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Capítulo 2

作者: Bellefort
—Ya te prometí que me casaría contigo. ¿Por qué me estás reclamando? —replicó Shane con impaciencia.

En ese momento sonó el teléfono. Era Tania. La dureza de su mirada desapareció al instante. Una sonrisa se dibujó en sus labios mientras salía para contestarle.

Mis palabras quedaron en el aire, sin que nadie las escuchara. —Fuiste tú quien me pidió matrimonio primero. Yo acepté porque te amaba...

En ese instante, dejé de ser una mujer ilusionada por su boda y me convertí en una simple espectadora. Hasta el lugar de nuestra boda había dejado de ser mío.

Esa noche dormí en casa de una amiga. Shane no intentó ponerse en contacto conmigo ni una sola vez.

Al día siguiente, después de terminar de entregar mi trabajo, regresé a la villa. Lo primero que escuché fue la risa de Tania.

—Durante las promesas tienen que caer pétalos de rosa desde ambos lados. Eso es lo que hace que una boda sea realmente romántica.

Shane estaba sentado a su lado. La miraba con una ternura que nunca había tenido conmigo. —Todo será como tú quieras —respondió con una sonrisa.

Le dedicaba toda su atención, algo que jamás hizo conmigo.

Al verme entrar, Tania me saludó con entusiasmo.

—¡Lila, ven! ¡Se me ocurrió una idea perfecta para la boda!

Por el rabillo del ojo vi el gesto de desagrado de Shane. —¿Acabas de llegar? Tania lleva cuatro meses esforzándose por esta boda, mientras que tú no has hecho nada. Aunque, pensándolo bien, quizá sea lo mejor. Tiene mucho mejor gusto que tú. Por poco me haces hacer el ridículo con esa decoración de estilo campestre. Estuve a nada de convertirme en el hazmerreír.

Esa sensación de ser una simple espectadora volvió a apoderarse de mí.

—Estoy cansada. Voy a descansar—. Ignoré el evidente descontento en su rostro y me dirigí directamente a la habitación de invitados.

Apenas cerré la puerta, mi teléfono vibró. Era otro mensaje. El mismo que había rechazado incontables veces:

"Solo tienes que decir una palabra. Lo dejaré todo y arruinaré esa boda".

Esbocé una sonrisa amarga mientras respondía.

"No hace falta que la arruines. Tú ya eres mi novio".

Si Shane estaba destinado a celebrar su boda en ese castillo, entonces yo volvería al sur. Volvería a casa. Y los dejaría libres a los dos.

Esa noche di vueltas en la cama sin poder conciliar el sueño. Cada vez que cerraba los ojos, recordaba una y otra vez los diez años que estuvimos juntos, años llenos de amor.

Hubo un tiempo en el que yo era su única prioridad, la persona a la que más protegía.

Siempre que alguien decía que yo no era digna de él, me tomaba de la mano y se ponía a mi lado sin dudarlo.

Cuando la abuela Mae aún vivía, le confió mi futuro. Le dio unas suaves palmadas en la mano y le dijo que me cuidara. Él la miró con una seguridad absoluta y prometió:

—No se preocupe, abuela. Amo a Lila más que a mi propia vida. Nunca permitiré que sufra. Le prometo que nos casaremos en el patio de su casa, para que pueda verla caminar hacia el altar con sus propios ojos.

En aquel entonces, esas palabras me parecían inquebrantables.

Pero olvidé que hasta la piedra termina desgastándose con el paso del tiempo. Y que incluso las promesas más solemnes pueden desvanecerse.

La víspera de la boda, entré en la sala y vi un vestido morado extendido sobre el suelo. La larga cola se deslizaba por el piso y, sobre el pecho, destacaba una enorme flor roja.

Tania se acercó enseguida, con el rostro lleno de emoción.

—¡Lila, mira! Diseñé este vestido especialmente para ti. Shane me dijo que te gustaba el estilo campestre, así que pasé muchísimo tiempo investigando las tradiciones de las bodas rurales.

Aunque había decidido dejarlo ir, no pude evitar fruncir el ceño al ver lo que ella llamaba un vestido de novia.

—En nuestras bodas tradicionales, la novia lleva un vestido de novia, no un vestido de dama de honor.

La sonrisa de Tania se desvaneció. Retrocedió un paso, muy avergonzada.

—Lo siento, Lila. No debí dar nada por hecho. Solo pensé que te gustaría... Lo descoseré ahora mismo.

Tomó unas tijeras, pero antes de que pudiera cortar la tela, Shane salió apresurado del estudio y se las arrebató de las manos.

—¿Cuántas veces tengo que decirte que no uses tijeras? ¿Y si te haces daño?

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