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4. La puta de mi vecino

Author: Chay_Nhez
last update publish date: 2026-09-04 09:08:33

Me dejó exhausta. Estaba complacida y en las nubes. Esta locura era mucho mejor que darme placer yo misma. Ya no me importaba nada, me daba igual quien era. Solo me importaba la manera en que me hacía sentir, la forma en que me miraba, me hablaba y me tocaba, como me hacía sentir deseada.

Aproveché que estaba en el baño y me di una ducha. No quería quitarme las huellas que dejó su piel al tocarme, no quería borrar nada, pero estaba hecha un asco. Me había corrido tanto que el charco molestaba entre las piernas. Mi piel estaba cubierta por una capa de sudor y mi pelo era un nido de pájaros.

Tomé una buena ducha, una que dejó mi piel y mi pelo oloroso, después me unté crema por todo el cuerpo, me puse perfume y me coloque otra de mi lencería favorita, era de color rojo pasión. Mi pelo también lo sequé y lo acomodé. Me busqué un vestido provocativo que gritara "fóllame". Porque estaba harta de esperar, era lo que quería, para que andar con juegos a estas alturas.

Las últimas dos horas en el reloj se me hicieron eternas. Pero en cuanto dieron las doce menos cinto, agarré las llaves de mi casa y salí a escondidas. No me importaba que mi familia me viera salir a esta hora, lo que no quería es que supieran que me dirigía para la casa del nuevo vecino. Ese al que me mandaron a llevarle un pastel de bienvenidas y más bien el recibimiento me lo lleve yo.

A las doce en punto estaba frente a su puerta, solo cargaba la ropa que llevaba puesta y las llaves entre las tetas. Antes de tocar el timbre la puerta se abrió dando paso a un torso desnudo y unos pantalones deportivos. Su rostro reflejaba la ansiedad de la espera para saciar el deseo. Sus ojos me recorrieron de arriba a abajo y algo en ellos se encendió, se prendió esa mirada que grita "te quiero comer".

Se hizo a un lado para que pasara y cerró la puerta con seguro. Yo caminé hacia la mesa del recibidor para dejar las llaves de mi casa. No perdió tiempo, me dio la vuelta y se lanzó a besarme.

No hubo un hola, que tal, cómo estás, tampoco había necesidad, ambos sabíamos para que me había citado aquí esta noche.

Enrede mis manos en su cuello y me entregue a un beso lleno de pasión, un beso que hablaba más de lo que habíamos hablado nosotros. Me levantó las piernas y me cargó a horcajadas. Empezó a caminar hacia algún lado, su boca decendió a mi cuello y repartió besos húmedos que me hicieron estremecer.

Ya sentía como mis bragas empezaban a mojarse. Logro distinguir que estamos subiendo escaleras por el movimiento de sus piernas. Paseo mis manos por los brazos que me cargan, grandes y duros. Las suyas sostienen mis muslos, pero sus dedos están totalmente estirados queriendo llegar a mis nalgas. No ha dejado de darme besos en el cuello y confieso que eso es mi debilidad, por lo que ya siento como mi concha se ha mojado para él. También dejó uno que otro chupón.

—No aguanto más —susurra en mi oído.

Mi espalda choca contra una pared. Me suelta las piernas para que me quede de pie, me da la vuelta y siento que se agacha. El vestido ya se me había subido casi completo dejando todo mi culo al descubierto, y ahora lo tenía delante de su cara.

Doy un respingo al sentir una nalgada. Me muerdo el labio inferior. Me besa una de las nalgas mientras la otra es amasada. Sus dedos agarran el borde de mis bragas y las retiran lentamente.

—Provocativa y de rojo —me dice al oído mientras me muestra mis braguitas—. Tú me quieres volver loco.

Sonrío. Me da la vuelva y mis labios se curvan aún más al ver el deseo en sus ojos. La acerca a su nariz e inhala profundo.

—Lo estás logrando. Tu olor me encanta. Pero te estás portando mal —siento mi pecho vibrar.

Lanza mis bragas al suelo y en un rápido movimiento baja sus deportivos. Su miembro me saluda bien erecto y bien duro. Me vuelve a cargar y me sujeto con los pies a sus pompas. Lo siento punzando contra mi hoyo, duro, caliente. Su rostro desborda malicia y entra en mí de una sola estocada. Mi gemido es ahogado, de sorpresa, mis ojos en blanco y mis uñas en sus hombros.

—Tu castigo ha comenzado —susurra sobre mis labios y me besa.

Me siento llena, mis paredes cubren toda su polla. No espera a que me adapte, se separa pero sin salir por completo y vuelve a adentrarse en mí, una y otra vez. Los gemidos escapan y esta vez no me contengo.

—Eso es. No te calles. Hazme saber cuanto lo deseabas.

Su tono ronco contiene lujuria. Mis dedos se enredan en su pelo y tiro de su cabeza hacia atrás para mirarlo directo a los ojos. Sonreímos con complicidad.

Entra a la habitación mientras me sigue moviendo encima de él. El aire frío de la habitación contrasta con el calor de nuestros cuerpos. Se sienta en la cama dejándome al mando.

—Quiero ver como la puta de mi vecina me folla. Quiero que te la metas toda.

—Tú lo que quieres es que te destroce la verga maldito —siseo mientras me acomodo y una risa ronca brota de su garganta.

Comienzo a meterla lento pero en círculos. Sus manos se posan en mis tetas, me pellizca los pezonos y juega con ellas, consiguiendo que se pongan más respingadas. Jadeo del placer que me da sentirlo completo dentro de mí. Repito el movimiento y poco a poco me muevo más rápido.

—Eres toda una jinete en el caballo de tu vecino.

Sus palabras me prenden aún más. Apoyo las manos sobre su pecho y me arqueo todo lo que puedo buscando que su polla choque en el punto más sensible de mi interior. Siento su tacto en mi clitoris y lo miro por un segundo antes de darle vuelta a los ojos.

Mis movimientos son más profundos y concisos, tengo un solo objetivo. Su dedo pulgar da vueltas en mi clítoris. Un poco de presión, otro choque y otra vuelta, mi vagina se tensa y luego exploto, mis piernas tiemblan, mis manos golpean su pecho, la suya libre me agarra del cuello, mi mente está en blanco, solo siento el pacer que me llena y como mi coño se corre sobre su polla. Suelto el aire retenido y él habla.

—Colócate como la perra que eres.

Me quita de encima, pero las piernas me tiemblan. No me puedo sostener bien. Apoyo mis codos en la cama para ayudarme y mi espalda queda completamente arqueada, y mi coño y mi culito respingados para él.

Entra en mí y me folla sin pudor, duro, fuerte, con sus manos en mis caderas para intensificar la profundidad. Cierro mis puños en las sábanas. Ya me encuentro débil y está haciendo que me ponga peor. Me encanta. Soy una jodida golosa.

Una nalgada, un gemido brutal de mi parte y un jadeo del suyo, otra nalgada.

—Más. ¡Dame más! —exijo como si no estuviera desecha.

Mi coño esta más húmedo que nunca. Su polla entra y sale sin ninguna dificultad, su falo resbala hacia mi interior.

—Te voy a llenar de leche puta—sisea entre dientes— ¡Te voy a llenar ese coño con tanta leche hasta que quedes saciada!

—¡Dame esa leche ya, Paul! —pido desesperada, mientras mi orgasmo inicia.

—Coge puta.

Su verga se incha en mi interior y lo siento más caliente. Sus manos y sus piernas tiemblan al compás de las mías, no para de moverse hasta que vacía todo en mi interior.

Se separa y se acuesta boca arriba en la cama, mientras que yo me estiro boca a bajo, sintiendo como mi coño chorrea ensuciando las sábanas.

—A partir de ahora, ese coño será solo mío y yo te complaceré en todo lo que quieras.

Sonrío a su orden. Me gusta ese trato.

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