LOGINOtro fin de semana aburrido en casa…
Ya ha pasado un mes desde el extraño acontecimiento con el hombre aquel, y hasta ahora todo ha vuelto a la normalidad, “dentro de lo que cabe” Llevo unas cuantas horas limpiando, esa ha sido mi única distracción últimamente. Y al terminar con la sala, me fui a dejar la cocina impecable para matar el tiempo. Miré el reloj y me di cuenta que ya son pasadas las nueve de la noche. “Deberías dormir Lu, mañana debes trabajar” —escucho la voz del abuelo en mi cabeza. —Está bien, me daré una ducha y a dormir—digo como si le estuviese respondiendo. Me bañé, me coloque un pijama cómodo y me lancé a la cama rogando que el agotamiento de mi cuerpo me ayudara a dormir rápido. No tengo tanta suerte, apenas reposé la cabeza en la almohada, empecé a llorar, lo mismo me ha sucedido cada noche, incluso me he dormido entre sollozos. —Lo lamento abuelo, no quiero que siempre me veas triste… pero es muy difícil, me siento tan sola… Continue sollozando hasta la madrugada, es complicado dormir cuando mi pecho se encuentra vibrando así. Cerré los ojos y momentos después los volví a abrir porque un ruido fuerte llamó mi atención, al parecer provenía de la sala. “Tal vez dejé alguna ventana abierta, lo más probable es que solo sea el viento” —pensé, reincorporándome hasta quedar sentada en el borde de la cama. Sali de la habitación, y me extrañó el hecho de que todas las luces estuviesen apagadas, yo estaba segura de haberlas dejado encendidas. Revisé las ventanas y me cercioré de que estuviesen bien cerradas. —Qué raro, entonces el ruido tuvo que haber venido de la calle—me dije. Caminé hasta el interruptor y prendí las luces, y al darme la vuelta, me quedé petrificada. ¿Qué era esa cosa que estaba parada a pocos metros de mí?, no sé ni como describirlo. Es una especie de sombra humana, o un humano hecho de sombras, no lo sé, no puedo verle forma a su rostro, no tiene facciones, y dos huecos donde deberían ir los ojos. Era alto, alargado. Como una sombra más densa que el resto del mundo, con unas enormes garras que sobre salen de lo que parecen ser sus manos. Por más que quise no pude gritar, me encontraba horrorizada. “Estas soñando Legna, tienes que despertar” —gritaba para mis adentros. Estoy segura de que es una parálisis de sueño, aun así, es bastante real y terrorífico, y tras un esfuerzo descomunal, logre dar un paso atrás hasta quedar pegada a la pared. Al instante en el que retrocedí, esa cosa avanzó, no caminaba, se deslizaba, y en solo una milésima de segundo, estaba a un paso de mí, lo que me hizo reaccionar. Corrí hacia mi derecha lo más rápido que pude, y un dolor muy fuerte en mi espalda me hizo caer al suelo y gritar, fue un aruño o una cortada quizás. Rápidamente giré sobre mi costado, hasta quedar boca arriba y ahí estaba esa cosa, a solo centímetros de mi rostro. Justo cuando creí que no podía ser más horrible, empezó lentamente a mostrar unos enormes y afilados dientes de una extraña y retorcida boca, eso sí que era espantoso. Ahora sé que no es un sueño, ni una pesadilla, esto es real, escalofriantemente real y no tengo a donde huir, me encuentro paralizada. No sé cuántas veces pensé en la muerte durante las últimas semanas, una infinidad tal vez, y ahora que estoy a punto de que suceda, lo único que deseo es vivir… ¿Será esto alguna clase de castigo?, tal vez debo suplicar por mi vida. Esa cosa se alejó un poco, estaba tomando el impulso para devorarme, lo pude predecir con facilidad, era mi fin. Las lágrimas comenzaron a resbalarse a los costados de mi rostro y mis labios temblorosos se separaron para implorar auxilio, o clemencia Entonces lo sentí. Ese nombre, quemando en mi garganta. No como una súplica, sino como un grito que brotó desde el alma, sin pensarlo. Como si en realidad hubiese estado segura de que vendría. —Bastián... Tras solo dos segundos, pude ver claramente un cuchillo atravesando el pecho de ese espectro, lo que hizo que se desvaneciera frente a mis ojos como un destello, dejando a la vista, la silueta de mi salvación. —¿Estas bien? —preguntó, con la seriedad que lo caracteriza. Se arrodillo junto a mí y me ayudo a reincorporarme, hasta quedar sentada, y mi movimiento instintivo, fue prenderme a él, abrazándolo con fuerza. —Gracias—susurre con voz temblorosa—No sé que era esa cosa, pero sí no hubieses aparecido, estoy segura de que sería mi fin. —Legna estás herida—me informa de inmediato, aunque con algo de calma. Se suelta de mi agarre para revisar mi espalda. —No debe ser tan grave, no siento nada—no es que me esté haciendo la fuerte, solo estaba siendo sincera. —Debe ser por la adrenalina que aun corre por tu cuerpo... Si no curamos esto, puedes morir desangrada. —No creí que fueses tan exagerado—giré mi cabeza para mirar detrás de mí—Ya te dije que no siento… Deje la frase a medias cuando vi la enorme mancha de sangre que había en el piso, cualquiera podría creer que se trata de una escena del crimen. Esa enorme mancha carmesí, fue lo último que vieron mis ojos antes de desmayarme…Cuando regresamos, Legna se sentó en el sofá y se quedó mirando al vacío. Ya no lloraba. No sé si eso era bueno o malo. Creo que lo segundo. Me quedé de pie frente a ella sin saber qué hacer. Ignorando el hecho de que mi teléfono no paraba de vibrar con nuevos mensajes. Una parte de mí quería gritarle "te dije que no debías venir conmigo, testaruda", y la otra solo quería hacerle compañía. Había aceptado llevarla conmigo porque solo quería quitarmela de encima. Ahora me arrepiento. Me senté a su lado. —Legna... No respondió. —Lo lamento. Ella giró lentamente la cabeza hacia mí. —¿Por qué? —Por permitir que vieras eso. No fué mi intención... Bajó la mirada. —Yo te lo pedí, te pedí que me llevaras. —Aun así. Guardó silencio. Me quedé observándola, continuaba con la mirada perdida. No me había percatado de la presión que sentía en el pecho. Cómo una especie de tristeza, aunque eso era imposible. Llevo cuatro siglos sin saber lo que es tener esa clase de e
Aparecimos en un lugar que Legna no conocía. Una calle estrecha, oscura y silenciosa. La noche estaba particularmente fría. El viento atravesaba las calles casi desiertas y era tan fuerte que hacía temblar los árboles. Ella se abrazó a sí misma. —Hace frío. Caminé unos pasos y el teléfono vibró en mi bolsillo. Lo saqué. La pantalla mostró un nuevo mensaje. SIN NOMBRE — RECIÉN NACIDO — HIPOTERMIA Me quedé inmóvil. Legna se acercó con curiosidad. —¿Qué sucede? Guardé el teléfono. —Nada. —Bastian. —Quédate aquí. No me sigas. —¿Por qué? —Porque sí. Ella intentó seguirme. —Te dije que te quedaras. —Pero... —Legna. Lo prometiste. Mi tono fue suficiente para detenerla. Caminé hasta el final de la calle y lo único que vi fue una pequeña caja de cartón que se encontraba junto a un contenedor. No había nadie más alrededor, solo el viento. Me acerqué lentamente. Y allí se encontraba, un cuerpo diminuto envuelto en una manta de color azul cielo,
BASTIAN —Ya entiendo a que sé refería Uno cuando mencionó que no quería que tuvieses el mismo destino que tuvo Seis.—Comenta Legna alterada—¿Y si nos descubren?. No quiero que temines exiliado por mi causa. No podría con la culpa. —Eso no sucederá, yo no soy Seis. Y tú... bueno, eres... diferente. Levantó lentamente la mirada hacia mí. —¿Diferente? —Solo... confia en mí. —¿Y ya haz hallado alguna solución?, o quizas una pista de lo que debemos hacer. —Por los momenton no—fui sincero. —"Perfecto", "estamos avanzando." Odio su sarcasmo. —Hago lo que puedo con el poco conocimiento que manejo del tema. Y te recuerdo que mi trabajo es algo que no puedo dejar para despues. —¿Y que otra cosa tienen prohibido hacer ustedes los guardianes? Ahí vamos otra vez con un nuevo interrogatorio. Decidi ir al grano. Descubrí que no cierra la boca hasta que no le contesto todas sus preguntas. Todo sea por mi paz mental. —No debemos intervenir en el equilibrio del universo,
Los días en la casa espiritual comenzaron a cambiar, o tal vez los que cambiamos fuimos nosotros. No habían discusiones matutinas, solo unos cuantos gestos, de vez en cuando unas sonrisas y por suerte silencios menos pesados. Bastian se había recuperado por completo. A veces al volver de su trabajo, lo encontraba recostado en el sofá, con los parpados cerrados y los cuchillos cerca, como si incluso en su descanso se negara a dejar de ser lo que era. Yo me encargaba de todo lo demás. Preparaba cosas sencillas para comer, organizaba la enorme biblioteca que parecía llevar siglos sin tocarse, incluso descubrí cómo encender la música de esa casa extraña que parecía no estar en ningún lugar. La primera vez que lo escuché tararear, creí que lo había imaginado. —¿Estás… cantando? —le pregunté desde la cocina. —Estás delirando —respondió él, sin dejar de leer. Pero sonrió. Apenas, pero lo vi. De alguna forma la convivencia dejó de sentirse, no se... impuesta. Días atrás pare
Volver a la casa se sintió diferente esta vez. Bastian se apoyaba en mí con más peso del que reconocería. Su túnica se resbaló dejando uno de sus hombros al descubierto y yo traté de acomodarsela como pude. Sus cuchillos apenas colgaban de su cinturón. Respiraba lento, pero cada vez que lo miraba de reojo, sus labios seguían tensos… como si se negara a aceptar que estaba sintiendo dolor. —¿Te lastimó mucho? —pregunté mientras lo ayudaba a sentarse en el sofá. —No lo suficiente... no voy a morir—dijo, intentando sonreír. No le salió. —¿Y lo suficiente como para que tengas que quedarte quieto al menos unas horas? No contestó. —Eso pensé. Fui por una toalla húmeda, me senté a su lado y sin pedir permiso, comencé a limpiarle la sangre seca que tenía en el cuello. Él ni siquiera protestó. Me resultaba extraña su falta de resistencia. Era la primera vez que me permitiera estar cerca de él. —¿Sabes qué fue lo peor? —dije sin mirarlo—Pensé que no vendrías, no me salían las
LEGNA. Cuando creí que Bastian lo tenía, una onda oscura lo golpeó de lleno en el pecho. Salió disparado contra una pared del callejón, golpeando con un estruendo seco. La túnica se rasgó en el torso y él cayó de rodillas. —¡NO! —grité, logrando por fin ponerme de pie. El Lóbrego se abalanzó sobre él. Pero antes de que pudiera tocarlo, Bastian se impulsó de nuevo hacia arriba, clavando ambas cuchillas en el pecho del espectro, con una fuerza que me hizo contener la respiración. Una luz amarillenta e intensa, surgió del centro del espectro. El Lóbrego chilló, se retorció… y finalmente se desintegró en una nube de humo oscuro. Se hizo un silencio, solo se podía escuchar mi respiración pesada y mi corazón golpeando contra mis costillas con una fuerza descomunal. Corri hacía él lo más rápido que pude. —¿Estás bien? Bastian cayó de rodillas, apoyándose en una de sus cuchillas como si fuera un bastón. El otro cuchillo se le cayó de la mano. Su capucha ya no cubría su ros