Home / Mafia / Poseída Por Los Hombres Petrov / Capítulo 4: El ala este

Share

Capítulo 4: El ala este

Author: Premah Dale
last update publish date: 2026-10-12 20:28:45

El ático tenía un nombre para cada habitación, y ninguna parecía un lugar donde pudiera vivir una persona.

—La biblioteca —dijo el chófer, un hombre silencioso llamado Dmitri, que cargaba mis dos bolsos como si no pesaran nada—. El gimnasio. La terraza. El estudio del señor Petrov, al que usted no entra.

—Anotado.

—El ala este. —Se detuvo ante unas puertas blancas y extendió una única llave—. Suya.

La tomé. El metal aún estaba tibio de su bolsillo.

—¿El señor Petrov tiene copia?

—No, señorita. —Algo casi parecido al respeto cruzó su rostro severo—. Hizo cambiar la cerradura esta tarde.

Me dejó allí. Giré la llave y las puertas se abrieron sobre una suite más grande que todo mi apartamento: una cama del tamaño de un país pequeño, un baño con una bañera lo bastante honda para ahogarse y una pared de ventanales que hacía que la ciudad pareciera joyas derramadas.

Cerré con llave a mi espalda. Luego me senté en el suelo, apoyada contra la puerta, y dejé que me temblaran las manos.

*Trescientos mil al mes,* pensé. *Por no hacer nada.*

Nadie pagaba eso por nada. Y en algún lugar bajo el miedo, se agitó un pensamiento más frío. Me había entregado las llaves de su casa. Cada router, cada servidor, cada dispositivo que zumbaba tras esas paredes estaba de pronto al alcance de mis dedos.

Saqué el portátil del bolso. En diez minutos había encontrado la red del ático, había cartografiado sus bordes y había descubierto que la puerta principal era espectacular y la trasera, una broma. La gente de Saint había levantado muros contra los intrusos. Jamás habían imaginado a la intrusa durmiendo al fondo del pasillo.

Cerré el portátil. Esta noche no. Esta noche sería una acompañante buena, callada y agradecida, y mañana empezaría a desmontar cosas.

Me rugió el estómago, fuerte, en el silencio. No había comido desde ayer.

La cocina a las dos de la madrugada estaba a oscuras salvo por la luz del frigorífico abierto, y un hombre estaba dentro de él, comiendo pasta fría de un recipiente con una cuchara de servir.

—No deberías ver esto —dijo sin darse la vuelta—. Tengo una reputación.

—¿De qué?

—De ser civilizado. —Se enderezó, y reconocí la sonrisa del balcón. Nikolai Petrov era delgado donde sus hermanos eran corpulentos, con rizos negros como la tinta, una camisa arrugada y ojos del marrón cálido del té fuerte—. Tú eres Red. La que hizo llorar a Knox.

—Yo no lo hice llorar.

—Me han dicho que hubo gritos. Los gritos son la versión Petrov de llorar. —Cerró el frigorífico con la cadera y me tendió el recipiente—. ¿Espaguetis? Son de ayer. Están mejor de ayer.

Debí negarme. Tomé el tenedor que me ofrecía. La pasta estaba fría, con ajo, y tan buena que casi gemí.

—¿Ves? —Nikolai parecía encantado—. Te lo dije.

—Es lo mejor que he comido en toda la semana.

—Esa es una frase triste. —Se sentó de un salto en la encimera y balanceó los pies—. ¿Cómo te llamas de verdad?

Casi me atraganto.

—Red.

—Claro que sí. —Lo dijo con amabilidad, sin rastro del interrogatorio para el que me había preparado—. Todos en esta casa tienen algo que no dicen en voz alta. No voy a escarbar. Solo quería que supieras que preferiría que algún día fueras sincera conmigo, cuando estés lista, a que seas lista conmigo ahora.

El tenedor se detuvo a medio camino de mi boca.

—¿Por qué dices eso?

—Porque te estremeces cuando la gente se acerca. —Se encogió de hombros—. Y compruebas las salidas cuando entras en una habitación. Mis hermanos creen que significa que escondes algo. Yo creo que significa que alguien te hizo daño.

Se me cerró la garganta. Por un estúpido segundo quise contárselo todo: lo de Theo, las paredes azules, el pulgar sobre el lente de la cámara.

—Estoy bien —dije.

—Vale.

—En serio.

—Lo sé. Te creo. —Sonrió, suave y despreocupado—. Eso no quita que también puedas estar cansada.

Dejé el tenedor porque la mano no me sostenía firme.

—Tus hermanos no hablan como tú.

—Saint habla en veredictos. Knox habla en amenazas. —Hizo una mueca—. Yo hablo en pasta.

Se me escapó una risa, pequeña y sobresaltada. Sonó oxidada, como si hiciera años que no la usaba.

—Ahí está —dijo Nikolai, discretamente satisfecho—. No te preocupes por Saint. Lo han quemado. Te tratará como a un cristal que teme que lo corte, y parecerá frialdad, pero no lo es. Knox hará pucheros una semana y luego te traerá un regalo ridículo. Y yo estaré aquí. —Dio unos golpecitos en la encimera, a su lado—. Espaguetis, a cualquier hora. Es una oferta permanente.

—Es una cosa rara que ofrecerle a una desconocida.

—No eres una desconocida. Vives aquí ahora. —Bajó de un salto, enjuagó el recipiente y se detuvo en la puerta—. Buenas noches, Red. Duerme. La cama es absurdamente cómoda. La probé.

—¿Probaste mi cama?

—Probé todas las camas. Es una tradición Petrov. —Su sonrisa destelló, y se fue.

Me quedé sola en la cocina a oscuras con una calidez desconocida en el pecho, y la odié. La calidez volvía descuidada a la gente. Y la gente descuidada hacía que mataran a Theo.

Mi teléfono vibraba cuando llegué a mi habitación.

*Ryker: Estás dentro.*

Miré la pantalla. No se lo había dicho.

*Yo: ¿Cómo lo sabes?*

*Ryker: Tengo mis medios, princesa. Buena chica. Ahora escucha con atención.*

Apareció un mensaje nuevo, luego otro, mi padre escribiendo en ráfagas rápidas y furiosas.

*Ryker: Empieza por el estudio de Saint. Su caja fuerte. Su servidor privado. Quiero todos los archivos de todos los tratos que ha hecho en tres años.*

*Ryker: Y cualquier cosa sobre los Volkov. Nombres. Cargamentos. Reuniones. LO QUE SEA.*

Fruncí el ceño. Nada del plan que me había dado mencionaba a una familia rival. Solo había dicho siempre *dinero*.

*Yo: ¿Por qué los Volkov?*

Aparecieron los puntitos. Desaparecieron. Aparecieron de nuevo.

*Ryker: Porque lo digo yo. No hagas preguntas cuyas respuestas no puedes permitirte.*

Llegó un video. Theo, dormido en su estrecho colchón, con los audífonos puestos y un puñito cerrado bajo la mejilla. La cámara se quedó fija en él un largo y deliberado momento.

Luego la voz de mi padre, suave y agradable, desde algún punto justo detrás del lente.

—Felices sueños, princesa. No me hagas despertarlo.

El video terminó. Me senté en el borde de la enorme cama con el teléfono en el puño y la ciudad centelleando en el cristal, y comprendí, con una certeza fría y nítida, que acababan de decirme algo que mi padre no había querido decir.

No solo les temía a los Petrov. Les temía a los Volkov.

Y fuera lo que fuese lo que les debía, la que iba a pagarlo era yo.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Poseída Por Los Hombres Petrov   Capítulo 5: Café frío

    El desayuno con Saint Petrov se servía a las seis y media en punto, y nadie me había avisado.Entré en el comedor con el suéter de ayer y el pelo todavía húmedo, y lo encontré a la cabecera de una mesa lo bastante larga para sentar a veinte personas. Vestía un traje gris marengo. Leía una tableta. Una taza de café negro humeaba junto a su codo, y a su derecha habían puesto un segundo cubierto, con una taza que no humeaba en absoluto.—Llegas tarde —dijo sin levantar la vista.—Nadie dijo que hubiera hora.—Seis y media. Todos los días. —Pasó una página—. Añádelo a los términos.—Sus términos decían que solo tendría que sentarme en silencio.—Pues siéntate. —Sus ojos se posaron un instante en mí, grises e ilegibles, y volvieron a la pantalla—. En silencio.Me senté. El café que tenía delante se había enfriado. Me lo bebí de todos modos, porque llevaba despierta casi toda la noche y de pronto sentí un miedo absurdo a pedir otro.Durante diez minutos, el único sonido fue el suave golpete

  • Poseída Por Los Hombres Petrov   Capítulo 4: El ala este

    El ático tenía un nombre para cada habitación, y ninguna parecía un lugar donde pudiera vivir una persona.—La biblioteca —dijo el chófer, un hombre silencioso llamado Dmitri, que cargaba mis dos bolsos como si no pesaran nada—. El gimnasio. La terraza. El estudio del señor Petrov, al que usted no entra.—Anotado.—El ala este. —Se detuvo ante unas puertas blancas y extendió una única llave—. Suya.La tomé. El metal aún estaba tibio de su bolsillo.—¿El señor Petrov tiene copia?—No, señorita. —Algo casi parecido al respeto cruzó su rostro severo—. Hizo cambiar la cerradura esta tarde.Me dejó allí. Giré la llave y las puertas se abrieron sobre una suite más grande que todo mi apartamento: una cama del tamaño de un país pequeño, un baño con una bañera lo bastante honda para ahogarse y una pared de ventanales que hacía que la ciudad pareciera joyas derramadas.Cerré con llave a mi espalda. Luego me senté en el suelo, apoyada contra la puerta, y dejé que me temblaran las manos.*Trescie

  • Poseída Por Los Hombres Petrov   Capítulo 3: Términos y condiciones

    La oficina de Saint ocupaba la última planta del Chains, y parecía que un hombre hubiera diseñado una habitación para contener su propio silencio.Escritorio negro, cuero negro. Una pared de cristal que mostraba la ciudad entera como si la hubiera pagado él. Un solo vaso de whisky descansaba intacto junto a su codo.—Siéntate —dijo.—Prefiero quedarme de pie.—Pues de pie. —Se acomodó en la silla tras el escritorio y entrelazó los dedos—. Llevas dos noches en mi club y sé muy poco de ti. Eso me molesta.—Soy un libro abierto.—Eres una página en blanco. —Deslizó una carpeta por el escritorio—. Red, sin apellido. Sin historial fiscal. Una dirección que pertenece a una lavandería. Mi gente no encontró nada, Red. Nadie está tan limpio a menos que lo hayan borrado.Se me disparó el pulso, y mantuve el rostro inmóvil.—Quizá me guste mi privacidad.—Quizá. —Me estudió con aquellos ojos grises—. No me importa lo que escondes. Todo el mundo esconde algo. Me importa lo que harás con ello en m

  • Poseída Por Los Hombres Petrov   Capítulo 2: La Oferta

    No dormí. Al amanecer, mi portátil estaba abierto sobre la mesa de la cocina de mi diminuto apartamento, y el teléfono de Knox Petrov descansaba a su lado, conectado por un cable y un script de clonación que escribí años atrás por diversión. Tres horas de trabajo. Contactos, registros de llamadas, un centenar de conversaciones de hombres hablando a medias palabras.Ni una sola palabra sobre dinero. Ni un solo número de cuenta.—Vamos —murmuré, desplazando la pantalla—. Nadie es tan cuidadoso.Mi teléfono vibró. Un video, sin texto. Le di al play con el estómago ya encogido.Theo estaba sentado con las piernas cruzadas sobre un suelo frío, abrazándose las rodillas. Alguien le había devuelto los audífonos, lo que significaba que mi padre quería que le estuviera agradecida.—Petra —dijo Theo, mirándose los zapatos—. Papá dice que vas lenta.—No voy lenta, bichito. Voy con cuidado.—Papá dice que con cuidado es lo mismo que lenta. —Se meció—. Dice que si vas lenta, no me dan mi cuarto con

  • Poseída Por Los Hombres Petrov   Capítulo 1: Red

    El video empezó como siempre, con el pulgar de mi padre tapando la mitad del lente.—Saluda a tu hermana, Theo.Estaba en el baño del personal del Chains, con el teléfono tan apretado contra la oreja que me dejó una marca, y veía a mi hermano mecerse sobre un colchón manchado. Ya no tenía los audífonos. Claro que no. Theo no soportaba un sonido que no hubiera elegido él, y mi padre lo sabía.—Petra —susurró Theo, con la mirada fija en la pared—. Hay mucho ruido. Dile que hay mucho ruido.—Aquí estoy, bichito. Mira a la cámara. Cuenta conmigo. Uno, dos.—Papá cuenta mal. —Se meció más rápido—. Cuenta mal. Cuenta mal.—Ya basta —dijo Ryker, y su cara devoró la pantalla, sin afeitar y sonriente, la misma cara que nos leía cuentos antes de dormir cuando todavía no existían las deudas—. ¿Ves cómo se pone sin sus rutinas, princesa? Imagínatelo dentro de un mes.—Ya estoy dentro. Te dije que esta noche lo estaría.—Entonces haz algo útil. Tres hermanos. Saint, Knox, Nikolai. Sus teléfonos, s

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status