falta grave. Salvé un alma condenada y puse en riesgo el equilibrio—ahora habla consigo mismo. —¿No me piensas responder? —No sé qué tanto pueda contarte, podría ser peligroso que sepas quién soy. —¿En serio estás preocupado por mí? —Esa ha sido la estupidez mas grande que haz dicho desde que te conozco. —Tu boca dice una cosa, pero tus acciones dicen otra—me mira desafiante y me hace molestar. ¿Cómo se atreve a tratarme así? —¡Bien!, humana tonta, te voy a contar, de igual forma ya estas metida hasta el cuello en todo este asunto. Capaz y a este cuerpo tuyo no le queda mucho tiempo… —¡Habla de una vez! —lo interrumpo exasperada. Se para erguido y se cruza de brazos dándome una mirada intrigante. —Soy... Hace una pausa dramática y yo sentí ganas de querer abofetearlo por lo ansiosa que me encontraba. —Soy un ángel de la muerte...BASTIANEstaba enloqueciendo.Comprendí por las malas por qué mi castigo era un verdadero castigo y no unas vacaciones, como había pensado al principio.No hacer absolutamente nada era lo más desesperante que había experimentado en toda mi existencia.El primer día había sido tranquilo. El segundo, un tanto insoportable. Pero el tercero se había convertido en una auténtica tortura. No había manera de soportar una semana entera en aquellas condiciones.Había perdido la cuenta de cuántos libros me había leído.Intentaba no pensar en ella.Legna.Sin embargo, su rostro aparecía en mi mente cada vez que cerraba los ojos, como si mi propia conciencia se empeñara en recordarme aquello de lo que intentaba escapar.—No —me reprendí por quinta vez en el día—. No puedes pensar en ella. Ella está bien. Ella está...Me callé.Una energía descomunal acababa de manifestarse en algún lugar, atravesando la distancia hasta alcanzar mis sentidos.Durante unos instantes, intenté convencerme de que prove
LEGNA Es impresionante cómo puede cambiar la percepción del tiempo para una persona que se encuentra completamente sola. Los minutos se convierten en horas, y las horas terminan transformándose en meses... Jamás he sentido que pertenezco a este mundo. Quizá por eso me ha costado tanto encajar. Últimamente, además, mi vacío existencial no ha hecho más que aumentar. Nunca he tenido a alguien a quien llamar mejor amigo o mejor amiga, pero antes, al menos, me resultaba más fácil socializar. Recuerdo que mi abuelo siempre me decía que había sido bastante parlanchina desde muy pequeña. Tal vez perdí esa facilidad desde que lo perdí a él... Esa mañana vi entrar a Dilam en la tienda. Era uno de los clientes más habituales, aunque hacía tiempo que no lo veía. —¡Hola! —lo saludé con la mano. Me miró como si fuera un bicho raro y me ignoró por completo. Fruncí el ceño. ¿Qué le pasa a la gente últimamente? —¿Quieres ir conmigo a una discoteca? —preguntó Carla, visiblemente en
—¿Entonces los guardianes somos el equilibrio? La voz volvió a sonar en mi cabeza. NO SE TRATA DE USTEDES O DE MÍ. ES ALGO MUCHO MÁS PROFUNDO Y COMPLICADO. CADA SER, CADA ALMA, CADA FUERZA OCUPA UN LUGAR DENTRO DE UN ORDEN QUE NO PUEDE ROMPERSE. —Pero ser creado con un único propósito me parece algo egoísta. SU PROPÓSITO EXISTE POR UNA RAZÓN: IMPEDIR QUE UNO DE LOS LADOS LLEGUE A DOMINAR AL OTRO. PORQUE CUANDO UNA FUERZA PREVALECE SOBRE SU OPUESTA, EL ORDEN DEJA DE EXISTIR… Y CUANDO EL EQUILIBRIO SE ROMPE, TODO LO DEMÁS CAE CON ÉL. —¿Y no te resulta injusto que los guardianes tengamos una existencia tan vacía? ¿Sin nada más que hacer que trabajar y seguir reglas? LA VIDA NECESITA DE LA MUERTE, Y LA MUERTE NECESITA DE LA VIDA. CREÉ A MIS ÁNGELES PARA ASEGURARME DE QUE ESE CICLO CONTINÚE. La voz se volvió más profunda. SON LAS PIEZAS DE ALGO MUCHO MÁS GRANDE QUE USTEDES MISMOS. SON QUIENES PRESERVAN EL ORDEN. UN ORDEN QUE SE HA MANTENIDO GRACIAS A LAS REGLAS. —Ya entendí —dije
NARRADOR Bastian se presentó ante el Creador, con la expresión de alguien que acababa de perder una batalla incluso antes de pelearla. No había un cuerpo, ni un rostro frente a él, ni ojos que pudieran mirarlo. Era una inmensa presencia de luz, una luz blanca y dorada que parecía extenderse hasta un horizonte que él no podía distinguir. ... BASTIAN. HOLA, DOS. Me habló el creador. Escuché su voz dentro de mi cabeza. Cerré los ojos y me incliné un poco en señal de respeto. —Padre. ¿YA SABES POR QUÉ ESTÁS AQUÍ? Levanté el rostro. —No vengo a justificarme. La luz pareció expandirse. Y, frente a mí, comenzaron a aparecer siete destellos. Los observé en silencio. Sabía que cada uno representaba a un guardián, a un ángel de la muerte. NO LOS CREÉ PARA QUE FUERAN IGUALES. —Lo sé. NO. TODAVÍA NO LO ENTIENDES. El primer destello era de una tonalidad cálida, blanquecina. El Creador comenzó a describirlos. UNO. ELYSIA. ELLA ES ESPERANZA. —La dadora de milagr
—No debí haber venido —me dije en voz alta. Había soportado una semana entera lejos de ella. Pero ser exiliado sin darle un último adiós no era opción para mí. Aunque sabía perfectamente que verla haría tambalear mi juicio. Pude haber venido con la túnica, y no, preferí presentarme como un simple humano para que ella también pudiera verme una última vez. Me quedé unos segundos frente a la puerta de la tienda donde trabajaba. Cuando mis ojos la enfocaron a través del cristal, el corazón me comenzó a galopar en el pecho. Empujé la puerta y entré. El sonido de una pequeña campanilla anunció mi llegada. Legna estaba detrás del mostrador. Ella levantó la mirada y yo me escondí detrás de un estante, fingiendo estar viendo algo de ahí. Pasé casi un minuto con un empaque de algo que decía NACHOS en la mano. —Son ricos, te los recomiendo. Esa voz, esa dulce y cálida voz me inundó los oídos. Tardé un par de segundos en levantar la mirada para posar mis ojos en ella. Tenía qu
Mi intención era tomar a Legna y desaparecer, pero una luz iluminó la habitación. Era la túnica de Elysia, quien apareció frente a nosotros. —Cuatro. No hagas esto... —Uno. No es tu asunto. No debes intervenir... Tú también tendrás que rendir cuentas ante el Creador. Elysia no retrocedió. Permaneció firme, sosteniendo su mirada. —Has ayudado a Dos. Has protegido a la humana. También has roto las reglas. Ella lo miró serenamente, aunque sus ojos reflejaban una determinación que no estaba dispuesta a ocultar. —Si es necesario, responderé por mis actos. Pero no permitiré que cometas un error creyendo que estás haciendo justicia. Los ojos dorados de Cuatro se endurecieron. —¿Un error?—respondió él sin apartar la mirada—. El equilibrio exige consecuencias. —Consecuencias, no crueldad. No actúes en nombre del Creador. —Yo solo sigo las reglas. —¿Y quién creó las reglas? Oberim guardó silencio. Elysia dio un paso hacia él. —El Creador. El único que puede cambiarl







