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11. El compromiso

Penulis: Mariela Reyes
last update Tanggal publikasi: 2026-09-02 07:21:56

Claire lo miró con fingida sospecha.

—Eso ha sonado inquietante.

—Costumbres de familia italiana.

—Eso no justifica nada.

Ella le lanzó un trapo de cocina a la cabeza. Derric lo atrapó en el aire con un reflejo limpio, a escasos centímetros de su rostro.

Durante un instante, las miradas se cruzaron en un silencio suspendido, denso y cargado de algo nuevo. Claire fue la primera en apartar los ojos, disimulando el calor repentino en sus mejillas.

Una tarde, una visita interrumpió la rutina. Era u
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    Recordó de pronto los cumpleaños carentes de afecto. Las vacaciones en las que sus padres pasaban más tiempo discutiendo de fusiones empresariales que jugando con ella. Las rigurosas lecciones de etiqueta, los vestidos severos elegidos a medida, las correcciones constantes sobre su postura. Recordó, con un dolor que le desgarraba las entrañas, haberles preguntado a los nueve años por qué la habían escogido a ella en aquel orfanato, y escuchar a su madre responder fríamente que había sido «la opción más adecuada».Nunca un «te vimos y te quisimos».Solo «la opción adecuada».—Yo solo era... —susurró, con la voz quebrada.Su padre frunció el ceño, visiblemente hastiado.—No dramatices, Claire.Una risa hueca, desprovista de todo sonido, escapó de los labios de la joven.—¿Que no dramatice? —Las manos comenzaron a temblarle con violencia—. ¿Alguna vez, un solo segundo de sus vidas, quisieron realmente tener una hija?Su madre fue la primera en apartar la mirada. Ese gesto evasivo fue la

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    El despacho olía, como siempre, a cuero curtido, cera para madera y papel envejecido. Su padre estaba sentado tras el macizo escritorio de roble, absorto en la revisión de unos documentos. Ni siquiera levantó la vista cuando ella cruzó la puerta.—Llegas tarde.Claire consultó su reloj.—No acordamos ninguna hora en particular.La pluma se detuvo en seco sobre el papel. A sus espaldas, su madre cerró la puerta con un clic definitivo. Claire sintió una punzada repentina de incomodidad, pero se obligó a permanecer de pie, con la espalda recta y la barbilla alta.—Quería hablar con ustedes.—Eso supuse —replicó su padre con voz neutra.—No voy a casarme con Dereck.El silencio que siguió fue tan denso y absoluto que Claire pudo escuchar el tic-tac rítmico del reloj de péndulo sobre la biblioteca.Su padre dejó la pluma a un lado con calculada lentitud.—¿Perdón?Claire notó que las palmas de las manos le sudaban. Las cerró en puños a los costados de su cuerpo para evitar que temblaran.—

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    Derric ajustaba los cierres de su equipaje en el dormitorio mientras Claire, sentada al borde del colchón, observaba cada uno de sus movimientos. Todavía le resultaba insólito encontrarse en esa habitación; durante semanas había permanecido en el cuarto de invitados, incluso después de que la distancia entre los dos comenzara a desvanecerse. Ninguno de los dos había tenido prisa por forzar los tiempos.—¿Llevas el pasaporte a mano? —preguntó ella.Derric la miró de reojo.—Sí.—¿Los cargadores? ¿La documentación de los vuelos?—Claire.Ella sonrió con una mezcla de pudor y picardía.—Solo intentaba ser de utilidad.—Estás cayendo en viejas costumbres.Claire alzó las manos en son de paz.—Está bien, me rindo.Derric terminó de cerrar la maleta y se plantó frente a ella.—Ven aquí.Claire se puso de pie y él enmarcó su rostro entre las palmas de sus manos.—No necesitas plantarle cara a tus padres solo para demostrarme algo a mí.Ella posó los dedos sobre las muñecas de él.—No lo hago

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    Derric reclinó la espalda contra el sofá, visiblemente disconforme.—No me agrada la idea.—No tiene por qué agradarte.Él la contempló fijamente y, tras una pausa, una sonrisa resignada asomó en su boca.—Definitivamente, esto es consecuencia directa de mis actos.Claire sonrió y dejó caer la cabeza sobre su hombro.Por primera vez en su vida, la idea de encarar a sus padres no la reducía a la niña obediente y asustada que solía ser.***La familia de Derric llegó dos días antes del viaje previsto.«No toda», había puntualizado él, como si semejante matiz debiera servirle de consuelo a Claire.Primero apareció Marco. Poco después llegó Luca, un hombre más joven que parecía sonreír incluso cuando la situación carecía de toda gracia. Al caer la tarde, un sedán negro se detuvo frente al edificio y del ascensor privado emergió Vittorio Bellini, el patriarca.Claire había imaginado una estampa teatral: aspavientos, joyas ostentosas y un despliegue evidente de escoltas armados. Vittorio, s

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    Claire lo miró con fingida sospecha.—Eso ha sonado inquietante.—Costumbres de familia italiana.—Eso no justifica nada.Ella le lanzó un trapo de cocina a la cabeza. Derric lo atrapó en el aire con un reflejo limpio, a escasos centímetros de su rostro.Durante un instante, las miradas se cruzaron en un silencio suspendido, denso y cargado de algo nuevo. Claire fue la primera en apartar los ojos, disimulando el calor repentino en sus mejillas.Una tarde, una visita interrumpió la rutina. Era un hombre de unos cincuenta años, vestido con un traje oscuro a medida, sienes plateadas y una presencia tan calculada que Claire supo de inmediato que no se trataba de un conocido cualquiera.Derric abrió la puerta y el visitante le tendió una carpeta de cuero sin mediar saludo.—Tu padre espera una resolución antes de mañana.—La tendrá a primera hora.Los ojos del recién llegado se deslizaron hacia Claire. No fue un escrutinio vulgar, sino una evaluación fría, precisa.Derric dio un paso casi

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