Share

36. Fuga

Author: Mariela Reyes
last update publish date: 2026-09-09 00:03:13

A la mañana del tercer día, el pestillo volvió a sonar.

Claire tardó en incorporarse; la habitación pareció ladearse antes de recuperar el equilibrio. Se apoyó contra el muro cuando la puerta se abrió.

Samantha entró sosteniendo una taza de cerámica. El vapor amargo y tostado del café invadió el aire con tal fuerza que la boca de Claire se inundó de saliva al instante.

Samantha lo advirtió; tomó un sorbo deliberado antes de apoyar la taza sobre la cómoda.

—Dereck s

Continue to read this book for free
Scan code to download App
Locked Chapter
Comments (1)
goodnovel comment avatar
Leticia Dueñas
espero que Claire se pueda escapar
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • Prisionera de su odio   77. Una fortaleza

    Claire soltó el aire retenido. El temblor persistió, pero sus uñas dejaron de perforar la camisa de Derric. Él apoyó los labios contra la coronilla de la joven y respiró el olor a polvo y cautiverio de su cabello. Debajo de la rabia homicida que le quemaba las venas, palpitaba algo infinitamente más agudo: ella estaba ahí. Viva. Respirando. Durante siete meses había cargado con un vacío sin forma, y ahora ese hueco latía contra su pecho.Alcanzaron la torre residencial. Derric rechazó la silla de ruedas y la camilla. Cruzó el vestíbulo privado cargándola, flanqueado por su equipo táctico y con el médico a prudente distancia.Dentro del ascensor, los hombres intercambiaban coordenadas en murmullos inaudibles. Ninguno se atrevió a mirarla con curiosidad o lástima. Conocían la identidad del peso que su jefe sostenía y comprendían las consecuencias letales de fallar en su protección.El panel iluminó los números. Claire parpadeó, observando el acero y el cristal.—¿Adónde vamos?—A mi cas

  • Prisionera de su odio   76. Una promesa

    Cruzaron las puertas. El aire de la noche, gélido y limpio de encierro, le golpeó el rostro a Claire, haciéndola temblar. Derric maniobró rápidamente, soltando el brazo izquierdo de ella el segundo necesario para quitarse la chaqueta del traje y envolverla, protegiéndola del frío.Antes de subir al vehículo, Claire alzó la cabeza. La mirada se desvió, casi contra su voluntad, hacia la imponente fachada de la mansión. Buscó la ventana del piso superior.Siete meses.Siete meses de ayunos. Bofetadas disfrazadas de correctivos. El silencio mortuorio. El pánico a las jeringas y a la oscuridad.El cuerpo de Claire fue sacudido por un temblor incontrolable.Derric lo detectó al instante.—No vas a volver —sentenció.Ella giró el rostro hacia él, temerosa.—¿Qué?—A esa casa. —Su voz era un pacto sellado con sangre—. Nunca más.Claire cerró los ojos, y una lágrima caliente se escurrió por el puente de su nariz.—¿Y si me obliga legalmente? —susurró, aterrorizada por los fantasmas de la buroc

  • Prisionera de su odio   75. Finalmente fuera

    Derric apretó el abrazo. Sentir la fragilidad extrema de los huesos bajo la ropa de ella desató un instinto primitivo y oscuro que apenas logró contener.—No voy a permitir que pases un maldito segundo más aquí —le juró al oído.Claire se aferró a la solapa de su camisa.—No me dejes... —suplicó.Derric la sujetó contra su pecho con firmeza absoluta.—Jamás.Se giró hacia el pasillo.Dereck, tosiendo, lograba ponerse sobre una rodilla. Uno de los operativos de Derric se acercó para neutralizarlo. Dereck rechazó la mano.—¡Suéltala! —rugió, con la boca ensangrentada.Derric no alteró el paso.—¡Es mi mujer!Claire se estremeció violentamente al escuchar el grito.Ese temblor fue suficiente.Derric se detuvo. No giró el cuerpo. Apenas ladeó la cabeza por encima del hombro.Dereck estaba en pie, apoyado en un mueble. Humillado. Furioso.—¡Es mi esposa!Derric lo miró con el desdén reservado para las plagas.—No por mucho tiempo.Dereck dio un paso en falso.—¡Y lleva a mi hijo!Claire em

  • Prisionera de su odio   74. Derribar la puerta

    El silencio fue sepulcral.Entonces, un murmullo tembloroso emergió desde el corredor de servicio.—Señor Bellini.Derric giró de golpe.Era Anna. Estaba pálida como el papel, apretando el delantal con manos espasmódicas.Uno de los hombres de asalto se movió hacia ella al instante. Derric alzó dos dedos. El hombre se detuvo como un perro entrenado.Anna tragó saliva con dificultad.—Yo... yo sé dónde está.Derric avanzó hacia ella. La joven retrocedió por instinto, acobardada por su presencia.—Habla.Anna miró a los hombres armados, luego a Samantha, que la fulminaba con la mirada, y finalmente a Derric.—Le diré dónde tienen a la señorita Claire... —la voz se le quebró—. Si me saca de aquí con ustedes.Derric entornó los ojos. Anna boqueaba, aterrorizada.—Por favor. No me deje aquí.No era un chantaje; era desesperación pura.—Yo la ayudé —se apresuró a añadir—. Le llevé bandejas de comida cuando ellos ordenaban matarla de hambre.Derric se quedó inmóvil. La escarcha en su mirada

  • Prisionera de su odio   73. Lo que debí hacer hace tiempo

    Claire permanecía atada, con los músculos temblando por los espasmos de la crisis, pero la respiración comenzaba a regularse. No sabía qué estaba ocurriendo. Desconocía quién había desatado el asedio.Pero entonces, un estruendo monumental sacudió los cimientos de la propiedad.La puerta principal de roble macizo acababa de recibir el primer impacto de un ariete.La casa entera pareció contener la respiración en el segundo posterior al golpe.Dereck retrocedió un paso desde el cristal de la ventana, con el rostro endurecido.—¿Qué puta mierda es esto?Claire cerró los ojos y apoyó la nuca contra el colchón.En medio de la confusión, del terror residual y de la cordura que amenazaba con abandonarla, una sola imagen se solidificó en el centro de su mente.Derric.No sabía si la lógica apoyaba esa idea. No sabía si era estúpido permitirse creer que alguien vendría por ella.Pero por primera vez desde que despertó amarrada a esa cama, el caos y la violencia del exterior no le provocaron m

  • Prisionera de su odio   72. MI propiedad

    Dereck continuó, escupiendo las palabras:—Me importa un carajo lo que ese imbécil crea. Me importa un carajo que haya entrado hoy al hospital jugando a ser tu salvador.El corazón de Claire dio un salto mortal.—Estuvo ahí. —El murmullo salió apenas audible.Dereck calló de golpe, dándose cuenta del error.Claire lo miró, y las piezas terminaron de encajar.—Derric estuvo en el hospital.El silencio de Dereck fue la mejor confesión. Una bocanada de aire limpio y real inundó finalmente los pulmones de Claire. Había sido él. No lo soñó. El calor de su traje, su orden implacable para que la soltaran, la seguridad de sus brazos.Algo se agrietó dentro de ella, pero esta vez, dejando entrar luz.—Fue real...Nuevas lágrimas asomaron, pero de alivio.La confirmación enfureció a Dereck hasta el límite.—Sí —escupió con asco—. Estuvo allí.Claire cerró los ojos, aferrándose a ese recuerdo como al único madero flotando en medio de un naufragio. Derric regresó. No estaba loca. Él la había sost

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status