LOGINCapítulo 77JuliánEran casi las diez de la mañana cuando regresé a casa.Había dormido poco y tenía la sensación de que el día llevaba horas persiguiéndome. Primero había tenido que ocuparme de Dalila, después de la situación en la comisaría y finalmente de Alanne, que parecía haber decidido que no quería volver a verme.Dejé las llaves sobre la consola de la entrada y me aflojé la corbata.—¿Señor Kensington?Hendrickson apareció desde el pasillo.—¿Qué sucede?—Su madre ya desayunó. Está en el salón, preguntando por usted.Asentí.—¿Ha tomado sus medicamentos?—Sí, señor. La enfermera se encargó de ello.—Bien.Me dirigí al salón. Mi madre estaba sentada junto a la ventana, con una manta ligera sobre las piernas. Tenía un libro abierto en el regazo, aunque dudaba que estuviera leyendo.—Buenos días, mamá.Levantó la cabeza y sonrió.—Por fin apareces.Me incliné para besarle la mejilla.—He tenido una mañana complicada.—Siempre estás ocupado.—Intentaré no estarlo tanto.Me senté
JuliánEran casi las diez de la mañana cuando regresé a casa.Había dormido poco y tenía la sensación de que el día llevaba horas persiguiéndome. Primero había tenido que ocuparme de Dalila, después de la situación en la comisaría y finalmente de Alanne, que parecía haber decidido que no quería volver a verme.Dejé las llaves sobre la consola de la entrada y me aflojé la corbata.—¿Señor Kensington?Hendrickson apareció desde el pasillo.—¿Qué sucede?—Su madre ya desayunó. Está en el salón, preguntando por usted.Asentí.—¿Ha tomado sus medicamentos?—Sí, señor. La enfermera se encargó de ello.—Bien.Me dirigí al salón. Mi madre estaba sentada junto a la ventana, con una manta ligera sobre las piernas. Tenía un libro abierto en el regazo, aunque dudaba que estuviera leyendo.—Buenos días, mamá.Levantó la cabeza y sonrió.—Por fin apareces.Me incliné para besarle la mejilla.—He tenido una mañana complicada.—Siempre estás ocupado.—Intentaré no estarlo tanto.Me senté a su lado. E
AlanneJazmín apareció poco después de que la enfermera terminara de explicarme las indicaciones para el alta.Traía mi bolso, una bolsa con algunas cosas que había dejado en casa y una expresión que no me gustó demasiado.—¿Qué pasó? —pregunté.—Nada.—Jazmín.—Está bien, no pongas esa cara. Solo estoy molesta.—¿Con quién?Dejó mis cosas sobre la silla.—¿Con quién va a ser? Con todo el mundo. Primero Dalila, después la policía, luego Julián y ahora los médicos. Parece que todos se han puesto de acuerdo para hacerte pasar un mal rato.No pude evitar sonreír.—No exageres.—¿Que no exagere? Alanne, te encontraron desmayada en la entrada de emergencias. Casi me da algo cuando Hendrickson llegó a la floristería a buscarme.—Pero estoy bien.—Porque tienes un ángel de la guarda, porque si dependiera de algunos...Se interrumpió y me ayudó a acomodarme para sentarme al borde de la cama.—¿El médico te dijo cuándo debes volver?—Tengo que pedir una cita para el control. Me recomendó desca
AlanneNo había pasado demasiado tiempo desde que Rey se marchó cuando escuché que llamaban nuevamente a la puerta.—Adelante —respondí, pensando que sería una enfermera.Pero no era una enfermera.Julián entró con el abrigo sobre el brazo y el teléfono en la mano. Cerró la puerta detrás de él y me miró. Parecía cansado, aunque no tanto como yo.No dije nada.Él se acercó unos pasos.—¿Cómo te encuentras?Solté una pequeña risa sin humor.—¿Ahora te interesa saberlo?Julián frunció el ceño.—Alanne...—¿Sabías que Dalila estaba presentando cargos contra mí?Su expresión cambió ligeramente. Dejó el teléfono sobre la mesita y se pasó una mano por el cabello.—Sí.—¿Y no pensabas decírmelo?—Quería que Rey investigara primero lo que había ocurrido.—¿Eso es todo?—Le pedí que hablara contigo y que consiguiera las grabaciones de la boutique. No quería que tuvieras que ir a la comisaría mientras estabas hospitalizada.Lo miré con incredulidad.—Qué considerado.—No empieces, por favor.—¿Q
AlanneUnos golpes suaves en la puerta me hicieron abrir los ojos.Al principio pensé que era una enfermera, pero cuando miré hacia el reloj de la pared descubrí que eran las cinco de la mañana. Apenas había conseguido dormir unas horas y todavía sentía el cuerpo pesado.—¿Sí? —respondí con voz ronca.La puerta se abrió ligeramente y un hombre asomó la cabeza.—Buenos días. ¿Puedo pasar?Jazmín, que estaba recostada a mi lado, se incorporó de inmediato.—¿Quién es usted?—Soy detective. Necesito hablar unos minutos con la señorita Fritz.Jazmín se levantó de la cama como si estuviera preparándose para una pelea.—¿A estas horas? ¿No pueden dejarla descansar?—Jazmín... —murmuré.—No, Alanne. Llevas toda la noche en un hospital. ¿Qué quieren ahora?El hombre mantuvo una expresión tranquila.—Entiendo que está cansada, señora, pero solo necesito hacerle unas preguntas.—Pues tendrá que esperar.Le toqué el brazo a mi amiga.—Está bien, Jaz. Déjanos hablar un momento.—No me gusta nada e
AlanneLo primero que escuché fue una voz conocida.No distinguí las palabras. Era como si alguien estuviera hablando desde muy lejos, mientras yo intentaba salir de un sueño demasiado profundo. Tenía los párpados pesados y el cuerpo tan cansado que ni siquiera estaba segura de poder moverme.Intenté abrir los ojos una vez, pero la luz me molestó y volví a cerrarlos.—Vamos, Alanne. Despierta.Esta vez reconocí la voz.Hice un esfuerzo y conseguí abrir los ojos lentamente. El techo blanco fue lo primero que vi. Después, una lámpara, una cortina azulada y, finalmente, el rostro de Jazmín.—¡Alanne! —exclamó, acercándose a mí—. Gracias a Dios.Parpadeé varias veces. Me costaba enfocar la vista.—¿Jazmín?—Sí, soy yo. ¿Cómo te sientes?Intenté incorporarme un poco, pero una sensación de debilidad me hizo desistir.—Cansada.—No te muevas demasiado. Acabas de despertarte.Miré a mi alrededor. Había una mesita junto a la cama, una silla y algunos aparatos médicos. Tenía una vía colocada en







