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CAPÍTULO XVII: PROVOCACIÓN

Author: Yeny
last update publish date: 2026-10-10 00:02:08

Amanda vio el ramo de orquídeas blancas antes de ver el rostro de Marcio. Avanzaba por el pasillo con la tranquilidad de quien se sabe inmune, flanqueado por dos escoltas que mantenían la distancia.

—¿Qué haces aquí? Lárgate —dijo Amanda, cortándole el paso antes de que se acercara a la puerta.

Marcio se detuvo, acomodó el ramo en el pliegue de su brazo y sonrió con un descaro absoluto.

—Vine a ver al hermano de un colega, ya que está en una muy mala racha —contestó con voz pausada, saboreando
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    La noche cayó sobre la ciudad y el silencio envolvía la amplia cocina de la mansión. Llevaba un delantal sencillo sobre la ropa de estar por casa, moviendo con parsimonia una cuchara de madera dentro de la olla donde hervía a fuego lento una salsa de tomate artesanal. A pesar de contar con personal de servicio a tiempo completo en la propiedad, cocinar siempre había sido un ritual para Amanda; un espacio donde la mente se le despejaba del peso de la fábrica y de los ataques de Marcio Croll.Unos pasos firmes sobre el piso de mármol anunciaron la llegada de Dante.Apareció en el arco de la cocina vistiendo únicamente la camisa gris sin corbata, con las mangas dobladas hasta los antebrazos y los dos primeros botones desabotonados. La jornada en la empresa había sido demoledora, pero al ver a Amanda allí, de pie frente a la estufa con el cabello recogido, la rigidez de sus facciones se ablandó por completo.—Huele a hogar desde el pasillo —dijo él con la voz grave, apoyándose de lado con

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    —Es mejor que te largues —ordenó Dante, con una voz grave, baja y cargada de una amenaza implícita que hizo temblar el aire alrededor de la mesa.Julián dio un paso atrás de forma instintiva, apretando el tallo de su copa de vino, pero intentó sostener una postura cínica para no quedar en evidencia frente a la gente del restaurante.—Tranquilo, Vance —soltó Julián, forzando una sonrisa torcida—. Solo me acerqué a saludar. Al fin y al cabo, Amanda y yo tenemos mucha historia juntos. No me cuesta nada ser educado.Amanda soltó una risa seca, llena de desprecio, y clavó sus ojos verdes en él.—Tú no sabes qué significa la palabra educación, Julián —intervino Amanda con voz helada—. No tienes absolutamente nada que saludarme ni que decirme. Lárgate de aquí.—Vamos, Amanda... ¿tan rápido se te olvidaron los años que pasamos juntos? —provocó Julián, dando un medio paso hacia ella—. Sé que estás despechada y que te dolió lo del altar, pero casarte de la noche a la mañana con el hombre que te

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    —¡No puede ser! —exclamó Amanda, dejando caer el teléfono sobre la mesa de centro de la suite.Valeria, que estaba al otro lado de la línea, suspiró conpesadez.—Ya lo viste, ¿verdad? —preguntó su amiga con tono sombrío.En la pantalla del teléfono, el titular de la revista de negocios y prensa rosa más leída del país brillaba en letras rojas y gigantescas: «DE PLANTADA EN EL ALTAR A GOLPEAR A UN TITÁN: Amanda Vance le cruza la cara a Marcio Croll en el hospital».Acompañando el texto, una fotografía nítida mostraba el preciso instante en que la mano de Amanda impactaba contra la cara de Marcio en el pasillo de la UCI. El artículo no escatimaba en veneno: la describía como una mujer ambiciosa y trepadora que se había casado con Dante Vance únicamente por su fortuna para salvar su fábrica en quiebra. Para colmo, utilizaban el trágico accidente de Leo como un simple telón de fondo para calificar la escena como «un espectáculo histérico de la nueva Sra. Vance en medio de la tragedia fami

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    Amanda vio el ramo de orquídeas blancas antes de ver el rostro de Marcio. Avanzaba por el pasillo con la tranquilidad de quien se sabe inmune, flanqueado por dos escoltas que mantenían la distancia.—¿Qué haces aquí? Lárgate —dijo Amanda, cortándole el paso antes de que se acercara a la puerta.Marcio se detuvo, acomodó el ramo en el pliegue de su brazo y sonrió con un descaro absoluto.—Vine a ver al hermano de un colega, ya que está en una muy mala racha —contestó con voz pausada, saboreando cada palabra—. Es una lástima lo de Leo. Un muchacho tan joven... a punto de pasar el resto de sus días en una silla de ruedas.—No tienes nada que hacer en este piso —respondió Amanda, manteniendo la voz firme aunque la rabia le quemara por dentro—. Nadie quiere tu lástima ni tus flores. Da la vuelta y vete.Marcio dio un paso al frente, ignorando la advertencia. La miró de arriba abajo con desprecio marcado.—Mírate, defendiendo a los Vance como si fueras parte de la familia —soltó Marcio, sol

  • QUEDATE CON ELLA, QUE YO ME VOY A CASAR CON EL   CAPÍTULO XVI: LA CRUDA REALIDAD

    Amanda acomodó la cobija sobre el pecho de Leo. La luz de las nueve de la mañana entraba limpia por la ventana de la habitación privada. Dante se había ido tres horas antes; tenía que coordinar la respuesta legal con Bruno y tomar las riendas operativas de ambas empresas para evitar que Croll aprovechara el caos y desplomara las acciones.El teléfono de Amanda vibró sobre la mesa de noche. Salió al pequeño recibidor de la entrada para contestar.—¿Cómo sigue todo por allá? —preguntó Valeria al instante, sin saludos previas—. Vi las noticias de la escudería en la televisión, la prensa está especulando de todo.—Sigue sedado —respondió Amanda en voz baja, mirando a Leo a través del cristal—. Dante estuvo aquí toda la madrugada. Tuvo que irse a la oficina a las seis para estar pendiente de la empresa. Marcio Croll está detrás de esto, Valeria. Cortaron las líneas de freno de su auto.—¡Qué maldito descaro! —escupió Valeria con indignación—. ¿Y Dante cómo está?—Destrozado, aunque intenta

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    El jet privado de la familia Vance tocó tierra de emergencia en tiempo récord. El trayecto de regreso desde Dubái fue un silencio sepulcral dentro de la cabina; Dante no pronunció una sola palabra en todo el vuelo, manteniendo la mirada fija en las nubes con los puños apretados sobre sus piernas. Amanda permaneció a su lado, sosteniéndole la mano en un gesto de apoyo que él agradeció apretando su agarre de forma casi dolorosa.En cuanto las puertas del avión se abrieron, un vehículo con chofer los trasladó a toda velocidad hacia el hospital central.En la sala de espera del piso de cuidados intensivos, Bruno Vance caminaba de un lado a otro con el saco desabotonado, la corbata floja y el rostro desencajado por el agotamiento.Al ver entrar a su hermano, Bruno se detuvo en seco. Dante avanzó con pasos pesados, con Amanda pegada a su costado.—¿Dónde está? —preguntó Dante sin rodeos, con la voz rasposa y cargada de tensión.Bruno miró a su hermano y luego a Amanda, tragando saliva antes

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