LOGINSu lengua se adentra en mi boca y donde antes estaba seco ahora lo llena de saliva. Me siento necesitada. Le correspondo al beso con fiereza, acomodando mis labios a su ritmo. Porque él lleva el control, él tiene el poder de manipularme a su antojo. Así lo hizo ayer en su casa y así lo está haciendo hoy, en la cena y ahora en el baño de mi casa.
Mi mano se mueve inconsciente sobre la tela de su pantalón. El calor emana por todo su cuerpo y no importa cuanta ropa tenga puesta lo puedo sentir, puedo sentirlo ardiendo de deseo. —Crees que puedes irrumpir en mi cada y hacerte pasar por otra persona y que luego no vaya a suceder nada. Su voz choca contra mi cuello mientras reparte besos y termina en el lóbulo de mi oreja, es demandante y posesivo. Su aliento caliente como todo su cuerpo. —Es que no me dejabas hablar. No sabía que esperabas a una prostituta para satisfacer tus deseos. Me agarra del cuello y hace que lo mire directo a los ojos, esos que se han vuelto una debilidad para mí. —Si... pero resulta que mi vecina es una putita que se aprovechó del momento. Niego y él asiente. Me planta otro beso. Su mano libre sube por mi muslo despegando mi vestido y buscando algo más. —Te aprovechaste, pudiste gritar pero no lo hiciste —la intensidad en su mirada mientras me restriega la verdad en la cara me hace sentir desnuda—. Preferiste mojarte como lo estás haciendo ahora y como lo hiciste en la cena. Sus dedos tocan otra vez mi intimidad. Lo sé, estoy hecha un charco, es lo que su voz y su tacto provoca. Mis ojos dan un vuelco y su boca vuelve a atrapar la mía. Sin reprimirme más, safo los botones de su pantalón y meto la mano dentro de sus boxers. El beso es interrumpido por el gemido que me provoca sentir la piel de su polla, por sentirlo duro y gordo bajo mi tacto. De su garganta aflora un sonido de placer. —Vez que no eres inocente —saco su polla de los boxers para tener mejor acceso, con mi mano libre sujeto la base para ayudarme a recorrer toda su verga con la otra—. No te puedes resistir al placer. Eres una puta, mi puta —me da una bofetada juguetona y lejos de molestarme, me gusta—. Dime que eres. Dios esa voz demandante y ronca me vuelve loca. —Soy puta. Esas dos palabras salen de mi interior como si fueran la verdad más grande que haya dicho. Mi cuerpo se eriza. —¿De quién? —pregunta mientras mete sus dedos en mi interior, los dobla y da toques en mi punto más débil. —¡Tuya! —gimo— ¡Soy tuya Paul! —grito de placer y sin pudor ninguno, no me importan si me escuchan fuera. Ahora solo lo quiero a él. —Sí, y como eres mi putita harás lo que te ordene si quieres que te vuelva a destrozar el coño como lo hice ayer —retira sus dedos de mí y se me escapa un puchero—. Ponte de rodillas. Me mira serio, dejando ver que no hay opción para que me niegue. Me siento usada, sucia, nunca me habían llamado puta. No sabía que una palabra tan obscena se sintiera tan bien en esta situación. Mis rodillas tocan el suelo y agarra mi mentón para que lo mire. Me siento sumisa, me excita y no me importa no reconocerme. —Ahora vas a mostrarle a tu vecino como se mama una polla. Se la agarro, la miro, luego lo miro a él y luego a su polla de nuevo. Tiene una gota gruesa de presemen en la cabeza, se la limpio de un lenguetazo para seguido embarrarle la cabeza con mi saliva. Siento su cuerpo tensarse y sonrío. Me la meto en la boca dándele vueltas con mi lengua, pero necesito más. Voy bajando poco a poco para acomodarme a su tamaño, sin embargo su mano se enreda en mi cabello y me empuja para que entre más profundo. Su gemido es brutal. —Joder Ana, que rica está esta boquita tuya —vuelve a empujar—. No se compara a imaginarte. Mi boca sube y baja por todo su falo, hasta donde puedo llegar, con una mano me ayudo con lo que queda y con la otra le toco las pelotas. —No tienes idea de lo empalmado que me dejaste ayer. No quería a nadie más —vuelve a empujar—. Corrí de la casa a esa prostituta, no me satisfacía. Te quería a ti. Tengo su verga bien mojada. Me quedo chupándole la cabeza y la mano sube y baja con gran frenesí. Succiono, lamo, chupo, le doy vueltas a la cabeza con mi lenguita. Sus gemidos me vuelven loca y cada segundo que pasa quiero más. Me pone de pie y me vuelve a basar. Dios, por qué besa tan bien. Me vuelve a agarrar del cuello. Sus dedos recorren otra vez mi coñito mojado. Suelto gemidos sobre sus labios. Mi concha palpita para él. —Esto es mil veces mejor que pensar en ti —susurra encima de mis labios—. Tenerte chupando mi polla no se compara a ninguna de las fantasías que pasó ayer por mi cabeza —vuelve a besarme, mis ojos vuelven a estar en blanco, lo rodeó con mis brazos y encajo mis uñas en su espalda. —Quiero más —le suplico. —¿Quieres más putica? —asiento— ¿Quieres que te de placer y me llenes con tus jugos? —Sí Paul —suplico—. Dame más. Sus dedos entran en mí sin previo aviso a la vez que me tapa la boca, justo a tiempo para ahogar un gemido lleno de placer. Se mueve lento pero constante, buscando ese punto que ya sabe que me vuelve loca, y lo encuentra, mi cuerpo da unos pequeños espasmos. Él sonríe complacido y con malicia. Aumenta el ritmo y con su pulgar hace círculos en mi clítoris. Me arqueo para él, le arañó la espalda y vuelvo a ahogar mis gemidos. —Se una buena puta y correte para mí. Sus palabras en mi oído es lo que faltaba para que llegara al extasis. La explosión que vino después en mi interior me hizo olvidar hasta donde estaba, no me pude callar, y gemí como toda una puta al venirse, sujetándome a él porque mis piernas estaban temblando. Dejó que me estabilizara y recuperará un poco la respiración. —Ahora toca que le saques la leche a tu vecino. Me pongo de rodillas y agarro sus pelotas, las beso un poco antes de dedicarme a su polla. Me pongo toda la saliva que tengo en los labios y me meto su polla entera en la boca, un movimiento lento pero húmedo con la intención de mojarlo todo lo que pueda. Siento como ahoga un gemido y me siento complacida. Muevo mi lengua en círculos sobre su cabeza y luego intensificó en un solo lugar. Lo escucho decir alguna maldición pero no lo entiendo bien. Miro hacia arriba conectando con sus ojos, no ha dejado de verme ni un solo momento. Asiente en mi dirección. Coloco mi dedo índice y el pulgar a cada lado de su falo y empujo la piel hacia atrás. Esto hace que su polla se vea más grande, me encanta. Comienzo a mamarla lento pero hasta el fondo, todo lo que puedo. La meto y la saco y me aseguro de que este bien mojada. Intensifico un poco, más rápido al meterla y más lento al sacarla. Noto que con una mano se agarra del lavabo y la otra la enreda en mi pelo. Me hace fuerza para que se la chupe más rápido. Mis ojos pican y se me dificulta respirar, pero no paro. Cada estocada a mi boca es más rápida y profunda. Lo siento tensarse bajo mi tacto. Casi no saco la polla de mi boca, al contrario intento meterla más pero choca en mi garganta. Sus dedos me halan del pelo con más fuerza. —Eso es. Toma tu leche y tragatela toda puta. Sus palabras llegan a mis oídos al mismo tiempo que su semen a mi lengua, caliente y denso, y me lo voy tragando para no ahogarme, hasta que limpio la última gota. Me ayuda a ponerme de pie y se acomoda su miembro otra vez dentro de su pantalón. —Te espero a media noche en mi casa —esas palabras en mi oído hacen que me recorra un escalofrío—. Esto aún no ha terminado. Me da un último beso y se va, dejándome sola y desecha en el baño de mi casa. No tengo ni idea si alguien nos habrá escuchado. Solo tengo claro que esta noche voy a follar con mi vecino.Me hace señas para que me acueste en la cama. Me quedo boca arriba con las piernas estiradas pero juntas y la cabeza recostada en la almohada. Sé que no me voy a arrepentir, al fin y al cabo esto es lo que hubiera pasado si Andres no me hubiera rechazado. Cuando era más chica, cuando todavía mi cuerpo no se había desarrollado, él me gustaba, así que le confesé mis sentimientos, pero me rechazó dejando claro que solo éramos amigos. Lo acepté y lo superé, hoy no solo somos amigos sino que somos los mejores. Me di cuenta de como su mirada cambió cuando mis pechos comenzaron a crecer y todo mi cuerpo tomaba más forma, pero nunca dijo una palabra. Entonces conocí a Steven y me centré en él, queriendo hace mucho tiempo formalizar nuestra relación. —¿Estás segura? —la voz de Andres me saca de mis pensamientos. Está a mi lado, girado hacia mí, recostado sobre un costado. Mis ojos bajan a su miembro, todavía grande, todavía duro, me muerdo el labio mientras asiento. Agarra mi mejill
"Por favor ven a mi casa, necesito tu opinión." Le mando el mensaje a Andres. "¿Ahora qué pasa?" Responde. "Ven ya." Sigo sacando ropa de mi closet en lo que espero que el llegue, mi cama es una montaña de trapos que no me convencen. Estoy solo vestida con ropa interior mientras me paseo del closet al espejo provándome ropa, y es tanta la que he sacado que de algunas ni me acordaba. Diez minutos después la puerta de mi cuarto se abre y él entra como perro por su casa. Me mira de arriba a abajo pero no dice nada, solo levanta una ceja al observar el desastre que hay en la cama. No es la primera vez que me ve en paños menores, por lo que a eso le resta importancia. —¿Cuál es la urgencia? Se abre un hueco en la cama y se sienta con toda la calma del mundo. Por eso lo necesito, él siempre me tiene paciencia. —Nada me queda bien. ¡Ayúdame! —lloriqueo como si fuera una niña pequeña— ¿Azul o estampado? Le muestro las dos opciones que me habían gustado hasta ahora. —En prim
Me dejó exhausta. Estaba complacida y en las nubes. Esta locura era mucho mejor que darme placer yo misma. Ya no me importaba nada, me daba igual quien era. Solo me importaba la manera en que me hacía sentir, la forma en que me miraba, me hablaba y me tocaba, como me hacía sentir deseada. Aproveché que estaba en el baño y me di una ducha. No quería quitarme las huellas que dejó su piel al tocarme, no quería borrar nada, pero estaba hecha un asco. Me había corrido tanto que el charco molestaba entre las piernas. Mi piel estaba cubierta por una capa de sudor y mi pelo era un nido de pájaros. Tomé una buena ducha, una que dejó mi piel y mi pelo oloroso, después me unté crema por todo el cuerpo, me puse perfume y me coloque otra de mi lencería favorita, era de color rojo pasión. Mi pelo también lo sequé y lo acomodé. Me busqué un vestido provocativo que gritara "fóllame". Porque estaba harta de esperar, era lo que quería, para que andar con juegos a estas alturas. Las últimas dos
Su lengua se adentra en mi boca y donde antes estaba seco ahora lo llena de saliva. Me siento necesitada. Le correspondo al beso con fiereza, acomodando mis labios a su ritmo. Porque él lleva el control, él tiene el poder de manipularme a su antojo. Así lo hizo ayer en su casa y así lo está haciendo hoy, en la cena y ahora en el baño de mi casa. Mi mano se mueve inconsciente sobre la tela de su pantalón. El calor emana por todo su cuerpo y no importa cuanta ropa tenga puesta lo puedo sentir, puedo sentirlo ardiendo de deseo. —Crees que puedes irrumpir en mi cada y hacerte pasar por otra persona y que luego no vaya a suceder nada. Su voz choca contra mi cuello mientras reparte besos y termina en el lóbulo de mi oreja, es demandante y posesivo. Su aliento caliente como todo su cuerpo. —Es que no me dejabas hablar. No sabía que esperabas a una prostituta para satisfacer tus deseos. Me agarra del cuello y hace que lo mire directo a los ojos, esos que se han vuelto una debilidad
Anoche me fue imposible no volver a tocarme en mi habitación. Aquel encuentro por error me había dejado con ganas de más. Como único llegué al clímax fue pensando en él, en su cuerpo formido, su respiración, sus besos, su toque, eso sí me puso cachonda. A penas pude escapar de mi madre cuando regresé. No iba a dejar que me viera así, hecha un desastre. Estaba para darme un baño, pero no, me exhitaba más tocarme sobre lo mojado, hacer el mismo recorrido que hicieron sus dedos.Mentiría si digo que hoy en el trabajo he mantenido la concentración, porque no fue así. Ha sido el día más largo que he tenido. Agradezco que ya esté de regreso a casa.Vivo bastante lejos del trabajo, así que al regreso no tardo mucho tiempo en la ducha para poder cenar con mi familia. Aunque a veces quiero matarlos, la mayoría del tiempo los amo.Me pongo uno de esos vestidos que tengo para andar por casa y me dirijo a la cocina a ayudar a mi mamá en lo que falte.—Hola, mamá —la saludo como de costumbre.—Te
Había llegado hace un rato del trabajo. Estaba exhausta. Necesitaba una ducha y luego un poco de privacidad.Aún vivía con mis padres. Lamentablemente el sueldo que me pagaban de mesera no me alcanza para vivir sola. Sin embargo, cuando cumplí la mayoría de edad aprendí a poner límites. Ahora siempre cierro mi habitación con seguro y tengo horarios en los que no me pueden molestar. Hoy era uno de esos días en los que más necesitaba que nadie me molestara.Tomé una ducha completa, cabello, exfoliación, depilación, todo. Al salir me puse mis cremas más ricas y mi lencería preferida.No tengo novio y hace mucho que no tengo sexo. Así que de vez en cuando me doy un poco de amor yo misma. Me encantaba prepararme para la ocasión, así sea solo para mí.Escucho unos toques en la puerta y voy a abrirla. Era mi madre.-Ana, por favor vístete. Necesito que le lleves un pastel al vecino nuevo y le des la bienvenida de parte de la familia... por favor.Pide mi madre en modo súplica, pero yo ya est







