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2. La puta de mi vecino

Author: Chay_Nhez
last update publish date: 2026-09-03 01:08:07

Anoche me fue imposible no volver a tocarme en mi habitación. Aquel encuentro por error me había dejado con ganas de más. Como único llegué al clímax fue pensando en él, en su cuerpo formido, su respiración, sus besos, su toque, eso sí me puso cachonda.

A penas pude escapar de mi madre cuando regresé. No iba a dejar que me viera así, hecha un desastre. Estaba para darme un baño, pero no, me exhitaba más tocarme sobre lo mojado, hacer el mismo recorrido que hicieron sus dedos.

Mentiría si digo que hoy en el trabajo he mantenido la concentración, porque no fue así. Ha sido el día más largo que he tenido. Agradezco que ya esté de regreso a casa.

Vivo bastante lejos del trabajo, así que al regreso no tardo mucho tiempo en la ducha para poder cenar con mi familia. Aunque a veces quiero matarlos, la mayoría del tiempo los amo.

Me pongo uno de esos vestidos que tengo para andar por casa y me dirijo a la cocina a ayudar a mi mamá en lo que falte.

—Hola, mamá —la saludo como de costumbre.

—Termina la ensalada por favor y llévala para la mesa. Es lo único que falta.

Me pongo en función de eso en lo que ella lleva unos platos.

—Ah —recuerda algo antes de cruzar la puerta —. Agrega un poco más. Tenemos invitado.

Frunzo el ceño. No me hablo nada en todo el día de que vendría alguien. La curiosidad me carcome así que termino rápido y salgo con la bandeja en las manos.

Al entrar al comedor me quedo paralizada. Mis ojos chocan directamente con los suyos. Tengo que agarrar más fuerte la bandeja antes de que caiga al suelo. A mi corazón le entran ganas de correr una maratón mientras que mis pulmones deciden dejar de funcionar. Sus ojos están clavados en los míos, sin embargo los despega dos segundos para recorrerme de arriba a abajo. La comisura de sus labios se mueven dando paso a una sonrisa traviesa y maliciosa. Se le ve complacido, todo lo contrario a mí.

Me muevo hacia la mesa para colocar la bandeja de ensalada y acercarme a mi madre.

—Le llevamos un pastel ayer, no había necesidad de que lo invitaras a cenar —intento ser discreta y hablar bajo para que nadie más escuche. Sin embargo ella no tiene vergüenza.

—Ana me dio pena. Ayer fuiste tu sola a llevarle el pastel, pero al final no fue una bienvenida de la familia. Creí que era mejor invitarlo a cenar, al fin y al cabo vive solo, es mejor cenar acompañados. Anda siéntate.

Las palabras de mi madre taladran mi interior. Si ella supiera lo que pasó ayer por culpa de su pastel. Levanto la vista buscando mi asiento y el corazón me da un vuelco por segunda vez al ver que lo sentaron a mi lado. No me queda opción.

—Hola —se lanza a darme un beso en la mejilla sin embargo solo era para susurrarme al oído—. No eres doctora, tampoco camarera, eres mi vecina, mi vecina bien puta.

Intento esconder mis mejillas con mi pelo, ya que las siento arder.

La cena transcurre entre preguntas, charlas y risas, en las cuales no me incluyo. Ahora sé que se llama Paul, lo demás no me interesa.

Siento una mano caliente encima de la tela del vestido. La agarro para quitarla. Sin embargo cuando miro a los ojos de su dueño, este hace un gesto negativo, luce demandante, desafiante y atractivo. Toca todo lo que llegue a su alcance. Me muerdo el labio inferior, otra vez mi cuerpo me traiciona.

Hala mi vestido hasta que logra levantarlo. El tacto caliente me hace entrar en calor, sus dedos tocan mis bragas. Mojadas, nuevamente. Su labio se arquea al mirarme. Sabe muy bien lo que logra provocar en mi.

—¿Paul, estás escuchando? —pregunta mi madre.

La vergüenza me invade al verla viendo en nuestra dirección. ¿Lo habrá notado?

—Sí si. Me habla de que a su marido y a su hijo le encantan los autos. Cuando lo deseen les doy un tour por mi cochera.

Joder. ¿Cómo puede hablar tan campante en esta situación? Está tocándole el coño por debajo de la mesa a la hija de las personas que lo invitaron a cenar.

—Sería un placer —responde mi padre.

—Papá creo que...

No logro terminar de hablar, se me corta la respiración al sentir un bulto caliente, grande y duro debajo de mi mano. Nuestro invitado ya había soltado mi coño y en un rápido movimiento, puso mi mano a su regazo.

—¿Te pasa algo hija?

—Me dio hipo.

Miento lo más rápido que puedo. Paul se ríe bajito. Intento apartar mi mano pero él aprieta la suya lo que hace que se la agarre más fuerte.

Dios, la tiene tan caliente y tan dura, y se nota que es grande. La respiración se me vuelve a cortar. Lo miro y me encuentro con una oscuridad profunda y un deseo tormentoso, es como si sus ojos me hablaran.

El muy descarado mueve mi mano para que le masturbe por encima de la ropa. A pesar de la vergüenza, la verdad es que me excita. Hace tanto que no toco una. Me dejo llevar y hago oídos sordos a la conversación que transcurre en la mesa. La agarro a mi antojo y muevo mi mano por todo su falo.

Joder esto me pone muy caliente.

De pronto siento otra vez que me toca, él a mí, a mi conchita, a mi humedad. M****a que deseos de gemir, me muerdo el labio para evitarlo. Iguala su ritmo al mío. Me siento tan sucia haciendo esto. Tengo a mis padres y a mi hermano delante y ni a él ni a mí parece importarnos. Sus dedos hacen círculos en mi clítoris y yo me enfoco en la cabeza de su miembro.

Cierro los ojos y cuando los abro miro en su dirección. Sus ojos cargados de lujiria. Es como si sus ojos me hablaran. Aparto la mirada a mi regazo, siento que en cualquier momento me voy a delatar. ¿Es que a este hombre no le importa nada?

Ver su mano en mi zona más íntima moviéndose cuando hay personas alrededor me prende tanto. De un momento a otro dos dedos son introducidos en mi interior, fuerte y de una sola estocada. Entran en ese vacío que necesito tanto llenar, mi humedad los cubre haciendo que los movimientos sean más fluidos.

Otra vez se me corta la respiración, pero esta vez no puedo disfrazarlo con un hipo. Mis ojos también se han puesto blancos.

—Ana, corazón. ¿Te pasa algo? Actúas raro.

La pregunta de mi madre hace que todos se callen y me presten atención. El maldito que tengo a mi lado ni siquiera se inmuta a parar. Observo a mi madre y no puedo seguir fingiendo.

De un manotazo me quito de encima la mano que me da placer, me siento vacía al instante. Me levanto de la silla arreglandome el vestido lo mejor que puedo.

—Necesito ir al baño —me apresuro a justificarme.

Salgo de ahí con pasos rápidos, y si, me voy al baño. Este calenton va a necesitar mucha agua fría para bajarse.

Me miro al espejo. Es imposible que no se hayan dado cuenta. Tengo una ligera capa de sudor encima, la boca la tengo seca y en mis poros se nota el deseo. Me salpico un poco de agua en el rostro para refrescarme y en ese momento siento que la puerta se abre. Me giro asustada y me encuentro con el culpable de todo lo que está pasando, el culpable de que mi coño me palpite al verlo.

—¿Necesitas bajarte la calentura?

Cierra la puerta detrás de él y le pasa el seguro. Mi corazón bombardea a mil por hora. Siento el peligro en el ambiente y me agarró del lavamanos como si eso me fuera a proteger. Se acerca demasiado.

—No creo que el agua te vaya a ayudar —que voz tan sensual, siento que me come con la vista— Pero yo si puedo.

—No... no es necesario.

Ni siquiera puedo hablar bien. Pongo una mano entre nosotros para mantenerlo alejado.

—Claro que lo es —agarra mi mano y la pone en su polla todavía dura—. Esto no se va a bajar solo y no me voy a masturbar otra vez pensando en ti, cuando tu misma puedes hacer el trabajo.

No me da tiempo a hablar. Su boca atrapa la mía, desesperado y no me puedo negar, yo también tengo deseos reprimidos.

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