Masuk️Clasificado 18+ | Advertencia de contenido para adultos Este libro es solo para adultos. Contiene sexo explícito, lenguaje fuerte y temas maduros. Léelo bajo tu propio riesgo o placer. Placeres Ardientes y Prohibidos te trae una mezcla de historias cortas crudas y sin censura, donde las fantasías no solo se imaginan, se viven. Detrás de cada puerta hay un momento en el que el control se pierde, la tensión estalla y el placer toma el mando. Desconocidos se encuentran con un solo objetivo. Ex amantes se enfrentan a lo que aún quedó sin resolver. Amigos cruzan líneas que juraron nunca cruzar. Estas historias son rápidas, intensas y desordenadas de la forma más erótica posible. Encontrarás hombres dominantes que no preguntan dos veces, mujeres que desean más y no lo ocultan, y noches que se confunden con las mañanas sin arrepentimientos. No hay aquí una seducción lenta. No hay contención. Solo piel, calor y un tipo de deseo que no espera. Si quieres historias que golpeen fuerte, te exciten, te hagan sentir sexualmente excitado/a, te dejen queriendo más y sin aliento, Placeres Ardientes y Prohibidos es para ti.
Lihat lebih banyakBianca siempre había observado a Carlos Williams desde detrás de la puerta de cristal de su oficina, con los dientes apretados, los muslos tensos, deseando lo que nunca debería desear. Él era su jefe: frío, despiadado, intocable. Un multimillonario. Y el esposo de su hermana. El hombre que dominaba las salas de juntas con una sola mirada y que no le debía lealtad a nadie más que a su familia, especialmente a Sarah, su esposa.
Ella se fijaba en cómo la camisa se ajustaba a ese pecho ancho y firme, en cómo su mandíbula se tensaba cuando estaba molesto. Pero lo que realmente la destruía era la forma en que él la miraba cuando nadie más estaba cerca, como si estuviera pensando en inclinarla sobre su escritorio y meterle la polla tan profundo que olvidaría su propio nombre. No era dulce. Era sucio. Y hacía que su coño latiera como si ya le perteneciera.
Bianca era la secretaria de Carlos. Consiguió el trabajo gracias a su hermana, su maldita esposa. Puro nepotismo, empapado de culpa. Pero eso no detenía los pensamientos.
Carlos, por su parte, llevaba semanas poniendo a prueba los límites de Bianca, rozándola al pasar, dándole órdenes con esa voz profunda y dominante, mirándola más de la cuenta cuando nadie más estaba mirando. Y ella lo permitía. Peor aún, lo deseaba.
Pensaba en él follándosela todo el tiempo. Extendida sobre su escritorio, sintiéndolo profundo, gimiendo su nombre mientras la foto de su hermana colgaba en la pared, observando.
La hacía sentirse enferma. Sucia. Como una puta sin vergüenza. Pero seguía pensándolo de todos modos, porque lo deseaba más de lo que jamás admitiría.
Carlos le había dicho a Bianca que le llevara unos archivos hacía unos minutos. Ahora estaba allí, dudando frente a la puerta de su oficina.
Respiró hondo, abrió la puerta, entró y la cerró detrás de ella.
La oficina estaba en silencio. Ya pasaban de las ocho, lo que significaba que casi todos en la empresa se habían ido.
Caminó hacia su escritorio con los archivos en la mano, la espalda recta, la falda demasiado ajustada, los ojos ardiendo con una necesidad que no quería nombrar.
—Aquí están los archivos —dijo Bianca.
Carlos estaba sentado en su silla, con la mirada fija en la tablet que sostenía. No levantó la vista.
—Déjalos en el escritorio —murmuró.
Ella dejó los archivos, pero no se fue. Se quedó allí de pie. Carlos finalmente alzó la cabeza, la miró, se levantó y rodeó el escritorio lentamente, como un depredador.
—¿Crees que no he notado cómo me miras? —preguntó, con una voz suave y oscura.
La respiración de Bianca se entrecortó. Abrió la boca, pero no salió ninguna palabra.
Él se acercó más, puso una mano en su cadera y empezó a acariciarla con el pulgar.
—Eres demasiado jodidamente tentadora, Bianca. Y lo sabes.
—¿Qué estás haciendo? Tu esposa es mi hermana… —susurró Bianca, más para sí misma.
Él soltó una risa baja, agarrándola de la cintura y pegándola a su cuerpo.
—Entonces sé una buena hermana y guarda el secreto.
Sus labios estaban sobre los de ella antes de que pudiera protestar. Su beso no era suave. Era sucio, posesivo, como si le perteneciera la boca del mismo modo que le pertenecía todo lo demás.
El cuerpo de Bianca la traicionó al instante. Se derritió contra él, aferrándose a su camisa mientras sus muslos se apretaban.
El rostro de su hermana cruzó por su mente. La mujer a la que estaba traicionando con cada respiración… y aun así no podía detenerse.
—Ya estás mojada, ¿verdad? —gruñó contra sus labios, deslizando la mano por su muslo interno—. Apenas te he tocado y ya estás jodidamente empapada.
Ella gimió suavemente, presionándose contra él.
—No podía dejar de pensar en ti…
—Y ahora no tienes que hacerlo —la voz de Carlos bajó—. Voy a follarte sobre este escritorio. No te vas hasta que grites mi nombre.
Y ella no discutió. Estaba demasiado perdida. Demasiado excitada. Demasiado obsesionada.
Sus manos ya estaban en sus caderas, arrastrándola sobre la superficie lisa del escritorio hasta que sus muslos chocaron con el borde. Su respiración se agitó cuando sus dedos se metieron bajo la falda, subiéndola sin dudar hasta su cintura.
El aire frío rozó su piel desnuda. Llevaba un tanga negro de encaje, delicado, bajo, que apenas cubría nada. El encaje, ya empapado, se pegaba a ella como una segunda piel.
Su mirada descendió.
—Te los pusiste para mí —murmuró, más como una afirmación que una pregunta, con la voz cargada de aprobación oscura.
Bianca no pudo responder. Tenía la garganta seca y el pulso latiéndole entre las piernas. Sus muslos se abrieron ligeramente, necesitados, doloridos, invitándolo. No intentó hacerse la difícil. No podía. No cuando su coño latía con cada segundo de espera.
Carlos agarró el encaje y lo rompió como si nada. El sonido rasgándose resonó en la oficina silenciosa.
La respiración de Bianca se entrecortó.
Él la agarró de los muslos, brusco y exigente, la levantó como si no pesara nada y la sentó sobre el frío escritorio de cristal. El borde se clavó en su trasero mientras le abría las piernas de par en par, como si ya fuera suya para usarla.
Luego sus dedos recorrieron desde sus muslos internos hasta su coño húmedo, lento y deliberado. Su cuerpo reaccionó al instante. Su piel se erizó y su respiración se detuvo.
Jadeó cuando sus dedos encontraron su clítoris, húmedo, hinchado, ya ansioso por más. No fue suave. Le metió dos dedos de golpe, empujando fuerte y rápido, llenándola tan de repente que sus muslos se estremecieron.
—Joder —gruñó Carlos, observando cómo el rostro de Bianca se contraía al apretarse alrededor de él—. Tan jodidamente apretada.
Un gemido escapó de sus labios, agudo, sin aliento, crudo. No le importaba si alguien escuchaba. No podía pensar. Sus dedos la estaban follando despacio, curvándose en el punto justo, rozando sus paredes de una manera que hacía que sus piernas temblaran.
Sus manos buscaron apoyo detrás de ella, aferrándose al borde del escritorio, las uñas clavándose en la superficie pulida.
—Por favor —susurró, con la voz rota y necesitada.
Él se inclinó, rozándole el oído con la boca.
—¿Por favor qué?
Ella gimió cuando él cambió el ritmo, presionando su clítoris con el pulgar. Lo acariciaba en círculos, lento, cruel, como si quisiera volverla loca.
—Necesito más —logró decir—. Necesito—
—Necesitas recordar de quién son los dedos que tienes dentro —la interrumpió con brusquedad, curvando los dedos y embistiéndola con fuerza. Su cuerpo se sacudió—. Entraste a esta oficina empapada. Has estado rogando por esto sin decir una sola palabra.
—Sí… mhhmmmm… jodeeeeer…
El gemido de Bianca se volvió más fuerte, desesperado, crudo. No pudo contenerse mientras sus dedos aceleraban, llevándola al límite hasta que sus muslos temblaron sin control.
Cada músculo de su cuerpo se tensó. Su boca se abrió. Sus ojos se volvieron hacia atrás mientras gemía fuerte:
—Sí… jodeeeer… me encanta esto…
Su orgasmo la golpeó como una ola. Violento, desordenado, imparable. Se estremeció alrededor de sus dedos, moviendo las caderas contra su mano, respirando a trompicones mientras todo su cuerpo se sacudía con la liberación.
Y justo cuando pensó que él se detendría, que le daría un momento para recuperarse, Carlos hizo lo contrario.
Sacó sus dedos lentamente, deslizándolos por su entrada, brillantes con su placer. Luego los llevó a sus labios.
—Pruébalo —dijo Carlos, con los ojos clavados en los de Bianca.
Ella no dudó.
Bianca tomó sus dedos en la boca, chupándolos profundamente, saboreándose en su piel, su lengua rodeándolos como si necesitara más. Sus gemidos vibraban contra sus nudillos.
Los ojos de Carlos se oscurecieron.
—Buena chica. Voy a follarte tan fuerte que ni siquiera vas a recordar tu puto nombre —gruñó.
Luego desabrochó el cinturón. El sonido seco de la hebilla hizo que un escalofrío le recorriera el pecho.
—Prepárate —volvió a gruñir, empujando a Bianca contra el escritorio mientras se abría el pantalón. Su polla era gruesa, dura y ya goteaba—. No voy a parar hasta dejarte destrozada y chorreando con mi semen.
*{RUE}*—Vaya. —Ajusté la maleta a mi lado—. Meses sin ver a tu hermanastra, ¿y esta es la bienvenida que recibo?—Sabes que no deberías estar aquí —gruñó Damon.Puse los ojos en blanco.—Bueno, aquí estoy.Empujé hacia delante, arrastré la maleta a mi lado como un escudo y apoyé la mano libre contra el calor sólido de su pecho desnudo.Lo empujé lo justo para despejar el umbral y me escurrí a su lado antes de que pudiera detenerme.Dejé la maleta detrás de la puerta y avanzé hacia el interior del apartamento, mis zapatillas susurrando sobre el suelo de baldosas.Me dejé caer en su familiar y gastado sillón del salón; el cuero crujió suavemente al amoldarse a mi cuerpo.Me recosté, cerré los ojos y aspiré profundamente, llenándome los pulmones de sándalo, ámbar y el inconfundible olor de Damon.Un pequeño gemido involuntario se me escapó de la garganta.—Mm. Huele a casa.La sensación de que alguien me miraba me recorrió la piel como un cosquilleo.Incluso con los ojos cerrados, podía
*{RUE}*Joder mi vida.Mi puta vida había pasado de mala a absolutamente catastrófica.No solo se desmoronó.Se derrumbó de golpe, como si el universo hubiera estado esperando el momento perfecto para volcar todos los desastres posibles directamente sobre mi cabeza.Una semana.Siete días miserables.Eso fue todo lo que se necesitó para arruinarlo todo por completo.El primer golpe llegó cuando mi novio de dos años, Mark, descubrió que me había acostado con su hermano.¿Y la parte verdaderamente patética?Ni siquiera pude inventar una defensa decente para mí misma.Porque, sinceramente… no se sentía del todo como si fuera mi culpa.El hermano de Mark, Leo, parecía haber sido esculpido personalmente por Miguel Ángel, mientras que Mark parecía alguien al que habían armado a toda prisa durante una aburrida clase de arte en el instituto.Leo tenía esa sonrisa perezosa y torcida que te hacía revolverse el estómago sin aviso. Hombros anchos. Brazos fuertes. Ese tipo de confianza que se le p
~*MIA*~Chase miraba mi coño como si fuera alguna obra de arte exquisita de la que no podía apartar los ojos.Lentamente, se inclinó.Su boca encontró los pliegues de mi coño, su lengua lamiendo una franja lenta por el centro.Gemí.Se aferró, chupando fuerte, sus labios cerrándose alrededor de mi carne hinchada.Mi estómago se contrajo, una nueva ola de calor recorriéndome mientras devoraba mi coño como si fuera su última comida.Maldita sea… su boca se sentía tan bien en mi coño.Me estaba haciendo cosas increíbles.Cosas que me hacían sentir como si mi cuerpo no fuera mío, como si hubiera flotado fuera de mi piel y estuviera viendo que esto le pasaba a otra persona.En ese instante, supe que esta no sería la última vez que tendría sexo con él.Supe, con una claridad que cortó a través de la niebla, que ningún otro hombre podría jamás satisfacerme de la forma en que Chase podía.Después de unos momentos, apartó la cabeza de mi coño, la barbilla brillando con mi humedad, y luego me g
~*MIA*~Nunca me habían follado con el puño antes.Era la primera vez, y sentía cada centímetro de esa novedad en el dolor que irradiaba desde mi coño, el estiramiento ardiente que me hacía llorar los ojos y atrapar el aliento en la garganta.Dolía como el infierno.Pero al mismo tiempo, se sentía jodidamente bien.Tan jodidamente bien.Mi coño intentaba apretarse alrededor de la mano de Chase, cada instinto gritando para empujarlo fuera, pero él se mantenía firme.Su puño enterrado tan profundo dentro de mí que podía sentir el estiramiento de mis propios límites.Jadeé, mis dedos arañando la alfombra, mis paredes internas apretándose alrededor de sus nudillos mientras él se negaba a moverse, se negaba a darme ni un centímetro de alivio.Chase notó cómo estaba luchando y se quedó quieto un momento.Fijando sus ojos en mí, observó mi pecho subir y bajar rápidamente.—Respira. Despacio —dijo, su voz calmada, como si tuviera todo el tiempo del mundo.Aspiré un aliento tembloroso, el pech






Bienvenido a Goodnovel mundo de ficción. Si te gusta esta novela, o eres un idealista con la esperanza de explorar un mundo perfecto y convertirte en un autor de novelas originales en online para aumentar los ingresos, puedes unirte a nuestra familia para leer o crear varios tipos de libros, como la novela romántica, la novela épica, la novela de hombres lobo, la novela de fantasía, la novela de historia , etc. Si eres un lector, puedes selecionar las novelas de alta calidad aquí. Si eres un autor, puedes insipirarte para crear obras más brillantes, además, tus obras en nuestra plataforma llamarán más la atención y ganarán más los lectores.
Ulasan-ulasan