LOGINLa señora Sheryl Moreno entró al vestíbulo de la mansión con la elegancia característica de una socialité de la alta clase neoyorquina. A su lado caminaba Raymond Moreno —el hermano adoptivo de Dave—, impecable con un costoso traje gris. Acababan de regresar tras pasar un mes entero en China asistiendo a una serie de eventos benéficos.
Los pasos de Elyn se sentían pesados mientras empujaba la silla de ruedas de Dave fuera del ascensor hacia la sala principal. Mantenía la mirada baja, intentando ocultar el enrojecimiento restante provocado por la explosión de emociones que había tenido en el baño hacía un momento. Sobre la silla de ruedas, Dave volvió a sellar todas las expresiones de su rostro, mirando fijamente al frente como si su alma se hubiera evaporado hacia algún lugar desconocido. En cuanto vio a la desconocida de cuerpo voluptuoso empujando la silla de ruedas de su hijo, la señora Sheryl frunció profundamente el ceño. —Victoria, ¿quién es esta mujer? —preguntó en un tono elevado y cargado de sospecha. Victoria, que había estado de pie cerca de la chimenea, enseguida dibujó una dulce sonrisa y se acercó a su suegra con pasos elegantes. —Oh, madre. Ella es Elyn, la nueva enfermera que contraté para ayudar con algunas necesidades ligeras de Dave. Solo le da sus medicamentos rutinarios y le ayuda a comer, nada más, madre —dijo Victoria con una voz cuidadosamente suave, exactamente como el guion que antes le había impuesto a Elyn. La señora Sheryl entrecerró los ojos y observó a Elyn de arriba abajo con una mirada despectiva. —Menos mal que es así. Al menos la enfermera es fea y gorda —soltó con desprecio, sin importarle que Elyn estuviera allí mismo—. No permitas que esta enfermera bañe o toque el cuerpo de tu esposo más de la cuenta, Victoria. Sería demasiado. El honor de la familia Moreno está en juego si dejamos que una mujer como ella cuide íntimamente del cuerpo de mi hijo. Elyn apretó con fuerza el manillar de la silla de ruedas de Dave. Aquella humillación volvió a desgarrar su frágil corazón, pero solo pudo bajar aún más la cabeza y tragarse toda la vergüenza por los cinco millones de dólares que necesitaba. Detrás de su rígido rostro congelado, Dave maldecía sin descanso en su interior. Madre querida… lo que no sabes es que esta mujer “fea” acaba de tocarme y provocar que mi hombría se endureciera perfectamente hasta arruinar mi disfraz, rugió Dave mentalmente con una ira hirviente. La señora Sheryl se acercó entonces a la silla de ruedas de Dave y observó el rostro de su hijo con un pesado suspiro. —Entonces, ¿cómo está evolucionando Dave, Victoria? Ya pasó un mes desde que me fui. ¿Ha habido alguna mejoría? Victoria cambió de expresión en un instante. Sus ojos se llenaron de lágrimas, irradiando una tristeza inmensa y un amor aparentemente sincero. Se arrodilló junto a la silla de ruedas de Dave y tomó suavemente la rígida mano de su esposo. —No ha habido ninguna mejoría, madre —dijo con una voz temblorosa, fingiendo contener el llanto—. Dave sigue igual… como un cadáver viviente. Pero no se preocupe, madre. Nunca me cansaré de cuidarlo y protegerlo. Amo muchísimo a Dave. Permaneceré a su lado para siempre. Elyn, que presenciaba la extraordinaria actuación de Victoria, casi sintió ganas de vomitar del asco. ¡Maldita esposa! ¡De verdad eres una actriz increíble!, gritó Dave lleno de furia dentro de su mente. Ver a Victoria fingiendo llorar por su condición le provocaba unas ganas insoportables de levantarse y estrangularla en ese mismo instante. —Ten paciencia, Victoria. De verdad eres una nuera excepcionalmente leal —la elogió la señora Sheryl mientras acariciaba su hombro, completamente engañada por la máscara de fidelidad de su nuera—. Seguiré buscando al mejor equipo de especialistas de Europa. Estoy segura de que Dave podrá recuperarse. ¡Es inútil!, volvió a maldecir Dave internamente con una sonrisa amarga que no podía mostrar. Ningún médico del mundo podrá curarme mientras tu adorada nuera siga mezclando cada día esa maldita droga que adormece mis nervios en mi comida. La señora Sheryl miró su reloj de diamantes y dejó escapar un suave suspiro. —Bien, debo ir de inmediato a la oficina central para reunirme con la junta directiva. Todavía hay asuntos urgentes que resolver. La mujer mayor se dio la vuelta, pero se detuvo al notar que Raymond no se movía. —Raymond, ¿no vienes conmigo a la oficina? Raymond sonrió ligeramente y negó con cortesía. —Adelántate, madre. Hay algunos documentos personales y asuntos de la sucursal que necesito hablar un poco con mi cuñada. —De acuerdo. Me voy entonces. La señora Sheryl salió de la mansión, dejando atrás el lujoso vestíbulo. En cuanto las enormes puertas se cerraron, la atmósfera de la habitación cambió de manera extraña. Victoria se levantó inmediatamente de su posición arrodillada y borró sus falsas lágrimas con brusquedad usando la punta de los dedos. Luego dirigió una mirada fría y áspera hacia Elyn. —Elyn, ¿qué estás esperando? ¡Lleva ahora mismo a este cadáver viviente de regreso a su habitación! —ordenó Victoria con un tono claramente despectivo. —S-sí, señora —respondió Elyn apresuradamente. Enseguida giró la silla de ruedas de Dave y la empujó rápidamente hacia el ascensor, sin querer permanecer más tiempo cerca de aquellas dos personas que le parecían tan venenosas. Sin embargo, justo antes de que las puertas del ascensor se cerraran por completo, Elyn y Dave —cuyos ojos seguían fijos hacia adelante— presenciaron una escena repugnante a través de la rendija cada vez más estrecha. Raymond actuó con rapidez, atrayendo la cintura de Victoria hacia sus brazos posesivos. Sin perder tiempo, devoró los labios de su cuñada con una pasión salvaje y desenfrenada. —Cariño, te he extrañado muchísimo —susurró Raymond entre los besos, con la voz ronca y cargada de deseo—. Pasar un mes entero acompañando a esa vieja en China fue insoportablemente aburrido. Extrañaba tu cuerpo. —Cariño… yo también te extrañé muchísimo —respondió Victoria con la respiración agitada. De inmediato rodeó el cuello de Raymond con ambos brazos y le devolvió el beso con la misma intensidad salvaje. ¡Bang! Las puertas del ascensor se cerraron por completo. Elyn permaneció inmóvil dentro del ascensor, con el cuerpo temblando por el shock de haber visto una infidelidad tan descarada con sus propios ojos. Fue precisamente en ese instante cuando Dave se levantó repentinamente de la silla de ruedas. Un aura fría y asesina emanó inmediatamente de su imponente cuerpo. Se giró para mirar a Elyn con unos ojos de águila que brillaban llenos de una venganza ardiente. —Lo viste tú misma, ¿verdad? ¿Viste cómo se comporta esa perra de mi esposa a mis espaldas? —siseó Dave con una voz baja que temblaba de furia contenida. Elyn tragó saliva, incapaz de responder. Dave dio un paso hacia ella y sujetó los hombros de la joven con fuerza, obligándola a levantar la mirada hacia él. —Escucha, chica gordita. Ahora toma tu teléfono. Regresa sigilosamente al pasillo de abajo y graba cada segundo de sus asquerosas acciones. Sigue todos los movimientos de Victoria. Estoy seguro de que, después de ese beso ardiente, continuarán su jueguito sexual en mi habitación para profanar mi cama. Los ojos de Elyn se abrieron de par en par y su rostro se tiñó de rojo por la sorpresa y la vergüenza. —¿Q-qué? Entonces… ¿me está pidiendo que vea y grabe directamente a la señora teniendo relaciones con ese hombre, señor? —preguntó Elyn con la voz temblorosa, sintiendo que aquella tarea era completamente absurda y sobrepasaba todos los límites de la cordura. Dave curvó los labios en una sonrisa ladeada, fría y cargada de una intimidación sensual. Acercó su rostro al oído de Elyn y susurró con un tono peligrosamente provocador: —¿Por qué? ¿Eso te supone algún problema? Si de repente te excitas después de ver ese maldito video… puedes venir directamente a la habitación donde yace este “cadáver viviente”. Puedes jugar y terminar conmigo sobre la cama. —¡Usted…! —Elyn retrocedió sobresaltada, con el rostro completamente rojo por la rabia y la vergüenza al escuchar las descaradas palabras del multimillonario. La humillación y el enojo se mezclaron dentro de ella, haciendo que su pecho subiera y bajara mientras luchaba por contener sus emociones.El crepúsculo comenzaba a teñir el cielo del distrito residencial de la familia Moreno con tonos rojizos y dorados. El ambiente dentro de la majestuosa mansión se sentía mucho más tranquilo que durante el caos emocional que había reinado desde primera hora de la mañana. En la sala de estar de la segunda planta, cubierta por una gruesa alfombra de lana, el aire acondicionado estaba ajustado a una temperatura agradable para garantizar la comodidad de la señora de la casa.Berlyn estaba sentada, recostada contra un largo sofá color crema, con las piernas estiradas y cubiertas por unos finos calcetines de punto. Sobre su regazo descansaba abierto un ejemplar de la última edición de una guía sobre el embarazo, pero su mirada ya no estaba puesta en las palabras impresas en sus páginas. Sus ojos se habían desviado hacia su hijo mayor, Arvin, que estaba ocupado construyendo torres con bloques de madera sobre la alfombra junto a Dave.Al ver al hombre de complexión imponente, vestido con una c
La noticia del embarazo de Berlyn se extendió como una cálida brisa que envolvía cada rincón de la mansión Moreno. Para Dave, la llegada de otro hijo era un regalo de valor incalculable. Sin embargo, no tardó en darse cuenta de que este segundo embarazo traía consigo una dinámica muy diferente a la de la primera vez que Berlyn había estado embarazada.Si durante su primer embarazo Berlyn había sido relativamente tranquila e independiente, esta vez los cambios hormonales la volvían mucho más sensible, propensa a los caprichos y presa de cambios de humor completamente impredecibles. Aquella situación consiguió que Dave Moreno, un director ejecutivo de sangre fría acostumbrado a controlar transacciones empresariales por valor de billones, experimentara un nivel de estrés que jamás habría imaginado.Aquella mañana, el dormitorio principal ya estaba envuelto en una pequeña tensión desde las siete.Dave se encontraba frente al gran espejo, ajustándose la corbata de lujo. Había cancelado del
La cálida luz del sol de la tarde comenzó a teñir de naranja el largo pasillo de cristal que conectaba el invernadero con el edificio principal de la mansión. Berlyn seguía sentada en una cómoda tumbona, con la hoja de papel que acababa de terminar de dibujar sobre el regazo. A su lado, Dave permanecía fielmente acompañándola, bebiendo de vez en cuando un sorbo de té de crisantemo que ya comenzaba a enfriarse mientras observaba los ágiles dedos de su esposa deslizarse sobre el papel.Sin embargo, cuando Berlyn extendió la mano para tomar un lápiz de colores de la mesita de madera que tenía al lado, su movimiento se detuvo de repente.Su visión comenzó a nublarse. Una intensa sensación de vértigo la golpeó inesperadamente, sin previo aviso. El invernadero, que hasta entonces había permanecido tranquilo, pareció inclinarse y girar a su alrededor, haciendo que perdiera el equilibrio de inmediato. El lápiz se le escapó de los dedos y cayó al suelo de baldosas cerámicas con un tintineo.—¿
LLos cálidos rayos del sol matutino se deslizaron lentamente a través de las rendijas de las cortinas de seda del dormitorio principal de la mansión Moreno. La luz dorada se extendió sobre las gruesas sábanas blancas, creando una atmósfera de tranquilidad que hacía mucho tiempo no se respiraba en aquella habitación. El aire de la mañana era fresco y limpio, impregnado de un tenue aroma a jazmines procedente del jardín interior, cuya fragancia entraba por la ventana ligeramente entreabierta.Berlyn fue la primera en despertarse. Abrió los párpados lentamente, acostumbrándose al resplandor que iluminaba la habitación. Lo primero que sintió fue el calor que rodeaba su cintura. El robusto brazo de Dave seguía firmemente ceñido alrededor de ella, abrazándola por detrás con una mezcla de posesividad y ternura. La respiración regular de su esposo, cuyo cálido aliento acariciaba su nuca, constituía la melodía más reconfortante para dar la bienvenida a su mañana.Berlyn giró lentamente el cue
Las frías y tenebrosas paredes de hormigón del antiguo almacén fueron desapareciendo lentamente de la vista mientras Dave avanzaba a grandes zancadas, llevando a Berlyn en brazos hacia el aire libre. La suave brisa nocturna acarició el rostro de Berlyn, aportándole una frescura que disipó de inmediato los últimos restos del intenso olor a anestésico y la humedad asfixiante del lugar donde la habían mantenido secuestrada.Dave no aflojó su abrazo ni un solo instante. Las fuertes manos del director ejecutivo sujetaban firmemente la espalda y el pliegue de las rodillas de su esposa, como si temiera que, de relajar la presión siquiera durante un minuto, la mujer entre sus brazos desapareciera y volviera a ser arrebatada por las sombras de la noche.—Señor, el vehículo principal está listo. El equipo también ha despejado por completo el perímetro exterior —informó Yuda, que permanecía erguido junto a la puerta abierta de la berlina negra. La voz de su asistente sonaba grave, cargada de un
El aroma de aire húmedo mezclado con polvo y olor a óxido penetró en los sentidos de Berlyn a medida que recuperaba lentamente la conciencia. Sentía la cabeza extremadamene pesada, con un mareo insoportable a causa de los residuos del anestésico que envenenaba su cuerpo.Al intentar mover las manos, el roce áspero de la cuerda de esparto que ataba sus muñecas por detrás del respaldo de la silla de madera le provocó un ardor punzante en la piel. Berlyn abrió los ojos con mucho esfuerzo. A su alrededor solo había un viejo almacén en penumbras, iluminado apenas por una bombilla amarilla que colgaba desamparada del techo cubierto de polvo.—¿Ya despertó, Sra. Moreno? —dijo una voz extremadamente familiar desde las sombras, en un rincón de la estancia.Unos pasos constantes se aproximaron. Julian Vance emergió de la oscuridad, vistiendo una camisa blanca con las mangas remangadas hasta los codos. Ya no quedaba rastro de la sonrisa educada ni del encanto ejecutivo que solía proyectar. El ro







